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USA: Nuestra labor como cristianos después de las elecciones de 2020

La campaña de Trump ya ha presentado numerosas demandas judiciales alegando irregularidades electorales.

Imagen con licencia Pixabay

Los medios han declarado a Biden como el ganador de las elecciones presidenciales estadounidenses de 2020. Sin embargo, es probable que no sepamos con certeza durante algunas semanas, como mínimo, cuál es el verdadero resultado de las elecciones.

La campaña de Trump ya ha presentado numerosas demandas judiciales alegando irregularidades electorales. Las acusaciones de fraude a gran escala están circulando ampliamente en las redes sociales y en los medios de difusión conservadores. En el Estado Georgia, al menos, habrá un recuento automático. Es posible que haya más recuentos en otros estados.

Podemos esperar y orar para que, sea cual sea el resultado, estos desafíos y reconteos se lleven a cabo de tal manera que el pueblo estadounidense pueda confiar en la imparcialidad de la elección.

Sin embargo, independientemente del resultado, ya estoy decepcionado por lo que está sucediendo en este momento. En los temas de la vida y la libertad religiosa, el presidente Trump está muy lejos del extremismo de Joe Biden y Kamala Harris. Biden y Harris juntos representan el ala extremadamente “progresista” de un partido demócrata que se ha transformado en un vehículo para lo que podríamos llamar el movimiento “WOKE”. (Esta palabra designa a un movimiento de personas extremadamente “progresistas” e intolerantes que creen ser los únicos que buscan la “justicia” en nuestra sociedad.)

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Una plataforma extremista

Existe una noción generalizada entre los progresistas de que Biden y Harris marcarán el comienzo de un nuevo régimen de “decencia” y “unidad”, en comparación con la supuesta “intolerancia” y “división” del presidente Trump. Esto es mera tontería, pura y sencillamente. No repetiré los detalles de las posiciones radicales de Biden y Harris sobre varios temas aquí. Lo he hecho en columnas anteriores. Sin embargo, baste decir que su supuesta “tolerancia” no se extiende ni se extenderá a quienes no están de acuerdo con sus puntos de vista extremistas.

Doy solo un ejemplo. Biden ha prometido revocar una orden ejecutiva de la administración de Trump que protege a las Hermanitas de los Pobres de no tener que pagar un seguro médico que cubre el uso de anticonceptivos, incluyendo los que son abortivos. Obligar a religiosas católicas consagradas a financiar el aborto: ¡esta es la profundidad y la calidad de la supuesta “tolerancia” de Biden! Ciertamente, la “tolerancia” y la “compasión” de un gobierno de Biden no se extenderán a los niños por nacer, cuyas vidas consideran sin valor. Biden y Harris se han comprometido con consagrar Roe vs. Wade en la ley federal [1]. [Roe v. Wade y Doe v. Bolton fueron las sentencias que emitió el Tribunal Supremo de EEUU en 1973 y que dieron como resultado la legalización del aborto a petición, durante los nueve meses del embarazo (incluso hasta el nacimiento) y en todo el país.]

Al votar por la propuesta demócrata, parece que uno de cada dos estadounidenses votantes cree que la matanza de niños inocentes no nacidos es aceptable, al igual que la versión más extrema de la agenda LGBT, con su defensa de locuras como el transgenerismo infantil y las políticas transgéneras impuestas en las escuelas primarias. Lamentablemente, si Biden finalmente prevaleciera, estos males no se contendrán dentro de los límites de EEUU, sino que se transmitirán a través de políticas estatales a una gran mayoría del mundo en desarrollo, como vimos bajo el gobierno de Obama, devastando muchos avances internacionales provida que se habían logrado en los últimos tres años y medio.

Biden y Harris son completamente incapaces de restaurar la unidad del país, simplemente porque su ideología extremista es todo menos unificadora.

Pongamos las cosas en perspectiva

Dicho todo esto, sin embargo, creo que en medio de la extraordinaria confusión de este momento político debemos respirar hondo, y poner las cosas en perspectiva, es decir, en la perspectiva de la vida eterna.

