Cardona, durante la guerra civil

Cardona, durante la guerra civil

Sorprendente, indescifrable, una maravilla de la Naturaleza. Eso debió pensar el cónsul romano Marco Porcio Catón (s. II d.C.) tras contemplar el afloramiento de sal que brotaba de la roca. “Una gran montaña de sal pura que crece a medida que se va extrayendo”, describió para la posteridad.

Catón no lo sabía, pero acababa de reseñar el diapiro[1] de Cardona y el crecimiento vertical de la sal en su Valle Salino, un fenómeno geológico único en el mundo. Fue ese brotar natural de sal lo que, desde el Neolítico, convirtió los contornos de la actual villa en un enclave privilegiado. Además de la impresionante mina de sal, posee un hermoso castillo con colegiata y la torre Minyona[2], con  leyenda de fantasma incluido, atalaya de observación de la frontera y de las posibles invasiones sarracenas, además de tener vistas directas sobre todos los caminos por donde se desarrollaba el transporte de la sal; todo rodeado por un recinto amurallado reforzado con ocho torres, construido allá por 1040.

Parece ser que la fundación del castillo de Cardona se debe a los francos, cuando Carlomagno creó la Marca Hispánica[3]. Para trabajar en las minas y abastecer al castillo y sus moradores, se formó la villa. Sus angostas callejas sus vetustos soportales y casas nobiliarias son una demostración de la riqueza que la explotación salina reportó a la urbe y a la familia del los Folch de Cardona que tanto poder ostentaron en la España de los Austrias y que en principio les venía de la explotación de dichas minas. Entroncaron con familias castellanas y el ducado de Cardona se integró con el de Segorbe y, más tarde, en el  de Medinaceli, hasta la actualidad. La  presencia militar del castillo ha sido importante a lo largo de la historia pues nunca pudo ser rendido por las armas, pese a soportar en repetidas ocasiones, un asedio. Uno de ellos ocurrió durante la Guerra de Sucesión, cuando fue sitiado el castillo por las tropas franco-españolas del conde de Mauret en 1711, ya que el conde de Cardona, comprometido con el archiduque Carlos de Austria, se había hecho fuerte en su castillo. No lograron, sin embargo, tomar la plaza después de un largo mes de asedio. Tampoco lo consiguió el ejército francés durante la Guerra de la Independencia, ni las tropas carlistas que, años después, lo intentaron con ayuda de alguno de los habitantes del castillo. Durante la Guerra Civil  tuvo un importante papel como prisión.

Estallada la guerra, el pueblo sufrió las convulsiones y atropellos tan habituales en muchos otros sitios de la España republicana, incrementado por aquella guerra civil particular que entre ellos mismos suscitaron los rabassaires, los comunistas y los anarquistas de la CNT, en principio, por el tema de las colectivizaciones forzosas que los cenetistas impusieron. En mayo de 1935 la Ley de Contratos Agrícolas fue sustituida por una nueva que permitía a los terratenientes desahuciar con facilidad alegando que proyectaban trabajar la tierra por sí mismos. En Cataluña fueron desahuciados unos 1400 rabassaires que habían cultivado esas fincas 20, 30 e incluso 60 años. De modo que, amenazados sus bienes, se radicalizaron aún más. De estar vinculados al partido autonomista, republicano y masónico de “Esquerra Republicana de Catalunya”, que tenía por líder a Amadeu Aragay Davi[4], pasaron a adoptar posturas más extremas aún al aproximarse a los partidos de izquierda revolucionaria. Tras la victoria electoral del Frente Popular se restituyeron los contratos a los arrendatarios, pero con la imposición del  colectivismo patrocinado por la CNT con Ramón Porté i Dalmau[5] a la cabeza, se produjo el descontento de los propietarios, pero también de los rabassaires que continuaban siendo partidarios de su propiedad privada y de la explotación agrícola familiar. No obstante, las colectividades que controlaba la CNT se impusieron y fueron las que más lejos llegaron en la colectivización llevada a cabo en Cataluña, que, por supuesto, extendieron a todas las áreas de producción.

