Carlistas, nacionalistas e ignorantes

Reproducimos el más que interesante análisis difundido por la Agencia Faro.

Carlistas, nacionalistas e ignorantes

A los medios del sistema, cada vez más escorados hacia el liberalismo tópico y anquilosado, ha regresado en los últimos tiempos con fuerza el hábito de intentar hacer pasar a los separatismos regionales por herederos del Carlismo. Cuando lo cierto es que esos separatismos, esos nacionalismos, no son sino formas del mismo liberalismo jacobino que algunos falsos españolistas predican; que históricamente heredan, además, al liberalismo decimonónico en su integridad; y que el Carlismo no tiene herederos, porque aquí sigue, como Carlismo, sin adoptar otras formas imposibles. Hostil a todo nacionalismo, hostil a todo separatismo, defensor siempre de la unidad católica de España y de las Españas grandes.

La inacabable tragicomedia política que sufre Cataluña (y con ella, el resto de España), llamada muy incorrectamente “proceso soberanista” o “constituyente” (o, simplemente, “el procés”) sirve de excusa para que unos pocos intoxicadores, más unos cuantos perezosos e ignorantes que los imitan, vuelvan a citar una y otra vez al Carlismo como antecesor del nacionalismo catalán (anticatalán, en realidad). Cuando la verdad es, de nuevo, exactamente la contraria. No está de más recordar que la única unidad combatiente catalana bajo la bandera de las cuatro barras (que Cataluña comparte con Aragón, a cuya Corona pertenece el Principado catalán) en la Cruzada de 1936-1939 luchaba en el bando nacional: el laureado Tercio de Requetés de Nuestra Señora de Montserrat, contra los rojos y contra los separatistas de la falsa Generalitat de entonces. Rojos y separatistas de entonces, estos sí antecesores de la CUP y de “Junts pel Sí”, que persiguieron y asesinaron a centenares de carlistas catalanes. Hoy las líneas siguen siendo las mismas, y el Carlismo permanece enemigo de la falsa Generalitat de ahora (aspira a restaurar la verdadera Generalidad del Principado de Cataluña y los fueros de éste) y de sus secuaces.

Previsiblemente FARO volverá en los próximos días sobre ejemplos de mixtificaciones anticarlistas. Hoy vamos a fijarnos en una aparecida ayer domingo 10 en el diario madrileño La Razón, firmada por un tal Toni Bolaño (“Periodista y analista político, fue responsable de comunicación del Govern de la Generalitat“, dice de él el periódico). Su url actual es http://www.larazon.es/local/cataluna/la-victoria-que-es-una-dura-derrota-de-la-cup-CD11651047; en previsión de que corrijan el texto, puede verse reproducción fotográfica en este enlace.

 

¿Por qué empezar por éste, que ni es el primero, ni el más grave? En primer lugar, por la profunda, frívola y enciclopédica ignorancia que exhibe. Semejante falta de cultura general incapacita a su autor para opinar sobre nada.

En segundo lugar, por publicarla el periódico dirigido por Francisco Marhuenda García, XII Premio Internacional de Historia del Carlismo “Luis Hernando de Larramendi” (2011) por su obra El Estado carlista en la guerra civil 1833-1840. Período al que se refiere el tremendo dislate publicado ayer.

¿Cuál es esa barbaridad que firma Toni Bolaño en La Razón? Veamos:

En 1839, el carlista Zumalacárregui se rindió al isabelino Espartero para evitar males mayores en sus huestes que estaban divididas y pasando miserias. Evitó la catástrofe y la sangrienta derrota a cambio de entregar hombres y armas. Fue el Abrazo de Vergara. En 2016, Artur Mas y la CUP firman un armisticio para evitar la derrota del proceso soberanista. Mas se aparta y la CUP se rinde a Junts pel Sí. Mas evita la hecatombe del proceso, se garantiza el liderazgo de CDC en la nueva etapa y la CUP se entrega para evitar una sangría interna o lo intenta. Habrá que ver qué pasa ahora en la CUP. Es el Abrazo de Barcelona.

 

Se habrá quedado contento, con tan espectacular paralelismo histórico. Su primer problema es que el General don Tomás de Zumalacárregui e Imaz había muerto el 24 de junio de 1835. Con lo que difícilmente iba a hacer nada en 1839.

El “Abrazo de Vergara” al que se refiere fue obra del General Rafael Maroto Isern. Una traición tan vil que el término “maroto” pasó al acervo popular, no necesariamente carlista, como sinónimo de “traidor”. Maroto había hecho fusilar a sus compañeros de armas para poder imponer su convenio con Espartero. No “se rindió”, porque como el mismo Bolaño dice, al parecer sin percatarse de la contradicción, aquello fue más bien “un armisticio”. No evitó ninguna “catástrofe” ni “sangrienta derrota”; más bien la provocó. A pesar del apoyo que Gran Bretaña, Francia y Portugal prestaban a los liberales, las armas del legítimo Rey Don Carlos V distaban de estar derrotadas en 1839. De hecho la guerra continuó un año más en las tierras del Maestrazgo y de la Corona de Aragón.

Cualquier otra atribución de pasado carlista a las andanzas nacionalistas puede juzgarse a la altura de ésta de Toni Bolaño. La ignorancia, sea real o fingida, es su única explicación.

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