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Ledesma Ramos y «La conquista del Estado»

Ramiro Ledesma Ramos

Empecemos por recordar el momento político que vivía España, determinante en aquella transición de un régimen monárquico a otro republicano. En enero caía la dictadura de Primo de Rivera y Alfonso XIII nombraba presidente de Gobierno a Dámaso Berenguer cuyo gobierno duró sólo catorce días. Le seguiría el del Almirante Aznar que duró escasamente dos meses. Los movimientos políticos y sociales descontentos con el inmovilismo de aquellos gobiernos, exigieron la creación de Cortes Constituyentes y se incitó a la renovación exigible en el país. Días más tarde, Ortega, que en su juventud identificaba liberalismo con modernización del país a través de la nueva política, evolucionó a un progresivo endurecimiento de sus posicionamientos liberales teniendo en cuenta los cambios sociales que por la acción directa o por la movilización popular (de uno y otro sesgo) propugnaban reaccionarios y revolucionarios. En El Sol publicará el artículo: “Organización de la decencia nacional” que tanto influirá en sus alumnos, entre ellos, Ramiro Ledesma Ramos.

Para la joven generación de discípulos del maestro, Ledesma principalmente, que ansiaban intervenir en la vida política de España, la respuesta de Ortega ante los acontecimientos políticos fue siempre poco alentadora. A partir de ese momento, cada uno propugnará su particular método para liquidar los usos políticos vigentes en la España de la Restauración.

¿Quién fue Ramiro Ledesma Ramos? Vivía en Madrid pero era originario de Álfaraz de Sayago, donde nació el 23 de mayo de 1905, aunque muy joven se trasladó a Torrefrades −donde su padre ejerció como maestro – ambos pueblos de la provincia de Zamora). Ingresó muy joven en el cuerpo de Correos y Telégrafos, y después de varios destinos recaló en Madrid, donde terminó el bachillerato. Frecuentó el Ateneo y consiguió darse una amplia y sólida cultura, en buena medida autodidacta. En 1926 se matriculó en la Facultad de Ciencias y en la de Filosofía de la Universidad de Madrid, que tenía entonces el mejor elenco  de docentes, como José Ortega y Gasset, Julián Besteiro, Xavier Zubiri, Manuel García Morente, Manuel B. Cossío y Fernando de los Ríos, mostrando Ledesma particular predilección por el primero, de quien se acabó convirtiendo en uno de sus más asiduos seguidores. Profundizó en el estudio del filósofo Martín Heidegger y colaboró, desde muy joven, en La Gaceta Literaria, revista literaria fundada y dirigida por Ernesto Giménez Caballero, ​donde se expresaba la generación del 27. En 1929 su colaboración alcanzaba la más selecta de las publicaciones culturales españolas: la Revista de Occidente, fundada y dirigida por Ortega.

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A la altura de 1930, después de acumular una cantidad ingente de lecturas filosóficas (de autores españoles, alemanes, franceses e italianos), «el nuevo concepto más importante para él fue el Angst heideggeriano», en opinión de Payne. «La angustia y la amenaza de la nada —concluye el historiador estadounidense— sólo podían ser superadas por la voluntad y el logro, por una acción que se fuese convirtiendo cada vez más en acción directa». Ledesma articuló las bases del nacionalsindicalismo en España, doctrina de «tercera posición»[1] partidaria de la planificación económica calificada como sindicalismo nacional o fascismo a la española.

El 14 de marzo de 1931 (un mes antes de la proclamación de la Segunda República), fundó Ledesma el semanario político español La Conquista del Estado, del que fue su director. Salieron a la luz veintitrés números, siendo el último de ellos el 24 de octubre de 1931. Estaba inspirado en la publicación homónima italiana de Curzio Malaparte (La Conquista dello Stato) y pretendía convertirse en el embrión del fascismo español desde un punto de vista teórico. En dicho semanario se reafirmaba que dicha conquista que proponía debía ser antiliberal y antiburguesa. Pero, sobre todo, se reafirma anticomunista, antisoviética, exaltadora de una idea nacional, hispánica, y del coraje revolucionario de los nuevos tiempos.

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En su primer número publicó un manifiesto cuyas ideas fuerza eran la supremacía del Estado, afirmación nacional, articulación comarcal de España y estructura sindical de la economía. El periódico redactó, además, diecisiete puntos básicos, que destacaban sus objetivos primordiales. Quizás en estos duros momentos que atraviesa España, deberíamos tratar de encontrar La decencia nacional de la que hablaba Ortega que nos haga volver nuestros ojos a La Conquista del Estado, antes de que nos dejen sin Estado que conquistar.

En todos los números del semanario se hace hincapié en la idea de revolución, el cambio político violento que se realiza desde abajo. Las masas son las protagonistas del cambio, llevando a cabo la transformación del aparato estatal y de la sociedad por completo, enfrentándose tanto al marxismo como al capitalismo. También fue muy combativo con el independentismo, en especial el catalán, al que dedicó varios artículos de clara oposición al mismo. A su vez, intentó reclutar a los descontentos de algunos movimientos revolucionarios proletarios.