Sin embargo, entre las luchas internas de la España republicana durante este período, la gran historia es la del encumbramiento del Partido Comunista español, fuertemente entregado a las directrices que dictaba Stalin desde Moscú. Según Burnett Bolloten[6], el Partido Comunista de España no tenía más que una meta: la de alcanzar el poder y, con él, dirigir la política interior y exterior conforme a las necesidades rusas, y esto sólo podía lograrlo por medio de una manipulación cuidadosa de las piezas puestas sobre el tablero político de aquellos días. Después del VII Congreso de la Internacional Comunista, de 1935, se iniciaba, por todos las Partidos Comunistas dependientes de Moscú, la política de Frentes Populares, desarrollo práctico de la teoría de Stalin del “Comunismo en un sólo país”. De modo que por decisión mayoritaria del Partido Socialista y de la Unión General de Trabajadores, alegando falsos motivos, prepararon y declararon la Guerra Civil,[7] con la finalidad de tomar el Poder y hacer de España la segunda República Soviética de Europa, al precio que fuese. La mayoría de los socialistas y la totalidad de los comunistas fueron los más fieles defensores y sumisos servidores de una potencia totalitaria extranjera, que basaba su ideología y régimen político en el terror y el genocidio, claro que, aún hoy día, los sucesores de unos y otros niegan  esa verdad histórica  pero mantienen las actitudes como patrimonio de permanente chantaje.

En esta línea, Largo Caballero[8] que creyó erróneamente que podría absorber al Partido Comunista, provocó un enfrentamiento cuando empezó a proclamar, a los cuatro vientos, la conquista inmediata del poder político por la clase trabajadora y la dictadura del proletariado contra el Frente Popular anarquista, pero en abril de 1936 se realizó la fusión de la Unión de Juventudes Comunistas y la Federación de Juventudes Socialistas, quitando prácticamente a los socialistas toda base joven, ya que este nuevo grupo, “Juventudes Socialistas Unificadas”, lo dirigía Santiago Carrillo, sobre quien recayó su control en el Partido Comunista e hizo que,  inmediatamente, los miembros de las Juventudes se afiliaran, no al PSOE sino al PCE. Otro golpe importante que acusaron los socialistas fue que a los pocos días de comenzada la guerra, y, siguiendo el ejemplo de sus Juventudes, la Federación Catalana del Partido Socialista Obrero Español, dirigida por Rafael Vidiella  y Franch[9], se fusionó con la Sección catalana del Partido Comunista y con otras pequeñas agrupaciones socialistas de la región, la “Unió Socialista de Catalunya” y el diminuto “Partit Catalá Proletari”, aceptando la disciplina de la III Internacional, y sometiendo a la organización regional sindical de la UGT a sus dictados.

No ocurrieron disturbios graves ni atropellos en Cardona y los pueblos de su demarcación antes de la declaración de guerra, pero a las cuatro de la tarde del 20 de julio de 1936, según declaró mosén José Sanmartí Ballaró, llegaron unos milicianos procedentes de Súria, completamente armados. Uno de ellos subió al balcón de la Casa Consistorial y, arengando a las masas, aseguró que había que hacer la revolución a sangre y fuego, comenzando enseguida a detener a todos aquellos que les parecían contrarios a sus ideas. Al día siguiente todavía pudo llevar el Viático a un enfermo, vestido de seglar y a escondidas. A continuación destruyeron totalmente la Iglesia parroquial con sus altares, imágenes y objetos de culto y viendo el vandalismo, decidió ocultarse. Primero lo hizo en casa de un amigo, luego, por temor a perjudicarle, huyó al bosque hasta que entraron las tropas nacionales. (Causa General, Cardona F 182)

Declarada la revolución, cada grupo organizó sus propias milicias y sus propias Juntas. En Cardona la  DE LA C.N.T.  la componían Antonio Campos, Diego Asensio, Ginés Molina Sánchez y el alpargatero Rodríguez; la de U.G.T.  José Campos, Vicente Estrada y Manuel Villa, Higinio Gallegp, Miguel Durán Prieto, Juan Uroz, Diego Bazán, Amancio García y Víctor López Alamillo y la de los RABASSAIRES Juan Serra Agut, Emilio Homs Bertran, Florencio Traveset, Juan Torrantallé Miralles, José Jordana Font, Antonio Planas Closa, José Villaró Riba y José Munt Espluga.

