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Los caballeros deportados de Villa Cisneros: Los Mártires del Día de San Lorenzo

“Tras la Sanjurjada de agosto de 1932 se produjo la detención y deportación de 138 títulos, militares y civiles a la colonia penitenciaria de Villa Cisneros, entre los que se encontraba el llanisco Ricardo Duque de Estrada”

En la madrugada del 10 de agosto de 1932 tuvo lugar en las calles de Madrid y  Sevilla una fallida insurrección que pretendía emular el golpe de estado del Cuadrilátero que inició la dictadura del general Primo de Rivera, ésta pasaría a conocerse popularmente como la Sanjurjada. Su fácil finiquito estimuló las sendas aprobaciones del Estatuto de Nuria y la Reforma Agraria por parte del gobierno presidido por Manuel Azaña. Por descontado y desde los mismos inicios de la República del 14 de abril, la actitud de los monárquicos alfonsinos y carlistas siempre estuvo en el acoso y derribo del edificio republicano, en especial los primeros y con reticencias, en un principio, los segundos, en pleno proceso de reconstrucción de lo que acertadamente acuñó Jordi Canal de “amalgama contrarrevolucionaria”. Contra todo pronóstico, la consecuencia inmediata de aquella sublevación no se hizo esperar, un total de 144 vinculados a aquel acontecimiento, tras un breve presidio, permanecieron confinados en las calurosas arenas de la prisión de Villa Cisneros (la actual Dajla, en el Sahara Occidental).

En la amplia lista de deportados a Villa Cisneros estaba Ricardo Duque de Estrada y Vereterra, Marqués de Comillas, Maestrante de Granada y abogado, quien había nacido en Llanes el 12 de mayo de 1902 y fue fusilado en Sama de Langreo el 4 de septiembre de 1936. Hijo del arqueólogo, político y Gentilhombre de Cámara, Ricardo Duque de Estrada y Martínez de Morentín, Conde de la Vega del Sella. Acompañó desde la Cárcel Modelo de Madrid a un listado notable compuesto por títulos nobiliarios, militares, funcionarios, políticos, agricultores y estudiantes, entre los que destacaban personajes adscritos al carlismo: el exportador de vinos jerezano Juan José Palomino, el dirigente andaluz Mier de Teherán, estudiantes de la AET (Agrupación Estudiantil Tradicionalista) como Adolfo Gómez Ruiz y los hijos del diputado Jaime Chicharro, además del Duque de Sevilla y el Marqués de Esquilache. Precisamente Palomino y Mier de Teherán serán determinantes en la formación de una Junta Dependiente carlista de la región de Andalucía Occidental del dirigente sevillano Manuel J. Fal Conde. Muchos de los allí deportados, entre ellos el propio Duque de Estrada, aparecían entre los afiliados a esa célula tradicionalista. Martin Blinkhorn recordaría, al respecto, en el clásico Carlism and Crisis in Spain 1931-1939, el escaso valor de estas conversiones a largo plazo, condicionadas por la antinatural atmosfera de la prisión del desierto, pese al indudable valor propagandístico que benefició al carlismo.



La prensa tradicionalista encabezada por el buque insignia de la intransigencia en Madrid, El Siglo Futuro, denunció y clamó por la vuelta de los “caballeros deportados”, auténtico modelo de heroísmo católico y patriótico a los que ningún tribunal había juzgado y el gobierno deportó, bajo su perspectiva, de un modo draconiano. Precisamente este rotativo y otros tantos vinculados a la red de prensa de la proteica Comunión Carlista Tradicionalista emprendieron una infatigable campaña en la opinión pública por su vuelta, así como contra las deplorables condiciones en los viajes de salida y retorno en la “Tcheca flotante” España Número 5. Y no solamente a través de ese periodismo de combate sino también desde la tribuna parlamentaria el diputado integrista salmantino Lamamié de Clairac interpeló sin éxito a finales de 1932. Fruto de este interés periodístico, una parte de los deportados remitió crónicas que se incluyeron en El Siglo Futuro, La Constancia (San Sebastián) o Pensamiento Alavés (Vitoria), que en conjunto formarían monografías posteriormente acerca de la experiencia de la deportación. Antonio Cano Sánchez-Pastor, el padre Coll, Fernando García de Vinuesa o Luis Pereyra son una pequeña muestra de esa literatura memorística. Cano, recordaría a Ricardo Duque de Estrada en una de sus crónicas que por su carácter era un “eterno humorista y simpático”.

Parece ser, si nos guiamos por la prensa asturiana de la época, que Ricardo Duque de Estrada no fue el único asturiano puesto que La Voz de Asturias aludía al origen asturiano de muchos de los deportados, mientras, el  diario católico ovetense Región realizó una contundente campaña informativa y movilizadora a favor de la vuelta de los deportados que habían sido confinados sin juicio previo, incluyendo los mismos artículos que la prensa tradicionalista madrileña. Este apoyo no fue exclusivamente para los deportados, sino también para los políticos encarcelados Conde de Vallellano que estuvo interno en Gijón y el fundador del Partido Nacionalista Español, Dr. Albiñana. También, y en una misma línea que el semanario católico destinado al público femenino Ellas también en Asturias Acción: defensor de los intereses de la mujer, nacida en 1932, sostuvo con el mismo ímpetu la campaña pro-amnistía.

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Igualmente, tanto los simpatizantes como los participes en aquellos conatos subversivos resultaron amedrantados en forma de expropiaciones de fincas rústicas sin indemnización y en la pérdida de sus cargos administrativos. Así pues, el 14 de octubre de 1932 el nombre de Ricardo Duque de Estrada aparecía en el listado que emitió tanto el ministerio de la Gobernación como el de Agricultura.



Finalmente, tras las diversas repatriaciones que se llevaron a término, Duque de Estrada fue de los últimos en retornar, el 6 de mayo de 1933, como también lo fue el asturiano Manuel Méndez Queipo de Llano (1893-1952),  comandante del estado mayor e hijo político del reformista Secundino Felgueroso, quien pocos días después de su retorno, tal y como recogía Región, realizaba una visita a Gijón. Este último, al contrario que Duque de Estrada no se convirtió al carlismo como recoge el listado del Partido Tradicionalista de Villa Cisneros. El cronista carlista Melchor Ferrer aclaraba sobre el particular qué las trasformaciones políticas eran menos comprometidas en la célula de Villa Cisneros que la lealtad a Alfonso XIII asumida por parte del Conde de Bombillo y similar por tanto a la que Méndez Queipo de Llano debió de adjudicarse.

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