Acerca de Lutero, Chesterton, Cardenal Sarah y los mártires

Acerca de Lutero, Chesterton, Cardenal Sarah y los mártires

“A cada época la salva un pequeño puñado de hombres que tiene el coraje de ser inactuales”

G.K. Chesterton


El día 11 de noviembre de 2017, la Iglesia Católica ha beatificado a 60 siervos de Dios miembros de la familia vicenciana. Como decía Chesterton “un pequeño puñado de hombres que tiene el coraje de ser inactuales” y que con ello “salvan” su época; una época de tragedias y persecución y muerte de inocentes. Seguidores de San Vicente de Paúl, testigos de la fe hasta el derramamiento de su sangre, todos fueron martirizados, como tantos otros, en la persecución religiosa que las izquierdas (unos por acción y otros por omisión) llevaron a cabo durante la guerra civil española entre 1936 y 1939.

En los primeros meses tras el estallido de la Guerra Civil, cuando más arreció la persecución, Madrid contaba con 1.118 sacerdotes seculares, lo que supone que en aquellos meses fue martirizado aproximadamente un tercio del clero secular madrileño. Así, según explica el delegado diocesano para las Causas de los Santos, entre los sacerdotes del clero secular y los religiosos en Madrid, «es posible que pasen de 1.000 los mártires de aquellos años. Y los seglares fueron seguramente bastantes más. Hay que afirmar sin miedo y con claridad que los mártires no mueren por motivos políticos sino por amor a la fe y por fidelidad a Jesucristo. Un amor y una fidelidad que pueden tener consecuencias en la actuación en el ámbito político», pero que el motivo de la muerte de los mártires «no fue otro que el ser cristianos».

Se dice que la persecución de Diocleciano fue una de las más terribles y hay quien la iguala con la sufrida en España en el periodo que mencionamos. En aquella ocasión del 304, 49 cristianos fueron sorprendidos un domingo mientras, reunidos en la casa de Octavio Félix, celebraban la Eucaristía desafiando así las prohibiciones imperiales. Tras ser arrestados fueron llevados a Cartago para ser interrogados por el procónsul Anulino. Fue significativa, entre otras, la respuesta que un cierto Emérito dio al procónsul que le preguntaba por qué habían transgredido la severa orden del emperador. Respondió: “Sine dominico non possumus”; es decir, sin reunirnos en asamblea el domingo para celebrar la Eucaristía no podemos vivir. Nos faltarían las fuerzas para afrontar las dificultades diarias y no sucumbir. Después de atroces torturas, estos 49 mártires de Abitina fueron asesinados. Los mártires vicencianos beatificados actuaron de forma idéntica; el P. José María Fernández Sánchez, por ejemplo, en aquella época subdirector de las Hijas de la Caridad, en el momento de su prendimiento, consiguió decir a la Madre superiora que había muchas Formas, que las consumieran antes en evitación de que cayeran en manos de los milicianos. Su máxima preocupación no era lo que le pudiera pasar a él sino a la Eucaristía.

José María Fernández Sánchez

Ambos grupos de mártires coincidían, a pesar de los siglos transcurridos,  en que su ser cristiano era ser cristiano de verdad, de los que como decía Chesterton “son seres para los que la tradición es la transmisión del fuego, no la adoración de las cenizas”. Nos viene a la memoria este pensamiento del famosísimo periodista, poeta, novelista y crítico literario, figura única y genial en la literatura inglesa, por la inestabilidad que se está produciendo en España. Inestabilidad, preocupación y temor, no solo por la actuación de unos y dejación de otros en lo político, sino, y en lo que a este tema se refiere, por los tantarantanes que sufre la Iglesia, que llega, en su descuido, a olvidar la declaración de un Papa santo, San Pío X, cuando, en relación con el protestantismo, afirmó que «es el compendio de todas las herejías para ruina de las almas».

Me estoy refiriendo a la convulsión que, entre los católicos, ha producido la «Declaración conjunta de la Federación Luterana Mundial y el Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos al finalizar el 31 de octubre de 2017, año de conmemoración común de la Reforma. Han llegado a afirmar que sienten temor ante la declaración de ambos organismos: «Muchos miembros de nuestras comunidades anhelan recibir la Eucaristía en una mesa como expresión concreta de la unidad plena. Sentimos el dolor de quienes comparten su vida entera, pero no pueden compartir la presencia redentora de Dios en la mesa de la Eucaristía”. Por ese mismo ecumenismo exacerbado, el Vaticano acaba de lanzar una estampilla en homenaje a los 500 años de la Reforma donde aparecen Lutero y Melanchton junto a Cristo en la Cruz, según denuncia Rorate Caeli.