Lo mejor de ser cristiano es que nuestra lealtad a Dios nos libera de la esclavitud de los principados y potestades temporales. Pase lo que pase en el ámbito de la política, Cristo es siempre y en todas partes nuestro Rey. Si nuestro político favorito gana, Cristo es el Rey. Si nuestro enemigo político gana, Cristo sigue siendo nuestro Rey.

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Los hijos de este mundo buscan príncipes mundanos para crear un paraíso en la tierra. Inevitablemente, quedarán decepcionados. Las Escrituras nos exhortan a adoptar una perspectiva diferente, una perspectiva más amplia, una perspectiva trascendente. “No pongas tu confianza en príncipes, en hombres mortales, que no pueden salvar”, dice el salmista.

Cualquiera que sea el resultado de la elección en EEUU, el papel de los cristianos será exactamente el mismo: esperar en Cristo y trabajar con la misma determinación para promover los objetivos de Su Reino. Por muy desalentador que pueda parecernos el resultado de esta elección, no tenemos derecho a ceder a nuestros sentimientos de desesperanza. Tales sentimientos son tentaciones. Los cristianos no viven según las vicisitudes de la historia; las trascendemos, viviendo en la seguridad de la victoria de Cristo.

Hay dos razones por las cuales nuestra esperanza es verdadera y segura: en primer lugar, como mencioné anteriormente, sabemos que Cristo ya ganó la victoria. En momentos como este, cuando parece que los enemigos de Cristo avanzan, nuestras libertades están siendo amenazadas y los más vulnerables corren mayor riesgo de sufrir graves injusticias, podemos perder de vista esta verdad. Pero es la verdad.

Nuestras respuestas emocionales a los eventos transitorios del mundo político deben ser atemperadas por nuestra esperanza eterna. No tenemos derecho a desesperarnos. De hecho, los santos se han enfrentado a cosas mucho peores y, sin embargo, lo han hecho con un espíritu de extraordinaria paz y esperanza.

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Pienso, por ejemplo, en la actitud del pastor cristiano alemán Dietrich Bonhoffer, que fue arrestado y encarcelado por oponerse al régimen nazi. El mismo día que se enteró de que inevitablemente sería ejecutado, escribió una carta a un antiguo alumno. “Estoy agradecido y contento con el pasado y con el presente”, escribió. En este mundo, dijo, debemos “arrojarnos por completo en los brazos de Dios y participar en sus sufrimientos… y velar junto con Cristo en el Huerto de Getsemaní”.

Enfrentando su propia muerte dolorosa y temprana, y el fracaso de todos sus planes cuidadosamente trazados para derrotar a uno de los mayores males que este mundo haya visto, Bonhoffer simplemente se arrodilló y expresó esperanza y gratitud por todo. Esa fue también la actitud de los primeros mártires cristianos, que fueron a la muerte con sonrisas y bendiciones para sus torturadores. ¿Qué derecho tenemos nosotros, ante la posible perspectiva de enfrentar meses y años difíciles por delante, a ceder a la desesperación?

Promovamos la causa provida

La segunda razón de nuestra esperanza es menos teológica y más práctica: es decir, incluso si perdemos la presidencia en manos de la izquierda radical, esto no significa que las oportunidades para avanzar en la causa provida y a favor de la familia hayan desaparecido. Todo lo contrario.

En los últimos meses, es posible que haya visto a muchos demócratas afirmar que, de hecho, las tasas de aborto caen más rápidamente bajo presidentes demócratas que bajo presidentes republicanos. Esto simplemente no es cierto. Es propaganda demócrata diseñada para atraer a los republicanos desilusionados a justificar su voto por Biden. Sin embargo, hay una semilla de verdad en la afirmación. El hecho es que las tasas de aborto han estado cayendo constantemente durante varias décadas, tanto en las presidencias republicanas como en las demócratas. De hecho, la tasa de abortos en EEUU actualmente se encuentra en niveles mínimos desde que el aborto fuera legalizado en 1973.

