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Montejurra: el monte sagrado de la tradición profanado

Fueron los carlistas, quienes supieron establecer una estrecha relación con ese mundo montañoso hasta llegar a percibir a Montejurra como la montaña sagrada del carlismo, en recuerdo y honor a tantos de sus miembros que, desde la primera mitad del siglo XIX, dieron su vida por defender sus ideales de regeneración de España.

En los malos tiempos vivan pobres el rey y sus ministros»Carlos VII

En las estribaciones del prepirineo navarro, en España, se yerguen los 1048 m. del  Monte Xurra, o Monte Surra, como en la antigüedad se llamó lo que hoy se conoce como Montejurra, montaña considerada por diversas civilizaciones y culturas como espacio sagrado. Fueron los carlistas, quienes supieron establecer una estrecha relación con ese mundo montañoso hasta llegar a percibir a Montejurra como la montaña sagrada del carlismo, en recuerdo y honor a tantos de sus miembros que, desde la primera mitad del siglo XIX, dieron su vida por defender sus ideales de regeneración de España.

Situado a unos 9 km. de Estella, capital y corte del Estado carlista en las tres guerras civiles, allí tuvieron lugar las batallas decisivas de ambas. Su presencia es mítica en toda la historia, pasada y reciente, del carlismo. Cronológicamente, el primer hecho ocurrido en tal lugar fue el combate mantenido en 1835 por la liberación de Estella ocupada por el Ejército del Norte del bando isabelino al mando de Luis Fernández de Córdova o Córdoba, y Rodríguez de Valcárcel.

Nazario de Eguía y Sáenz de Buruaga general en jefe del Ejército Vasconavarro carlista se dispuso a atacar a Córdova tanto en Estella como si ése salía de la ciudad. Ocurrido esto último, los carlistas se desplazaron hacia Irache para coronar Montejurra, mientras que también los liberales lo hacía en Muniáin. Generalizada la batalla que produjo gran cantidad de víctimas, la victoria de los carlistas dio como fruto la recuperación de Estella, Carlos María Isidro (Carlos V), el pretendiente al trono, entrará triunfante en la ciudad el 31 de julio de 1835, y por este motivo la ciudad será llamada «Cuna de la Restauración», se entiende que por la restauración del absolutismo.

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El gobierno revolucionario que se instauró en España en 1868 a la caída de Isabel II dio paso a un régimen democrático que eligió como rey al liberal Amadeo de Saboya, masón protegido por la masonería tanto italiana como española, partidario, por tanto, de la separación Iglesia/Estado, la libertad de culto y la educación laica y racionalista, principios que tanto preocupaban a los católicos.  Muchos moderados contrarios a este gobierno, creyeron en Don Carlos VII como una alternativa y se pasaron al bando carlista que se convirtió en 1871 en la tercera fuerza más votada en el parlamento. Sin embargo, en las elecciones de 1872, a pesar del aumento de simpatizantes, el partido de don Carlos perdió trece escaños en medio de acusaciones de fraude. La indignación de los tradicionalistas fue máxima. El triunfo liberal demostró que la vía democrática no era suficiente, y solo un nuevo alzamiento armado haría recalar a Don Carlos en el trono con un régimen tradicionalista, católico y antiliberal. El carlismo se rebela y surge la Tercera guerra que se prolonga de 1872 a 1876.

Carlos VII (retrato de Carlos Vázquez)

En esa tercera guerra, Montejurra vuelve a ser escenario de la batalla quizá más famosa de aquella contienda: la desarrollada durante los días 7, 8 Y 9 de noviembre de 1873 entre los carlistas, mandados por el propio Carlos VIl, y los gubernamentales, dirigidos por Primo de Rivera y por Domingo Moriones y Murillo. Fue uno de los grandes choques de la Tercera guerra carlista; se alinearon 17.000 hombres con más de 1.000 caballos y 28 cañones del lado republicano, y unos 8.000 ó 9.000 del carlista. Los confidentes del pretendiente habían avisado que el general Moriones concentraba sus fuerzas en Tafalla y Puente la Reina y venía de Logroño con la idea de entrar en Estella. El día 7 flanqueó las gargantas de la sierra de Cogollo, llevando como auxiliares a los generales Primo de Rivera, Ruiz Tello y otros. Por su parte el general carlista Ollo tomó inmediatamente sus disposiciones y colocó en línea los batallones 1° de Castilla, 1° de Arratia, de Durango, de Guernica y de la Rioja, más cuatro batallones de Álava, cinco navarros y unos 200 caballos mandados por el coronel Pérula y cuatro cañones de montaña. Perseguido por el general Elío, Moriones tuvo que retirarse la noche del 8 después de haber sufrido grandes pérdidas.

