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Análisis

De la deshumanización del hombre

El hombre se ha deshumanizado tanto, que poco le importa el dolor del prójimo.

Imagen pixabay

Ahora todo está claro, entre la luz y la oscuridad, y cada cual debe elegir”.

(Gilbert Keith Chesterton)

Sin Dios la sociedad acaba deshumanizada (San Juan Pablo II)

Quizá el título les haya recordado la muy famosa obra de don José Ortega y Gasset, titulada La deshumanización del arte en la que medita sobre la esencia del arte. En La deshumanización del hombre, el tema es, bastante más importante y primordial, por cuanto trata de poner de relieve, la degradación del hombre, de algunos individuos que han perdido la base, la esencia de su ser; han perdido la capacidad humana de conectar emocionalmente con los demás, de forma que han perdido asimismo, la capacidad de percibir, reconocer, compartir y comprender el sufrimiento, la felicidad o las emociones de otros. Es decir, han perdido la facultad que los psicólogos llaman “ser con el otro, reconocer el sentido del Otro,” en la propia vida de cada uno. El hombre se ha deshumanizado tanto, que poco le importa el dolor del prójimo.

Que la humanidad se deshumaniza es un hecho evidente. En efecto, los seres humanos son los únicos seres vivos que pueden voluntariamente quitarse la vida, hecho motivado por una falta de valores; de los valores que todo individuo atesora, pero que, cada vez más,  continúan ocultos. El hombre se ha deshumanizado, guiado únicamente por su propio interés, por su propio egoísmo influido por las teorías de Nietzsche que sostienen que la vida carece de significado objetivo, propósito, o valor intrínseco. Por eso se preguntaba:”¿Qué significa vivir?. Vivir significa esto: apartar continuamente de sí mismo algo que quiere morir. Vivir significa esto: ser cruel e inexorable hacia todo aquello que se convierte en débil y viejo en nosotros. Vivir, por tanto, significará quizá esto: no tener piedad de los que mueren, de los que son desgraciados y de los que son viejos.”

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Y esta idea ha creado escuela. Clara Giner, una desnortada joven canaria decía: ¿Qué preferimos? ¿Media docena de ancianos inútiles muertos o toda la economía de un país absolutamente destrozada (de nuevo)?. No sé a vosotros pero a mí me sobran momias por la calle.

Recientes estudios de importantes centros sanitarios han llegado a la conclusión que la edad cronológica no resulta asociada a la mortalidad hospitalaria, sí aparece más vinculada a la pérdida de la independencia funcional y a la desnutrición.  A pesar de esos informes técnicos, el ingreso de ancianos con enfermedad crítica a la Unidad de Cuidados Intensivos  se realiza mediante un triaje sistemático, es decir, una clasificación hasta cierto punto lógica si lo fuera en función de la gravedad del paciente. Lo malo, lo indignante es que, debido a la falta de previsión de quien corresponda, se ha producido con motivo de la pandemia del Covis 19, una saturación tal, que los servicios médicos se han visto obligados a hacer la selección dando prioridad a los jóvenes pensando que tienen más posibilidades de sobrevivir, aunque esto no sea una certeza absoluta, ya que según los medios de comunicación, chavales jóvenes y deportistas y hombres fuertes, en lo mejor de la vida, acostumbrados a resistir situaciones duras, no han podido vencer el combate con el virus y, sin embargo, hemos visto salir por su propio pie a un señor de 96 y a una señora de 100 años.

No obstante, el triaje se sigue produciendo. Debemos decir que en Cataluña ya no admiten en la UCI a mayores de 80 años y en la Navarra de la señora Chivite y Bildu, por ejemplo, más de la mitad de los ingresados por coronavirus son personas mayores de 79 años, pero ninguna de ella está ingresada en la Unidad de Cuidados Intensivos, según los datos oficiales facilitados por el propio Gobierno de Navarra. Al parecer, siguen una directriz decidida en la Comunidad foral por la que se ha ordenado que los enfermos que superen esa edad, no sean asistidos con respiradores ni ocupen una cama de la UCI para poder atender a otras personas que, con la misma enfermedad, parezcan tener más posibilidades de recuperación.  Además, en el caso de los pacientes de entre 60 y 75 años, se tiene en cuenta el estado del paciente para valorar si puede ser atendido en la UCI o si, por el contrario, pasará a una habitación de planta donde sus posibilidades de recuperación, serán menores. 

No hay máquinas ventiladoras para todos y hay que seleccionar”, explica un médico del Complejo Hospitalario, ante lo que considera una decisión muy dura, pero que responde a la realidad de los medios disponibles para atender a todos los pacientes actuales y a todos los que van a seguir llegando hasta los hospitales, teniendo en cuenta que el pico de casos todavía no ha llegado. Estos pacientes de más edad están siendo ingresados sin la atención más completa, mientras los muertos por coronavirus avanzan en la Comunidad foral.

