Historia

Los mártires de Aravaca y sus asesinos

Lapida recordatoria de algunas de la víctimas del terror rojo que descansan en el "Camposanto Mártires de Aravaca". Entre las víctimas figura el padre del director honorario de Tradición Viva (Antonio Pérez- Roldán y Martínez)

«Vosotros no sabéis por qué me matáis, pero yo sí sé por lo que muero»

Ramiro de Maeztu Withney


Cuando la gente, en general, habla sobre la guerra civil, refiere los horrores que por ambos bandos se sufrieron como si se tratara de las que en cualquier confrontación bélica se produce. Pero no hablamos de eso. Hubo combates durísimos y gestos heroicos por ambos bandos, sin duda, pero lo más espeluznante y a eso se deben las víctimas de que hablamos, fue el atroz comportamiento que las izquierdas mantuvieron con la indefensa población civil desafecta.

Hombres, mujeres, niños, seglares y miembros de Iglesia (monjas, sacerdotes, religiosos de todas las órdenes, y seminaristas), inauguraron el sistema soviético de encarcelamiento en checas donde eran torturados antes de llevarlos a carreteras, puentes, ríos, pantanos y en su caso, el mar para hacerlos desaparecer y con ellos, las pruebas del tormento. Un verdadero holocausto. Víctimas hubo que pedían a sus asesinos que los mataran en el cementerio para que su familia pudiera encontrarlos y ser identificados lo que ya de por sí, no era tarea fácil pues llevados de su odio muchas veces les disparaban a la cabeza. La dificultad aumentaba porque solían trasladarlos a localidades diferentes donde no eran conocidos ni víctimas ni asesinos.

En la primavera trágica de 1936 circuló por Madrid el bulo de que unos clérigos repartían caramelos envenenados. Los verdaderos instigadores fueron extremistas de izquierdas que movilizaron a obreros residentes en el extrarradio norte de la capital y en municipios colindantes para que atacaran a personas y establecimientos eclesiásticos. Como resultado de esa violencia, al menos dos monjas mercedarias y tres damas catequéticas fueron linchadas por los manifestantes en torno a la calle Bravo Murillo, gesto precursor de la violencia frentepopulista durante la guerra civil contra los católicos[1].

Esa violencia frentepopulista hizo surgir el 4 de agosto de 1936, a instancias del director de la Dirección General de Seguridad, Manuel Muñoz Martínez, (director general de Seguridad y diputado de Izquierda Republicana −partido político de Azaña− y masón de grado 33) en el edificio del Círculo de Bellas Artes de Madrid, el Comité Provincial de Investigación Pública (CPIP) formado por todas las fuerzas políticas y sindicales defensoras de la República (CNT, FAI, FIJL, PS, PSOE, UGT, PCE, JSU, IR y UR), que se dedicaría a las labores de registro de los domicilios de los sospechosos, detenerlos, requisar objetos, juzgarlos[2] y, en caso necesario, eliminarlos. Más de 585 personas trabajaron en esta organización durante los dos primeros meses de su actividad. Sus tribunales funcionaron día y noche, cuidadosamente organizados para evitar el dominio de cualquier partido político u organización que no fuera el Frente Popular. Fue conocido popularmente primero como «Checa de Bellas Artes», y luego como «Checa de Fomento». A finales de octubre de 1936, un mínimo de 4.000 personas habían sido detenidas por la checa de Fomento, si no asesinadas. Una media semanal de, al menos, 266. Resulta imposible proporcionar cifras exactas de los arrestados, juzgados y ejecutados, porque los frecuentes traslados de prisioneros dificultan elaborar cualquier estadística.

Lapida recordatoria de algunas de la víctimas del terror rojo que descansan en el “Camposanto Mártires de Aravaca”. Entre las víctimas figura el padre del director honorario de Tradición Viva (Antonio Pérez- Roldán y Martínez)

La magnitud del CPIP indica la legitimidad de la que disfrutó en el Madrid republicano, al ser una expresión institucionalizada de las izquierdas, porque eran “Agentes del Gobierno”, “representantes de la autoridad constituida” y, teniendo en cuenta que en las fechas en que se produjeron los asesinatos que relacionaremos, el Gobierno de Largo Caballero aún no había huido a Valencia, es impensable que desconociera estos hechos, a pesar de lo cual  no censuró públicamente ni castigó, poco ni mucho, a sus agentes, por lo que no está de más decir que, de lo que aquellos realizaron, fue responsable indiscutible el Gobierno de Largo Caballero.

