Al Institut Nova Història

La explicación sobre los fines de semejante ente, daría de sí para todo un curso de historia

Detalla del retrato de Felipe V de España, de Jean Ranc (1723).

Detalla del retrato de Felipe V de España, de Jean Ranc (1723).

En su declaración de principios dice este organismo catalán que tiene como objetivo “la realización de trabajos de estudio, promoción y búsqueda sobre la tergiversación de la historia que Cataluña y los antiguos reinos de la corona catalano-aragonesa (en la que ellos están incluidos desde 1137)[1] sufrieron por parte de la corona castellana, corona que va a acabar apropiándose del poder de la monarquía hispánica”.

La explicación sobre los fines de semejante ente, daría de sí para todo un curso de historia, no sólo referida a España, sino universal porque la importancia de la monarquía hispánica da para eso y mucho más, pero, en cualquier caso, sí quiero aclarar, a quien esto pueda leer, que la monarquía hispánica engrandeció su territorio con descubrimientos de nuevas tierras y mares, ganando batallas gracias a nuestros gloriosos tercios o por matrimonio deseado por cualquiera de las naciones envidiosas de la gloria y prestigio de España. El Imperio español tuvo su Edad de Oro entre el siglo XVI y la primera mitad del siglo XVII, tanto militar como culturalmente.

De esa memorable España ellos forman parte desde nueve siglos atrás; por eso, cuando hemos oído cosas poco “simpáticas” sobre la actuación de los almogávares[2], terror de las más valerosas tropas de la época, de quien Ramón Muntaner, en su célebre Crónica, (que comprende de 1207 a 1328) escribía orgulloso:

                        “….los almugavers cridaven:

                        ¡Desperta ferres!, Desperta! (….)

                        Que us dire? La batayla fo molt fort et cruel;

más a la fin, tots los ffranchs levaren un crit e cridaren:

                                   Aragon!, Aragon![3]

los españoles no enloquecidos por la deriva nacionalista, nos sentimos orgullosos de sus hechos de armas, sus batallas y sus conquistas porque sabemos que son parte nuestra, de nuestra historia, de nosotros mismos.

Pero volviendo a lo de la tergiversación de la historia de Cataluña”, quiero comentar brevemente lo que ellos llaman Guerra de Secesión que así denominan lo que, en definitiva fue un conflicto sucesorio y no de partición de la corona.

La burocracia que se había constituido alrededor de Carlos I y Felipe II demandaba un monarca fuerte y trabajador; la debilidad y dejadez de Felipe III y Felipe IV contribuyeron a la decadencia española y los sucesivos matrimonios consanguíneos de la familia real de los Habsburgo produjeron tal degeneración que Carlos II último miembro, creció raquítico, enfermizo, de corta inteligencia y estéril (se sospecha que sufría el síndrome de Klinefelter), lo que acarreó un grave conflicto sucesorio, al morir sin descendencia y extinguirse así la rama de los Austrias.

El deseo de las otras potencias por España y sus posesiones no podía quedar zanjado con un testamento real. Por lo que los enfrentamientos eran casi inevitables. Luis XIV de Francia auspició un Primer Tratado de Partición.

En desacuerdo con ese pacto y con el fin de evitar la disgregación de los dominios de la Corona de España, el rey Carlos II, optó por no aceptarlo y nombró heredero universal a José Fernando de Baviera, príncipe Elector de Baviera. Sin embargo, este proyecto se frustró al morir de varicela este príncipe cuando sólo tenía siete años.

Francia e Inglaterra tratan de pactar un Segundo Tratado de Partición. El acuerdo convenía a los intereses de Francia, Holanda e Inglaterra porque evitaban una nueva supremacía de España, pero Austria reclamó la totalidad de la herencia española. Como solución de compromiso, Carlos II, consciente de la responsabilidad que tenía, la situación de codicia que vivía su imperio y la idea de majestad que siempre trató de mantener, redactó un testamento que, según la canción popular, fue su mejor obra; en él declaraba:

Declaro mi sucesor (en el caso de que Dios se me lleve sin dejar hijos) el de Anjou, hijo segundo del Delfín de Francia; y, como a tal, lo llamo a la sucesión de todos mi reinos y dominios sin excepción de ninguna parte de ellos.  (El subrayado es nuestro).

