Tragedias de damas y musas en el paraíso soviético

Ilustración de Yevrrosinia Antonovna Kersnovskaya

Ilustración de Yevrrosinia Antonovna Kersnovskaya

Después de haber tratado el tema de los campos de trabajo estalinistas en Los campos de concentración comunistas” y en “Españoles en los paraísos de libertad soviéticos”, me refiero ahora al encarcelamiento de mujeres en aquella antesala del infierno; casi todas vinculadas a la creación humanística, tarea, al parecer, peligrosa, aunque, no pocas veces lo fueran, simplemente por ser “mujeres de”.

En la URSS la literatura nunca se acogió con indiferencia;  el poder, atento a la influencia que pudieran desarrollar, siempre intentó guiar, con mano firme, la producción de los artistas, pero éstos, ya pertenecieran a uno u otro grupo de intelectuales, pocas veces aceptaron el yugo. Algunos se exiliaron por voluntad  propia, otros fueron deportados en 1922 a Europa Occidental, como Berdiaev, Karsavin  y otros pensadores, en el llamado barco de los filósofos” al son del lema de Lenin “Limpiamos la Rusia por largo tiempo”. Los que se quedaron fueron asesinados (como es el caso de Mandelstham  y Gumiliov), otros, deportados a Siberia a los campos de “reeducación”; casi todos finalmente silenciados y, desde luego, ejemplarmente castigados, incluso sus mujeres e hijos. Se consideraban “crímenes de estado” los escritos, aún la poesía, que no estaban al servicio de la Revolución. Este comportamiento represivo venía avalado por la tesis de Lenin de que la literatura, y el arte en general, ha de ser de Partido y defender las ideas de la Revolución proletaria. “Quien no esté con nosotros está contra nosotros”. La llegada de Stalin al poder radicalizó esta tesis con asesinatos, deportaciones y aniquilación de cualquier signo de disidencia.

Millones de personas fueron encerradas en los campos por razones ideológicas y económicas, hasta el fallecimiento del dictador comunista. Es muy difícil saber cuántas personas murieron, porque no hay datos fiables y porque es complicado separar las muertes en el Gulag  ̶ cerca de tres millones ̶  de las muertes causadas por continuas ejecuciones masivas antes de que los deportados llegaran a destino; gente que murió de hambre o de frío en los trenes que les llevaban a los campos, o durante los interrogatorios en las cárceles tras ser detenidos. Según Solzhenitsyn y Shálamov, (durante tantos años cautivos en los campos comunistas), y, especialmente, el erudito Robert Conquest[1], cuantificaron en muchos millones los presos encarcelados en cualquiera de los campos que componían el Gulag. Este historiador, aunque los números exactos nunca se sabrán con completa certeza, asegura que los bolcheviques mataron a 26 millones de personas, de los que 12 de ellos pertenecían al grupo que tildaban de presos políticos, o sea contrarrevolucionarios.

¿Cómo es que semejante cifra pudo ser ignorada? Conquest da su explicación al criticar a los intelectuales occidentales por ser ciegos respecto a la Unión Soviética, y no querer ver que el estalinismo era una consecuencia lógica del marxismo-leninismo, más que una aberración a partir del “verdadero” comunismo. No aceptó la afirmación de Nikita Jrushchov, apoyada por varios izquierdistas occidentales, de que Stalin y sus purgas eran una perversión a partir de los ideales de la “revolución” contrarias a los principios del  leninismo, sino que reiteró que el estalinismo fue una consecuencia natural del sistema establecido por Vladimir Lenin, aunque admitió que las características personales de Stalin aumentaron considerablemente los horrores de la década de 1930. En esta línea de denuncia se encuentra Anne Applebaum, la premio Pulitzer 2004 por su obra “Gulag. Historia de los campos de concentración soviéticos”. En una entrevista[2] afirmaba:la sociedad se ha negado a aceptar que uno de nuestros aliados era tan malo como nuestro enemigo; fue difícil explicar que liberamos los campos de concentración de Hitler, pero que no impedimos que Stalin abriera aún más de los que ya tenía… Ha sido incómodo afrontar esta situación”. Y valientemente afirma: “También hay una cuestión ideológica: parte de la izquierda, no toda, pero sí parte, no criticó a la URSS, porque era criticar su propio proyecto”, como dejó muy explícito Sartre cuando dijo aquello de que “los campos soviéticos eran intolerables, pero que también era intolerable el uso que hacía de ello la burguesía, y que no quería dar munición hablando de “los errores de los nuestros”. Pensando quizás en esta postura que mantiene la izquierda, Esperanza Aguirre  ̶ entonces presidenta de la Comunidad de Madrid  ̶  preguntó al presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero, si, puesto que el PSOE se definía como marxista en 1979, “ha pedido ya perdón por el Gulag”[3]. Esta diferente vara de medir ¿explica que se hable con profusión de genocidio nazi y se trate de ocultar el genocidio bolchevique?

