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Historia

El enemigo: la masonería

La Constitución republicana fue redactada en los distintos talleres masónicos.

Extirpar la masonería, conseguirlo sin que la ocultación y el disimulo puedan encubrir su acción, es positiva salud para la Patria.(ABC- 2 de octubre de 1941)

No hay quien ignore la influencia de la masonería en los hechos culminantes de la ruina de España. Las logias, impulsadas por próceres internacionalistas, sin Dios y sin Patria, atentas a una vil tarea de destrucción, minaron los cimientos de la nación española, primero con cierta lentitud, luego aceleradamente, en un proceso que tenía increíbles complicidades. La “Semana Sangrienta” de Barcelona fue típicamente un producto de la masonería.

Ferrer[1] obedecía los mandatos de los “talleres” y fueron los masones quienes lo elevaron a la categoría de sabio y de mártir, cuando no fue otra cosa sino un vividor revolucionario. Desde aquellos tiempos a los tiempos de la Dictadura del general Primo de Rivera, la masonería se dedicó a una hábil tarea de captación de espíritus, presentándose con un aspecto benéfico y de mutua ayuda e insistiendo mucho en su apoliticismo. Durante la Dictadura, su labor fue tenaz, profunda y se apoyó en todos los arribistas y logreros que encontraba en su camino. Era la labor de todos los días, de todas las horas y de todos los minutos, empleada la calumnia. (Poco ha variado desde entonces).

La República fue preparada por la masonería y masones fueron los hombres que el 14 de abril lograron la culminación de una larga campaña de descrédito de todas las auténticas fuerzas de la nación y de la misma España. Que esto es así lo demuestra un hecho consumado: la Constitución republicana fue redactada en los distintos “talleres· de las distintas logias esparcidas por España y sus informes, examinados y aprobados en la calle del Príncipe de Madrid en la cual figuraban más de 140 diputados “hermanos”. La revolución de octubre fue masónica y el haberse perdido la coyuntura de una regresión salvadora lleva también el sello inconfundible de la masonería.

A partir del 16 de febrero de 1936, la masonería actúa ya desenfadadamente. Ha logrado, cumpliendo al pie de la letra las instrucciones de la Komintern, integrado por judíos y masones, la creación del Frente Popular y dirigiéndolo y mandándolo aparecen masones cualificados, entre ellos todos esos que han sido condenados por el Tribunal especial de Represión de la masonería.

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El terrible desastre de las masas, a partir del 18 de julio, fue impulsado por los hombres representativos de la secta que armaron al pueblo, llamaron en su auxilio a los “hermanos” de Europa, crearon e instruyeron, en Albacete principalmente, las Brigadas Internacionales y cumplieron, una por una, las instrucciones de destrucción y de muerte que les llegaban de los judíos y de los masones rusos. Lo que hizo posible esta tremenda acción disolvente de la masonería fue la crédula confianza de muchos captados a título de necios y la ambición desaforada y abyecta de los que creían en su rápido encumbramiento, entregándose en cuerpo y alma a los designios secretos de las logias. Que creían y que lo lograban en aquel nefasto ambiente de confusión y envilecimiento”.[2]

Es necesario insistir en que, aunque los masones porfían en que no se meten en política, ni en religión, los masones no han hecho otra cosa desde el siglo XVIII. Se han introducido en política para activar procesos revolucionarios y secesionistas. Y se han incrustado en la religión, para perseguir al catolicismo y a los católicos. La situación actual es tan similar a la referida en el artículo transcrito, que hasta tenemos lo que en el reino animal reconoce al miembro de la comunidad que tiene mayor rango y obtiene las mejores hembras. Se le conoce como macho alfa. En la actualidad no es necesario que mencione quien ostenta dicho título; en lo referente al artículo, Ferrer se lleva todas las papeletas.