Algunos dirigentes trataron de unificar las fuerzas del Frente Popular, destacando en el empeño Juan Torres Maciá y Conrado Batlle Coma. El comité de Cardona así como los que constituían el tribunal popular que funcionaba de manera simultánea con los consejeros municipales, lo componían: Emilio Esteve Corretjer, José Navarro Vergara, Ginés López, Martín Zomeño, José Vila y Joaquín Martí Viola. Asímismo formaron parte en representación de las diversas organizaciones, los individuos siguientes: POR LA C.N.T. J. Cortés  y José Herrada; POR LA U.G.T. Manuel Athané,  Paulino Llorente, Francisco Malpica y Miguel Sagret; POR LA ESQUERRA José Costa; POR LOS RABASSAIRES Miguel Parcerisa, Melitón Sol Camps y Juan Rovira Sala.

Ejercieron también en el COMITÉ de LA COROMINA[10], los siguientes milicianos Ángel Miralles Cerezo, Antonio Sánchez Fernández, José Botella Gil, José Hernández Urrutia, Juan Torres Cruz, José Ayala Martínez, Juan Martínez Hernández, Francisco Delgado Tapias, José Pombo Samo y Vicente Ceral González; POR LA C.N.T. Rafael Nevado Martínez, Antonio Castell Vallés, Antonio Gómez Giménez, José Hernández Escanez, Francisco Martínez Ponce, Pedro Brocas Martínez, Lorenzo Sanz Paredes; POR EL P.O.U.M. José Monegal  Muixí, que también actuó en la villa de Cardona y POR  LAS JJ.LL. José Ramírez Martínez y Melitón Sol Camps que también pertenecía a la de los rabassaires en Cardona, villa.

Organizaron además un COMITÉ DE DEFENSA formado por Juan Sallarés Rosell, Clemente Segura, Antonio Peñarroya Millán, Agustín Fortich Camps y José Navarro Vergara y un COMITÉ DE ENLACE  compuesto por José Herrada Rodríguez, Salvador Muñoz Méndez, Cristóbal Clemente Campoy, Juan López Moreno, Antonio Vicente Baraza, Agustín Galera González y Victoriano López Acosta. (C. General Folios 24 y 25).

Se distinguieron por capitanear patrullas, tener actuación destacada en las mismas y detener y encarcelar vecinos: Antonio Salinas, José Rebolledo Rubio, José Fernández Sánchez, Antonio Raja Noguera, Muñoz Zamora Caramona; Cristóbal Clemente (padre), Pedro Bracas, Luis Martínez Martínez, José Martínez Vivancos, José Jordán Teruel, Benito Vilalta Arnau y Ginés Bartes Sitjes. Los agitadores y propagandistas[11] más activos fueron Jesús Torres quien se autonombró jefe de la Unión Española de Explosivos, tomando posesión de todos los bienes que la Sociedad poseía en la villa, y la convirtió en checa donde actuó el temible S.I.M. de cuyos miembros destaca un tal Sanmartí y, sobre todo, Lucinio Ruiz Soliva que también destacó por sus bárbaras actuaciones en el castillo como veremos más adelante. (. General, fs 24, 34 y35)