Tampoco el movimiento feminista, que, en principio, se supone debería defender a la mujer, se preocupó del tema. Dicen seguir el dogma de Martin Luther King, “Una injusticia en cualquier lugar es una amenaza a la justicia en todo lugar”, pero ninguna de las modalidades de feminismo tuvo interés por denunciar esos atropellos que se cometían con aquellas inocentes. Esta especie de escuela se define como el conjunto heterogéneo de ideologías y de movimientos políticos, culturales y económicos que tienen como objetivo la igualdad de derechos entre varones y mujeres, es de suponer, por ello, que consideraran que ese objetivo se cumplía al no preocuparse por los sufrimientos de ninguno, ni hombres ni mujeres. No se comprende tampoco siendo como es un movimiento impulsado desde las logias y tan influido, según Rosa Elvira Presmanes García,[4] “por las divisas masónicas de libertad, igualdad y fraternidad, base para el logro, entre otros muchos derechos, también el de la igualdad jurídica de las mujeres,//… //y al empeño por la justicia social”.

A pesar de tanto desinterés por el tema, se conocen los nombres de unas cuantas mujeres cautivas del sistema comunista, bien es verdad, que se saben, porque ellas mismas han relatado sus sufrimientos, ciertamente bastantes años después. Hubo, entre las condenadas, muchas que lo fueron por ser las “mujeres de”, no por culpa propia. Ellas y las intelectuales, personas con preparación suficiente para transmitir sus vivencias y sufrimientos nos han dejado sus testimonios, pero aquellas miles de presas que no pudieron o no supieron hacerlo, murieron ignoradas por la humanidad.En ambos casos su experiencia no fue menos dura que la de sus compañeros varones sino que, incluso, muchas veces fue más dolorosa y, desde luego, humillante. Detengámonos en algunas de ellas: Anna Ajmátova, Evguenia Ginzburg,Tatiana Gnédich, Olga Ivínskaya, Yevfrosíniya Kersnóvskaya, Anna Lárina, Nadezhda Mandelshtam, Marina Tsvetáyeva y, por desgracia, muchas más.

Anna Ajmátova o Anna Andréyevna Górenko, o “Ana Crisóstomo[5] de todas las Rusias”, como le decía Tsvetáieva. Nació en 1889 en Odesa hija de una noble familia,estudió latín, historia y literatura. Comenzó a escribir poesía a los once años, edad en la que decidió adoptar el apellido de su bisabuela tártara, Ajmátova, ante la negativa de su padre a que utilizara el suyo.

Anna Ajmátova

Anna Ajmátova

La vida de Anna fue terrible. Sus primeros escritos parecen intuir la gran soledad en la que, a pesar de sus tres matrimonios,  se verá sumergida años más tarde. Nikolai Gumiliov el más sobresaliente escritor del grupo acmeista[6], con quien se había casado en 1910 y, posteriormente, separado en 1918, fue acusado de contrarrevolucionario y ejecutado en 1921; el hijo de ambos, Lev[7] estuvo preso veintiún años en el Gulag. Más tarde se casó con el prominente asiriólogo Vladimir Shileiko[8]que murió en Moscú, por tuberculosis a causa de la hambruna. Su tercer marido Nikolái Punin[9] moriría de agotamiento por hambre y frío extremo en el campo de concentración de Vorkutá en Siberia.

Los poemas de Anna se prohibieron por “ideológicamente perjudiciales”, fue acusada de traición, ante lo cual, temiendo que fusilaran a Lev por “ser hijo de”, quemó todos sus papeles personales antes de ser deportada a Siberia. En 1944 pudo regresar con su hijo a Leningrado, ciudad devastada tras el asedio nazi. Por entonces fue a visitarla un intelectual británico, Isaiah Berlín[10], motivo por el cual Lev Nikolayevich Gumiliov, de nuevo fue encarcelado, esta vez, por diez años. En esta ocasión la escritora se negó a silenciar su voz y siguió adelante con su poemario más importante, Réquiem, tal vez el monumento poético más sangrante para las víctimas del Gulag, donde explica que en aquella Unión Soviética los únicos que estaban en paz eran los difuntos y que los vivos pasaban su vida yendo de un campo de concentración a otro. En la introducción o preámbulo, cuenta una significativa anécdota que explica su motivación:

“En los terribles años de la yezhóvschina (la época de las purgas de Yezhov)[11]  pasé diecisiete meses en las filas frente a las cárceles de Leningrado[12]. Un día, alguien me reconoció. Entonces, una mujer de labios morados que ocupaba su lugar detrás de mí y que, por supuesto, jamás había escuchado mi nombre, pareció despertar del letargo en el que permanecíamos sumidas y me preguntó al oído (porque allí todos hablaban en voz muy baja):

-¿Y Ud. podría describir esto?

Yo repuse: 

-Sí, puedo.

En aquel momento una especie de sonrisa se deslizó por lo que alguna vez había sido su rostro.

“Leningrado, 1 de abril de 1957.”

El libro fue publicado sin su consentimiento en 1963 en Munich. Por supuesto, tampoco contó con el de las autoridades soviéticas. En 1965 fue nombrada Doctor Honoris Causa por la Universidad de Oxford. “El correr del tiempo”, su última obra, es un balance de su trayectoria de 1910 a 1965. Falleció en Moscú en 1966.

