Contacte con nosotros

¿Qué quieres buscar?

Opinión

El populismo de género y el asesinato de Laura Luelmo

Nada solucionará la consecución de esa utópica sociedad igualitaria en la que quede derogada la presunción de inocencia.

Se ha vuelto a poner de moda la utilización del adjetivo «populista» en la vida política. Es más, todos los partidos políticos con actual representación parlamentaria han decidido utilizarlo para aplicárselo despectivamente a Vox. Y ello en razón, principalmente, a uno de sus ejes políticos: la lucha contra la imposición por vía legislativa de la ideología de género.

Sin embargo los auténticos populistas son, precisamente, los partidos políticos (sin excepción) que a día de hoy cuentan con representación en el Parlamento español. Y es que de populistas debemos definir, como dice el diccionario de la Real Academia, al que «actúa con populismo, buscando el agrado del pueblo, bajo la apariencia de defender sus intereses». Incluso detallando más aún, podemos acoger la fórmula de los numerosos e institucionalizados eruditos a la violeta que pueblan nuestros espacios televisivos, y que insisten en que populistas son aquellas opciones políticas que pretenden resolver problemas sociales complicados con recetas sencillas.

Pues bien, apliquemos una u otra definición lo cierto es que los que deben ser tildados despectivamente como populistas son principalmente estas fuerzas políticas institucionales. Y es que proceden, con el más genuino de los descaros, a manipular los sentimientos más nobles de los españoles para dar coartada ideológica al más descarnado de los totalitarismos: el de género. Para ello nos proponen la utopía de que la igualdad acabará con las agresiones a las mujeres o con las muertes violentas de las mismas. Utopía, por demás, eminentemente populista en su origen y en su fin. En su origen porque nada tiene que ver la igualdad con estas agresiones y muertes violentas; y en su fin por cuanto aún alcanzada una sociedad igualitaria al modo revolucionario las muertes y las agresiones seguirían existiendo.

Y es que el mal, quieran o no quieran estos revolucionarios de gabinete, muy poco tiene que ver con condicionamientos económicos, intelectuales o ideológicos; y mucho menos con la alteridad de sexo y la pretendida desigualdad fundada en la paranoia de la existencia de una sociedad patriarcal inexistente. Y por eso mismo nada solucionará la consecución de esa utópica sociedad igualitaria en la que quede derogada la presunción de inocencia (para presumir la culpabilidad del varón por ser varón; y la veracidad de la declaración de la mujer por ser mujer); el deber y derecho de los padres a proveer la educación de sus hijos (sustituidos por el adoctrinamiento estatal en la ideología política de género); y el derecho a la libertad para la verdad (en el sentido de acallar aquellas voces críticas que se limitan a recordar la realidad ontológica y antropológica del hombre, y la verdad moral que enseña la Iglesia).

Publicidad.

Todo esto es populismo porque supone no abordar la cuestión desde su perspectiva real y ontológica. Y es que el mal tiene más que ver con la teología moral que con todo aquel tinglado de discriminaciones y condicionamientos materiales. Y es que el mal no es un ente abstracto, sino que es un acto humano malo, y por tanto, es, en cuanto acto voluntario y moralmente errado, un pecado. Y como tal tiene su origen en la libertad moral del hombre, que en vez de orientar su existencia hacia su fin (Dios), y respetar el fin que cada criatura tiene en el plan divino, convierte a las criaturas en un fin mismo.

Este constituir a las criaturas en un fin es la razón de las pretensiones de injusto dominio de un criminal sobre su víctima (para satisfacer o no cualquier tipo de concupiscencia sexual), como ocurrió en el execrable crimen de Laura Luelmo. Y nada tuvo que ver el machismo, ni la desigualdad, ni la sociedad patriarcal. Es más, el origen moral de este crimen es precisamente el mismo que alienta en todos estos populismos de género, que no dudan en utilizar a las víctimas y al resto de la sociedad en instrumentos para sus fines, manipulando para ello los sentimientos colectivos y particulares, y deformando y ocultando la realidad ontológica del actuar humano para justificar la imposición de ese totalitarismo de género que quiere acabar con la libertad del obrar humano.

 

Publicidad.
Click para comentar

También puedes comentar con facebook:

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

BOLETÍN GRATUITO

Recibirá nuestros artículos en su correo.

Gracias por suscribirse.

Algo ha fallado.

Publicidad

Revista Soberanía Social

Reciba gratuitamente la revista cuatrimestral "Soberanía Social", y semanalmente la selección de artículos del editor.

Podcast

Publicidad
Publicidad

LIBRO

Carlismo para principiantes
Publicidad

Opinión

Las fuentes de información con las que cuentan los Jueces y Magistrados para instruir una causa penal y tomar conocimiento de los hechos que...

Opinión

Algunos piensan que analizar críticamente la situación política, discrepar de opiniones oficiales y expresar el disenso en privado o en público era algo partidista...

Opinión

La nueva normalidad debiera ser un escarmiento, una carga normativa para gobernantes y responsables políticos.

Opinión

Sánchez basó su moción en una gran falsedad y prevaricación .

Publicidad

Copyright © 2020. Creado por la Asociación Editorial Tradicionalista - redaccion@tradicionviva.es Revista de historia, actualidad y análisis tradicionalista. Editada en Madrid (Spain). Fundación: 2010. - ISSN 2253-8569 - Director: Carlos Pérez- Roldán Suanzes. Director honorario: Jose Antonio Pérez- Roldán y Rojas. TradicionViva.es un espacio de resistencia civil que pretende crear estados de opinión, análisis y debate en donde las imposiciones políticas no existen. Garantizar esta libertad de pensamiento depende de ti, querido lector. Por ello te pedimos que difundas nuestra publicación, y colabores remitiéndonos artículos y estudios que no tienen cabida en otros medios de comunicación.