Cada uno de estos  grupos de milicianos estuvo dispuesto a imponer sus ideas revolucionarias, pero, por si fuera poco, la situación se enrareció aún más con los decretos del comunista Vicente Uribe[12] del 7 de octubre de 1936, por los que todas las fincas rústicas, pertenecientes a personas que habían intervenido directa o indirectamente en la insurrección militar, quedaban confiscadas a favor del Estado y sin indemnización. De modo que entre confiscaciones e incautaciones, más robos y saqueos, el pueblo al que decían defender, se dio cuenta de que a lo que venían las izquierdas era a quitarles su patrimonio. Se produjeron enfrentamientos entre los rabassaires y los de la C.N.T. y de resultas, murió el rabassaire José Vila Testagorda; y entre  los estalinistas y sus aliados socialdemócratas y liberales y los marxistas radicales del Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM) y los trotskistas, por otro.

 La situación llegó en Cardona al colmo del paroxismo con lo que se conoció como “el desembarco de Rosas[13], y la muerte de Durruti cuyo dolor calmaron exigiendo a los no afines, sustanciosas cantidades de dinero para la época y en varios casos con reiteración. La tensión, según confirman el alcalde y el secretario de la villa la solucionaron encarcelando a  innumerables personas de Cardona y su comarca, que fueron además, objeto de todo tipo de torturas y vejámenes, especialmente por miembros del Servicio de Información Militar (S.I.M)[14].

Como en tantos otros sitios, causaron muchos daños. Además de la destrucción total de la Iglesia parroquial con sus altares, imágenes y objetos de culto, que ya mencionamos, destrozaron la ermita de la Piedad, capilla de Lourdes, iglesia de La Bergua, iglesia de la barriada de la Coromina, capillas del Vilá, de los Escoriales, del Remedio y de Montserrat, colegio e iglesia de las Hermanas Carmelitas, todas las dejaron en tan deplorable estado que los daños fueron valorados en 1.612.650 ptas. cantidad muy elevada para la época. ( NOTA: y los actuales seguidores de aquéllos, atacan de nuevo y exigen el IBI a la Iglesia sin haber compensado los daños que causaron).

Doña Josefa Daurella denuncia (f.157)que, protegidos por un documento firmado por el alcalde Emilio Esteve y sello de la Generalidad, se presentaron en su tienda de ropa, un tal Navarro y Valeriano Sacristán y le robaron todo lo que había en ella y doña Teresa Puig Santamaría al folio 158 afirma que los mismos más, un tal Román y otro individuo llamado Juan y José Ribera y Ramón Malpica, llegaron a su tienda de comestibles provistos del mismo documento del alcalde y arrasaron con todos los productos que tenían. Días después apareció Diego Navarro, esta vez sin documento, y sin mediar palabra, se llevó la radio. Los mismos milicianos provistos del documento del alcalde que permitía expoliar, llegaron al establecimiento de muebles, ferretería y armería que poseía doña Antonia Pujol Munt  echándoles a ella y a sus hijos a la calle, mientras ellos, “los amigos del pueblo”, ocupaban la tienda de cuyo contenido no quedó nada a la entrada de las tropas liberadoras. (f. 159) Tanto a esta familia como a la de doña Antonia Serra Verdaguer (f 161) les dijeron que les incautaban las tiendas, en este caso de ropa, por ser fascistas. D. Juan Sitges Carbonell (f. 165), denunció el saqueo de su despacho e instrumental de odontólogo. El médico don José Torres Garriga, quien sabiéndose perseguido tuvo que huir, se encontró con su piso desvalijado, ropas, biblioteca, etc., incluso el aparato de Rayos X, instrumental  y mesa de reconocimiento (f. 174). Los milicianos José Vila Sandiunenge y otro apodado “Cauré” se presentaron en la Casa Franch robaron absolutamente todo y lo que no pudieron llevarse lo destrozaron, incluido el huerto (f 176) y Juan Fortich Camps, José Monegal Muixí y Sellarés se personaron en la casa del Rvdo. Ramón Clotet que estaba habitada por su hermana y la echaron a la calle, absolutamente sin nada. Después de mucho llorar y suplicar, la pobre mujer consiguió que le permitieran recoger un poco de ropa personal. De momento se quedaron los tres con todo: casa, mobiliario, enseres y biblioteca, pero a los pocos días,” uno de los que capitaneaban las turbas por la ciudad echó a los dos primeros y se quedó él” (es decir, Sellarés, del comité de Defensa), como dueño de la vivienda. 