La escritora Yevgenia Ginzburg (1906- 1977).Pedagoga y Profesora de Historia del Leninismo en la Universidad de Kazán, compañera de un líder comunista local, Pável Aksyonov, y ella misma miembro del PCUS, que se consagró con fervor a la militancia en el partido y defendió con vehemencia su línea política. Todo ello no fue óbice para que fuera arrestada en febrero de 1937 en el contexto del “gran terror”, del que las principales víctimas fueron comunistas, militantes convencidos que en un momento dado de su trayectoria política habían coincidido con las plataformas de Trotsky, Zinóviev, Bujarin o la oposición, algo que hasta finales de los años veinte, fue de lo más habitual. Uno de los intelectuales encarcelados en 1935 fue el profesor Elvov por haber escrito un capítulo de un libro de historia con “matices trotskistas”. Por ser gran amigo de Yevgenia, “la justicia soviética” la consideró contaminada por las ideas de aquél, lo que le supuso una condena de diez años de reclusión en celda de aislamiento. En 1939 se le conmutó la pena por diez años de trabajos forzados en los terribles gulag de Kolimá, en Siberia. Allí, su estado físico fue empeorando hasta llegar a unas condiciones extremas de las que salió gracias al doctor Antón Walter quien posiblemente le salvó la vida al recomendarla para un puesto en enfermería. Walter  médico católico deportado al campo de trabajo por sus orígenes germanos, le ayudó también a evolucionar desde un profundo agnosticismo. Su amistad con él concluyó en matrimonio y por él, después de cumplida su pena en 1949, permaneció cinco años en Magadán a la espera de su liberación. En junio de 1955 se le permitió volver a Moscú donde trabajó como periodista y continuó redactando las memorias que empezó al principio de su calvario porque era consciente de que, sin la verdad sobre el pasado, nada, ni siquiera la esperanza, sería factible en el futuro. Les dio el significativo título de Duro viaje”; en España ha recibido el de El Vértigo”.

Yevgenia Ginzburg

Yevgenia Ginzburg

Ginzburg escribe con claridad  y deja ver el deseo de llegar al fondo de su testimonio en el relato de experiencias por completo insoportables. Habla de los barracones, en los que vivían los hijos de las presas, que tenían colocados letreros dependiendo de la edad que tenían los pequeños: Grupo lactante, Destetados, Mayores…, y recuerda el momento en el que después de tres años recobró su capacidad de llorar. Fue al percibir el olor a papilla y ver a los niños correteando cuando recordó a su hijo Vasia[13], del que le despojaron cuando tenía 3 años. Su hijo mayor, Alexei, nacido en 1926 de su matrimonio con el médico Dimitry Feodorov (que falleció en 1924), moriría de hambre  a los 16 años, durante el “Sitio de Leningrado”. [14]

¿Cómo contar con lucidez y sin demasiada amargura el robo de media vida por un déspota? ¿O los terribles casos de salvajismo, antropofagia y otros múltiples excesos que a diario se sufrían en los campos?, como el de una presa comunista alemana (¿quizás  Margarete Buber-Neumann?) que muestra sus nalgas torturadas por la Gestapo… y sus uñas arrancadas después en el Comisariado del Pueblo, en la más palpable demostración del salvajismo con que actuaban ambos totalitarismos. Ese infierno obligaba a un despliegue de inconcebibles tácticas para sobrevivir. Y el intento de preservarse el alma y mantener comportamientos de ser humano cuando y donde ya no parece posible. Y sobre todo, ¿Cómo explicar la causa de tanta barbarie? ¿Por qué se entra en la lotería demente de las condenas sin verdaderas razones  ̶ las condenas por supuesta “intención”, no por actos comprobados? ̶  Pero, realmente, como contaba Primo Levi [15] aquí no hay por qués”, según le contestó un oficial nazi en Auschwitz, pero que también era aplicable a cualquier sitio del gulag. Ginzburg no puede, a pesar de su sufrimiento, olvidar su pasado político y su responsabilidad por no haberse dado cuenta del sufrimiento que padecían millones de compatriotas, y en el capítulo “Mea culpa” da cuenta de las conversaciones con su nuevo compañero, de fe católica, en el que refleja sus propias dudas: “En el insomnio, la conciencia no se consuela por no haber participado directamente en los asesinatos y las traiciones. Porque no solo mata el que asesta el golpe, sino los que han avivado su odio, repitiendo irreflexivamente peligrosas fórmulas teóricas. Levantando en silencio la mano derecha. Escribiendo cobardemente una verdad a medias. Mea culpa…. Y creo, cada vez más, que dieciocho años de infierno en la Tierra no bastan para una culpa como ésta”.

Después de treinta años en Kolymá el congelado averno soviético, al subir al avión que la llevaba con su marido a Moscú y observar el embarque de otro ex prisionero que volvía reducido a simple vegetal, con lucidez y profundo agradecimiento a Dios, oró, no sólo por haber conservado el cuerpo, ya de por sí un milagro, sino el alma: seguir siendo capaz de reír, de odiar y de entusiasmarse.

Con Yevguenia estuvieron en distintos momentos como compañeras de celda Lyama Shepel, Ira Yegereva, y Nadezhda Derkovskaya; Zinaida Abramova, esposa del presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo de la República tártara; Julia Karepova, bióloga, con la que compartirá celda en Jaroslav; Anna Zhilinskaya, historiadora, que sufrió los horrores de la Lubianka y convivieron en Torre Pugachev.

Tatiana Grigórievna Gnédich (1907-1976),  descendiente de Nicolay Gnédich, el gran traductor de la Ilíada, fue poeta, profesora de literatura inglesa (dominaba el inglés y el francés, aunque nunca salió de Rusia), y traductora, tan respetuosa con ese trabajo que llegó a precisar que una buena traducción: tenía que ser fiel como una esposa y hermosa como una amante.