De este modo Felipe de Anjou se convertía en heredero legítimo, mientras el archiduque Carlos era el candidato que apoyaban algunas potencias europeas; la corona de Aragón, los países integrantes de la Gran Alianza de la Haya y el Papa Clemente XI le reconocieron como rey con el nombre de Carlos III, quien llegó a contraer matrimonio con la princesa alemana Isabel Cristina de Brunswick – Wolfenbüttel el 1 de agosto de 1708, en la Basílica de Santa María del Mar, en Barcelona.

En el desarrollo del enfrentamiento entre ambos pretendientes, murió repentinamente y sin sucesión, el hermano de Carlos, el emperador José I de Habsburgo por lo que el trono imperial recayó sobre él. En 1711 al ser coronado emperador del Sacro Imperio Germánico, Francia y Austria firman sendos acuerdos (Rastadt y Baden) por los que se reparten los territorios de España en Europa, pero le fue denegado el trono español ya que la reunión de territorios que aún tenía España y los del Sacro Imperio, volvería a constituir el imperio de Carlos I de España y V de Alemania y esta posibilidad desencadenó la desconfianza de los aliados del archiduque por lo que le denegaron sus apoyos. Es decir, fue decisión política internacional de las potencias emergentes; a España, en decadencia, poco margen de actuación le permitían.

Debido a este juego político, Felipe, duque de Anjou, se convierte en el sucesor del último monarca de la Casa de Austria, ̶ su tío abuelo Carlos II ̶ y en primer rey de la Casa de Borbón en España, pero la Guerra de Sucesión, además de conflicto internacional fue también conflicto civil, pues mientras la Corona de Castilla y Navarra se mantenían fieles al candidato borbónico, la mayor parte de la Corona de Aragón prestó su apoyo al candidato austriaco, si bien en ambas zonas hubo gente partidaria del otro pretendiente.

La victoria de los felipistas en Almansa (1707) y la retirada de los apoyos de las potencias europeas al archiduque austriaco obligó a éste a  firmar con el Tratado de Utrecht el reconocimiento del Borbón como legítimo rey de España.

La estructura de los reinos de la Monarquía Hispánica de los Austrias tuvo que ser forzosamente variada en función de los cambios territoriales que con motivo de la Guerra de Sucesión sufrió el país y de las influencias heredadas por el nuevo rey. Surgen así los Decretos de Nueva Planta que se aplicaron a todo el reino por igual. Esos Decretos han sido erróneamente vistos en Cataluña como una agresión castellana o del resto de España, cuando en realidad fueron ideados por Luis XIV, y ejecutados a instancias de su embajador para facilitar el gobierno de Felipe V, su nieto, porque de ese modo se dotaba a todo el Estado Español de una estructura unificada que se dividía en provincias llamadas Capitanías Generales casi todas ellas gobernadas con las mismas leyes. Con esto se consiguió homogeneizar y centralizar el Estado Español utilizando el modelo territorial de Francia al que según han declarado repetidas veces, tanto admiran y al que aseguran querer unirse una vez rotos sus vínculos con España, pero conviene que sepan que en esa tarea de centralización colaboraron catalanes, personajes importantes, como Francesc Ametller, del que, por ello, en repetidas páginas webs catalanas tratan de minusvalorarlo, aún cuando fue funcionario real y jurista de prestigio.

Organismos como el mencionado Institut Nova Historia, retuercen siempre los hechos para acomodarlos a sus intereses. Se nos cuenta que los catalanes siempre se sintieron ofendidos y maltratados “por el centralismo” que les oprimía. No parece que fuera así. Al menos, en la totalidad de la población.