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Sin embargo, en vez de caer en el error de que de alguna manera paradójica los presidentes demócratas proaborto son “mejores” para la causa provida que los presidentes republicanos provida, lo que sí hace este hecho de la disminución del número de abortos anuales es señalar el increíble éxito del movimiento provida en el avance de la causa provida, incluso en circunstancias hostiles. Durante la presidencia de Obama, el brazo legal del movimiento provida aprobó literalmente cientos de leyes provida a nivel estatal [2]. Mientras tanto, el brazo social de este mismo movimiento continuó ampliando el número de centros de ayuda a mujeres embarazadas en situaciones de crisis, para salvarlas a ellas y a sus bebés del aborto.

Por supuesto, nunca vamos a querer tener a un presidente proaborto. Un presidente tiene vastos poderes ejecutivos que puede usar, por ejemplo, para exportar la causa proaborto a nivel mundial, poniendo toda la riqueza y el poder del gobierno de EEUU al servicio de esta causa. Sin embargo, nuestra actitud sigue siendo la de considerar una presidencia a favor del aborto como un desafío, incluso como una oportunidad: una oportunidad para fortalecer nuestra determinación de luchar por los niños por nacer y sus mamás utilizando todos los medios a nuestra disposición, en lugar de simplemente depositar nuestra confianza en los que están en posiciones de poder.

Así es precisamente como debemos responder a una presidencia de Biden, si termina siendo electo. Podemos contar con que la administración de Biden hará todo lo posible para dificultar la labor de los defensores de la vida y la familia. Anularán todas las órdenes ejecutivas provida que Trump ha emitido. Presionarán para obtener fondos adicionales para el aborto en el extranjero. Pero nosotros les mostraremos de qué estamos hechos, luchando en las legislaturas estatales, en los centros provida de ayuda a madres embarazadas, en vigilias de oración frente a las “clínicas” de aborto, en los pasillos de la ONU:

“Lucharemos en las playas, lucharemos en los campos de aterrizaje, lucharemos en los campos y en las calles, lucharemos en las colinas; nunca nos rendiremos…”

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Una administración de Biden reiniciará la era de Obama, pero debemos aprovechar lo que se ha logrado, usarlo siempre que sea posible y estar decididos a pelear la buena batalla. La administración Trump ha hecho mucho bien, por lo que debemos estar agradecidos. Pero la política es voluble y nunca deberíamos depender únicamente de una administración federal. Depende de cada uno de nosotros, en su propia capacidad única, de defender y luchar por una Cultura de la Vida y la Familia, y difundir el Evangelio de Jesucristo.

Oremos por la paz

Sobre todo, debemos orar por nuestro país.

Estamos comprometidos en una batalla espiritual. Las heridas de esta nación tienen sus raíces en el pecado y el rechazo de Dios. Como ha demostrado esta elección, estamos profundamente divididos. La única forma en que podemos avanzar y transformar la “cultura” secular y sus antivalores hedonistas es que la Iglesia Católica, los que tienen una visión judeocristiana de nuestro país y todas las personas de creencias religiosas vivan en la fe auténtica de palabra y de obra según lo que enseña la Palabra de Dios.

Al ser sal y luz de la tierra, podemos restaurar la santidad de la vida humana, el carácter sagrado de la sexualidad humana dentro de la alianza del matrimonio, la vida familiar, los derechos de conciencia y la libertad religiosa. Hay quienes ahora mismo están cediendo a la desesperación y tratando de hacernos temer durante los próximos cuatro años. ¿Qué pasará con nuestro país, con nuestras libertades, con los logros que hemos obtenido bajo el gobierno de Biden? E incluso si Trump gana, ¿cómo podremos lograr algún progreso provida frente al sesgo de los medios, el extremismo de los progresistas, y la evasión y el socavamiento de poderosas fuerzas globales?

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No debemos hacer caso a esos poderosos medios de difusión ni de cual otra fuerza antivida. En cambio, debemos recordar el grito constante del Papa San Juan Pablo II y los autores de las Escrituras: “¡No temas!” O, como el Padre Pío repetía con frecuencia, “¡Ora, espera y no te preocupes!” Esa es la verdadera sabiduría. Sabiduría bíblica.

Vida Humana Internacional agradece a José Antonio Zunino, del Ecuador, la traducción de este artículo. Publicado originalmente en inglés el 10 de noviembre de 2020 en: https://www.hli.org/2020/11/our-job-as-christians-after-the-2020-election/.

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