Destacaron en sus atroces tormentos y asesinatos, los destacados miembros del CPIP Manuel Rascón, Santiago Aliques Bermúdez[3] al que se le atribuyen cientos de asesinatos de hombres y mujeres; muy amigo de otro prenda de la misma catadura, el tristemente famoso Felipe Sandoval Cabrerizo, militante anarquista, ladrón y verdugo de todo aquél no afecto que caía en sus manos, especialmente en la temible checa del cine Europa que él dirigía y en la que Aliques participó ampliamente como también en los asesinatos de presos de la Cárcel Modelo.

Se suele establecer la fecha del 7 de noviembre de 1936 como división en las responsabilidades de paseos,  sacas y asesinatos, porque fue entonces, con la huida del gobierno de la República a Valencia, que el general Miaja convocó a los representantes de distintos partidos políticos y formaron la Junta de Defensa de Madrid. En el reparto de cargos a Santiago Carrillo le correspondió la responsabilidad del Orden Público que compartió con su brazo derecho y entonces amigo, José Cazorla Maure. Sin embargo, el cambio no supuso el cese de sacas y asesinatos en masa, no en balde, los miembros ejecutores del CPIP fueron absorbidos por el nuevo organismo y las autoridades continuaron mirando para otro lado.

La masacre de ciudadanos civiles en Madrid durante la guerra en 1936 fue tan monstruosa que la republicana Clara Campoamor[4] lo relató así, sólo un año después en su libro “La revolution espagnole vue par une republicainne”:  “Solamente en la Casa de Campo se encontraban de 70 a 80 cadáveres cada mañana. Un día, el gobierno hubo de confesar que había 100 muertos”. Es de suponer que por la reivindicación que ahora intentan hacer del papel de los asesinos, el testimonio de semejante figura política, no sea rechazado por facha. Después del momento a que hace referencia Campoamor, se conocieron los genocidios de Aravaca, Soto de Aldovea, Paracuellos, Vicálvaro, Mora, Paterna….

Hablamos hoy de los asesinatos en Aravaca, uno de los lugares de la España republicana donde pusieron en marcha su maquinaria genocida dirigidos por asesores comunistas los cuales llevarían posteriormente su aprendizaje a zonas ocupadas de Polonia oriental, como la muy conocida matanza de Katyn[5].

Desde el siglo XII se tiene constancia de la existencia de un núcleo poblacional denominado Pozuelo de Aravaca, aunque hay datos que hacen suponer que antes de esa fecha existían en la zona asentamientos musulmanes. Después de la guerra del 36 se separaron en dos municipios independientes. En la localidad de Aravaca se encuentra el llamado cementerio de los “Mártires de Aravaca” en el que yacen 800 personas  que fueron asesinadas durante la contienda, todos, seres indefensos, víctimas NO COMBATIENTES.

En la Causa General figura la lista de residentes en Aravaca que fueron asesinados. En ella aparecen tres propietarios: Pedro Brieva de 60 años y filiación monárquica, inmolado el 29 de agosto de 1936, Niceto García Rivera, de 58 que fue Juez Municipal, asesinado en septiembre en el término de Las Rozas y Baltasar Díez Castañón de 62, alcalde de Acción Popular fusilado el 20 de octubre de 1936 en el cementerio de la localidad. Fueron Inculpados en estos asesinatos: Saturnino Arroyo Otero, Florentino García, Eusebio y Alejandro Martín, Juan Palmero y Ramón Contreras Uset.

El 14 de agosto mataron al sacerdote del pueblo, don Federico Santamaría Peña y a su sirvienta doña Francisca Barriopedro, ésta apuñalada en el cementerio de Aravaca por Ramón Contreras Uset, María Panticosa y otros, como Juana Durán y Florentino García participaron en ambos. Asesinado un hombre de iglesia más y quien intentó defenderle. Como escribió Madariaga, “durante muchos meses y aun años bastase el mero hecho de ser sacerdote para merecer la pena de muerte, ya de muchos tribunales más o menos irregulares que como hongos salían de los pueblos, ya de revolucionarios que se erigían a sí mismos en verdugos espontáneos, ya de otras formas de venganza o ejecución popular, es un hecho plenamente confirmado.” [6]

