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Charles Lindbergh, un héroe maldito

Tras un vuelo en solitario de 33 horas y 32 minutos atravesando todo el océano Atlántico de oeste a este sin escalas estableciendo un récord a más de 6.000 km de distancia.

“Hubo momentos en el avión en los que parecía que había escapado de la mortalidad para mirar a la Tierra como un Dios” Charles Lindbergh

Este 4 de febrero se conmemora el 119 aniversario de Charles Augustus Lindbergh, que nació en Detroit, Míchigan, EEUU, el 4 de febrero de 1902 en el seno de una familia de inmigrantes suecos. Charles Lindbergh fue un aviador e ingeniero estadounidense, y fue el primer piloto en cruzar el océano Atlántico en un vuelo de Nueva York a Paris sin escalas y en solitario, aunque no el primero en cruzar el Atlántico sin escalas, pues antes una pareja de pilotos británicos habían cruzado el Atlántico pero solo hasta Irlanda y no en solitario. El vuelo de Lindbergh enlazó Nueva York y Paris, a más de 5.800 km de distancia, ganando con ello el premio Orteig, de 25.000 dólares de la época.

Su padre, abogado, ejerció la política y más tarde fue un congresista de Minnesota, tribuna desde la que mostró su oposición a la entrada de los EEUU en la Primera Guerra Mundial; su madre era profesora de Química. Muy pronto el joven Charles comenzó a mostrar interés por las máquinas y por la mecánica. En 1922 abandonó sus estudios de ingeniería mecánica en la Universidad de Wisconsin-Madison, se unió al programa de entrenamiento de la escuela de vuelo y mecánica en una compañía de aviación de Lincoln (Nebraska), “Nebraska Aircraft”, y compró su propio aeroplano, un Curtiss JN-4 Jenny trabajando como piloto de exhibiciones por todo el país. En 1924 comenzó a entrenar en el cuerpo aéreo del ejército de los EEUU. Tras finalizar primero de su promoción, trabajó como piloto civil en la línea de correo de San Luis en los años 20, y desde 1926, en el correo aéreo.

Mientras Norteamérica vivía atrapada entre la tiranía de la mafia y el despilfarro que acabaría provocando uno de los desastres económicos más pronunciados de la era contemporánea, un joven solitario estaba a punto de demostrar que había llegado el momento de extender los dominios del hombre más allá de tierra firme. Decidió optar a un premio de 25.000 dólares ofrecido en 1919 por el filántropo francés nacionalizado americano Raymond B. Orteig para el primer piloto que realizara un vuelo trasatlántico sin escalas entre Nueva York y Paris. En su monoplano de un solo motor Ryan NYP (un Ryan M-2 modificado), bautizado como Spirit of St. Louis”, Charles Lindbergh despegó del aeródromo Roosevelt Field (Long Island, Nueva York) el 20 de mayo de 1927, a las 7.52 de la mañana, hora norteamericana, con apenas 25 años, y tras un vuelo en solitario de 33 horas y 32 minutos atravesando todo el océano Atlántico de oeste a este sin escalas, sin flotadores y sin radio, estableciendo un récord a más de 6.000 km de distancia, aterrizó en el aeropuerto de Le Bourget, cercano a París el 21 de mayo de 1927.

Cuando aterrizó en el aeródromo francés, cerca de 150.000 personas estaban esperando su llegada, el presidente galo le rindió honores y a su regreso a Estados Unidos fue distinguido con la Cruz de Vuelo por el presidente John Calvin Coolidge Jr. Tras convertirse en un héroe, diversas empresas aeronáuticas solicitaron sus servicios como asesor técnico. Aquella hazaña fue, sin lugar a dudas, una de las más importantes y trascendentales de la historia de la aviación moderna. Posteriormente se convirtió en asesor de aerolíneas comerciales. Charles Lindbergh pilotó también el primer vuelo oficial de la Línea Aérea Mexicana de Aviación. En 1929 se casó con la filósofa, escritora y aviadora Anne Spencer Morrow, la hija del embajador de los EEUU en Méjico.

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Entre 1931 y 1935, Lindbergh junto con el escritor y Premio Nobel de Medicina, Alexis Carrel, investigaron en el área del transplante de órganos y patentaron un “corazón artificial” precursor de los actuales.