Lutero odiaba el sacrificio de la Misa, llamó a la Eucaristía “abominación, culto blasfemo y falso” y en su búsqueda de suprimir el culto eucarístico azuzó diabólicamente a sus seguidores para “atacar a los idólatras”. “Yo afirmo –declaró- que todos los burdeles, los asesinatos, los robos, los crímenes, los adulterios son menos inicuos que esta abominación de la Misa Papista”. Expresó su deseo de que algún día “cuando la Misa haya sido destruida, creo que habremos destruido al Papado. Creo que es en la Misa, como sobre una roca, donde el Papado se apoya enteramente, todo se colapsará por necesidad cuando se colapse su sacrílega y abominable Misa[1].

La Eucaristía es la piedra angular de la fe y doctrina católicas, si se quitase de la Misa, decrecería con ella toda la fe católica, resulta difícil imaginar lo que de ella quedaría. El Príncipe de la Teología, Santo Tomás de Aquino se refiere a la Eucaristía declarando que todos los otros sacramentos dependen de ella, el mismo bautismo resulta eficaz porque nos capacita para recibirla, y si un bautizado se niega conscientemente a recibirla, esa actitud lo separa de la corriente de la gracia santificante[2].

¿Qué solución da la jerarquía católica a este problema? Se teme una solución fácil pero  anticatólica: Quitemos a Dios en la Eucaristía para que no moleste a los luteranos. Al menos, es lo que parece proponer el arzobispo de Chicago, Cardenal Blase Cupich[3], quien durante una charla ante la Catholic Theological Union publicada en YouTube el pasado 27 de octubre, declaró: «Es nuestro trabajo llevar a cabo ese discernimiento Toma tiempo. Implica disciplina. Y lo que es más importante, requiere que estemos preparados para abandonar las creencias preciadas y los prejuicios arraigados desde hace mucho tiempo». No está claro a qué “creencias preciadas” se refiere el purpurado, pero conociendo su trayectoria nos tememos lo peor. Sus declaraciones han levantado airadas críticas, llegando algunos a calificarlas de apostasía. Y añade, «se trata de la disposición de Francisco a dejar ir lo innecesario y explorar aguas inexploradas que le dan libertad interna, aunque inquiete a algunos.

No debemos olvidar nunca que la Iglesia está construida en torno a Cristo y que, como dijeron san Agustín, santo Tomás de Aquino y san Alberto Magno, siguiendo a san Pablo, la Eucaristía es el sacramento de la unidad de la Iglesia, porque todos formamos un solo cuerpo, cuya cabeza es el Señor. Debemos recordar siempre la última Cena del Jueves santo, donde recibimos la prenda del misterio de nuestra redención en la cruz. La última Cena es el lugar donde nació la Iglesia, el seno donde se encuentra la Iglesia de todos los tiempos. En la Eucaristía se renueva continuamente el sacrificio de Cristo, se renueva continuamente Pentecostés.

En un artículo para First Things, Marco Tosatti planteó la posibilidad de una misa como esa que promueven para contentar a los luteranos. «Aunque nunca se anunció oficialmente, un comité que informa directamente al Papa Francisco ha estado trabajando en esta liturgia durante algún tiempo», afirmó. «Ciertamente este tema está dentro de la jurisdicción de la Congregación para el Culto Divino, pero el Cardenal Sarah (el jefe de la Congregación) no ha sido oficialmente informado de la existencia del comité». A pesar de ello, con su Eminencia nos queda una esperanza.

La supuesta misa incluiría oraciones, lecturas de las Escrituras y una comunión en conjunto, pero el clero católico y protestante rezaría las palabras de consagración en silencio, dijo el periódico,  y agregó que sería imposible que los católicos reciban la Comunión en ese servicio porque lo de rezar las oraciones en silencio viene a ser un simulacro de consagración. Es el subjetivismo total, el relativismo, llevado al momento cumbre de la redención. Entonces ¿para unos se consagran el pan y el vino y para otros no? Eso es negar lo objetivo que es el Sacrificio y la presencia real; además, por el solo hecho de silenciar en esa Misa la verdad eucarística, los protestantes ya nos meten un gran gol: Nada más y nada menos que dejar de manifestar en voz alta la verdad eucarística. Vamos mal en este partido. Católicos O, Protestantes 1, dice Tosatti.

La iglesia nos pide que al entrar en ella nos quitemos el sombrero, no la cabeza, dice Chesterton. Quizás  esto ha motivado al Cardenal Rainer Maria Woelki de Colonia a declarar que «no hay base» para tal servicio (la misa ecuménica) porque católicos y protestantes «no están de acuerdo en los temas centrales» alrededor de la Eucaristía”. El cardenal explicó en el Kölner Express que para los católicos la Eucaristía no es solo una cena en común; es el verdadero Cuerpo y Sangre de Cristo en los dones transubstanciados del pan y el vino. Los protestantes no tienen esta comprensión.