 Por último añadir también las incautaciones, destrozos y robos que causaron en el Centro Católico de San José Obrero, los pisos de los  Reverendos, don José Sanmartí y don Ramón Gendrau; el Casino de la Unión Cardonense, las torres de Juan Riu Otset y la de Joaquín Gassó, y los pisos de Vicente Cabanas Grau y de Agustín Subirá. Del castillo saquearon todo el mobiliario y elemento ornamental; solo se salvaron las rejas de forja, localizadas años después en una casa de la zona y devueltas a su sitio original.

Saquearon y se incautaron de todos los chalets y dependencias de la Unión Española de Explosivos que fueron utilizados a partir de entonces, como checa. Allí sufrieron torturas Teodoro y Josefa Daurella Colillas, Ramón Estruch Masafrets, Rafael Reitg Villaró, Antonia Pujol Puig, Antonia Serra Verdaguer, Antonia Riu Gras y según afirman el alcalde y secretario, “muchos más que se produjeron con motivo del mencionado “desembarco” y de la colisión entre los elementos de la CNT-UGT y Rabassaires”. Y añaden: ”…en esa checa había una multitud de prisioneros de la comarca de esta villa, que fueron víctimas de los más atroces tormentos, algunas de las cuales, no pudiendo soportarlo, fallecieron en el hospital de esta villa. Fueron Josefa Viladrich, Francisco Felip Barberá y Ramón Barat Junyent[15]. En la misma declaración afirman que la checa estaba dirigida por miembros del temible SIM.

No fueron los únicos asesinatos. De los naturales de la villa, el mayor número se produjo a lo largo  de los seis meses del año 1936. Miembros de la Lliga Regionalista: el  ex alcalde Juan Torres Pujol de 45 años, fue asesinado en la carretera a Solsona por Ginés Bartés, Francisco Bascomte, José Planas y José Rebolleda, el 31 de julio; ocho días más tarde, dieron muerte en su propio domicilio a Antonio Gassó Barons de 60 años, por Sallarés, José Fernández y José Rebolledo. De derechas eran la mayoría: Jesús Villa García, de 36 años fue asesinado en Súria el 1 de agosto por Juan Sallarés y Ramón Lleó y el 31 de agosto lo fueron en Veciana, José Boix Benacet y su hermano el presbítero Ignacio, asesinados por Oriol Rovira con la colaboración de los comités de Cardona, Solsona y Calaf; el 4 de septiembre en San Fructuoso, al ex consejero del Ayuntamiento, José María Vilatobá Vilamaló de 45 años. El 10 de septiembre dieron muerte a Miguel Moriat Circuna, de 78 años, por José Jordán y otros; y en su propio domicilio fue asesinado por José Jordán y otros sublevados, ya el 15 de febrero de 1938, José Casals Carné y en noviembre, en el bosque de Lavins, comido por las fieras, apareció el cadáver del sacerdote Ramón Guitart Aymerich de 28 años.

En octubre de 1936 asesinaron en Barcelona al estudiante requeté de 23 años, Amadeo Sala Beltrán. También a Juan Triquell Picañol de 28 años en la fábrica La Malagarriga por Nicolás Gorostiza, a Rodolfo Planas Calmet, de 49 por Peñarroya Millán y Pedro y Maximino Fernández. Durante la retirada del ejército rojo, incendiaron el hospital asesinando a Eudaldo Casahuga Marbá y Ramón Guals Ribera y un delegado de Orden Público llamado Haro asesinó a un señor que, al parecer era transeúnte y se le inhumó en el cementerio sin poder conocer su identidad.