De familia católica y monárquica de payeses acomodados, Ferrer y Guardia fue el tercero de ca­torce hermanos. A los 13 años tuvo su primera disputa con la iglesia, tras denun­ciar al sacerdote de su pueblo de intromisión familiar, por lo que su familia estimó necesario alejarlo y lo mandó a trabajar a Barcelona. Allí entró como aprendiz en un comercio de harinas en el distrito de Sant Martí de Provençals, cuyo dueño le inscribió en cla­ses nocturnas y le inició en los ideales republicanos. Durante la I República, Ferrer participó con entusiasmo en experiencias de educación popular. Duran­te los años siguientes el joven autodidacta estudió a fondo el ideario de Pi y Margall y conoció las doctrinas de los internacionalistas en los círculos obre­ros más anticlericales. Sus ideas librepensadoras le llevaron pronto al anarquismo, tendencia en la que desarrolló una gran actividad como agitador y revolucionario; se caracterizó siempre por la vehemencia con que difundió sus mensajes anticlericales.

En 1883 trabaja como revisor en la línea de ferrocarril Barcelona-Cerbère, lo que aprovecha para ejercer de enlace entre Ruiz Zorrilla, −exiliado en París de cuyo Partido Republicano Progresista era militante−, y los revolucionarios españoles. El objetivo era proclamar la República pero al fracasar tuvo que exiliarse en París, acompañado de Teresa Sanmartí con la que se había casado muy joven y con la que tuvo tres hijos. Subsistió dando clases de español y ejerciendo como secretario de Ruiz Zorrilla.

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Residente en París, lanza en 1892 ‘A los 300’, una proclama revolucionaria en la que llama a la colaboración a cuantos revolucionarios se adhieran a su ideología a fin de ‘jugarse la vida para hacer rodar las cabezas de la ‘Familia real y los ministros’ (máxima que diecisiete años después, en Montjuïc le haría un flaco favor, pero que no olvidan, puesto que en la actualidad persisten en la petición). Ferrer no ceja en su empeño revolucionario. En el Grande Oriente de Francia, consiguió la afiliación y reconocimiento del grado tercero que poseía en España, siendo dato de gran curiosidad que en siete años de militancia masónica en el vecino país, llegó a obtener el grado 31 cuya denominación es ‘Gran Inspector Inquisidor Comendador’. En esta época financió al anarquista Paulino Pallás que intentó asesinar al general Martínez Campos[3]. En 1893 se separa de Teresina, quien por despecho y en desacuerdo por la custodia de sus dos hijas mayores, le dispara con un revólver el 12 de junio de 1894, sin fatales consecuencias. Ferrer no pone denuncia y continúa trabajando como profesor con una pedagogía revolucionaria y muy clara.

Relevante fue Mademoiselle Meunier, “vieja solterona parisiense” quien también cayó en sus redes. Accedió a proporcionar a Ferrer la garantía para la escuela que pensaba fundar en Barcelona, dejándole su fortuna que ascendía a 1.300.000 francos. Este patrimonio inicial fue hábilmente aumentado por el hermano “Cero” con sagaces operaciones bursátiles. Compró acciones en Barcelona cuyo valor se vio incrementado por la concesión de contratos adicionales, tarea que corría a cargo de los concejales del Partido Republicano Radical de Lerroux. Mediante una hábil manipulación de estas acciones, la ayuda de la masonería y una austeridad espartana en su vida privada, Ferrer amasó una sustanciosa fortuna, cuyas rentas invirtió en actividades educativas y laborales. A la muerte de la señora Meunier, bastante inesperada y tenebrosa[4], todos sus bienes pasaron a Ferrer, produciéndose un regular escándalo, del que se ocupó la prensa parisiense, arrojando sospechas sobre el heredero.

Muerta la Meunier, celebró en 1899 su matrimonio masónico en uno de los ‘templos’ del Grande Oriente de Francia con Leopoldina Bonnard, maestra librepensadora  de la que tuvo un hijo, bautizado laicamente con el nombre de Riego. Con ella recorre Europa lo que le permite conocer a Jean Grave, Jean Jaurés, Federico Urales o Anselmo Lorenzo anarcosindicalistas y masones que le influyen decisivamente en su pensamiento para concebir los conceptos educativos anarquistas que luego aplicaría a sus proyectos en España que pudo llevar a cabo porque la herencia Meunier lo hizo posible. Así que en 1901 inauguró en Barcelona “La Escuela Moderna” en la línea de la pedagogía libertaria lo que le acarreó la enemistad de los sectores conservadores y de la Iglesia católica. Se presentaba como una escuela racionalista aunque en realidad se enseñaba a los niños a odiar al clero, a la burguesía y a agitar movimientos revolucionarios, en línea con lo que propugnaba: “Una Escuela emancipadora, la cual se encargará de desterrar de los cerebros [la] religión, falso concepto de la propiedad, patria, familia..”