Sin embargo, debemos insistir en que no había clases sociales para la represión del Frente Popular ya que éste ejercía una presión indiscriminada incluso sobre la clase trabajadora sin distinción de sexo, cuando no eran partícipes de sus “ideales políticos y antirreligiosos”. Así, en septiembre ejecutaron a Francisco Moscardó de unos 43 años y a Eugenia Rodríguez de 69, ambos en el cementerio. Implicados en estos asesinatos aparecen: Alejandro Moreno y el comité de Aravaca. En octubre mataron al médico de 45 años, Francisco Sánchez Palá y a su hijo, el estudiante falangista de 17 años Francisco Sánchez Palomeque; según denuncia ambos fueron masacrados por Ramón Contreras Uset. El 19 del mismo mes ejecutaron al teniente retirado de la Guardia Civil Pantaleón Cabezuela, de 60 años y continuaron con los jornaleros, Antonio Briones, Isaías Cuadra, Saturnino Oscario, Pedro Eguiluz Lacambra y José Suances. Implicados en sus asesinatos estuvieron Miguel Pérez, Miguel Úbeda, Diego Copanos y Santiago Domínguez. Y sin determinar bien la fecha, generalizando que lo fueron en el término de Las Rozas, dos jóvenes estudiantes, Carlos de Liñan de Francisco de 22 años y su hermano Luis de 18, acabaron a manos de Gabriel Viñuela y Juan Palmero.

Un momento de la Santa Misa celebrada e 01/11/2016 en el “Camposanto Mártires de Aravaca”

Por su proximidad a Madrid, el cementerio de Aravaca fue, entre otros, lugar elegido para finalizar “paseos” y “sacas”. Y, por supuesto, por ese odio que las izquierdas manifestaron desde la proclamación de la II República contra la Iglesia y lo que ésta representa, no podían faltar las víctimas religiosas. Así el 24 de julio ese odio a la fe lo pagaron siete Misioneros Oblatos de María Inmaculada, del colegio y convento de Pozuelo de Alarcón. Seis eran de origen leonés y uno de Palencia: Juan Antonio Pérez Mayo (29 años), Francisco Polvorinos Gómez (26), Manuel Gutiérrez Martín (23), Cecilio Vega Domínguez (23), Juan Pedro de Cotillo Fernández (22), Justo González Llorente (21), y Pascual Aláez Medina (20). Junto a ellos fue asesinado el seglar Cándido Castán San José (45); y en todas las muertes estuvo implicado Antonio Porras, socialista y teniente de alcalde de Pozuelo de Alarcón.

De los Salesianos de Don Bosco, asesinaron al P. Germán Martín Martín (37) destinado en el colegio San Miguel Arcángel del Paseo de Extremadura, junto con don Dionisio Ullivarri, administrador del colegio María Auxiliadora de Salamanca, que estaba de paso en Madrid Les detuvieron cuando hicieron una visita a una familia amiga, les condujeron a la checa de Fomento y, aquella misma noche (madrugada del día 31 de agosto), los asesinaron. También a Aniceto Pablos Carvajal, Hermano Marista, de 33 años que fue sacado de la cárcel de Ventas el 3-11-1936; Crescencio García Pobo, Amigoniano (que fue el primer beatificado de Aravaca), y Modesto Ruiz Olaiz de 44 años, seglar de la Adoración Nocturna; y Alejandro Arroyo Jiménez e Isidro Almazán Franco de 48 años, pertenecientes ambos a la Asociación Católica Nacional de Propagandistas.