La vida de Charles Lindbergh cambió para siempre cuando su hijo primogénito, Charles Augustus, fue secuestrado en la residencia que él y su mujer poseían en Nueva Jersey. La búsqueda movilizó a media nación. Desde el presidente Herbert Hoover hasta el gángster Al Capone, que ofreció sus servicios desde la cárcel. Tras convertirse en un ídolo de masas y en un héroe americano gracias a su hazaña de cruzar el Atlántico en solitario, la tragedia se cebó con él, cuando su hijo fue secuestrado en su habitación, y tras el pago de los 50.000 dólares del rescate, apareció muerto en una carretera el 13 de mayo de 1932 a unos seis kilómetros de la casa de los Lindbergh. El secuestro y posterior asesinato de su hijo de 19 meses atrajeron el interés nacional e internacional. El forense determinó que el niño llevaba dos meses fallecido a consecuencia de un fuerte golpe en la nuca. Un carpintero de origen judío llamado Bruno Richard Hauptmann fue juzgado, declarado culpable y condenado a muerte. El caso, que inspiró una célebre novela de Agatha Christie, impulsó la aprobación de la Ley Federal de Secuestro, más conocida como Ley de Lindbergh, que se firmó en junio de 1932.

La familia Lindbergh se trasladó a Europa en 1935 y Charles Lindbergh pudo estudiar la organización y funcionamiento de las fuerzas aéreas de varios países. En una visita a Alemania, Charles Lindbergh realizó inspecciones para comprobar el potencial armamentístico de la Luftwaffe, y se hizo muy amigo de Hermann Goering, del que recibió personalmente su espada ceremonial el 23 de enero de 1936 en Berlin. Durante una cena en 1938 en la casa del embajador de EEUU en Alemania, Lindbergh recibió una medalla del Comandante de la Luftwaffe, Herman Göring, en nombre del propio Adolf Hitler.

A su regreso a Estados Unidos en 1939, año del comienzo de la II Guerra Mundial, defendió una postura aislacionista y lideró el movimiento aislacionista norteamericano, por lo que recorrió el país dando conferencias en contra de la guerra, y declarándose partidario del aislacionismo estadounidense para que EEUU no entrase en la guerra. Se declaró de forma abierta partidario de Hitler, por lo que fue obligado a dimitir de sus cargos.

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Charles Lindbergh formó parte del denominado grupo ‘America First Committee’ (junto a otros norteamericanos como Henry Ford), para instar a su presidente a que no entrara en la guerra. Este comité fue lo que podríamos denominar el partido del “No a la guerra” en EEUU, así como en Inglaterra lo fue el partido fascista británico de Oswald Mosley. El comité de “America First” se disolvió tres días después del ataque japonés a Pearl Harbour.

Lindbergh tuvo que testificar ante el Congreso de los EEUU en 1941 y recomendó negociar un pacto de neutralidad con Hitler. Concretamente, el 23 de enero de 1941 testificó a­nte el Congreso en Washington y pidió negociar un pacto de neutralidad con Hit­ler. El más disgustado de todos fue su Comandante en jefe, el presidente Franklin D. Roosevelt, quien calificó sus puntos de vista como los de un “derrotista y apaciguador”, y le declaró “persona non grata”. En privado expresó su convencimiento de que Lindbergh era “nazi”. Vapu­leado así, el antaño héroe se sintió obligado a abandonar su puesto. Y así, el gran héroe americano del primer tercio del siglo XX pasó con una rapidez pasmosa de ser aclamado a que le consideraran un traidor, y se ganó la antipatía de la opinión pública estadounidense – que hasta 1941 había sido neutral e incluso contraria a la intervención en la guerra – con sus firmes posiciones en favor de la no intervención de su país en la Segunda Guerra Mundial. 

Durante la Segunda Guerra Mundial, Lindbergh actuó como técnico civil de las compañías fabricantes de aviones, y llevó a cabo misiones en el océano Pacífico y en Europa al servicio de las fuerzas aéreas estadounidenses, recuperando así su estima en su pais.

En 1953 escribió un relato sobre su histórico vuelo, “Spirit of St. Louis”, en el que relata ampliamente sus experiencias en su vuelo transatlántico, que le valió el premio Pulitzer de 1954.

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En 1957, Billy Wilder dirigió el largometraje El héroe solitario” (“The Spirit of St. Louis”), en el que el papel de Charles Augustus ‘Slim’ Lindbergh fue interpretado por James Stewart.

En 1970, Lindbergh escribió El diario de guerra de Charles A. Lindbergh”.

Curioso hasta el final, en los últimos años de su vida se entregó a la protección del medio ambientededicó el resto de sus días a rescatar animales en peligro de extinción y a preservar áreas inexploradas del planeta. Realizó extraordinarios descubrimientos arqueológicos y antropológicos, y prosiguió con las investigaciones médicas que había iniciado durante los años treinta, pues por encima de todo fue un espíritu inquieto que exploró múltiples campos de la ciencia. Su último proyecto fue la creación de una fundación que dotaba con 10.580 dólares (el precio que le costó el “Spirit of Saint Louis”) a todos aquellos proyectos orientados, según sus palabras, “a mantener el equilibrio entre el avance tecnológico y la preservación de nuestro entorno humano y natural”. Retirado junto a su esposa, Charles Lindbergh murió de cáncer el 26 de agosto de 1974 en Maui (Hawai). El ”águila solitaria” emprendió su vuelo a la eternidad.

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