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La muerte, la viuda y los príncipes

Cuarto capítulo del cuento “La Historia de los dos Reinos”

Su Rey enfermó y murió misteriosamente. Su mano derecha, el profeta, se encontraba afligido, y consolaba a la Mujer de Henry, que había visto morir a los dos hombres de su vida, ahora solo le quedaba su padre. Todos lloraron al Rey. Hasta los días se entristecieron. Como si el Señor llorara en la Tierra la partida de su hijo porque en el Cielo llora de la alegría de recibirlo nuevamente.

Ante la muerte del Rey. Ya hacía pocos meses que Carlos se encontraba en su Reino para prepararse para la sucesión, su abuelo había sido gran maestro. Ambos partieron al pueblo de los bretones a prepararse para la sucesión. Al llegar, estaba la Corte en pleno, con la Reina Viuda, el Cardenal Richard, el representante del Papa, el profeta que era el consejero especial, otros miembros de la Corte y por supuesto, el hermano el príncipe y el abuelo, que no solo era Regente, era general curtido en mil batallas.

Por unanimidad, se tomó la decisión de ascender al torno a Charles a pesar de no tener la mayoría de edad, sería guiado por su abuelo, el Rey David, y por el profeta, como corresponde. Su hermano, con el cual era muy unido, volvería a lo propio a su Reino. La Madre de ambos, decidió enclaustrarse y dedicarse a Dios. Los dos jóvenes, al igual que sus padres, ahora debían dar la talla para lo que toda la vida se habían preparado, tenían que servir al Señor su Dios, gobernando a su grey y protegiéndola de los lobos feroces.

Así fue, no tardó mucho tiempo cuando empezaron las historias fantásticas de dos príncipes, ahora reyes, que siendo de padres distintos, pero de misma madre, educados por reyes y enseñados por eruditos hacían grandes prodigios. Charles era un hombre muy sabio, erudito, conocedor de muchas lenguas, hablaba de los secretos y misterios del mundo. Era muy guapo como su había sido su padre, con raza de la su madre. Un hombre alto, fuerte, rubio, de ojos verdes como esmeraldas.             Mientras que Carlos, era un hombre de acción, bueno para el campo de batalla. Buscando siempre conflicto y escapando de los problemas en los que se metía a seguido. El Rey hispano se convirtió en un hombre muy alto y fornido, de pelo castaño y ojos a juego. Digno hermano del Reyes, ambos libraron batallas, donde sus historias quedaron escritas para la gloria y honra de Dios.

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