Y a los Caballeros de la medalla de la Milagrosa, dependientes de la basílica del mismo nombre requisada por los radicales. Los cinco eran seglares que se ganaban la vida como cartero, camarero, dependiente, portero y ayudante de obras públicas. Éste último, Eduardo Campos Vasallo, tenía 50 años y 6 hijos. Cuando llegaron los milicianos no estaba en casa, así que se llevaron a su hijo mayor y  lo encerraron en el Círculo Socialista. Al enterarse el padre, acudió en persona a entregarse a cambio de su hijo; (tuvo suerte, dejaron en libertad condicionada al hijo a cambio de su vida: ni padre ni hijo habían dado motivos para ello). Agustín Fernández Vázquez era cartero, tenía 41 años; Felipe Basauri de 55 años, camarero;  José Garvi Calvente tenía 55 años y era dependiente en la tienda de ropa “Casa Baranda” en la Puerta del Sol y el portero Justo Ramón Piedrafita, de 40 años, miembro además de un sindicato católico de porteros. Las detenciones las realizaron del 9 al 21 de agosto dos grupos de milicianos: los “Leones Rojos”, del sindicato pro-socialista UGT, al parecer, miembros del  Batallón del mismo nombre, perteneciente al 5º Regimiento de las Milicias Populares del Ejército de la República y del Sindicato de Dependientes de Comercio. Puestos en libertad por poco tiempo alguna de sus víctimas, fueron de nuevo apresados esta vez por milicianos  del grupo llamado  los “Abisinios” del Círculo Socialista del Norte, al mando de un tal Castejón y por Leopoldo Mejorada Cejudo, miembro de este grupo, nombrado comisario político en mayo de 1937 una vez que los asesinatos en masa concluyeron.

En algunas publicaciones se dice que a estos cinco mártires los llevaron al Cuartel de la Montaña y allí fueron asesinados pero no lo creo posible porque para la fecha de las detenciones, dicho cuartel ya había sido asaltado y los prisioneros que no perecieron en él, fueron trasladados a otras prisiones. Sí pueden estar incluidos en el grupo de 110 cadáveres que en el mes de octubre, sin especificar día, aparecieron fusilados en el cementerio. En un principio no fueron identificados, pero en la Causa sobre Exhumación de cadáveres de Aravaca ( F24) consta que algunos lo fueron por sus familiares al reconocer sus ropas y objetos personales. Todos habían padecido prisión en la terrible checa de Fomento. Entre ellos los siguientes jefes de Correos: Salustiano Gastaminza Bireben de 50 años; Santos Arias Martín de 46 y Ramón Dorda Estrada de 51, al que asesinaron junto a su hijo de 24, Manuel Dorda Cebada. También al director del Banco Urquijo de Alcalá de Henares, de 41 años Miguel Fernández de la Fuente; Manuel Olivas Lozano de 24; Pedro Pascual Ramírez de 49, militar; Antonio Lasheras González de 50 años y Luis Rodríguez Agudo de 35.

Anteriormente, en fecha tan temprana como el 26 de julio en la carretera de Húmera, dentro del término de Aravaca, aparecieron 5 cadáveres de varón; el 4 de agosto, otros 5 de mujer que suponían religiosas; cuatro días más tarde, el 8 de agosto, en el camino de Barriol se encontraron dos de mujeres; el 7 de septiembre en la carretera de Castilla, recogieron tres cadáveres de hombre y el 13 de septiembre en el propio cementerio, se encuentran 17 ingenieros telegrafistas vestidos con mono; todos ellos fueron enterrados sin poder identificarlos.

De la cárcel de Ventas llegaron 3 “sacas”. Todas las personas que lo componían fueron asesinadas y enterradas en el cementerio de Aravaca. El Director General de Seguridad, Manuel Muñoz, el día 31 de octubre ordenó la entrega de unos presos a miembros del Comité Provincial de Investigación Pública, que era la checa de Fomento, con la orden escrita de trasladarlos a Chinchilla, pero con orden verbal de asesinarlos. Es la primera expedición que corresponde al día 1 de noviembre de 1936. En ella iban incluidas las siguientes personas:

Indalecio Gutiérrez Díez, Albino Hernández Lázaro (jefe de Falange Española de Villaverde), José Luis Gómez Bengoa, Andrés Vílches Sánchez, Pedro Checa Benito, Juan Trillo Durán, Germán Trillo Ruiz, José Rucera Arrilaya, José Lemus Calderón de la Barca, Ramiro de Maeztu Withney, (insigne escritor y periodista vitoriano, que se despidió así, sin rodeos, de los hombres que formaban el pelotón de fusilamiento: «Vosotros no sabéis por qué me matáis, pero yo sí sé por lo que muero»). Según las declaraciones del ordenanza de la prisión Basilio López Sánchez, a las dos de la madrugada del día 28 de octubre fue sacado por el oficial miliciano  que le dice que hay traslado de presos a Chinchilla. Cuando Maeztu se despide cariñosamente de Basilio, Katiutska, el miliciano le dice a este último:”Mucho cuidado, no te pase a ti lo que le va a ocurrir a éste.” 