Sumida en el estudio de sus poetas, Tatiana no se fijó en las nubes que se cernían sobre su cabeza. El caso es que después de la guerra, cuenta Etkind[16], Gnédich desapareció. En 1945, por razones tan increíbles como inexplicables, (quizás por su amistad con Wincott, ̶ el condenado por espía después de haber sido premiado como héroe, ̶ ) un tribunal estalinista, como a tantos otros siendo inocente, la condenó por alta traición a diez años en los campos.

El hombre encargado de interrogarla en la prisión, descubre que Tatiana está traduciendo el primer canto entero del Don Juan de Byron, consultando el inglés original grabado en su memoria y volcando su versión rusa también allí; de modo que su cerebro parecía actuar como un diccionario inglés-ruso, ruso-inglés. Uno de los responsables de los prisioneros, al enterarse de la actividad de su detenida y constatar la perfección de la traducción, le facilitó papel, tinta, una serie de libros y una celda individual. Pasó allí dos años renunciando a los paseos diarios y a otras lecturas, sumida completamente en los versos byronianos. Cuando puso el punto final, fue enviada a un campo de trabajo en Siberia para cumplir los ocho años que le faltaban de condena. Durante ese tiempo, estuvo revisando el texto e introduciendo modificaciones continuamente. Cuando salió de la cárcel, casi ciega, dictó su traducción que hoy está considerada como la más hermosa y precisa que, de Byron, existe en ruso.

Parece imposible que pudiera tener esa fuerza de voluntad y capacidad para abstraerse de las terribles condiciones en que transcurría su vida, siendo como era un trabajo no de invención, sino de traducción de la creación de otro. En esta etapa de la URSS muchos escritores silenciados sufrían porque consideraban que la traducción era también otro tipo de confinamiento. Pasternak decía: “Maiakovski se suicidó, yo traduzco”. Él supo evitar esa sensación de fracaso utilizando, como Tatiana, una traducción libre; era la mejor manera de evadirse de la tortuosa realidad. Traducía, además, poemas, lo que, en palabras de Steiner[17] “esa actitud de Tatiana demuestra que la poesía puede salvar al hombre. Hasta en lo imposible”, “Un ser humano así es intocable”, maravillado ante lo que él calificó como la mejor traducción rusa de los más de 30.000 versos plenos de sentimiento y poderío, que constituyen el Don Juan de Byron. La traducción de Gnédich es ahora parte de la poética rusa y objeto de numerosos estudios. Para el profesor Etkind, representa ciertamente un triunfo del espíritu y para el profesor Georges Steiner, asombrado por el trabajo realizado por Tatiana sólo pudo reconocer: “La mente humana es totalmente indestructible”.

Hablar de Marina Ivánovna Tsvetáyeva es hacerlo de poesía traicionada, la voz del alma, humillada y perseguida por la estrechez de miras de los dogmatismos, de la intransigencia, de la crueldad gratuita… Y es que la poesía y las doctrinas no suelen entenderse y escribir con su verdad, suele ser peligroso. Nació el 26 de agosto de 1892, hija del fundador del Museo Puskin de Moscú, Iván Tsvetáiev. Estudió en la Sorbona, en París, donde publicó en 1910 su primer poemario, “El álbum de la tarde”, que llamó la atención del crítico Maximilian Voloshin, el cual se convertiría desde entonces en su mentor. Con él vuelve a Rusia, donde conoce al militar ruso que luego sería su marido, Sergei Efron.

Marina Ivánovna Tsvetáyeva

Marina Ivánovna Tsvetáyeva

En 1914, con el estallido de la Primera Guerra Mundial y luego la Revolución, Marina se encuentra sola con sus hijas. Su marido se había enrolado en el Ejército Blanco dejándolas en una tremenda penuria, sin recursos ni familia. Ante esta situación,  envió a sus hijas a un orfanato estatal creyendo, equivocadamente, que estarían mejor alimentadas allí, pero, tristemente, Irina murió de hambre y Ariadna volvió a casa bastante enferma. Entonces le surgieron los remordimientos y un profundo sentimiento de culpa, cayendo en una depresión que pudo superar gracias a la actriz Sofía Holliday, quien le apoyó encargándole varias obras de teatro. En aquellos convulsos tiempos Marina se creyó libre; libre para publicar sin interferencias lo que sentía en aquel momento y glorificó al ejército blanco en “El campo de cisnes”. Malhadadamente  los mencheviques fueron derrotados, y, consecuentemente, ella, perseguida por los bolcheviques, tuvo que huir a Praga con su hija y su marido. Allí, rechazada por los dirigentes, tuvo que sobrevivir mendigando las cosas más imprescindibles, como ropa  o comida, hasta que consiguió un trabajo como lectora. Nace su hijo Georgy en 1924 y la familia consigue huir a París donde se relaciona con el grupo ruso de intelectuales exiliados intentando encontrar empatía y ayuda. Se dará cuenta que se han aburguesado y que tiene pocas afinidades con ellos.

Su marido y su hija aceptan el comunismo, vuelven a Rusia y Efron se implica con la NKVD. Marina, se siente sola y al no encontrar ningún apoyo, vuelve a comprometerse al escribir una carta, solicitando ayuda, al poeta soviético Vladimir Mayakovsky[18], creador del “agitprop”, ante lo cual, la poca ayuda que recibía por publicar en el periódico parisiense “Las últimas noticias”, se le acaba al rescindirle éste el contrato.

