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El corazón de una nación, con freno y marcha atrás

En el 36, como ahora, España está doblegada ante el comunismo; el objetivo es el mismo: engañar al pueblo con un aparente gobierno democrático controlado por los representantes del pueblo, cuando en realidad, el poder lo detentaba el presidente de gobierno dictatorialmente.

“Algunos creen haber encontrado la solución a todos sus problemas y haber alcanzado la felicidad absoluta, sin embargo lo que parece ser algo maravilloso se convierte en una existencia insoportable que los sumirá en la desesperación” (Salvando las distancias y con el debido respeto, la situación nos trae el recuerdo de la tragicomedia de Jardiel Poncela: Cuatro corazones con freno y marcha atrás”)


Lo del freno y marcha atrás supongo que viendo la deriva que lleva nuestra Patria, necesita poca explicación, ya que en el aspecto económico, según las noticias, en 2018, España ha caído una posición desde el año pasado (la 23, pero hay que recordar que Franco la dejó en el puesto nº 8). Su economía sigue tambaleándose y el desempleo continua siendo elevado, lo que se vio agravado por la crisis e inestabilidad provocados por los disturbios ocasionados por el intento de la independencia de Cataluña.

Otros factores como el ideológico, el cambio sociológico, la falta de democracia, etc. han contribuido también a ello. Mucho tiene que ver la alianza social-comunista; es por ello que debemos recordar actuaciones anteriores de los comunistas pero que se repiten actualmente.

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Cuando se habla de la guerra civil en España, las izquierdas nunca reconocen el papel director que desde el principio tuvo el comunismo; debemos recordar, sin embargo, que fue tan prominente que ya en diciembre de 1936, Stalin, Molotov y Voroshilov se permitieron enviar una serie de cartas a Largo Caballero (“el Lenin español”) tratando de dictar la política que, como gobiernos satélites suyos que eran, debían seguir los republicanos de puertas para dentro:

«La revolución española traza su propio camino, distinto en muchos aspectos del seguido por Rusia. Esto obedece no solo a las distintas condiciones sociales, históricas y geográficas, y a las necesidades de la situación internacional… Es muy posible que la vía parlamentaria resulte ser un medio más eficaz de desarrollo revolucionario que en Rusia… No se debe rechazar a los dirigentes republicanos sino que, por el contrario, hay que atraerlos y acercarlos más al gobierno. Sobre todo, es necesario asegurar el apoyo de Azaña y su grupo al gobierno y hacer todo lo posible por vencer sus vacilaciones. Esto es necesario para evitar que los enemigos de España la consideren una República comunista e impedir así su intervención abierta, que constituye el mayor peligro para la España Republicana»

No crean Vds. que Stalin decía esto llevado por su gran espíritu democrático. En absoluto, Stalin pedía a Largo Caballero, −desde el 4 de septiembre de 1936 presidente del Gobierno que se llamó “Gobierno de la Victoria”, donde desempeñó también el Ministerio de Guerra,− que mantuviera la «vía parlamentaria» y el apoyo del resto de grupos republicanos para que, al menos en su actitud, el país no pareciera encaminado a una República comunista, lo que podía acabar forzando a naciones no fascistas, como Inglaterra o Francia, a intervenir en la Guerra Civil con tal de evitar un satélite comunista en Europa Occidental.

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Es posible establecer cierta similitud con lo que ahora ocurre, salvando ciertas cuestiones. Entonces como ahora, España está doblegada ante el comunismo; en esta ocasión no ante Stalin, claro, sino ante Pablo Iglesias Turrión, pero el objetivo es el mismo; en definitiva, se trataba de engañar al pueblo con un aparente gobierno democrático controlado por los representantes del pueblo, los diputados del Congreso, cuando en realidad, el poder lo detentaba el presidente de gobierno dictatorialmente. ¿Como ahora?

No, ahora peor, porque además del comunismo, el pueblo español tiene que pagar la deuda que el presidente debe a independentistas y terroristas que consiste en “desjudicializar la política”, eufemismo que quiere decir saltar los cauces legales para hacer lo que les dé la gana pero discretamente, de manera que se note lo menos posible. Es decir, la ley se aplicará a bombo y platillo a los miembros de la derecha (véase el tema de los trajes de Camps y compárenlo con los millones de euros del escándalo de la anterior Junta de Andalucía) con un agravante mayor si son heterosexuales, porque es sabido que otro de los artículos de la Constitución que han marginado es el 14, ese que afirma: Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social. De modo que ahora los de “la igualdad” se revuelven contra todo y todos los que de algún modo se les oponen, aunque solo sea porque les es propio por su naturaleza.

El problema de España es que tenemos un partido socialista que acepta sin rechistar los juegos malabares que hace su cabeza visible para mantenerse en el poder con el único objetivo de disfrutar de él y no les importa que se apoye, visiblemente complacido, en el comunista Pablo Iglesias, digno sucesor de Vladímir Ilich Uliánov, alias Lenin, su padre político, en nombre del cual pretende alcanzar su principal objetivo: instalar una dictadura comunista.

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Observen como ha empezado a seguir los pasos del “Decálogo” escrito por Lenin en 1913 para conseguir la “dictadura del proletariado:

1.-       Corrompa a la juventud y facilítele libertad sexual.

2.-      Infiltre y después controle todos los medios de comunicación de masas.

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3.-      Divida a la población en grupos antagónicos, incitando las discusiones sobre asuntos sociales.

4.-      Destruya la confianza del pueblo en sus líderes.

5.-      Hable siempre sobre Democracia y Estado de Derecho, pero, en cuanto se        presente la oportunidad, asuma el Poder sin ningún escrúpulo.