El conflicto y la violencia eran aceleradores de un nuevo tiempo que debía producir, en clave orteguiana, nuevas élites y que generaría un culto al heroísmo y al sacrificio que estaría en posibilidad de superar la decadencia del sistema liberal. Evidentemente, detrás de esta caracterización que Ledesma presentaba, asomaban, entre otras, sus lecturas juveniles de Nietzsche y las aclamaciones a las teorizaciones sobre el mito que Sorel había construido varias décadas antes. De ahí, precisamente, el grito jonsista a la juventudes españolas de “militarizarse o perecer”. La lucha restablecía el contacto con las fuentes originales, revitalizadoras de la comunidad nacional. La violencia se presentó como el medio más eficaz, por un lado, de destrucción de la vieja sociedad democrática, tanto liberal como tradicional; y por otro, como el proceder más adecuado para la rápida transformación de la misma. Bajo esta perspectiva, los jóvenes estaban destinados a ser el sujeto primordial de la historia. La propuesta de Ledesma surgía, pues, de la voluntad de poner en marcha una nueva modernidad hispánica y una nueva temporalidad basadas en el “renacimiento” de la nación, de la cultura.

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 “Queremos cosas muy distintas a esas que se ventilan en las urnas: farsa de señoritos monárquicos y republicanos. Contra cualquiera de los bandos que triunfe, lucharemos. Hoy nos persigue la Monarquía con detenciones y denuncias. Mañana nos perseguirá el imbécil Estado republicano que se prepara» escribía Ledesma en “La Conquista del Estado” pretendiendo representar un espíritu nuevo lo que tenía necesariamente que chocar con el republicanismo de 1931, en cuyas redes veía además caer a toda la juventud generosa e inexperta. En realidad, la contraposición del periódico al espíritu predominante en los grupos triunfadores de abril era, y tenía que ser, absoluta.  El periódico, estaba vinculado a dos consignas fundamentales: nacionalismo profundo y revolución de carácter económico-sindical. Según su fundador, equivalían al «abandono de las tácticas de aproximación a los intentos subversivos de los anarcosindicalistas. Un afán de crear la propia doctrina. Quieren la unidad intangible de España. Postulan el respeto a la tradición religiosa. Llaman de modo preferente a las juventudes, no admitiendo en su seno sino a los españoles menores de cuarenta y cinco años. Manifiestan su incompatibilidad radical con el marxismo.

Tras sufrir dificultades económicas por la censura establecida en la Ley de Defensa de la República (1931), anunció en octubre el final de su andadura; aunque hacía oficial la formación de una nueva organización política y un nuevo semanario con el mismo nombre: Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista (JONS). A tal efecto, viajó a Portugal donde se encontraba exiliado Onésimo Redondo y ambos convirtieron las Juntas en el primer partido nacionalsindicalista existente en España.

En abril de 1932, Ramiro Ledesma Ramos pronuncia una conferencia en el Ateneo sobre el tema Fascismo frente a marxismo, que no puede terminar por las protestas del público y que alcanza resonancia en la Prensa. El 10 de agosto de aquel año vuelve a ser detenido a consecuencia de los sucesos antirrepublicanos, encarcelamiento que se volverá a repetir a fines de enero de 1933 para cumplir una condena de dos meses. Al salir de la cárcel participa en el consejo de Redacción del recién creado «El Fascio», semanario que dirigió Delgado Barreto, del que solo pudo salir un número y en cuyo consejo de redacción participaron Giménez Caballero, Primo de Rivera, Ramiro Ledesma, Sánchez Mazas y Juan Aparicio.

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Tres meses después ingresó en el penal de Ocaña acusado de complot contra la República. Al ser puesto en libertad, en el mes de agosto, se dirigió a San Sebastián donde se entrevistó, por mediación de José María de Areilza, con los dirigentes falangistas Primo de Rivera, Ruiz de Alda y García Valdecasas.

En el mes de octubre asiste al acto fundacional de la Falange en el teatro de la Comedia de Madrid y los días 11 y 12 de febrero reúne al Consejo Nacional Jonsista, con el fin de discutir una posible unificación con Falange. Una vez perfiladas y aceptadas las bases del acuerdo, éste fue firmado por los máximos dirigentes Ledesma Ramos y Primo de Rivera. Sin embargo, hubo discrepancias como la del prestigioso jonsista Montero Díaz que se apartó de la organización. Desde entonces ésta se llamó Falange Española y de las JONS y tuvo a la cabeza, hasta septiembre de 1934, un triunvirato dirigente formado por Ruiz de Alda, Primo de Rivera y Ledesma Ramos. 

