La providencia

Por José A. Pérez-Roldán Rojas

La providencia

Marcelino Menéndez Pelayo, cuando era director de la Biblioteca Nacional, escogió las que consideró como las cien mejores poesías líricas de la lengua castellana pertenecientes a  autores no vivos;  entre ellas está la denominada LA PROVIDENCIA, de Bartolomé Leonardo Argensola, la que considero una  joya y  que transcribo seguidamente:

“Dime, Padre común, pues eres justo,

¿Por qué ha de permitir tu providencia

Qué, arrastrando prisiones la inocencia,

Suba la fraude a tribunal augusto?

¿Quién da fuerzas al brazo que robusto

Hace a tus leyes firme resistencia,

Y que el  celo, que más la reverencia,

Gima a los pies del vencedor injusto?

Vemos que  vibran victoriosas palmas

Manos inicuas, la virtud gimiendo

Del triunfo en el injusto regocijo”

Esto decía yo, cuando riendo

Celestial ninfa apareció, y me dijo:

“¡Ciego¡ ¿es la tierra  el centro de las almas?”

 

Muchos se preguntarán por qué en un Boletín carlista se incluye una poesía lírica; la respuesta es fácil: en el carlismo o tradicionalismo sucede como dice la  citada poesía.

En efecto, son muchos los años en los que el carlismo lucha por el ideario “Dios, Patria, Rey” y muchas las contiendas en las que ha intervenido como único protagonista o como colaborador junto a otros sin haber triunfado nunca,  si bien  en  la Cruzada de Liberación –se quiera o no ese es el título verdadero de la última guerra que asoló a España- fue parte vencedora, ahora resulta ser la perdedora. Por ello no  olvidemos que, como dice el poeta, “la tierra no es el centro de las almas” y sigue siendo necesario perseverar con ahinco por dicho ideario.

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