En vísperas de la Segunda Guerra Mundial, se decide volver con su hijo a su patria, pero tampoco encontró las condiciones que esperaba. Su hermana Anastasia detenida, ella bajo sospecha y con todas las puertas cerradas, incluso las de los escritores amigos (quizás porque temían por sus propias vidas si le prestaban ayuda); al poco tiempo, su marido y su hija son detenidos, Efron fusilado en prisión y  Ariadna encarcelada durante ocho años. Marina y su hijo fueron exiliados a la ciudad de Yeluba, en la República de Tatarstán, donde vivió olvidada del mundo hasta que, el 31 de agosto de 1941, se quitó la vida ahorcándose, harta de padecer la desaprobación oficial, que le impidió encontrar ni vivienda ni trabajo.Pese a todas esas desdichas dejó una obra viva, de impresionante calor, intransigente y llena de valentía, que fue salvada de la destrucción y del olvido por su hija Ariadna Efron.

Olga Ivinskaya, musa inspiradora del personaje de Lara en Doctor Zhivago, fue  secretaria, editora, y  el gran amor de Boris Pasternak quien, como tantos otros de los grandes, perdió la protección de las autoridades soviéticas en la década de los 30 (Gran Purga). Se le acusó de subjetividad, consideraron contrario a los ideales comunistas su libro “Doctor Zhivago”, se le prohibió aceptar el Nobel y fue confinado en Siberia. Olga no abandonó a su amante por nada y rogó en todas partes por su libertad y porque le dejaran verle. Estaba embarazada y las presiones del acoso gubernamental sin duda influyeron en que sufriera un aborto. Sería detenida pero se mantendría firme en el amor, no implicaría a Pasternak en lo que sus interrogadores querían, es decir, hacerlo aparecer como un peligro para el país, un mal ciudadano y un subversivo. Cumpliría 8 años de cárcel pese a lo cual, a la tortura del alejamiento forzado, a no poder estar juntos todo el tiempo como anhelaron, él la amó hasta el final de su vida, cuando murió de un cáncer en su casa. No pudo despedirse en el lecho de muerte de su gran amor, aunque él la llamó cada instante desde que vio su cercano fin, nadie avisó a Olga y solo pudo llegar a ver sus restos en el cementerio en donde, enloquecida, colocó flores en su tumba.

En una carta de 1958 a un amigo en Alemania Occidental, escribió: “Ella fue a la cárcel por mi culpa, ya que era la persona considerada por la policía secreta que me era más cercana y por ello se espera que por medio de un interrogatorio y amenazas agotadoras podían extraer suficiente evidencia para inculparme. Le debo mi vida y el hecho de que no me toquen en esos años, a su heroísmo y resistencia “. 

Olga le sobrevivió 35 años, pero no fue sino hasta la llegada de la política de apertura de Gorbachov cuando pudo ser amnistiada; era ya anciana, estaba enferma de cáncer y  casi ciega.

Anna Mijáilova Lárina (1914-1996) hija adoptiva de Yuri Larin, un destacado comunista de la Revolución, conoció, por ello, desde muy pequeña a  Bujarin y, al mismísimo Lenin, amigos de su padre. Siempre se sintió atraída por Nikolái Ivánovich Bujarin, 25 años mayor que ella, lo que no supuso inconveniente para casarse cuando Anna cumplió 20 años.

2014-05-09 Anna Mijáilova LárinaTras la muerte de Lenin en 1924, Bujarin encabezó el “ala derecha” del partido con Stalin, en la lucha sucesoria contra Trotski, pero una vez derrotado éste, Stalin apartó a Bujarin del poder acusándole de “desviacionismo de derechas”, de espionaje, de intentar desmembrar a la Unión Soviética, de provocar levantamientos en los kulaks y de conspirar para asesinar a Stalin. Todo mentira, al parecer. Lo que sí hizo fue oponerse a la colectivización agrícola forzada, y aplicar una Nueva Política Económica (NEP) gracias a la que surgió, una tendencia más permisiva en lo económico, político y social, pero que permitió a Stalin tildarla de “liberalismo corrompido”. Aunque reapareció colaborando en la redacción de la Constitución de 1936, fue detenido al año siguiente, por lo que, dándose cuenta de lo que podía producirse, antes de que los separaran pidió a Anna que memorizara su testamento político,pues no se atrevía a dejar por escrito un documento dirigido a las generaciones comunistas del futuro.

Anna, quien, como tantas otras, fue condenada por la exclusiva culpa de ser “mujer de”, fue alejada de su hijo, Yuri, de solo un año de edad. A este niño se le negó conocer quien fue su padre y tampoco se le permitió ver a su madre hasta que ésta cumpliera su condena de 20 años en distintos campos del Gulag: Astrakhan, Tomsk (especializado en retener a familiares de los llamados “enemigos del pueblo”), Saratov, Sverdlovsk, de nuevo Tomsk y  Novosibirsk, “Me había acostumbrado a una existencia aislada y sin libros, papel o lápiz, no podía hacer otra cosa que encadenar rimas y memorizar por repetición sin fin; leer de memoria los versos de mis poetas favoritos”. Así hacía también con el testamento de su marido. Lo repetía continuamente, “·como una oración” explicó en sus memorias, que no pudo publicar hasta 1988. Aún desde el exilio, Lárina emprendió una campaña incansable para exonerar a su marido después de la muerte de Stalin enviando  largas y detalladas cartas a Nikita Jruschov y sus sucesores exigiendo la restitución de Bujarin en el panteón de los héroes revolucionarios.