Los primos de Alfonso XIII, Alfonso María de Borbón León, marqués de Esquilache, de 43 años y capitán de aviación y su hermano Enrique María, marqués de Balboa de 45, quien, junto a él, tenía también a su hijo, Jaime de Borbón y Esteban de León e Iranzo, de 15 años que le acompañaría también en la muerte. A la misma saca del día 1 de la cárcel de Ventas pertenecieron Joaquín Trillo Ruiz, José Moreno Romero, Ramiro Ledesma Ramos, primer ideólogo del nacional sindicalismo, colaborador de Ortega y Gasset, quien apreció mucho las condiciones intelectuales del joven zamorano. Al parecer fue asesinado después de haber sido apuñalado varias veces por tres anarquistas del Comité Directivo del Ateneo Libertario de la Elipa. Otros afirman que fue asesinado en dicho Ateneo y trasladado envuelto en una manta, como parece que también ocurrió con Francisco Gallego Sáez de Burgos[7] quien al resistirse al cumplimiento de la orden de salida, fue asesinado en el interior de la prisión. Carlos Roa Miranda (comandante de aviación), Dictnio Matínez Moro, Domingo Miranda Abad, Matías Luengo Castejón (comandante O.M.), José Jiménez Navarro, Antonio López de Ceballos, Telesforo Montejo Montero (comandante de Infantería), Dositeo Aguado González, Juan Toribio Domínguez (alférez Artillería), Luis de Arjona Betegón (médico), Antonio Sánchez Zamora (teniente de Infantería), Ramón de Diego Hidalgo (militar), Francisco Montero Rodríguez San Pedro (teniente de Artillería), Tomás Lázaro Argiles, José Díez Sánchez, Enrique Chaves Rodríguez.

Al día siguiente, 2 de noviembre, realizaron otra “saca” desde la misma procedencia en la que iban incluidas 37 futuras víctimas: Francisco Rosales Useleti (comandante de Infantería), Alberto Sánchez Díaz (comandante de Infantería), Federico Jiménez Carril, Francisco Ruiz Valera, Luis Córdoba Diago (comandante de Infantería), Joaquín Escario Bosch (teniente de Aviación), Mariano Freile Matesanz (comandante de Caballería), Bernardino García Tizón (Industrial), Enrique Pérez Villaamil Arregui, Joaquín Gutiérrez Rubalcaba (comandante de Infantería), Emilio García Fernández Trelles (Ingeniero), Rafael Díez Lardies, (empresario teatral), Ricardo Barreto Gorostiza, Germán José Martín Arroyo, Eduardo Martín Moreno, Ernesto Barquillo Tierra, Benito Rodríguez González, Ernesto Soto Viñas, Juan Luque García, Faustino Varela Fernández, José María Careaga Salazar,  José Olivares Prieto, Modesto Ruiz Olaiz, José San Juan Verdú, Victoriano Sastre Herrero, Luis Romero Amorós (teniente coronel de Infantería), Cristóbal Manzanedo Gabarrón, Mariano Gómez Pinto, Sergio Serra LLovio, Francisco Monzón Cuerdas, Fernando Martínez Pedrelles, Ángel García Lago, Antonio García Álvarez, Custodio Silva Soto, José Ortiz Gómez, Joaquín Amoátegui Fernández, José López Rubio.