Lo peor de esta situación se produce en las residencias de ancianos, porque al no ser hospitales, habitualmente no están dotados de los mismos medios, de modo que entre esa escasez, mas agravada últimamente y la falta de interés por preservar la vida de los ingresados, la cantidad de fallecidos en estos centros ha sido escandalosa, a pesar, o quizá por ello, de nombrar a Iglesias responsable de la gestión. Ante tal situación, el Ministerio de Defensa ha desplazado al Ejército a las residencias para desinfectarlas o prestar apoyo a su personal y allí se han encontrado a ancianos fallecidos en sus camas o a algunos sin ningún tipo de atención, lo que fue corroborado por la ministra Robles en una entrevista en la que afirmó además que “todo el peso de la ley va a caer en los que no cumplan con su obligación, que es una obligación humana. “Vamos a ser absolutamente implacables y contundentes con el trato que se de a los mayores en esas residencias”.[1]

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Es una buena declaración de principios, pero es la sociedad, en general, la que no respeta los derechos humanos. Y la que más daño hace es aquella que tiene una cámara delante, porque llega a más gente. Por ejemplo, hace un año aproximadamente, Jorge Javier Vázquez comentaba entre risas cómplices en el plató de Mediaset, con los contertulios de Sálvame, las críticas que habitualmente recibe en su perfil de Instagram y llamaba la atención sobre la edad media habitual de sus ‘odiadores’. “Recibo mensajes de gente anciana, señoras muy viejas y señores muy viejos, que me escriben insultándome. Y yo pienso, y yo pienso. Estos señores que están a punto de palmarla, que están a punto de encontrarse con Dios y con San Pedro… ¿no se podrían dedicar a sembrar el bien y el amor antes de que los lleven al Camposanto?”. Y finaliza:

Porque estoy flipando, porque la gente joven que te insulte, pues mira… Sé que son viejos porque sale en la foto y algunos llevan el signo de la muerte en la cara”. Lo dice porque con ello aumenta la audiencia, o realmente opina así de su madre y de su padre? En cualquier caso, refleja, claramente, su deshumanización.

En Italia ocurren situaciones similares a las descritas en España, dándose casos de una tremenda falta de respeto por el ser humano, de manera que allí, especialmente en el Norte que es la zona más afectada, han tenido que admitir que, puesto que, por ser ancianos no se les iban a dar en la UCI los cuidados que precisarían, «hay familias que prefieren que los enfermos mueran en casa para despedirse de ellos»,[2] según Giorgio Gori, alcalde de Bérgamo. Este alcalde, valientemente escribió lo siguiente en su cuenta de Twitter: “los datos de la UCI son engañosos. Ahora mismo a los pacientes a los que no se les puede tratar se les deja morir”. En esos pacientes están incluidas las personas mayores enfermas por el virus a los que no se les pasa a la UCI.

Se está generalizando la opinión de que los ancianos son seres inútiles y por tanto prescindibles. La progresista, liberal y modernista Holanda, se  ha escandalizado cuando ha salido a la luz la actitud sistemática que mantenían al seleccionar por la edad a los enfermos de coronavirus, incluso antes de que sus hospitales estuvieran llenos.  No conocían las declaraciones en este sentido del doctor Frits Rosendaal, jefe de epidemiología clínica del Centro Médico de la Universidad de Leiden, y miembro de la Real Academia holandesa de Ciencias y Arte, con muchas condecoraciones y reconocidos méritos. Este médico, muy conocido en Holanda y que ahora batalla contra el coronavirus, critica además, el modo de hacer de Italia y España achacando el colapso que sufren los centros sanitarios, a la “posición cultural” que ocupan los ancianos en nuestras sociedades, a los que se tratan de salvar a cualquier precio, lo que en su opinión es un grave error y pone como ejemplo los hospitales flamencos y holandeses donde se les selecciona con lupa, aún sin tener todavía saturado el sistema sanitario. Los médicos de Países Bajos y Flandes están dando directivas y guías a sus hospitales para que se piensen dos veces el trasladar a un centro médico a los ancianos contagiados con el coronavirus. Alegan que espara “prevenir su sufrimiento” y no saturar los hospitales.

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La jefe del departamento de geriatría en Gante, Nele Van Den Noortgate, ha pedido directamente “No traigan a los pacientes débiles y a los ancianos al hospital”, tampoco a los pacientes con problemas físicos o mentales como la demencia. Asegura que lo hace para bien de los pacientes porque “morir en el hospital es inhumano”. Deshumanizar lo humano nos lleva al descarte, devaluar la vida, sobra, es como una cosa, se puede eliminar y tirar; la dignidad humana no es reconocida y genera una sociedad que cosifica la vida.

