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La embajadora húngara en España pone al País en su sitio.

Enikó Gyóri embajadora hungria

El combate sin par que está librando el pueblo húngaro, y su Primer Ministro Viktor Orbán contra la desnaturalización de Europa, está poniendo nervioso a toda la progresía internacional, que ve como los pueblos están despertando a la verdad y la luz.

El pueblo húngaro, y muy en especial Viktor Orbán, están siendo atacados por tierra, mar y aire, con unas armas peligrosas: la mentira, y la injuría. Ante estos ataques, poco a poco se está empezando a sublevar la ciudadanía española, que ve en el gobierno húngaro un modelo a seguir. En este sentido no deja de ser gráfico que ante las sanciones de la oligarquía europea la plataforma mayoriasocial.com haya sido capaz de movilizar en unos pocos días más de 900 apoyos de españoles leales al espíritu europea que han firmado un manifiesto de apoyo al pueblo húngaro (pulse aquí para leer el manifiesto).

Por su interés reproducimos íntegramente la carta que el pasado 7 de septiembre remitió Enikó Gyóri (embajadora húngara en Madrid) a la directora del diario el País, en la que recuerda que el pueblo húngaro ya ha sufrido dos dictaduras (la fascista y la comunista) y que no está dispuesta a soportar la manipulación de la história.

 

Reproducimos la carta:

 

Estimada Directora:

En mi actividad como embajadora durante los últimos cuatro años me he acostumbrado a que determinados medios de gran prestigio, entre ellos El País, a menudo tilden de fuertes adjetivos, para mí muchas veces indignantes, al Primer Ministro, al gobierno de Hungría y a veces en general a Hungría o al pueblo húngaro.

Sin embargo, a pesar de mi experiencia hasta la fecha, he leído con una mezcla de estupor y tristeza la última publicación de la nueva directora al frente de Opinión El País, Máriam Martínez-Bascuñán (Líneas en la arena del 1 de septiembre de 2018). Me parece asombroso que sobre jefes de gobierno de estados miembros de la UE, elegidos democráticamente y a pesar de la diferencia de opinión política, se vierta una sarta de etiquetas ofensivas en tres párrafos, presentándolos como una especie de “jerafiltes del Ku-Klux-Klan europeo, megalómanos de estilo grandilocuente, oportunistas, anti Europeístas, que enaltecen un supremacismo blanco, racistas, protofascistas, sátrapas cultivadores de la autosatisfacción y nuevos populistas”, obviando completamente los hechos y la argumentación. Me parece impactante que vaya ganando terreno en las columnas de su periódico a través del artículo de la autora, que cuenta con una formación en politología, la ofensa de la memoria de las víctimas reales del fascismo europeo o del Ku-Klux-Klán estadounidense, relativizando así épocas tan dramáticas de la historia.

No obstante, parece que cuando se habla de Hungría, los adjetivos de deshonra y sin fundamentos sobre afirmaciones no sólo aparecen en el apartado de Opiniones sino en otras secciones de su periódico. El autor del artículo elogiando a Iván Fischer, director de orquesta mundialmente famoso, y su Budapest Festival Orquesta, a propósito del concierto celebrado en la ciudad de San Sebastian (Iván Ficher, un músico sin fronteras, 28 de agosto de 2018), aprovecha el tema para criticar al gobierno húngaro. Considero muy grave que por el hecho de que el director en la primera parte del concierto, trajese consigo a algunos músicos populares zíngaros rindiendo de este modo tributo a la relación realmente importante entre la música gitana y clásica, el autor del artículo interprete que el artista quiere llamar la atención sobre la política “ultranacionalista” (un calificativo particular, aunque muy popular en las columnas de su periódico) del jefe de gobierno húngaro, que libra una llamada “cruzada” contra las minorías de gitanos y judíos.

Resumiendo mis impresiones respecto a sendos artículos, considero ofensivo para el pueblo húngaro, que en el siglo XX sufrió tanto las dictaduras fascistas y comunistas, que lo presenten como un país donde eligen a “un tirano protofascista megalómano ” como líder (quien así se convierte en el líder imaginario de Ku-Klux-Klán europeo) y donde se libra una denominada cruzada contra determinados grupo nacionales étnicos/religiosos.

Por mi parte, siempre estoy convencida de que merece la pena esforzarse para entablar un diálogo basado en los hechos. En este sentido, permítanme que comparta con Ustedes algunos puntos de vista en relación con todo lo anterior.

Hungría hace tremendos esfuerzos para combatir el racismo, los movimientos antiromaníes y cualquier incitación al odio. Los movimientos anti-romaníes y los crímenes de odio están arraigados en los prejuicios y los estereotipos, y la mayoría de ellos ocurren a nivel local. El Gobierno húngaro se dedica a la inclusión social de los gitanos. Dichas intenciones se demuestran también por el hecho de que el actual partido del Gobierno (FIDESZ) fue el primero en destinar a una mujer romaní al Parlamento Europeo, Lívia Járóka, que actualmente ocupa el cargo de Vicepresidenta del organismo.

El Gobierno húngaro está profundamente comprometido y ha tomado medidas sustanciales, incluso antes de las recomendaciones del Consejo de Europa, para lograr la integración de la población gitana. Para mencionarle un ejemplo, el Gobierno adoptó un Plan de Acción de Protección Laboral para fomentar el empleo de los empleados desfavorecidos y de los desempleados de larga duración (incluido romaníes). Asimismo, fue Hungría el país que puso este tema en la agenda política de la UE durante su Presidencia de la UE en 2011.

Las manifestaciones antisemitas, tanto en público como en la política, quedan totalmente marginadas. El Gobierno húngaro ha declarado varias veces una “política de tolerancia cero” contra el antisemitismo y cualquier incidente de este tipo ha sido sancionado inmediatamente por graves condenas. Los líderes de la comunidad judía local confirmaron reiteradamente que la vida judía en Hungría está experimentando un renacimiento. El Primer Ministro israelí, Benjamin Netanyahu, fue el primer líder extranjero en felicitar a Viktor Orbán por su reelección y afirmó que “Budapest está a la vanguardia de los Estados que se oponen a la política antijudía”.

Para terminar, déjeme que exprese mi convencimiento de que dentro de Europa es necesario el dialogo y colgar etiquetas sobre aquellos que representan una opinión contraria impide el diálogo. Por mi parte, a pesar de que anteriormente su periódico se negó rotundamente a publicar determinadas reacciones por parte de nuestra embajada sobre publicaciones de su periódico relacionadas con Hungría, quisiera insistir en que publiquen esta carta. Y como siempre, estoy dispuesta en entrar en diálogo en el marco de un encuentro personal con la dirección renovada de El País, sobre los desafíos a los que se enfrenta la UE y sobre la gestión de los problemas que sin lugar a dudas existen a nivel europeo.

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