¿Qué queremos para la Cuba del mañana?

¿En qué basaremos la Cuba del mañana? ¿En la opinión cambiante de supuestas "mayorías" o en la roca firme e inconmovible de la Ley Natural y la Divina? ¿Pueden el comunismo, el socialismo o el liberalismo garantizar la libertad y la justicia social de los cubanos?

¿Qué queremos para la Cuba del mañana?

Por el Consejo Editorial de El Nuevo PATRIA

Mientras esperamos el momento tan deseado en que Cuba se libere de la tiranía castrista, cabe preguntarnos, ¿qué ideas guiarán la futura república que nos toca construir? ¿La basaremos en las arenas movedizas del capricho u opinión cambiante de los que ostenten el poder, disfrazados, como suelen, de “representantes de las mayorías”, o levantaremos a Cuba sobre la roca firme e inconmovible de la Ley Natural y la Divina? Es ésta, amigo, una pregunta de enorme trascendencia.

 

Como forma de gobierno, la democracia es una opción legítima para elegir a nuestros gobernantes; pero ¿sirve la democracia, o el voto de una mayoría, para decidir cuestiones morales o la legitimidad de nuestras leyes e instituciones sociales? ¿De cuándo acá podemos poner a votación verdades o principios? ¿Podemos construir una sociedad justa y libre sobre la moda de turno u opiniones cambiantes?

La recta razón nos dice claramente ¡no! La moralidad, legitimidad y validez de nuestras leyes e instituciones necesitan basarse y estar en armonía con la Voluntad del Creador, expresada en la Ley Natural y la Revelación Divina. El voto democrático puede decidir quién nos gobernará, pero no puede decidir un principio o una verdad. Lo inmoral es inmoral aunque obtenga todos votos y lo moral lo es aunque no consiga un solo voto. Es así de sencillo.

 DIOS: FUENTE DE TODA AUTORIDAD 

Los pueblos civilizados y cristianos se rigen por principios y verdades basadas en la Ley Natural y la Divina, no en el voto, por democrático que sea, de cualquier mayoría. Cuando la ética, la moral y los principios dependen de opiniones “democráticas”, los pueblos terminan bajo la bota opresora del demagogo o tirano de turno. Ahí están, de ejemplos, Cuba y China esclavas, Corea del Norte yotros pueblos víctimas de los enemigos de nuestra Civilización Cristiana y Occidental.

 

Para los cristianos, Dios es la fuente única de toda autoridad y el poder de todas las autoridades políticas de la tierra no es más que una extensión del poder y la autoridad del Creador. Todo el que confunde o niega estos principios básicos; estas verdades fundamentales, consciente o inconscientemente, socava las bases de la libertad humana al hacer causa común con ideologías destructivas como el comunismo, el liberalismo, el nazismo y muchos otros tipos de totalitarismo.

 LA TRAMPA DE LA FALSA OPOSICIÓN 

El hombre no puede ser separado de Dios, ni la política de la moral”, señala Santo Tomás Moro, mártir por la fe y patrono de los abogados, los gobernantes y los políticos. El que intente separar al hombre de Dios o a la política de la moral trabaja para el enemigo, pues le allana el camino al relativismo moral y le abre la puerta al totalitarismo político. Sin valores morales objetivos y principios éticos inmutables, ¿puede una sociedad prosperar o permanecer libre? La doble moral, la hipocresía y el relativismo político que imperan hoy en Cuba son pruebas que no. La Ley Natural y la Divina son los únicos garantes duraderos de una sociedad libre y justa; una sociedad próspera y de verdadero progreso.

El dirigente, grupo o partido que crea que la moralidad y las leyes de la Cuba futura dependan del voto de supuestas “mayorías” y no de la roca firme de la Ley Natural y la Divina, le hace el juego al castro-comunismo y no es más que parte de una peligrosa falsa oposición indigna del apoyo de los que anhelamos una patria libre. ¡Cuidémonos de esta engañosa y falsa oposición!

 UNA CONSIGNA DIÁFANA Y SENCILLA 

Para la Cuba que nos legaron nuestros grandes próceres: Céspedes, Saco, Varela, Martí y tantos otros; para nosotros y las generaciones que nos siguen, ha llegado el momento de atreverse a mostrar al mundo que nuestros ideales cívicos, nuestras tradiciones religiosas y nuestros valores morales, no son una fachada de fuerza, como las ideologías y maquinarias de propaganda de los ateos y los materialistas. Es hora de mostrar que nuestros valores intelectuales y espirituales están arraigados firmemente en la fuente de una fuerza invencible: nuestra fe en el Ser Supremo y en una Ley superior a la nuestra.

 

En las Sagradas Escrituras, Cristo Nuestro Señor nos propone una formula concisa y sencilla: “Buscad primero el reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se os dará por añadidura”. (San Mateo 6:33)

De ahí que nuestra consigna para Cuba, nuestra Cuba, sea también tan diáfana como sencilla: ¡Con Dios todo, sin Dios nada!

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