En la primera decena de noviembre redactó, por encargo de la junta, el Anteproyecto de los Estatutos que contenían los veintisiete puntos de la Falange, que serían retocados, para su aprobación definitiva, por Primo de Rivera. A finales de diciembre de 1934, el Partido está en crisis y la Junta Política se reúne sin encontrar un remedio a la situación. El rompimiento entre José Antonio y Ramiro Ledesma fue más que por una intransigencia personal de ambos, por la presencia en la Falange de dos tendencias extremas en los escalones de mando inmediatamente a ellos. Los falangistas procedentes de capas burguesas y acomodadas temían que los jonsistas, en su mayoría de origen obrero, pudieran proletarizar en extremo peligroso a la Falange. Sin duda temían una infiltración del anarquismo, tan prolífico y violento.

La escisión se llevó a efecto en enero de 1935. Ledesma intentó, en solitario recrear las JONS, mas nunca logró tener un número suficiente de miembros para hacerlas viables. ¿Quién iba a enrolarse tras la disciplina de un muchacho desconocido, cuando el libertinaje y la anarquía mugían dentro hasta de los más circunspectos ciudadanos?[2]

La nueva agrupación saca un nuevo semanario, «La Patria libre», que polemizará agriamente con Falange. En el mes de mayo publicó su libro Discurso a las juventudes de España y en noviembre del mismo año su obra Fascismo en España (sus orígenes, su desarrollo, sus hombres) bajo el seudónimo de Roberto Lanza.

Hombre noble, en mayo de 1936 visitó a José Antonio en la cárcel Modelo de Madrid y se ofreció a Falange para todo. Dos meses después, en el mes de julio, editó el primer y único número de la revista «Nuestra Revolución».

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El régimen establecido el 14 de abril de 1931 estuvo plagado de amenazas, atentados y asesinatos. Muchos lo fueron por tener vinculación directa con la Iglesia (sacerdotes, religiosos y aún sus familiares) porque según declaró Azaña, España ha dejado de ser católica, lo que conllevó desde 1931 un ataque feroz que, además de a seres humanos, destruyó templos, ermitas y patrimonio artístico de incalculable valor. Pero no sólo a seres vinculados con la Iglesia; en general perseguían a aquellos que consideraban desafectos simplemente porque, en lenguaje actual diríamos, no manifestaban unas ideas políticamente correctas, de modo que más allá del paraíso de libertad de expresión que pueda suponerse para un régimen democrático y constitucional tal como defienden los de la desmemoria, fueron como propugna el comunismo,  a atacar la libertad de los individuos.

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Y entre los colectivos que atacaron, se encontraban los periodistas. Hemos visto los encarcelamientos sufridos por Ledesma, pero, en general, eran habituales las multas económicas a los órganos de prensa que no eran afines al Gobierno. Cierres por semanas e incluso meses de cabeceras importantes, secuestro de ejemplares, encarcelamiento de directores, censura previa y todo tipo de presiones y actuaciones, hasta el punto de que políticos[3] e importantes miembros que en 1931 habían promovido un movimiento político a favor de la República, como José Ortega y Gasset, Gregorio Marañón y Ramón Pérez de Ayala, se sintieron tan amenazados que decidieron ponerse a salvo y expatriarse. Lo que aquellos padrinos intelectuales de la República no acertaron a percibir en la coyuntura del 14 de abril fue que con el Régimen caído acababa de cerrarse el paréntesis abierto por Cánovas a una secular guerra civil, y que ahora iba a reanudarse bajo nuevos signos.

Pocos días después del Alzamiento del 18 de julio, Ramiro Ledesma Ramos es detenido de nuevo por milicianos socialistas e ingresado en la prisión de Ventas[4], de donde fue sacado, junto con Ramiro de Maeztu, y el jefe de la Falange Española de Villaverde, Albino Hernández Lázaro, para ser fusilados en las tapias del cementerio de Aravaca el 29 de octubre de 1936.

EN EL 85 ANIVERSARIO DE SU ASESINATO, DESCANSEN EN PAZ


  • [1] La ideología de tercera posición se caracteriza por una formulación militarista, ultranacionalismo palingenetico (se define como el renacimiento o regeneración) mirando favorablemente a los movimientos de liberación nacional, apoyo al separatismo racial y adhesión al modo de vida del soldado político.      
  • [2] Juan Aparicio en su conferencia del Ateneo con motivo del aniversario, 1951, de La Conquista del Estado.
  • [3] Por ejemplo, Melquíades Álvarez, expresidente del Congreso durante la monarquía, asesinado en la Cárcel Modelo de Madrid, la noche del 22 de agosto de 1936, junto a otros políticos y militares.
  • [4] La cárcel de Ventas, inaugurada en 1933 para cárcel de mujeres, hubo que trasladarlas debido al incremento de presos después del 18 de julio, pasó a convertirse en la Prisión provisional de hombres n.º 3, acogiendo a numerosos presos varones de otros centros. De agosto de 1936 al mismo mes de 1937 187 presos varones fueron «sacados» de Ventas por las milicias de los partidos del Frente Popular y asesinados en Aravaca, Paracuellos y Torrejón de Ardoz,

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