La resonante victoria carlista tiene doble trascendencia por ser la primera importante de la guerra y por haber logrado asentar el dominio de los partidarios de Don Carlos (Carlos VII). Hubo Te Deum en Estella, las tropas fueron revistadas por don Carlos, quien premió a los intervinientes con una medalla conmemorativa que mandó crear para tal fin; estableció en la ciudad su corte y, a partir de entonces, Estella fue considerada como la «Ciudad Santa del Carlismo».

También es en Montejurra donde se desarrolla el último combate importante de esta tercera guerra. El 18 de febrero de 1876 el brigadier carlista Carlos Calderón y Vasco defiende esta posición clave contra las fuerzas, muy superiores, del alfonsino, también brigadier, Cortijo auxiliado por las divisiones de los generales Primo de Rivera y Martínez Campos. Calderón se vio atacado por dos divisiones en la parte de la Solana y una brigada en la de Esquinza cuando sólo contaba para hacerles frente con los batallones 1.º y 12.º de Navarra y algunas compañías alavesas; no obstante, sostuvo todo el día un rudo combate en el que hizo 400 bajas al enemigo. Volvió a atacarles de nuevo aquella misma noche y a la cabeza de dos compañías, les desalojó de Arellano no sin hacerles nueve prisioneros.

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Reanudada la acción al día siguiente, se vio atacado por tres puntos a la vez; aún así hizo retroceder al enemigo cinco veces con otras tantas cargas a la bayoneta, hasta que al verse completamente rodeados,  abrumados por tantas fuerzas y fatigada ya la gente de Calderón que se veía sin recibir ayuda mientras que el enemigo era reforzado con ocho batallones al mando de Carlos García Tássara, los carlistas huyeron hacia Estella dejando sólo con su ayudante, Francisco Javier Fernández de Henestrosa y Santisteban, al brigadier Calderón, quien, aunque ya había sido herido, no quiso abandonar el fuerte que cayó en poder de las tropas liberales. El comportamiento de los mandos carlistas fue tan heroico que los generales enemigos, Fernando Primo de Rivera y Sobremonte y el brigadier Cortijo, felicitaron al brigadier Calderón devolviéndole la espada tanto a él como a su ayudante, dejándoles prisioneros solo bajo palabra de honor.

Esta pérdida de la comarca de Tierra Estella resultó muy dolorosa para el carlismo, porque además de lo que significó política y militarmente, fue un gran puyazo el hecho de que Alfonso XII concediera al vencedor, Primo de Rivera, el título de marqués de la ciudad santa para el carlismo.

La llegada de la Segunda República y el Frente Popular, demostraron tener unos objetivos claramente antidemocráticos. Largo Caballero el 20 de enero decía en un mitin celebrado en Linares: “… la clase obrera debe adueñarse del poder político, convencida de que la democracia es incompatible con el socialismo, y como el que tiene el poder no ha de entregarlo voluntariamente, por eso hay que ir a la Revolución”. Y en una nueva vuelta de tuerca, días más tarde, (febrero de 1936) José Díaz, dejó inequívocamente de manifiesto que “la meta del PCE era la dictadura del proletariado, los soviets y sus miembros no iban a renunciar a ella”.

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Ante la escalada de violencia, Don Jaime que sabía que el comunismo era gran enemigo del bien, y por ello, lo definía como «destructor de la Religión, de la Patria, de la familia y de la propiedad»,  publicó un manifiesto el 23 de abril de 1931 en el que pidió el apoyo de sus bases ante el Gobierno Provisional, sobre todo para mantener la paz y evitar desórdenes, siempre y cuando este gobierno no fuese contrario a los principios tradicionales. Finalizaba el escrito afirmando que de producirse la implantación del marxismo, él mismo encabezaría la lucha contra tal idea, poniéndose «al frente de todos los patriotas» para oponerse a «la implantación de una tiranía de origen extranjero».

La guerra por la que tanto habían clamado las izquierdas se produjo y esto motivó una gran movilización de todas las fuerzas de derecha. En Navarra empuñaron las armas más de 16.000 requetés a los que se sumaron otros 18.000 soldados navarros también, que fueron llamados a filas con sus respectivas quintas. El 25 de julio de 1936, se constituyó el tercio de Montejurra, la tercera unidad militar carlista. Se mostraba con ello la continuidad de objetivos entre 1873 (incluso 1835) y 1936 al llevar el nombre de Montejurra, imagen y símbolo de una manera de mantener “la elevación espiritual”, al menos en los primeros meses del levantamiento.