En el término municipal de Clariana y en la casa llamada Canblanc, mataron  a Isidro Orrit Balaguer, un labrador de 22 años y en la masía Villorbina que durante la dominación marxista servía de escondite y albergue de personas, contrarias o, al menos, indiferentes con la actuación de los revolucionarios, relacionados en la Causa General figuran 25 individuos que fueron responsables de la muerte de  Ramón Garriga Lladó; Raquel Feixas Villa (religiosa), María Vila, Cristóbal Feixas, Juan Vilajosana y Juan Vilar Viladrich y dos personas más nacidos en  Sampedor (C. General Cardona F. 11)

Otro lugar de tortura fue el castillo, lugar de encarcelamiento de prisioneros. Allí, después de sesenta días de cautiverio, los mandaban formar en el patio del castillo agrupados por provincias:” Aragón, Navarra y Rioja, Aquí!!. Pues allí sin rechistar” recuerda  Victoriano García Peciña[16] y una vez clasificados los distribuían, en el mejor de los casos, a primera línea del frente. En el peor, utilizaban métodos que recordaban los del  medievo cuando para aligerar la cantidad de prisioneros acumulados en la sala del interior de la torre, eran arrojados por una trampilla desde lo alto de la misma, que en su construcción original llegaba a medir 25 metros. En esta época de la guerra civil, el procedimiento, según declaró el sargento de infantería Aurelio Mancebo Minguijón[17], era igual de terrible, quien no ocultó en su declaración los sufrimientos que padeció el prisionero Lucinio Izquierdo Villagrasa, el cual después fue como en el Medievo tirado desde lo alto de la muralla (Ibidem F 9, 19, 20) y a Miguel Lapieza Campos, jefe de F.E.T., camisa vieja de Madrid, que según otros prisioneros fue muerto a estacazos y, metido en un cajón, obligaron a dos prisioneros a que lo sacaran del castillo, amenazándoles de muerte si decían algo. Los que capitaneaban el destacamento de los soldados rojos del Castillo fueron Francisco Serrano Gil, Francisco Ramos, un tal Verdú, otro llamado Pareja y al que el declarante consideraba el peor de todos, el capitán Lucinio Ruiz Soliva.

Restaurados los daños ocasionados durante la guerra civil, el castillo, declarado Monumento Nacional del Estado Español en 1949, (la colegiata, ejemplo del arte lombardo catalán, lo fue en 1931), pasó a ser uno de los hoteles más impresionantes de toda la red de Paradores de Turismo, aquellos que, partiendo del germen creado por el  Marqués de la Vega-Inclán para establecer una extensa red de alojamientos para acoger a los turistas que se interesaban por conocer España, fueron desarrollados posteriormente por Manuel Fraga Iribarne en su etapa de ministro de Información y Turismo, consciente del gran potencial económico que el turismo tendría en la España de los años 60 y la mejora que se produciría en la imagen exterior del país.

 


[1] Un diapiro es un cuerpo de roca que se ha movido hacia arriba atravesando y desplazando las rocas suprayacentes. Esa ascensión tiene una causa gravitatoria: la menor densidad de las rocas que ascienden, en relación con la densidad de las rocas atravesadas, les confiere una fuerza ascensional. Para que la ascensión se produzca se necesita, además de una menor densidad, que proporciona la fuerza, la existencia de rocas suficientemente dúctiles como para poder fluir y la posibilidad de que las rocas superiores o suprayacentes puedan hacer sitio a la masa ascendente deformándose.

[2] Se cuenta una triste historia ocurrida aquí en el siglo XI, cuando una joven cristiana, Adalés, hija del señor del castillo, se enamoró de un príncipe  musulmán y por ello, fue condenada por su padre a vivir para siempre encerrada en la Torre Minyona, donde murió de pena. De este hecho surgió una leyenda: su triste alma, aseguran, vaga todavía por la zona y se manifiesta, al parecer, en extraños sucesos .