Se enteró de la muerte de su marido, por un compañero de prisión que no tenía idea de quién era ella. Se comunicaban golpeando en las paredes de sus celdas: “los bastardos asesinaron a Bujarin”, repitió el informante. Sentía la necesidad de saber más, pero ante el temor a lo que podría ser considerado una provocación y ocasionarle más problemas, tuvo que contenerse, porque las autoridades no cesaban de perseguirla como sucedió en la persona de su segundo esposo, el también acusado en 1937 por cargos fraudulentos, Fiódor Dmítrievich Fadeyev[19]. Anna fue encarcelada en el invierno de 1941 en una celda subterránea de la Lubianka , allí pasó 3 años, después fue desterrada a Siberia donde vivió vigilada siempre, acosada continuamente.

Fadeyev terminó de cumplir su condena pero se negó a abandonar a Lárina. Fue arrestado por ello en tres ocasiones. Fiódor  buscaba y encontraba trabajo cerca del lugar al que Anna era deportada. Cuando empezaba a trabajar, lo arrestaban o bien enviaban a Lárina a un nuevo destino. Durante la mayor parte de la vida que compartieron, les obligaron a estar separados, otra tortura  más. “Hacia 1956, cuando el clima político se relajó un poco, Fiódor Dmítrievich y yo creíamos que podríamos establecernos juntos definitivamente, pero lo impidió su muerte prematura. Agotado tras ocho años de reclusión, además de una instrucción durante la cual le torturaron hasta conseguir que se autoinculpara, fue incapaz de soportar las dificultades posteriores de una vida ligada a la mía”. “Esto no lo puedo olvidar”, titula su autobiografía que tanta sensación causó cuando fue publicada en Rusia en 1988 como parte de la rehabilitación de Bujarin por Mijail S. Gorbachov.

Muchas más mujeres de las que sufrieron el martirio de los Gulags podrían ser reseñadas, todas bellas e inteligentes y, seguramente, inocentes, pero quiero terminar esta breve remembranza con una mujer que supo expresar sus vivencias de una manera muy original apoyándose en dibujos tipo cómic.

Yevrrosinia Antonovna Kersnovskaya (1908-1994) Nació en 1998 en una familia muy culta de la nobleza en Odessa, su padre era abogado, su madre hablaba varios idiomas y ella misma dominaba nueve. Durante la Revolución soviética la familia se trasladó a sus propiedades en Besarabia, donde tuvieron que convertirse en granjeros. Poco después Rumanía se anexionó la región. En 1940 la URSS presionó al gobierno rumano y recuperó la región, y la familia Kersnóvskaya (compuesta ya tan solo por ella y su madre), al pertenecer a la aristocracia terrateniente fueron deportadas a Siberia, donde participaron en la colonización forzada de la región y trabajaron en la tala de árboles y producción de leña. Yevfrosíniya intentó escapar, pero fue capturada y condenada a muerte en Krasnozerskoye, acusada, entre otros delitos, de espionaje. Se negó a pedir clemencia, escribió: “No puedo pedir justicia, no quiero pedir misericordia”. No obstante, como se necesitaban brazos para explotar los enormes yacimientos de níquel, platino y paladio, se le conmutó la pena de muerte por 10 años de trabajos forzados  que cumplió en el campo de trabajo de las temibles minas de níquel de Norilsk.

Yevrrosinia Antonovna Kersnovskaya

Yevrrosinia Antonovna Kersnovskaya

En 1953 cumplida la pena fue a Yessentuki a encontrarse con su madre a la que, antes de fallecer, prometió escribir sus memorias. Lo hizo en la década de 1960, contenidas en 12 cuadernos con textos escritos y 680 dibujos de la vida en el Gulag. Parte de la notable calidad de los dibujos (en técnica mixta, similar a los cómics), es el detalle con el que capta la vida, la triste realidad de los campos. En su libro álbum Pinturas rupestres” dice en su exposición de motivos: “El país, que no conoce su pasado, no tiene futuro … Por eso también me recuerdo de esa parte del pasado, que se imprimió en mi memoria”. Fue publicado en The Observer en 1990, posteriormente en Alemania y Francia y finamente en Rusia el año 2001 con el texto completo.

A la vista de cuanto antecede, es comprensible que en el prólogo del libro “El Vértigo”de Evgenia Ginburg, figure el poema que Evtushenko dedicó a Stalin:

   “Y yo dirijo // a vuestro gobierno// esta súplica:

                        dóblese// triplíquese// la guardia de su tumba”


[1] George Robert Ackworth Conquest (n. 15 de Julio de 1917). Historiador y escritor británico, célebre por sus obras relacionadas con la Unión Soviética y, en especial, por la publicación en 1968 de ”El Gran Terror”, una síntesis de la Gran Purga de Stalin en la década de 1930. Después de que la era de la Glásnot de la década de 1980 revelara mucha más información sobre los archivos soviéticos, su editor le pidió que expandiera y revisara El Gran Terror. La publicó en 1990 como El Gran Terror: Una reevaluación.

[2]Babelia 8 junio 2005,”La historia del gulag no ha terminado” .Entrevista de José Manuel Calvo a Anne Applebaum el 4 junio 2005 .Columnista de The Washington Post y escritora que ha tratado extensamente temas relativos al comunismo y al desarrollo de la sociedad civil, en Europa del Este y en la Unión Soviética.