Allí Leopoldina comenzó a dar clases de francés hasta que la asistencia de Soledad Villafranca a tal centro encandiló a Ferrer quien, para tener más libertad de acción,  recluyó a la Bonnard en la finca ‘Mas Germinal’ de Mongat. ¿No recuerda el caso de una aspirante a la mano de un alto cargo español que, caída en desgracia, pasó a estar situada detrás de una columna en el Congreso de los Diputados? Leopoldina y su hijo marcharon a Francia, y no se sabe si por seguir conservando un gran amor conyugal hacia él o más bien por aquello de “la cadena de unión masónica” [5], participó con muchos hermanos masones en una gran campaña, para lograr la libertad de su marido por lo masónico, cuando fue preso.

Soledad Villafranca Los Arcos[6]  desde finales de 1905 hasta su muerte sería ya su compañera, a la que legaría la Escuela Nueva de “Mas Germinal”. Esta nueva mujer, al parecer la cuarta, que era modista de oficio, había sido elevada a profesora de la Escuela en la sección de párvulos y por el testamento de Ferrer, pasó a ser directora de la misma, lo que quizá entonces pudo llamar la atención, pero hoy día, después de ver a una cajera de un súper de barrio ascendida a funcionario de alto rango por impulso marital, no nos llama la atención. Sin embargo, hay que decir que a pesar de tanto ajetreo amoroso, debió de ser un esforzado trabajador en lo suyo de las revoluciones anarquistas porque estuvo implicado en el  atentado de 1905 en París contra el rey Alfonso XIII y el presidente francés Emile Loubet;   en el atentado fallido de Mateo Morral, contra Alfonso XIII el día de su boda y en el magnicidio contra Cánovas del Castillo y  tuvo tiempo además, de crear, −reuniendo a todas las organizaciones obreristas: socialistas, anarquistas y republicanas−, la Solidaridad Obrera que será el ariete de la Semana Trágica de Barcelona que transcurrió del 26 de julio al 2 de agosto de 1909 y que se saldó con cien muertos, quinientos heridos y mil encarcelados, entre ellos el mismo Ferrer y 112 edificios incendiados, 80 de ellos religiosos, lo cual es una rotunda firma de la masonería.

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Tan claras aparecieron las cosas, que el Juzgado decretó la prisión de Francisco Ferrer, José Nakens y otros muchísimos significados elementos de la Acracia. Algunos pudieron salir airosos por la intervención de lo que algunos denominan “tenebrosos poderes”. Soledad Villafranca acudió a declarar en la vista del proceso y dijo públicamente: “No creo en Dios y amo a Ferrer”.  Tan rotunda declaración nos recuerda la del hugonote Enrique de Borbón  quien para conseguir el trono de Francia se convirtió al cristianismo de manera dudosamente sincera, diciendo: ¡París bien vale una Misa!. Quizá a esta señora su declaración en el juzgado fue premiada con la entrega de la Escuela Moderna.

En su testamento, Ferrer nombró heredero universal a su hermano José, y principal legatario a Lorenzo Portet, ante quien se presentaron las reclamaciones de Leopoldina Bonnard[7], que dejó sin atender, pese a la intervención de Pedro Kropotkine, Fernando Tárrida del Mármol y otros anarquistas, a los que replicó diciendo que “habiéndole sido confiada la continuación de la obra revolucionaria emprendida por la Escuela Moderna, necesitaba para ello todos los medios”. Anselmo Lorenzo hubo de cumplir la parte secreta del testamento, que no escribió el agitador: la fundación de una organización sindical de carácter anarquista. Así pudo transformarse la antigua Solidaridad Obrera en la C.N.T.