Parece claro el predominio de la influencia nietzscheana con sus ideas de que el hombre que vale es el hombre fuerte, el hombre dominador, el hombre ególatra que se enfrenta con Dios, porque es el Superhombre, los demás se pueden ir muriendo porque no son rentables. Ese criterio economicista por encima de cualquier valor moral, es el que ya antes del coronavirus se plantearon muchos, Sánchez entre ellos, al querer aprobar la eutanasia, cuya ley puede convertirse en una de las menos restrictivas del mundo; intentando convencer a la población de su beneficio, porque es la muerte sin dolores, molestias ni sufrimientos físicos. No se equivoquen, eso ya está considerado por los médicos y es lo que se conoce como cuidados paliativos cuando una persona llega al fin de su vida. La eutanasia es el acto de provocar intencionadamente la muerte de una persona que padece una enfermedad incurable o insostenible para la familia cuidadora, de lo cual se derivan a su vez muchos otros problemas; pero como en este momento hablamos de la relación del enfermo con el Estado, diremos que para muchos gobiernos, especialmente al de España, la pandemia ha venido a solucionarles un problema.

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En este mundo deshumanizado en el que solo prima el dinero, los ancianos no interesan, porque debido a su edad ya no son productivos y sin embargo, ocasionan a las arcas del Estado, gastos en médicos, medicinas y hospitales y la pensión, claro. De modo que conociendo el estado de las finanzas del estado español, los ancianos fallecidos le han hecho un gran favor porque ya no devengan la pensión que tantos quebraderos de cabeza le ocasionan. Y son muchos, aunque no hay forma de saber cuántos, porque camuflan la estadística diciendo que su muerte se ha debido a otras patologías. En cualquier caso, el número de pensionistas fallecidos es elevado y eso supone que se ha nivelado la pirámide poblacional, que los ancianos han contribuido a sostener la fragilidad de las arcas de Hacienda y que Sánchez no tenga que pasar a la historia con la “medalla de la eutanasia”, no le van a quedar ancianos.

Decía Zubiri de nuestra época que se caracteriza por la desfundamentación de las tradiciones. Y la clave intelectual del mito del hombre nuevo, es la crisis, desfundamentación o destrucción  de la creencia ancestral en que la naturaleza humana es una esencia universal y permanente que combina lo natural y lo espiritual, lo que hace de aquella, en tanto moral, una persona o esencia libre[3]. El mito del hombre nuevo, una obsesión de la historia espiritual del siglo XX,  se inserta en ese contexto desfundamentador. Por ahí va el “hombre nuevo” del NOM, al que le han cambiado el nombre, pero que en definitiva, es la consecuencia de teorías sobre las que llevan trabajando mucho tiempo. Algunos las achacan a Hitler, pero la eugenesia nazi tiene sus raíces en dos organizaciones internacionales más antiguas que agruparon a famosos eugenistas:

*  los capitalistas oportunistas o librepensadores (Rockefeller, Kellog, Mellon, Ford, Carnegie, Agnelli, Mac Cormick, etc. –tengan en cuenta estos nombres y la hermandad a la que pertenecen−), quienes encuentran en la eugenesia una justificación a su egoísmo y un pretexto para destruir pueblos que son competidores potenciales (con el pretexto de su progreso y felicidad); y

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* los socialistas materialistas, internacionalistas o nacionalistas (más tarde denominados nacional-socialistas, nazis), que alternaban en los ambientes intelectuales de las grandes ciudades.

Muy pronto los primeros, discretamente como siempre actúan,  financiaron a los segundos para que, siendo éstos sus “tontos útiles”, pusieran en práctica sus teorías cambiando la estrategia que pasa a ser criptoeugenesia, sin modificar en esencia sus objetivos. Las tácticas se ocultan y aparecen nuevos términos que tratan de tapar la verdadera intención, por otra parte terrible, como es la “depuración” y control de la población. Por ello, si bien el discurso expresado con claridad es más infrecuente, no por ello, como vemos en las actitudes anteriormente descritas, ha desaparecido.

Contrarios como somos a estas ideas, creemos que es necesario emprender urgentemente una rehumanización como tarea esperanzadora para la reconstrucción de las personas y sociedades  deshumanizadas. Hay que elegir, como decía Chesterton, entre la LUZ y la oscuridad. Volvamos nuestra mirada al Dios Creador que nos llamó “seres humanos” (Gn 5:1-2) y tengamos presente las palabras del gran Papa polaco:

Sin Dios la sociedad acaba deshumanizada

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[1] Margarita Robles, ministra de Defensa, en entrevista en Telecinco el23/02/2020

[2] Las familias no pueden despedirse de sus deudos, ni confortar a los enfermos con los santos sacramentos, ni enterrarles cristianamente, ni les pueden encomendar a Dios en un funeral.  Es más, como  en casos de pandemia es obligatorio  incinerar los cadáveres, pero debido al elevado número de fallecidos, posteriormente  ha habido problemas con la identificación de las urnas cinerarias.

[3] Dalmacio Negro: “El mito del hombre nuevo”


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