Análisis

Las víctimas olvidadas de la violencia sexual: los niños nacidos de la guerra

Foto: Marta I González/Manos Unidas

Entre los cientos de cristianos y minorías secuestrados por los terroristas del Estado Islámico se encuentran mujeres y niñas obligadas a casarse y a ser esclavas sexuales. Mientras que los líderes mundiales titubean para responder a los ataques del ISIS, otra crisis se avecina: el arriesgado futuro de estas mujeres y jóvenes, y los niños que concebirán durante su cautiverio.

A lo largo de la historia, los niños nacidos de la guerra han sido sometidos a toda una vida de rechazo y privación de necesidades básicas como la asistencia médica y la educación debido a las trágicas circunstancias de su nacimiento. Los niños noruegos de Lebensborn, huérfanos que fueron procreados por nazis durante la ocupación alemana en la Segunda Guerra Mundial, e hijos de las guerras de la ex Yugoslavia en la década del noventa son algunos ejemplos. El Tribunal Europeo de Derechos Humanos en el primer caso, y organismos como Unicef, en el segundo, han rechazado las solicitudes de indemnización o atención especial para estos sobrevivientes de la violencia sexual y del espantoso estigma que padecieron desde las guerras.

Hoy en día, varias agrupaciones sin fines de lucro están trabajando en entornos afectados por conflictos en África para ayudar a la actual generación de niños nacidos de la guerra. Un panel de expertos se reunirá en la ONU para despertar conciencia y debatir modos de ayudar a los gobiernos y responsabilizar a los organismos internacionales para que hagan un mejor trabajo en cuanto a reconocer y satisfacer los derechos humanos básicos de estos niños.

Eunice Apio ha estado trabajando durante más de una década en Uganda del Norte con mujeres raptadas por el grupo guerrillero Lord’s Resistance Army y con sus hijos nacidos en cautiverio. Presentará su investigación que compara cuatro casos que incluyen Uganda, Sierra Leona, la República Democrática de El Congo y el sur de Sudán.

Apio afirma que muchos funcionarios no comprenden que las sobrevivientes de la violencia sexual no pueden reintegrarse si sus hijos no se integran. Es preciso hacer más para cambiar las actitudes de las comunidades de la posguerra, que los ven como «los hijos del enemigo». A menudo la postura de los organismos de la ONU está conformada por la agenda de derechos reproductivos cuyos defensores consideran a los niños «coagresores» de sus madres, o simplemente los ven como una consecuencia indirecta de la violación que no merece el reconocimiento de sus propios derechos.

No obstante, como aclara Jules Shell en su ponencia «Sonríele al hombre que te hizo esto», las madres a menudo aman a sus hijos y quieren que sean exitosos. Tal es el propósito de la Fundación Ruanda, agrupación que ella cofundó en 2008. Unos 20000 niños nacieron producto de violaciones durante el genocidio de 1994 en Ruanda. Como los niños nacieron después del genocidio, no tuvieron derecho a acceder a programas para sobrevivientes y fueron olvidados. Su agrupación financia la educación de más de 800 de ellos pero no existe un plan para ayudar al resto, y los recursos para su trabajo siempre se estiran al máximo, asegura.

El secuestro de mujeres y niñas por Boko Haram en Nigeria captó la atención mundial y los medios sociales se encendieron con pedidos que rezaban #BringBackOurGirls (devuelvan a nuestras niñas). ¿Pero qué sucederá cuando regresen las jóvenes? Obianuju Ekeocha presentará los resultados de entrevistas que realizó acerca del modo en el que el país planea responder a los niños nacidos de matrimonios forzados y de la esclavitud sexual. Ekeocha explica por qué la cultura africana de recibir con agrado a los niños a menudo enfrenta a los gobiernos con quienes promueven el aborto como la mejor solución para los niños concebidos en situaciones de violencia sexual.

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