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Análisis

La industria de la pornografía explota la soledad debido al coronavirus para vender veneno

Los expertos también informan acerca de un aumento de depredadores sexuales que utilizan plataformas convencionales como Instagram, donde publican material pornográfico e intentan contactar a menores de edad.

Imagen con licencia Pixabay
Por Padre Shenan J. Boquet- Presidente Human Life nternational

Si un hombre de aspecto sospechoso con una sudadera, con capucha y gafas de sol oscuras lo detuviera en la calle y le ofreciera una “muestra gratis” de su “producto”, sabrías exactamente qué decir. La experiencia muestra que, a veces, el costo de “gratis” es nuestra libertad, y ese es un precio demasiado alto que pagar. Desafortunadamente, sin embargo, nuestra sociedad aún no se ha dado cuenta del hecho de que la industria de la pornografía, con todo su brillo superficial y glamour, es el nuevo traficante de drogas del vecindario. La única diferencia es que ahora tiene bolsillos sin fondo, un departamento de marketing y la capacidad de vendernos su mercancía en la privacidad de nuestros hogares y habitaciones.

Los traficantes de drogas se aprovechan de la debilidad humana, la vulnerabilidad, el sufrimiento, la tragedia, la inseguridad, la soledad y la desesperación. Se aprovechan de los seres humanos cuando se encuentran en su punto más bajo y luego les ofrecen el “bálsamo” que los distraerá de su soledad o sufrimiento, pero sólo por un momento.

Ahora mismo, millones de personas están encerradas en sus casas. Muchas de ellas han perdido sus empleos. Incluso las que no están aisladas de sus amigos y familiares están lidiando con las incógnitas de esta pandemia y se están adaptando a interrupciones importantes en su rutina diaria, así como a la pérdida de ir a la iglesia, de disfrutar de la naturaleza, hacer ejercicio, practicar deportes, ir a conciertos y otros medios saludables de emplear el tiempo. Como era de esperar, muchas personas se encuentran luchando contra el aburrimiento agudo, la soledad, la ansiedad y cosas peores. Muchas se están volcando hacia mecanismos poco saludables de cómo lidiar con esta situación, como ver televisión en exceso, comer de manera poco saludable y el uso de drogas y alcohol [1].

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Con toda esta miseria humana, la industria de la pornografía vio su oportunidad. Hace unas semanas, Pornhub, el sitio pornográfico más grande (y posiblemente el más inescrupuloso) del mundo, ofreció a los usuarios de Italia, Francia y España (los países más afectados por el coronavirus) acceso “gratuito” a su sitio durante un mes — una muestra “gratuita” para ayudar a las personas a olvidar su soledad y aburrimiento… por un ratito.

Todo pecado tiene este denominador común: ofrece un beneficio o placer aparente a corto plazo a cambio de pérdida y dolor a largo plazo. Lo que Pornhub no les dice a sus usuarios es que a la larga su producto solo conduce a una mayor soledad, aislamiento, ansiedad, depresión, falta de autoestima y otros males. Todo esto, inevitablemente, llevará a las personas a mirar pornografía como un escape de su miseria, y así continuarán en un círculo vicioso.

Al igual que la muestra gratuita del traficante de drogas, el llamado “obsequio” de Pornhub es una flagrante estratagema para aumentar sus ingresos. Como informa la revista National Review: “En los días en que se lanzaron membresías gratuitas en Italia, Francia y España, el tráfico a Pornhub en cada país aumentó en un 57%, 38% y 61%, respectivamente”. Pornhub, como muchos sitios pornográficos, gana un gran porcentaje de sus ganancias de la publicidad. Con aumentos de tráfico como éste, puedes estar seguro de que este malvado sitio de la Internet está acumulando millones e dólares. Además, inevitablemente, un cierto porcentaje de los “beneficiarios” de este temporal acceso gratuito se enviciará lo suficiente como para tener que sacar sus tarjetas de crédito para pagar cuando expire la oferta “gratuita” [2].