Debe saberse que en 1908 París fue escenario de un convento masónico, que, entre otros acuerdos, adoptó el de implantar la República, como hija de la Masonería, en España y Portugal. Segismundo Moret, el “hermano Cobden” –que cooperó con Sagasta y otros personajes a la pérdida del resto del Imperio español-, hizo un viaje a la capital de Francia para entrevistarse con Clemenceau, entrevista que, en nuestra Patria, además de otras importantes consecuencias, dio lugar a la formación del ‘Bloque anticlerical’, integrado por liberales y republicanos, en sospechosa comunidad. Pero Ferrer siempre trató de observar la máxima masónica de la discreción como lo demuestra la carta dirigida a un correligionario que La Gaceta de Colonia publicó a su muerte: “Para no asustar a las gentes y no dar al Gobierno español pretexto alguno de cerrar mi establecimiento de enseñanza, lo llamo Escuela Moderna, y no escuela de anarquistas, porque el fin de mi propaganda es, lo confieso francamente, formar en mis escuelas anarquistas convencidos. Por el momento debemos contentarnos con implantar en el cerebro de la juventud la idea de violentas agitaciones. Debe llegar a saber que contra la autoridad y la Iglesia no existe más que un solo remedio: la bomba o el veneno.”

Ferrer esperó hasta los últimos instantes en que la sentencia no sería ejecutada. Confiaba en el poder de la masonería y en que el vínculo de la cadena de unión no abandonaría a un miembro importante de la misma; sin embargo, ignoraba que a ésta solamente le interesaba ya como bandera y pretexto de una fortísima campaña de agitación, que si bien no llegaría a dar al traste con el régimen, sí determinaría el apartamiento del Poder de uno de los españoles más leales de aquel tiempo: don Antonio Maura y Montaner. Años más tarde la secta efectuaría la misma organización internacional con Galán y García Hernández.

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Entre las soflamas publicadas por el masonismo figura una sencillamente reveladora:“Ferrer, uno de los nuestros, vio que en la obra masónica se contenía el más alto ideal que haya sido dado al hombre realizar, y afirmó nuestros principios hasta el fin. Lo que se ha querido perseguir en él es el ideal masónico. Se opone al progreso de la Humanidad una fuerza que quiere arrojarnos en las tinieblas de la Edad Media”.

El diario francés ‘L’Autorité’ lo vio más claro y defendió la verdad española contradiciendo el alegato anterior al realizar una referencia concreta y exacta. Decía así:

La manifestación en favor de Ferrer no ha sido más que un pretexto buscado y premiado, al servicio del cual se alistaron todos los imbéciles y canallas crapulosos de que dispone la mafia internacional, con la ayuda, dirección y complicidad de la Masonería. El objeto de los tiros no es Ferrer. ¿Qué les importa Ferrer? Es el reinado de Alfonso XIII, y, por encima de su corona, el Papado. Ese, ese es el objeto. Lo demás, una farsa para reclutar asesinos de infelices guardias, que ganan el pan de sus hijos trabajando, mientras los jefes de los asesinos embaúlan millones.”

ESTE ES EL ENEMIGO.¿LO PERCIBEN AHORA EN LA SITUACIÓN ACTUAL?