2014-07-20 feliz arribo del Rey Nuestro Señor D Felipe IV en AragonEs lo que demuestra el documento de la Real Academia de la Historia, que figura al margen,  en el cual se recuerda un acto religioso en la Catedral de Barcelona con motivo del “feliz arribo del Rey Nuestro Señor D. Felipe IV en Aragón, V en Castilla, Conde de Barcelona (que Dios guarde) a su Real Corte de Madrid, Día 11 de marzo en que se celebraban las glorias de San Olaguer Arzobispo de Tarragona y Obispo de Barcelona”.

Esta convocatoria que llama a una ORACIÓN EVANGÉLICA, figura impresa en la propia “BARCELONA: En la Imprenta de IVAN PABLO MARTI, por FRANCISCO BARNOLA Impresor, Año 1701”

Desde el paso del inefable señor Rodríguez por el desgobierno de España y su elevado concepto de nación, esa entrañable región de España que es Cataluña, ha seguido su estela disparatando cada vez más y más arrebatadamente. Uno de los muchos dislates es el de sentirse continuamente agraviada por el mal comportamiento que con ella tiene el país.

Para su tranquilidad quisiera aclarar unos aspectos enunciados por el catalán Antonio de Capmany y de Montpalau, en su obra “Cuestiones críticas sobre varios puntos de economía” (Madrid, 1807). En dicha obra alude a la gran prosperidad de los reinos de la Corona de Aragón durante la segunda mitad del siglo XVIII. En cuanto a Cataluña indica que, después de concedida la libertad del comercio con Indias, aquellas provincias habían crecido “en prosperidad, en industria y población” y, que además de aumentar la población, había crecido la agricultura y la opulencia hasta un grado incomparable, en relación “con el estado que tenía antes”.

Pierre Vilar, historiador e hispanista francés, considerado una de las máximas autoridades en el estudio de la Historia de España, tanto en el período del Antiguo Régimen como en la Edad Contemporánea, así como en la historia económica y la historia social en general, obtuvo, por su trabajo objetivo, importantes premios como el Antonio de Nebrija, la Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio, el Ramón Llull y la Medalla de Oro de la Generalidad de Cataluña. Fue doctor en Historia por la Universidad de La Sorbona, de la que fue catedrático, doctor Honoris Causa por las Universidades de Barcelona y Valencia, y por todo ello, el Centro de Estudios de Historia Moderna de Barcelona lleva su nombre.

Bien, pues este erudito, del que solamente hemos referenciado algunos de sus premios, en su gran obra La Catalogne dans l’Espagne moderne. Recherches sur les fondements économiques des structures nationales” (3 vols., París, 1962) cuantificó lo esencial de la economía catalana y coincide con el planteamiento antes expuesto.

Conviene saber que fue el referente individual más destacado de la historiografía catalana desde la segunda mitad del siglo XX, tras la muerte de Jaume Vicens Vives. Admirado y agasajado por los altos estamentos de la Comunidad resultan, por tanto, muy interesantes sus opiniones, tan contrarias a las que machaconamente transmiten los separatistas, sabiendo que son expresadas además de por expertos, por personas vinculadas a Cataluña, de modo que no podrán decir que son opiniones “viciadas” por gente catalanófoba.


[1] Ramiro II de Aragón firmó en Barbastro con Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona, las capitulaciones matrimoniales de su hija, la reina niña Petronila con el conde. En esas capitulaciones se regulaba la potestas regia que sólo pertenecía a la reina, de modo que fue ella quien abdicó en su hijo Alfonso II como regi aragonensi.

[2] Fueron unas tropas de choque, espionaje y guerrilla presentes en todos los reinos cristianos de la Península Ibérica. La primera vez que se menciona a los almogávares cristianos es en un testimonio de Jerónimo Zurita en sus Anales de Aragón, que sitúa a los almogávares en época de Alfonso I de Aragón reforzando la fortaleza de El Castellar con vistas a la conquista de Zaragoza.

[3] Se entiende bien, de ahí que no se considere necesaria su traducción; únicamente aclarar que el “Desperta ferres” invoca a desenvainar los hierros, es decir, las espadas y señalar que los contrarios reconocían al reino de Aragón del que formaban parte.

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