El cardenal Francis George, anterior arzobispo de Chicago, claro defensor de los principios no negociables marcados por Benedicto XVI en la exhortación apostólica Sacramentum Caritatis, planteó una solución al problema de la relación con los judíos que es aplicable a la cuestión luterana. Decía el cardenal :  “No podemos insultarlos de ninguna manera en nuestra liturgia… No quiero decir que cualquier grupo religioso tenga derecho a veto sobre las oraciones de ningún otro, pero también, a través de las escrituras judías, se puede encontrar material ofensivo para nosotros, los cristianos. Si de verdad estamos interesados en mantener un sólido diálogo, y tenemos que estarlo, debemos tener mucho cuidado con cualquier oración que ellos puedan encontrar insultante. Pero esto debería significar que los judíos, por su parte, consideren la enmienda de sus textos y añadió Esto funciona en ambos sentidos… ¿les importaría mirar aquellas partes del Talmud en las que se llama bastardo a Jesús, y a continuación, quizás cambiar algunas cosas en tales escrituras?”.[4]

El 17 de abril de 2015 murió de cáncer el cardenal Georges. Su sucesor, el cardenal Cupich, parece encontrarse, como hemos visto, en las antípodas de su antecesor y lo que es peor, muy alejado de las enseñanzas de Jesucristo. Estos vaivenes son debidos a aquellos miembros colados desde hace tiempo en la Iglesia buscando su destrucción, de lo cual tenemos constancia desde los tiempos del cardenal Rampolla del Tíndaro, corroborado posteriormente por el mismo Papa Pablo VI cuando afirmó que en el Vaticano se había infiltrado el humo del infierno y últimamente, Mos. Stagliano que ha participado en un encuentro con el Gran Oriente de Italia (aquél que dirigió un cariñoso comunicado al Cardenal Ravasi al que llamaban “querido hermano”) ha afirmado que “Los masones están fuera de la Iglesia, aunque sean sacerdotes y obispos”; luego haberlos, los hay y ejercerán su labor masónica puesto que siguen dentro de la estructura eclesial.

Más ortodoxo es Monseñor Athanasius Schneider, obispo de Astaná, Kazajistán que afirma: “Sobre la Eucaristía y la verdad de Dios no se puede consensuar. Si los protestantes aceptan los argumentos de la Eucaristía ellos se vuelven católicos. Con este tema no se puede hacer negocio.” Debemos seguir a Cristo, solo a Cristo. Blase Cupich ha dicho que debemos renunciar a nuestras creencias más preciadas en aras del diálogo. Eso es una apostasía y una traición”.

También advierte: ¨El martirio está cerca¨. ¨Estamos en la etapa final que busca imponer el comunismo¨.”Rusia difundió sus errores en todo el mundo y ahora precisamente estamos viendo como esos errores se difunden en Europa y en América Latina. Es el ‘marxismo cultural, el comunismo cultural”[5].(Monseñor Schneider seguramente se refiere a los vendavales que azotan a la sociedad actual: laicismo, aborto, eutanasia, vientres de alquiler, leyes LGTBI, etc… que, sin quitar responsabildad a la maldad del comunismo, me atrevo a decir que son más bien influencia de esa sociedad –la masonería− que nunca da la cara y siempre actúa por intermediarios)Y recomienda: “Debemos estar prontos a dar nuestra vida y nuestra sangre por cada verdad revelada por Cristo.”. “Podremos ser perseguidos, encarcelados…..creo que en algunos lugares se llegará a vivir en una Iglesia clandestina”. “No obstante, dentro de la propia Iglesia ya existe una Iglesia clandestina en este momento, porque ya se está marginando a muchos fieles y sacerdotes que poseen la verdadera fe. Cuando la persecución se recrudezca abiertamente, creo que será muy bueno para la Iglesia, porque florecerá y se verán los verdaderos discípulos fieles”. “Los pequeños, los que conservan la verdadera fe y la moral según la ley de Dios son ya la fuerza de renovación de la Iglesia y el Espíritu Santo los está usando. Son ya la Nueva Primavera de la Iglesia”.