[3] En el año 777,  España está ocupada prácticamente toda por los árabes. El Califa de Zaragoza, Solimán el Arabí, se ve amenazado por el Emir Abderramán I que pretende apoderarse de Zaragoza, motivo por el que solicita el apoyo del rey franco, Carlomagno, a cambio de firmar un pacto de “marcar” los territorios Carolingios (la Francia actual) y los del Imperio de Al-Andalus de Hispania. Con este pacto, Carlomagno cruza los Pirineos hacia el sur y amplia sus dominios en Hispania (por ello la “Marca Hispánica”), en este lado de la cordillera Pirenaica , y además crea una serie de fortalezas militares con el fin de frenar el avance musulmán hacia lo que es la Francia actual. Carlomagno, aprovechando dicho pacto, conquista a los musulmanes las plazas de Gerona, Barcelona, Urgell, Besalú, Conflent, los Valles y así hasta nueve condados. Estos condados formaron la conocida como “Marca Hispánica” franco-carolingia y fue gobernada por Carlomagno y sus descendientes en la corona francesa desde el año 801 hasta que el rey de Francia, Luis IX, firmara el Tratado de Corbeil con el Rey de Aragón, Jaime I, en el año 1258. Por este pacto de Corbeil los condados catalanes pasan de estar sujetos al dominio francés  a ser feudatarios del Rey de Aragón.

[4] Amadeu Aragay i Davi (Sabadell-Barcelona, 1886- Ciudad de México, 1965) fue un político, empresario y sindicalista. Durante su juventud estudió en la Escuela Pia de Sabadell y en el Instituto General y Técnico de Barcelona. Inicialmente militó en las juventudes del Partido Republicano Radical de Alejandro Lerroux, y fue concejal en Sabadell. Se afirma que a lo largo de su vida fue un destacado miembro de la masonería, lo que explicaría su acercamiento a Companys y Francisco Layret (ambos masones) y en virtud de su “fraternidad” nombrado secretario general de la Unión de Rabassaires (1924-1936). Se afilió a Esquerra Republicana de Catalunya y el 14 de abril participó junto a Lluís Companys, en el Ayuntamiento de Barcelona, en la proclamación de la República Catalana. En las elecciones generales españolas de 1931 y 1933  fue escogido diputado por ERC, y participó en la discusión de la Ley de Bases de la Reforma Agraria (1932). En 1936 fue expulsado de la Unión de Rabassaires por oponerse a la fuerte influencia del PSUC. Al terminar la Guerra Civil se exilió en México.  Allí trabajó en varias actividades comerciales, e  intervino en los diversos grupos catalanistas.  

[5] Ramón Porté fue Secretario del Comité Regional de Relaciones Campesinas.

[6] Burnett Bolloten (Gales-Reino Unido, 1909-Sunnyvale, California, 1987) fue un periodista, hispanista e historiador británico, especialista en la Guerra Civil Española. Es el autor de La Guerra Civil Española: Revolución y Contrarrevolución. Era corresponsal de prensa y estaba de vacaciones en España cuando estalló la Guerra Civil española, a la que cubrió para la agencia United Press. Según Paul Preston tenía en aquel momento «simpatías pro-comunistas». Tras abandonar España se mudó a México y pasó varios años carteándose o visitando directamente a los protagonistas de los hechos y recopilando y organizando material sobre la guerra, con el que constituyó uno de los más importantes archivos del mundo sobre el tema que se conserva actualmente en el Instituto Hoover de la Universidad de Stanford.    

[7]Conviene releer las declaraciones de Largo Caballero, por ejemplo

[8] Francisco Largo Caballero (Madrid, 15 de octubre de 1869-París, 23 de marzo de 1946) el llamado Lenin español, fue un sindicalista y político marxista español, histórico dirigente del Partido Socialista Obrero Español y la Unión General de Trabajadores. Fue ministro de Trabajo (1931–1933) durante su primer bienio, y presidente del Gobierno (1936–1937) ya durante la Guerra Civil.  