[3] CADENA SER 5-6-2006  “La presidenta de la comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, ha preguntado hoy al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, que ayer recordó que Alianza Popular no apoyó el Estatut en 1979 si, ya que el PSOE se definía como marxista en 1979, “ha pedido ya perdón por el Gulag” (campos de exterminio estalinista)”.

http://www.cadenaser.com/espana/articulo/esperanza-aguirre-pregunta-zapatero-ha-pedido-perdon-crimenes-stalin/csrcsrpor/20060605csrcsrnac_10/Tes/

[4] Gran Maestra entre 2006 y 2009 de la Gran Logia Femenina de España: http://www.publico.es/443861/reivindicamos-una-masoneria-femenina-en-el-siglo-xxI-para-aportar-mejoras-a-la-sociedad

[5] Crisóstomo: “pico de oro” elocuente, vivaz y sabio.

[6] Corriente poética que se sumaba al renacimiento intelectual de Rusia a principios del siglo XX. Gumiliov y Ajmátova participaron en la creación del movimiento que abogaba por dar un enfoque claro y preciso a la poesía, en contraste con el estilo simbolista.

[7] Lev Nikolayevich Gumiliov(1912-1992) fue el historiador de los pueblos “sin historia” de Eurasia, de los mongoles y de la Horda de Oro, el cronista de los nómadas sin apenas tradición literaria, o que no dejaron documentos sobre su paso por la historia. El 11 de mayo de 1956 volvió a Leningrado procedente de Karagandá,  de cumplir el que sería el último de sus tres periodos de reclusión. Tenía 44 años y había pasado 13 privado de libertad, trabajando en las minas de níquel de Norilsk y otras capitales del Gulag estaliniano. Como equipaje llevaba una caja de madera llena de hojas de papel. Un papel rústico, de desigual color y formato, que procedía de los sacos de abastecimiento del campo de Karagandá. Recortado, puesto a secar y aplanado, ese papel era entregado a aquel “gran hombre”, considerado así por sus compañeros de reclusión, para que pudiera escribir. Esas hojas eran el manuscrito de “Los Hunos” y “Los antiguos turcos”, dos de las obras que Gumiliov escribió en cautiverio   dedicadas  a los pueblos de la estepa de los que era descendiente a través de los antepasados de su madre.

[8] Vladimir Kazimirovich Shileyko  (1891 – 1930) fue un orientalista ruso (asiriólogo, hebraísta), poeta y traductor. Es conocido por sus traducciones al ruso de la Epopeya de Gilgamesh.

[9] Nikolai Punin(1922-1938):  fue uno de los primeros críticos de arte que se centraron en las nuevas tendencias y estilos emergentes. Su círculo de amistades incluía artistas como Kazimir Malevich, Vladimir Lebedev  y otros. Respetado por artistas e intelectuales como figura clave en la historia del arte ruso. Salvó muchas obras importantes de la destrucción por la muchedumbre comunista revolucionaria, lo que motivó que fuera atacado por ello y  por sus esfuerzos en la preservación del arte “occidental” en los museos soviéticos. En 1949 fue arrestado por acusaciones de actividad “anti-soviética”, porque dijo que tantos miles de retratos de Lenin  eran de mal gusto. El gobierno soviético le castigó con pena de prisión en el campo de Vorkutá , en el norte de Rusia. Nadie lo pudo evitar, porque la élite intelectual de Leningrado fue devastada por lo que se conoce como “el asunto de Leningrado”: una serie de casos criminales “fabricados” (de finales de 1940 a principios de 1950)  con el fin de acusar a un número de destacados políticos y miembros del Partido comunista, de traición e intención de crear una organización antisoviética con sede en Leningrado.

[10] Sir Isaiah Berlín (1909- 1997) politólogo e historiador de las ideas, está considerado como uno de los principales pensadores liberales del siglo XX. Su conferencia “Two concepts of liberty”, ha sido de enorme influencia tanto en la teoría política contemporánea como en la teoría liberal. En dicho artículo presenta la ya famosa distinción entre libertad positiva y libertad negativa. Mientras  que la libertad negativa de un individuo equivale a la no interferencia, a la posibilidad de actuar como mejor nos parezca sin que nadie se interponga u obstaculice nuestros actos, la libertad positiva supone la presencia de un elemento crucial, la voluntad, el querer hacer algo, es casi un sinónimo de la autonomía. Advirtió también que, históricamente, la utopía de la libertad positiva, en particular en regímenes caracterizados por  el totalitarismo, ha sido utilizada a menudo como excusa para reprimir las libertades negativas de los ciudadanos.

[11]Nikolái Ivánovich Yezhov (1895- 1940), político y revolucionario ruso, llegó a la cúspide política en la URSS como Director de la Policía Secreta Soviética., la NKVD. Sus hechos y acciones reflejan el pensamiento estalinista de la época de entreguerras. Hombre de confianza de Stalin, su periodo en el cargo fue el único de la historia de la Unión Soviética en la que las sentencias de muerte no fueron aprobadas por el politburó, sino simplemente por el Comisario de Interior y los jefes regionales del NKVD, es decir, él. Su nombre es símbolo del periodo más represivo de las Grandes Purgas de la década de 1930, dirigió las del partido y del Estado entre 1934 y 1936 y el periodo más intenso de terror contra la población en general en 1937-1938. Durante su ejercicio como Comisario de Interior cientos de miles de personas fueron ejecutadas y millones detenidas en las campañas de represión. Fue arrestado, torturado y ejecutado en 1940.