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6.-    Colabore con el vaciamiento de los dineros públicos; desacredite la imagen del País, especialmente en el exterior y provoque el pánico y el desasosiego en la población por medio de la inflación.

7.-    Promueva huelgas, aunque sean ilegales, en las industrias vitales del País.

8.-   Promueva disturbios y contribuya para que las autoridades constituidas no las repriman.

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9.- Contribuya a destruir los valores morales, la honestidad y la creencia en las   promesas de los gobernantes. Nuestros parlamentarios infiltrados en los partidos democráticos deben acusar a los no comunistas, obligándolos, so pena de exponerlos al ridículo, a votar solamente lo que sea de interés de la causa socialista.

10.- Registre a todos aquellos que posean armas de fuego, para que sean confiscadas en el momento oportuno, haciendo imposible cualquier resistencia a la causa.

Muchos de los puntos del decálogo ya se están cumpliendo. A pesar de que algunos dicen que Sánchez ha intentado limitar sus desbocadas ansias de poder, Iglesias sigue con su plan adelante y hay quien habla de su interés por apropiarse de la Agenda 2030, un proyecto de la Asamblea General de la ONU para el Desarrollo Sostenible, un plan de acción a favor de las personas, el planeta y la prosperidad, que también tiene la intención de fortalecer la paz universal y el acceso a la justicia. ¿Todo ello por su generosidad y entrega a los demás? No, simplemente porque esto le dará una tremenda proyección internacional que le vendrá muy bien de cara a una futura ocupación de la presidencia. Paso a paso, sin abandonar la posición, para utilizar en su propio beneficio, al pueblo al que dice servir.

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De todo este peligro que tenemos encima, nos ha advertido últimamente don Miguel Ángel Martín Tortabú, Presidente del Tribunal Supremo de Venezuela, exiliado en USA quien ha concedido una entrevista a Carlos Cuesta en Distrito TV para comentar el polémico encuentro entre el ministro de Transportes, José Luis Ábalos y la vicepresidenta del Gobierno venezolano, Delcy Rodríguez, con nocturnidad y alevosía, en un avión en una terminal de Barajas el pasado lunes. Es necesario recordar que al hacerlo, ha infringido las disposiciones de la Unión Europea que tiene prohibida su entrada en todo el territorio europeo debido a las sanciones aplicadas a Venezuela por las políticas represivas de su presidente Nicolás Maduro.

¿Por qué fue Ábalos tan subrepticiamente a saludar a esta señora? Cuatro explicaciones ha dado, ninguna con un mínimo de credibilidad. Sabido es que quien paga manda, así que ha venido a recordar que se deben a Maduro y no a Guaidó.  Así viene a decir una periodista venezolana, Patricia Poleo, cuando afirma que Delcy quería entrevistarse con Sánchez e Iglesias, quizá para que no se averigüe el dinero del que se han beneficiado los podemitas. Seguramente vino a algo más de lo declarado, posiblemente a obligar a Sánchez a no recibir a Guaidó en evitación de una crisis diplomática con el dictador venezolano. Y el presidente, ante las presiones del vicepresidente, cedió. ¿Quién manda realmente?

Es inconcebible de otro modo que el gobierno se expusiera tanto al realizar jugadas indebidas como por ejemplo, que doña Delcy pudiera pasearse por zona VIP sin ningún problema, cuando deberían haberla arrestado en cuanto pisó la zona de control, pero ah! Casualidad de esas que últimamente ocurren mucho en zonas controladas por los comunistas: se borró del ordenador la nota de la UE por la que no podía entrar en ningún país europeo y el agente de turno no pudo evitarlo. Ante las dimensiones que ha alcanzado la controversia y la lluvia de críticas de la oposición pidiendo la dimisión de Ábalos, éste, tonto útil, apagafuegos del presidente, muy encorajinado ante la presión, demostró su gran sentido democrático al responder: “A mí no me echa nadie”.  “Otros quizá estén en política de paso. Yo vine para quedarme y no me echa nadie”. Gran declaración de principios, pero estos “servidores públicos” han perjudicado muy gravemente a España a nivel  internacional.

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La llegada a Madrid de Juan Guaidó, reconocido por España, Estados Unidos y otros 60 países, como presidente encargado de su país frente a Nicolás Maduro, obligó a que en España, como en tantas otras ocasiones, se decantaran dos posiciones: la oficial mediatizada por los problemas de podemitas y de Zapatero, que le dispensó un recibimiento frío y de segundo nivel, acogido por la recién nombrada ministro de Exteriores de España, lo que no era adecuado a un jefe de Estado. Sin embargo, era entendible por la cadena de mando que aquí se produjo: Maduro controla el dinero y las minas y por él tiene pillado a Zapatero y los podemitas y éstos, a su vez, a Sánchez. Es decir, el presidente de España está al servicio, a lo que manden, comunistas, masones y hasta un dictador de otro país.

La otra posición era la del pueblo español representado por Madrid que le rindió un caluroso recibimiento con entrega de la llave de oro de la ciudad en el Ayuntamiento y la primera Medalla Internacional por parte de la Comunidad. Suponemos el resultado: Sánchez enfadado, Iglesias rebosando ira y el pueblo encantado por el gol que les ha metido.

Pero es importante no olvidar la advertencia que, como personaje que lo ha sufrido directamente, nos hace para que nos espabilemos en evitarlo el Presidente del Tribunal Supremo de Venezuela, don Miguel Ángel Martín Tortabú:

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¡Cuidado, que lo que está empezando a pasar en España, ya lo hemos sufrido en Venezuela!

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