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Pero si pensabas que la industria de la pornografía no se podía degradar más aún, estabas equivocado. Una compañía de pornografía, “IsMyGirl,” (“Es mi niña”, traducción libre) intentó explícitamente reclutar empleados de McDonald’s que fueron despedidos durante la pandemia, para convertirse en actores pornográficos. La declaración de esta compañía es tan descarada que apenas podía creerla cuando me enteré de ella: “En un esfuerzo por ayudar a los empleados de McDonald’s y asegurarnos de que puedan continuar sosteniéndose a sí mismos y a sus familias, queremos ayudar a proporcionarles una opción legítima”, dijo “IsMyGirl”. La “opción legítima” que ofrece esta organización es que las personas que luchan por alimentar a su familia se prostituyan para obtener ganancias de la compañía pornográfica. Esto es explotación, pura y simple. Y es algo francamente aberrante. Esta estratagema pública debería haberse enfrentado con una indignación a gran escala. Ésta es solo una razón más por la cual es imperiosamente necesario cerrar la industria de la pornografía.

Una explosión de pornografía  infantil

De alguna manera, en algún momento durante las últimas dos décadas, nuestra sociedad tristemente se convenció de que la transmisión de la pornografía dura, de alta definición y que a menudo representa actos indescriptiblemente degradantes y violentos, no solo es “inofensiva”, sino que incluso podría ser “beneficiosa” y una “excelente” manera de “desahogarse”.

Es difícil saber cómo responder a este engaño tan grande y tan difundido, excepto señalando el rápido aumento de los daños sociales y personales causados ​​por la pornografía o la cantidad incalculable de testimonios personales de personas que dicen que la pornografía las esclavizó en un ciclo de adicción, perjudicando su salud, felicidad y relaciones interpersonales. Hay una razón por la que hasta ahora 16 estados de EEUU han presentado resoluciones que califican a la pornografía como una crisis de salud pública [3].

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Sin embargo, si eso no es suficiente, tal vez al menos podamos tomar en serio las advertencias de aquellos que dicen que, debido a la pornografía en línea, la pornografía infantil está aumentando a tasas sin precedentes. Recientemente, un jefe de policía en el Reino Unido hizo sonar la alarma de que los hombres jóvenes están tan saturados de pornografía que se aburren de la pornografía que es lamentablemente legal en ese país y recurren cada vez más a la pornografía infantil, debido a “la emoción o al estímulo que produce el hacerlo” [4].

“Lo que estamos viendo es un nuevo grupo de hombres jóvenes de entre 18 y 26 años de edad que han sido criados en un ambiente en el cual han desarrollado la costumbre de visitar Pornhub y otros sitios como ése”, dijo el jefe de policía de Norfolk, el agente Simon Bailey. “Llegan al punto en que no hay material pornográfico que los estimule, por lo que comienzan a explorar imágenes que podrían considerarse de abuso infantil. Comienzan a recibir sus estímulos o emociones de esas imágenes” [4].

Según la policía, la pandemia está empeorando las cosas. Brian Herrick, jefe auxiliar de la Sección de Delitos Violentos contra Niños y Trata de Personas del FBI, dice que, desde que comenzó la pandemia del coronavirus, las agencias policiales han visto un aumento de los casos de pornografía infantil que se comparten con otros usuarios. Además, los vendedores de pornografía infantil se han vuelto cada vez más descarados. Y añadió: “La actividad está llegando a su punto máximo en las plataformas cibernéticas donde tiene lugar, muy similar a cuando alcanza su punto máximo durante las vacaciones cuando la gente está fuera del trabajo”. Los expertos también informan acerca de un aumento de depredadores sexuales que utilizan plataformas convencionales como Instagram, donde publican material pornográfico e intentan contactar a menores de edad [5].