[9] Vidiella i Franch, Rafael (Tortosa-Tarragona,1882-Barcelona-1982)  Político marxista y sindicalista, conseller de Comunicaciones, de Justícia, de Aprovisionamiento, Trabajo y  Obras Públicas de la Generalitat de Catalunya. Miembro de la Logia Justicia nº 9 de Barcelona, fue diputado en la Gran Asamblea de 1932 y Presidente de la Gran Asamblea de la Gran Logia de Cataluña en 1933. En 1934 perteneció a la Karl Marx nº 92 de Barcelona. Después de la Guerra Civil estuvo exiliado en distintos países hasta que se estableció en Budapest (Hungría). Durante la pugna entre Joan Comorera y la dirección del Partido Comunista de España (PCE), Vidiella se alineó con estos. Durante muchos años fue uno de los principales dirigentes del PCE. En 1976 regresó a España y se estableció en Barcelona, donde falleció el 23 de septiembre de 1982. 

[10] La Coromina es una entidad de población dependiente de Cardona, separada del castillo y próxima al río Cardener,  formado por un conjunto de edificaciones de los siglos XVI a XVII 

[11] La agitación, se trata de un concepto originalmente descrito por el doctrinario marxista Gueorguei Plejánov, utilizado por Lenin y Stalin que trata de movilizar, sugiriendo a la gente a hacer lo que los líderes soviéticos esperaban de ellos. Teóricamente, la propaganda por sí misma debía actuar en la mente (“pasiva”) de los individuos, mientras que la agitación lo haría respecto de sus emociones (“activas”), por decirlo suavemente. 

[12] Vicente Uribe Galdeano ( Bilbao, 30 de diciembre de 1902- Praga, 11 de julio de 1961) fue un político español, obrero metalúrgico de profesión, llegó a ser miembro del Comité Central del Partido Comunista de España(PCE) y Ministro de Agricultura en el gobierno socialista de Francisco Largo Caballero .Tras el final de la Guerra civil hubo de marchar al exilio, instalándose primero en México y posteriormente en Francia y Checoslovaquia. En 1956, durante las luchas de poder que siguieron a la muerte de Stalin, Uribe fue apartado de su puesto en el partido. 

[13] Parece que en la playa de Rosas el día 1 de noviembre de 1936, se produjo una gran alarma, debido a que el crucero Canarias bombardeó la costa, al tiempo que cruzaban dos grandes buques franceses que hizo creer a la población que eran transportes que llevaban tropas para efectuar un desembarco. El comisario de la Generalidad,  Comorera, tuvo que desplazarse para observar el asunto en persona. En su informe posterior afirmó que el bombardeo no fue contra la población sino contra la montaña, (¿) que las costas estaban suficientemente defendidas, pero que, a pesar de ello había que ir a la formación de un Ejército popular que ayudara a protegerlas  y así, al tiempo,  aprovechar los miles de armas largas que habían aparecido entre la gente del pueblo creyendo que tenían que defenderse, las cuales, por supuesto, había que incautar.(ABC 2 de noviembre de 1936, pgs 9 y 10)  

[14] Creado por el ministro de Defensa Indalecio Prieto en agosto de 1937 para intentar unificar los diversos servicios de inteligencia y que llegó a estar dirigido en Madrid por Ángel Pedrero (ayudante y sucesor del terrible Agapito García Atadell, responsable de cerca de 800 detenciones). Sin embargo, este organismo cayó pronto en la órbita del cada vez más influyente Partido Comunista, y realizó numerosas actuaciones represivas irregulares, llegando a crear cárceles secretas sin el conocimiento del presidente Negrín.

[15] Causa General, Cardona  folios 14,15 y 16

[16] CARLOS GIL  ANDRÉS: VECINOS CONTRA VECINOS. LA VIOLENCIA EN LA RETAGUARDIA RIOJANA DURANTE LA GUERRA CIVIL– HISTORIA Y POLÍTICA, núm. 16, págs. 110     

[17]Causa General, Cardona, folios 19 y 20

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