[12]En el malecón del Neva, frente a la prisión “Kresty”, donde su hijo, marido y muchos amigos estuvieron prisioneros y Ajmátova aguardó en fila con paquetes de comida para ellos durante muchos años, se le dedicó un monumento.

[13] Vasily Aksyónov (1932.2009), hijo de Pavel Aksyónov y Yevgenia Ginzburg. Con 4 años fue arrancado de brazos de su abuela y arrestado por ser hijo de “”enemigos del pueblo” y llevado a un orfanato sin proporcionar a su familia ninguna información sobre su paradero hasta que en 1938 su tío, lo rescató  y llevó con su familia hasta que su madre cumplió su condena. Ambos se establecieron en Magadán y luego en Kazan donde, por influencia del doctor Walter estudió medicina. Durante su tiempo como estudiante de medicina fue objeto de vigilancia por parte de la KGB, que comenzó a preparar un archivo en su contra. Es probable que hubiera sido detenido si no se hubiese producido el fallecimiento de Stalin. Convencido anti-totalitario, se convirtió en una figura destacada en el movimiento llamado” prosa juventud “y uno de los favoritos de la intelectualidad  liberal Soviética y sus aliados occidentales. Sus escritos estaban en marcado contraste con el sombrío, socialista-realista en prosa de la época. En la presentación de una de sus novelas, declaró:”Si en este país se empieza a erigir estatuas de Stalin, una vez más, tengo que rechazar mi tierra natal, porque no queda nada”.   

[14] Del 8 de septiembre de 1941 al 18 de enero de 1944, cientos de miles de familias murieron de frío y hambre en sus hogares. Los orgullosos habitantes de esta otrora ciudad cultural motivados por el hambre, dieron cuenta desde palomas y gatos hasta ratas. Los casos de canibalismo fueron frecuentes. La ciudad estuvo a punto de perecer si no hubiera sido que se estableció un corredor a través del helado Lago Ládoga por donde llegaba una escuálida ayuda a los sitiados. Los muertos, hasta ser liberada la ciudad, superaron la cifra extraoficial de 1.200.000.

[15] Primo Levi (1919-1987) Se graduó en Química en la Universidad de Turín en 1941.Fue un escritor italiano de origen judío sefardí,autor de memorias, relatos, poemas y novelas, resistente antifascista y superviviente del Holocausto. De los 650 judíos italianos de su “remesa”, Levi fue uno de los veinte afortunados que sobrevivió al exterminio.Al volver a Italia, ejerció como químico industrial en la factoría química SIVA en Turín. Pronto empezó a escribir sobre sus experiencias en el campo y su vuelta subsiguiente a casa a través de Europa del Este, en las que se convirtieron en sus dos memorias clásicas:” Si esto es un hombre”  y “La tregua”. Levi murió, aparentemente por suicidio, el 11 de abril de 1987, aunque algunos amigos y biógrafos han cuestionado el veredicto.

[16] Efim Etkind (1918-1999), filólogo, teórico de la traducción y escritor ruso.

[17] Francis George Steiner nació en 1929 en París, de padres judíos huidos de Viena ante el avance del nazismo. En la creencia de que, por ser judíos serían siempre muy perseguidos, hizo que sus hijos estudiaran alemán, inglés y francés. Su madre que era multilingüe les hacía iniciar una frase en un idioma y terminarla en otro. Su padre, que creía básico tener una buena educación clásica, le enseñó, cuando tenía seis años, a leer con frecuencia la Ilíada en el original griego. Ante la posible invasión de París, la familia se traslada a Nueva York (siempre recordará Steiner que de los muchos compañeros que tenía en clase solo se salvaron otro y él, por lo que  a menudo mencionará ser “un vagabundo agradecido”). La formación recibida le llevó a ser ensayista, filósofo, novelista y educador. Su campo es principalmente la literatura comparada  y su trabajo como crítico ha tendido hacia la exploración de los temas culturales y filosóficos, sobre todo relacionados con la traducción y la naturaleza del lenguaje y la literatura. Entre sus múltiples premios se encuentra el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2001.

[18] Vladímir Vladímirovich Mayakovski  (1893-1930) fue un poeta y dramaturgo revolucionario ruso y una de las figuras más relevantes de la poesía rusa de comienzos del siglo XX. Fue iniciador del futurismo ruso. Su actividad política se inició durante el zarismo; se afilió al Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia, lo que le acarrearía una serie de persecuciones y la cárcel. Allí emprendería su tarea poética. Al consumarse la victoria de la Revolución Rusa, apoyó la política cultural de la administración bolchevique. Empleó una gran diversidad de procedimientos para cautivar a las multitudes, abarcando desde la aplicación de un lenguaje coloquial, a veces prosaico, hasta los más refinados estilos épicos. En el período de los años 1920 Mayakovski se dedicó a promocionar por el mundo la Revolución, cruzando Europa entera e interviniendo en cónclaves y coloquios. En 1922, viajó a Riga, Berlín y París, y en 1925 visitó los Estados Unidos y Méjico. Es el creador de lo que se conoce como “agitprop” con elementos prácticos de propaganda, como carteles, afiches y argumentos para películas. Se suicidó en 1930.

[19] Funcionario agrícola, había estudiado las carreras de Agronomía y Zootecnia, llegando a ser director de la sección de producción agrícola del Comisariado de Sovjoz de la RSS de Kazajstán.

Le recomendamos






Comenta

Comenta nuestras noticias con tu cuenta facebook.

entrevistas tv
logo opinion portada