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  • [1] Francisco Ferrer Guardia (Alella- Barcelona en 1859, murió fusilado en 1909 en Barcelona). Fue un pedagogo anarquista y librepensador español. Recogió la tradición moderna iniciada por Rousseau en el siglo xviii —contraria a la autoridad y a la cosmovisión religiosa—, para adaptarla al anarquismo y el librepensamiento que florecía en las ciudades industriales. Sus primeros contactos con el anarquismo, lo fueron con su iniciador Rafael Farga Pellicer, quien, junto con Francisco Viñas y otros jóvenes, manifestaban tendencias revolucionarias que no tardarían en derivar hacia el colectivismo libertario. Los tres, Farga Pellicer, Viñas y Ferrer crearon la sección catalana de la Asociación Internacional de Trabajadores en cumplimiento de las órdenes de Bakunin.
  •  Fue condenado a muerte por un consejo de guerra que lo acusó de haber sido uno de los instigadores de los sucesos de la Semana Trágica de Barcelona de julio de 1909. Su condena a muerte y su posterior ejecución levantaron, instigados por la masonería, una oleada de protestas por toda Europa y por América, y también en España, que acabaron provocando la caída del gobierno de Maura.
  • [2] Este escrito denunciando al enemigo de España, fue publicado en ABC el dos de octubre de 1941. Nos hacemos eco de él por la similitud con la actualidad que padecemos y por lo mismo, se amplían algunos datos para facilitar la mejor comprensión de la semejanza existente.
  • [3] El general sólo fue herido levemente pero dieciséis personas resultaron heridas de mayor gravedad, una de las cuales —un guardia civil— murió poco después. El autor del atentado fue detenido en el acto, siendo condenado a muerte y ejecutado dos semanas más tarde. Durante el juicio alegó que quería vengar la ejecución de cuatro anarquistas en Jerez de la Frontera el año anterior. El intento de asesinato del general Martínez Campos fue el primer atentado anarquista de cierta importancia de la oleada que se produjo en España en la década de los noventa y que se cerró con el asesinato de Cánovas del Castillo en agosto de 1897.
  • [4] Estimamos de interés referir que el secretario de Ferrer –“Constant Leroy”-, hallándose en París, hizo intimidad, a pretexto de darle lecciones de español, con una señora francesa, dueña de inmensa fortuna. Reunido en cierta ocasión en el café parisiense ‘Zimmer’ con los anarquistas Carlos Malato y Lorenzo Portet, conocieron éstos la buena predisposición de aquella mujer hacia las ideas ácratas. Entonces Portet le recomendó que tratara de interesarla lo más posible, y después ya se buscaría la forma de “suprimirla”, a lo que Malato replicó que no era conveniente apelar a procedimientos extremos, por lo “difícil que fue arreglar el asunto” de Ferrer, quien, por cierto, era muy amigo del médico de cabecera de la señora Meunier
  • (https://hispanismo.org/biografias/22775-francisco-ferrer-y-guardia-al-servicio-de-la-francmasoneria.html
  • [5] Es uno de los rituales masónicos que más directamente aluden a la fraternidad masónica. El entrelazamiento de manos y brazos evoca la imagen de una estructura fuertemente cohesionada que hermana a todos sus miembros esparcidos por toda la Tierra en una sola Fraternidad Universal. 
  • [6] Estuvo implicada hasta el punto de tramar el atentado del 31 de mayo de 1906 contra Alfonso XIII de España a la salida de su boda con Victoria Eugenia, y en el delito por una carta a ella dirigida antes de realizar el intento de magnicidio. ​Tras el atentado, ella, Ferrer y otros miembros de la Escuela fueron acusados de cómplices, Francisco Ferrer fue arrestado, juzgado y encarcelado. Liberado en julio de 1907 Ferrer, y como protesta por la actitud policial gubernamental, la pareja hizo una gira propagandística por varios países de Europa para dar a conocer la pedagogía de la Escuela Moderna, experiencia que repitieron por Andalucía en 1909 haciendo propaganda anarquista. Ese mismo año, Soledad se vio de nuevo acusada de complicidad tras la Semana Trágica. En agosto fue desterrada con su madre y sus hermanos a Teruel.
  • Fusilado en Barcelona el 13 de octubre de 1909, Francisco Ferrer dejó a Soledad el legado de la Escuela Nueva de Mas Germinal, ​ desde donde ella y sus seguidores continuaron reivindicando la memoria y la obra del pedagogo libertario y librepensador español. De nuevo, en 1913, se vio involucrada, al parecer sin pruebas, como instigadora del atentado que el anarquista aragonés Manuel Pardiñas llevó a cabo contra José Canalejas, y que produjo la muerte del presidente del Consejo de Ministros de Alfonso XIII. Finalmente, en 1914 Soledad Villafranca contrajo matrimonio con el empresario alemán Karl Woessner, muy respetado en la cámara de comercio de Barcelona, viviendo desde entonces una apacible vida en el ámbito de la burguesía catalana (otra similitud más). Durante la guerra civil española el matrimonio se trasladó a Colonia. Derrotada la República, Soledad y su marido regresaron a Barcelona, donde ella murió en 1949. ​ 
  • [7] Después que Ferrer la repudiara y desheredara al hijo de ambos, Leopoldina  y Riego, se establecieron en Londres. A raíz del fusilamiento, la Bonnard denunció ante el procurador de la República Francesa uno de los acostumbrados hechos de Ferrer: “Yo había confiado a mi amigo –dice en la denuncia- la administración de mi pequeña fortuna, consistente en ciento cinco mil francos, en valores mobiliarios depositados en el Crédit Lyonnais. En 1906 pregunté a ese establecimiento sobre el estado de mis créditos, y entonces supe que Ferrer había retirado ya dichos valores.

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