La “saca” del día 3 estaba compuesta por Pablo Montesinos y Fernández-Espartero[8] (III duque de la Victoria y III conde de Luchana, coronel de Caballería en la reserva), Juan Valverde Sanjuan, (comandante de Intendencia), Manuel Barcina del Moral (comandante de Infantería), Fernando de Bringas Molera (alumno de Ingeniero Militar de 21 años), y su hermano José María, de 20 cadete de Artillería, Luis Escavia Carvajal (comandante de Infantería), Luis Cejalbo González (capitán de la Cruz Roja), Carlos Escario Herrera Dávila (coronel de Artillería), Antonio Fernández Heredia (coronel de Caballería), Pablo Goroz López, Antonio Gorostegui Robles (coronel de Infantería), Luis Hernández Canals (teniente de Infantería), José Jerez Fuentes (capitán de Infantería, retirado), José López García (teniente coronel de Artillería), José Malcampo García Quevedo, Manuel Montilla Mina (teniente coronel de Infantería), Ángel Martínez Domínguez (teniente coronel de Infantería), Hermenegildo Mata, José Luis de Medina y Carvajal (de 30 años, IV marqués de Buenavista), Eugenio Ondovilla Sotes (comandante de Ingenieros), Sebastián Muñoz Culebras (alférez de Ingenieros), Ramón Paz Iglesias, Lorenzo Ángel Patiño (teniente coronel de Ingenieros), José Petrirena Aurrecoechea (capitán de Ingenieros), Luis Rodríguez Rivera Garzón (teniente coronel de Infantería), José Rodríguez Puertas, Antonio García Rubio, Ramón Tomás Ferre (teniente coronel de Intervención), Diego Torras Santiago (teniente de Caballería), Paulino Juárez Coitiño (general de Carabineros), Julián Répila Fernández (capitán, retirado), Luis Valée Gómez, Augusto Valero Alonso (teniente de Intendencia), Juan Valverde San Juan (comandante de Intendencia), Rafael de la Vega Tudela, Enrique de los Santos Díez (comandante de Infantería), Luis Yañez Albert (capitán de Ingenieros).

Sin que figuren incluidos en ninguna “saca” también fueron asesinados en el cementerio de Aravaca: José López de Coca, Vicente Carlos Beltrán de Lis y Gurowski (marqués de Bondad Real, de 69 años, asesinado el 30 de octubre de 1936). Del Arma de Artillería, el coronel, César Serrano Jiménez, y el capitán, Manuel Roig Ruiz y de Infantería, el comandante Manuel Ferrer Valdivieso.

La violencia ejercida sobre la desarmada población civil en Madrid  fue tan impresionante que Madariaga, preclaro miembro del gobierno escribió:  “Nadie que tenga buena fe y buena información puede negar los horrores de esta persecución. Que el número de sacerdotes asesinados haya sido de dieciséis mil o mil seiscientos, el tiempo lo dirá. Pero que durante muchos meses y aun años bastase el mero hecho de ser sacerdote para merecer la pena de muerte, ya de muchos tribunales más o menos irregulares que como hongos salían de los pueblos, ya de revolucionarios que se erigían a sí mismos en verdugos espontáneos, ya de otras formas de venganza o ejecución popular, es un hecho plenamente confirmado[9].

Esta y otras barbaridades más son las que pretenden ocultar con la nueva Ley de Memoria Histórica, de modo que los asesinos pasen a ser héroes a los que Carmena quiere homenajear.

NOTA DEL EDITOR: Para más información sobre el Beato Cándido Castán San José, puede pulsar aquí.


[1] Antonio Manuel MORAL RONCAL Universidad de Alcalá: NUEVOS TESTIMONIOS Y FUENTES SOBRE LA REPRESIÓN REPUBLICANA EN EL MADRID DE LA GUERRA CIVIL

[2] Esta actitud de llegar a impartir justicia y no solo el traslado de los detenidos a la DGS, le resultó inadmisible al representante de Izquierda Republicana, Julio Diamante Menéndez por lo que dimitió.

[3] Al acabarse los asesinatos masivos allá por mayo de 1937, Aliques logró ser nombrado comisario político del 1er batallón de la 109ª brigada donde pudo seguir dando rienda suelta a sus instintos disparando por la espalda contra aquellos jóvenes militarizados de los que sospechaba no eran suficientemente adictos a los “ideales republicanos”. Bien, pues a Santiago Aliques Bermúdez y otros 334 chequistas más, la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, quiere homenajear levantando un monumento en su memoria en el que, como siempre, no contarán las muertes que llevan en sus mochilas. Sólo pondrán en gran letrero que fueron fusilados por Franco.

[4] Escritora, política y defensora de los derechos de la mujer española. Creó la Unión Republicana Femenina4​ y fue una de las principales impulsoras del sufragio femenino en España, logrado en 1931, y ejercido por primera vez por las mujeres en las elecciones de 1933. En contra se posicionaron Indalecio Prieto, Victoria Kent, Acción Republicana, el Partido Radical Socialista y, lo que más pudo contrariar a Clara, el propio Partido Radical que derogaron el voto femenino. Murió exilada en Francia.