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No todos los que consumen pornografía se pondrán a ver pornografía infantil. Pero la actitud  insensatamente optimista de nuestra sociedad hacia la pornografía ha creado una situación en la que se están produciendo nuevos usuarios de pornografía infantil, debido a la desensibilización y el aburrimiento provocados por el acceso sin fin incluso a la pornografía dura que ahora se acepta como si fuese “normal”.

Elige la libertad, no la esclavitud

La Iglesia católica condena enérgicamente la pornografía. Lo hace, no porque rechace la sexualidad, sino porque la pornografía, como todo pecado, perjudica al pecador y a las víctimas de su pecado. La pornografía, dice el Catecismo de la Iglesia Católica: “Atenta gravemente a la dignidad de quienes se dedican a ella (actores, comerciantes, público), pues cada uno viene a ser para otro objeto de un placer rudimentario y de una ganancia ilícita” [6].

Desafortunadamente, las presiones de la pandemia están empujando a algunas personas hacia mecanismos poco saludables de cómo lidiar con esta situación. Los seres humanos somos criaturas sociales. Logramos nuestra realización personal en comunidad con otros seres humanos. Sin la influencia diaria de las relaciones mutuas de familia y amistad, podemos perder rápidamente nuestro sentido del equilibrio. La ausencia de la participación comunitaria en el culto religioso también ha creado un vacío espiritual para muchas personas, dejándolas vulnerables a las tentaciones del mundo, la carne y el demonio. Si incluimos al miedo en esta terrible situación, entonces nos encontraremos ante una potente y peligrosa mezcla de males.

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Por esta razón, debemos estar especialmente en guardia en este momento ante nuestras propias debilidades y ante aquellos que las explotarían. Si te encuentras en una posición en la que estás siendo tentado o, peor aún, entregándote a mecanismos poco saludables de cómo afrontar la situación que ha creado la pandemia, es crucial que tomes medidas prácticas para evitar seguir por un camino del cual luego te arrepentirás. En primer lugar, debes tener un tiempo de oración diaria. Eso no es negociable. Muchas personas ahora se encuentran con una cantidad inusual de tiempo libre en sus manos. Esta es una excelente oportunidad para acercarse a Dios. Encuentra un lugar en tu casa o departamento donde puedas arrodillarte ante un crucifijo todos los días y rezar el Rosario, leer las Escrituras y meditar sobre el Amor de Dios.

Las manos ociosas son el taller del diablo”, dice el viejo refrán. Es importante no solo orar, sino también encontrar formas de mantenerse ocupado. Programa tu día con anticipación. Llama habitualmente a amigos y familiares para saber cómo están y compartir un rato. Otros también están luchando; tienes el deber de acercarte a ellos y ayudarlos. Intenta aprender un nuevo instrumento musical o estudiar un idioma. Lee buenos libros. Y, por último, si te encuentras luchando contra la tentación de mirar pornografía, debes saber que no estás solo y que hay recursos disponibles para ayudarte. El primer paso es instalar un software de filtrado y responsabilidad como “CovenantEyes” en tus dispositivos conectados a Internet y pedirle a un amigo de confianza que te ayude a ser responsable en cuanto a tu decisión de no mirar pornografía. Otro programa lanzado recientemente por el autor y orador católico Matt Fradd, para ayudar a las personas a dejar la pornografía para siempre se llama Strive (“Esforzarse”, traducción libre). Puedes encontrar detalles al respecto [en inglés] aquí: https://www.strive21.com/

No tienes que aceptar la esclavitud. Cristo murió para liberarnos de nuestros pecados, no para que los pornógrafos sin escrúpulos sean dueños de nuestras almas. Con la ayuda de Cristo, podemos usar este tiempo de la pandemia del coronavirus para acercarnos a nuestro Señor, aprender a confiar en Su providencia amorosa y alcanzar la libertad, en lugar de la esclavitud.

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Notas:

Artículo original en inglés: https://www.hli.org/2020/05/big-porn-exploiting-coronavirus-loneliness-to-peddle-poison/

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