La cuestión está en buscar la Verdad, porque como recordó san Juan Pablo II, la Verdad os hará libres. Gilbert Keith Chesterton la buscó con ahínco porque no le convencía el protestantismo,  hasta encontrarla en la Iglesia Católica. Nunca se sintió a gusto en el ambiente protestante de su juventud. Se rebeló profundamente contra él, intuyendo que allí no estaba la verdadera Iglesia de Cristo. Sólo quien nada a contracorriente tiene la certeza de estar vivo”. Al igual que otros muchos intelectuales como Alexis Carrell, André Frossard, Edith Stein (otra mártir, esta del bárbaro Hitler) buscó la Verdad con seriedad y rigor, teniendo como referente al Cardenal Newman; la encontró en la Iglesia Católica con una solidez de pensamiento y una lógica aplastante, algo que nunca vio en el fanatizado mundo protestante que le llevaría a afirmar “Cuando era joven creía en Dios, ahora sólo creo en Dios”[6]. Es necesario pues, no dar un paso atrás.

Así han pensado siempre los mártires, da igual la época o el lugar en que alcanzaron la gloria de Dios. El cardenal Robert Sarah, Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la disciplina de los Sacramentos, recordó en la homilía de la Misa que presidió con motivo del 700 aniversario del genocidio contra los católicos en “La Guerra de la Vendée”, a los muchos mártires que la furia jacobina causó al querer borrar el catolicismo de esta región. La catedral de Notre-Dame profanada y el culto católico sustituido por el culto a la “razón y libertad”. La revolución que tanto había promovido la libertad era la primera en pisotearla, había libertad para lo anticristiano, pero no había cabida para lo católico. De igual manera, con las mismas salvajadas demostradas por estos adictos a la Revolución Francesa, actuaron los que sembraron el terror en la España republicana desde su instauración en 1931, si bien el período álgido se produjo entre 1936-39, pero siempre por similar causa: el mismo odio que los revolucionarios mostraron a aquellos seguidores de Cristo.

Por defender sus principios católicos y monárquicos la Vendée fue aplastada durante la Revolución Francesa, después la memoria histórica trató de ocultar su existencia.

El cardenal Sarah nos previene de los nuevos revolucionarios empeñados en imponer la ideología de género para destruir a la familia cristiana porque encarna “todo lo que odian” y advierte que están listos para lanzar sobre África las nuevas colonizaciones infernales para hacer presión sobre las familias e imponer la esterilización, el aborto y la anticoncepción. “Frente a la dictadura del relativismo, frente al terrorismo del pensamiento que, de nuevo, quiere arrancar a Dios del corazón de los niños, necesitamos reencontrar la frescura de espíritu, la simplicidad alegre y ardiente de estos santos y mártires”. ¿Quién se levantará hoy por Dios? ¿Quién se enfrentará a los modernos perseguidores de la iglesia? ¿Quién tendrá el coraje de levantarse sin otras armas que el rosario y el Sagrado Corazón, para enfrentarse a las columnas de la muerte de nuestro tiempo que son el relativismo, el indeferentismo y el desprecio de Dios? ¿Quién dirá a este mundo que la única libertad por la que merece la pena morir es la libertad de creer? Como nuestros hermanos mártires de otro tiempo, estamos llamados hoy a dar testimonio, es decir, ¡al martirio! Hoy en Oriente, en Pakistán, en África, nuestros hermanos cristianos mueren por su fe, aplastados por las columnas del islamismo perseguidor.

Es tiempo, hermanos míos, de rebelarnos contra el ateísmo práctico que asfixia nuestras vidas. ¡Oremos en familia, pongamos a Dios en primer lugar! ¡Una familia que reza es una familia que vive! ¡Un cristiano que no reza, que no sabe dejar sitio a Dios a través del silencio y la adoración, acaba muriendo!”-  CARDENAL SARAH


[1] http://infocatolica.com/blog/caritas.php/1701060549-152-preparando-las-estampitas

[2][2] http://www.catolicidad.com/2017/11/misa-ecumenica.html

[3] Blase Joseph Cupich (nacido el 19 de marzo de 1949 en Omaha, Nebraska, EE.UU.) es un arzobispo católico, filósofo, teólogo y profesor estadounidense de ascendencia croata. Ordenado sacerdote en 1975 para la Arquidiócesis de Omaha, en la cual ha ejercido su ministerio pastoral, actualmente es cardenal arzobispo de Chicago, a pesar de haber estado envuelto en casos de homosexualidad, promover el aborto y hasta el lesbianismo en la Universidad Jesuita Gonzaga. 

[4] Entrevista para el National Catholic Reporter en Infovaticana 13-05-2013

[5] Entrevista realizada el 10-10-2017 por Henry Gómez Casas para Radio Colombia Rosa Mística, transcrita en Vara de Almendro

[6] Javier Navascués: “Chesterton el intelectual” en Catolicidad.com

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