[5] Esta matanza, que vino enturbiando las relaciones ruso-polacas, fue perpetrada en la primavera de 1940 después de que, de acuerdo con el tratado Ribbentrop-Mólotov, la Unión Soviética ocupara Polonia oriental. Los prisioneros que los soviéticos tomaron en 1939 -la mayoría oficiales- fueron ejecutados por los oficiales del NKVD, la policía secreta y  supuso el exterminio, en menos de un año, de la élite polaca. Por quitarse de en medio a un ejército que podía darle más quebraderos de cabeza en un futuro cercano, es por lo que Stalin ordenó a su lugarteniente más sanguinario (Lavrenti Beria, jefe del servicio secreto de la URSS -NKVD-) que se pusiera manos a la obra y creara una serie de campos de concentración a los que pudiera deportar a los miles y miles de reos que había hecho durante la contienda. Poco después comenzaron los problemas para los soviéticos cuando les llegó (entre otras cosas) la factura de la comida que debían dar a aquel ingente número de reos. ¿Qué se podía hacer con ellos? En principio se pensó en deportar a un gran número de los mismos. Pero a Piotr Sopunenko, subalterno de Beria, se le ocurrió otra cosa: «descongestionar» los campos de concentración. Así lo afirma Frattini en su libro: «Manipulando la historia», nueva obra, donde rescata un documento secreto en el que Beria (siguiendo el consejo de su subordinado) sugirió al mismísimo Stalin ejecutar a los reos por formar parte de diferentes «organizaciones rebeldes» y estar «llenos de odio hacia el sistema soviético». Cambien campos de concentración por cárceles y hallarán muchas similitudes con la actuación de los asesores soviéticos en España pocos años antes.

La propaganda soviética siguiendo su estilo clásico de decir mentira como verdad, afirmó, después de la guerra, que habían sido los nazis los que habían fusilado a los polacos, versión que mantuvo su carácter de irrefutable hasta la desintegración de la URSS. 70 años tardaron en reconocer la verdad.

[6] Salvador de Madariaga y Rojo, “Ensayo de Historia Contemporánea”, Buenos Aires, 1955.fue un diplomático y escritor español, ministro en 1934 de Instrucción Pública y Bellas Artes y de Justicia de la Segunda República, por tanto, nada sospechoso de fascismo.

[7] Últimamente han surgido diversas opiniones respecto del asesinato de estas dos personas, cuyo fin, algunos han llegado a confundir, sin que la documentación que aportan dichos investigadores sea suficientemente fiable.

[8]Era sobrino nieto del general Baldomero Espartero  y nieto de Cipriano Segundo Montesino y Estrada. Destacado antisemita dentro de las huestes monárquicas,​ fue el responsable de una de las ediciones más destacadas de “Los Protocolos de los Sabios de Sión” en España en el periodo de entreguerras, ​reeditada en siete ocasiones entre 1932 y 1939. ​ En 1935 publicaría Israel manda, ​ donde aplicaría la conspiración judía al caso español​ y resaltaría un supuesto control de la masonería y el comunismo por parte de los judíos. ​Propietario latifundista en Extremadura junto a su hijo de más de 5000 hectáreas, una de sus fincas fue allanada tras el estallido inmediato de la Guerra Civil Española en 1936.​ Coronel de Caballería en la reserva, fue arrestado y conducido en agosto a la Checa de Bellas Artes junto a su esposa, de la que serían posteriormente liberados; nuevamente detenido, sería fusilado el 3 de noviembre de 1936, tras su negativa a servir en el Ejército de la República. ​

Su abuelo, Cipriano Segundo Montesino y Estrada, fue el primer ingeniero industrial en España, Presidente de la Academia de Ciencias, fue representante español en la Comisión de Estudio del Canal de Suez. Como diputado y Director General de Obras Públicas, Cipriano S. Montesino fue el autor de la Ley de Ferrocarriles de 1855, auténtica pieza clave de la revolución social que el tren produjo en nuestro país. Durante más de 30 años sería Director General de una de las dos grandes compañías ferroviarias españolas del XIX, la MZA. También fue consumado políglota, pues el inglés había sido su lengua durante toda su adolescencia en el exilio, y el francés lo sería en su juventud en París.

[9] Salvador de Madariaga,” Ensayo de Historia Contemporánea”, Buenos Aires, 1955.

 

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