Concluida la guerra, antiguos combatientes y familiares inician en 1940 unos actos conmemorativos en la cima del monte, en memoria de los carlistas muertos en todas las guerras civiles, siendo costumbre realizar un acto político, bien en la cumbre del Montejurra, bien en la plaza de los Fueros de Estella, después del religioso, acto que asumió desde sus inicios el Partido Carlista. Poco después se estimó conveniente el rezo del Vía Crucis durante el ascenso. Primero estuvo señalado con cruces de madera y, a partir de la década de 1945, la Diputación Foral de Navarra sufragó la construcción de 14 cruces de piedra que constituyen el ya famoso Vía Crucis cuyas estaciones se corresponden con los Tercios de Requetés que participaron en la guerra civil. La cima se remata en una capilla abierta en una gruta, en la que está expuesto el impresionante Cristo Negro de Montejurra.

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En sus inicios el acto se circunscribe solamente al ámbito navarro, pero a partir de 1955 la celebración adquiere nivel general para todos los carlistas de España. En 1957 Carlos Hugo de Borbón-Parma, hijo del Pretendiente Javier I, fue presentado como “Príncipe de Asturias” ante la muchedumbre allí congregada, pero el acto que tuvo difusión internacional fue el que dio lugar a lo que se conoce como “los sucesos de Montejurra”, hechos que tuvieron lugar el 9 de mayo de 1976, en los inicios de la Transición española.

En el transcurso de dicha romería, los hombres de la Comunión Tradicionalista partidarios de Sixto de Borbón Parma, hermano del pretendiente carlista Carlos Hugo y enfrentado a él, por la diferente manera de concebir el futuro del carlismo, prepararon una operación violenta contra el Partido Carlista y los seguidores de Carlos Hugo que recibió el significativo nombre de Operación Reconquista”. El objetivo de tales acciones era volver al tradicionalismo más puro y procurar la “entronización” de don Sixto como líder del carlismo.

En la refriega que se formó tomaron parte también italianos y argentinos, mercenarios neofascistas. Algunos abrieron fuego contra los participantes en la romería. Resultaron muertos Ricardo García Pellejero y Aniano Jiménez Santos, y hubo varios heridos. Los responsables de las muertes fueron identificados y apresados por poco tiempo, pues gracias a la Ley de Amnistía de 1977, quedaron en libertad ese mismo año. En 2003 la justicia española reconoció a los dos asesinados la condición de “víctimas del terrorismo”.

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Estella y Montejurra se convirtieron en lugares míticos para el carlismo. Así como las rocas que conforman el monte sagrado y le dan su solidez, así el tradicionalismo es la roca firme de unos ideales y valores. En palabras de algunos periodistas “el monte austero” es tan duro y tan firme como los ideales carlistas por cuanto les recuerda el “mensaje de la Tradición”: su solidez y dimensión enorme pueden revitalizar y renovar la fe. No es extraño, por ello, que Montejurra haya adquirido una gran significación para el colectivo carlista.

Últimamente se intenta por diversos medios degradar la imagen del monte debido, quizá, a la misma degradación que sufre la sociedad española. Uno de ellos, la planta de lodos que se plantea construir en el término municipal de Igúzquiza (Ázqueta), tendría graves afecciones para la salud, el medio ambiente y la economía de Tierra Estella, según denuncia la plataforma ‘Salvemos Montejurra-Jurramendi Salba Dezagun’. La planta afectaría también a fuentes, acuíferos, bosques e incluso al aire que respiramos, sin ningún respeto al medio ambiente ni a las personas de la comarca, e impactaría en el sector turístico de la zona, uno de los principales motores económicos del territorio.

El otro caso que busca la postergación del monte lo hace mediante la burla. Utiliza como medio para ello un cocodrilo de casi un metro de longitud, unos cincuenta y cinco centímetros de anchura y quizá treinta kilos de peso, confeccionado con resina de poliéster y fibra de vidrio reforzado. Vestido como un explorador, con camisa y gorro marrón a juego, el animal ha sido situado por desconocidos junto a la ermita de San Cipriano.

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Dos días ha durado la broma. Alguien subió los 1.048 metros que hay hasta la cima de la montaña para romper el cocodrilo y partirle por la parte de delante, dejando visible la sujeción cilíndrica de su interior. Fue precintado con cinta americana y se le colocó un cartel con un mensaje dirigido a la persona que subió la figura hasta la explanada que hay sobre la ermita de SanCipriano. En el texto se le criticaba por llevar “basura” al monte y se le instaba a retirarlo, reforzando, subliminalmente, este mensaje al  pintar de rojo el gorro y la camisa de la estatua que hace unos días era de color marrón.

Cuestión importante es ver cómo este hecho ha dividido a los habitantes de la zona: lo que  unos consideran indignante y basura instalar esa figura en el monte, otros dicen que es vandálica la protesta; otros más, afirman que se trataba de un acto simpático que los intransigentes no entienden y los tradicionalistas afirman que tanto la balsa de los lodos como el cocodrilo invitando a la bebida, es una profanación porque intenta mancillar el símbolo que recuerda y rinde tributo a la sangre derramada por tantos héroes carlistas.

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