Dos grupos quintacolumnistas y sus represores

Dos grupos quintacolumnistas y sus represores

De la época en que el anticlericalismo dominante obligaba a llamar al mayor cementerio de Madrid como Cementerio del Este y prohibía denominarle de la Almudena, por mucho que fuera la advocación de la Virgen patrona de la capital, se conserva un antiguo lienzo de la pared que lo cerraba antes de su ampliación después de la Guerra Civil. Se trata de una simple pared de ladrillo, sin ningún detalle artístico, pero con una gran importancia política: allí figuran sendas placas, que estas sí se pueden mantener, de represaliados por el gobierno de Franco y de las que llaman 13 rosas. En ningún caso se explican las causas que motivaron su deceso: los primeros lo fueron por haber participado y causado torturas en checas y organizado los temibles “paseos” a Vicálvaro, Aravaca, Soto de Aldovea, Paracuellos o esta misma tapia que ahora reivindican poco menos que como lugar de “martirio” de los suyos. Las que se conocen como Las 13 rosas, lo fueron por practicar el espionaje contra los partidarios de aquel ejército que venía a impedir que continuara la masacre de inocentes.

La retaguardia republicana fue un territorio en el que la represión contra las personas sospechosas de ideología contraria a la dominante fue brutal, con mayor incidencia en unas zonas sobre otras. Madrid y Barcelona fueron ciudades donde dicha represión fue especialmente cruenta en la zona roja. Se vivió una importante persecución, con detenciones, encarcelamientos y asesinatos, todo ello sin ningún tipo de garantía judicial ni legal para los perseguidos. El terror sembrado entre las personas vinculadas de algún modo a la ideología conservadora y sobre todo a la religión católica se unió a su simpatía por la rebelión y contra la infiltración del comunismo y la masonería en la II República, de modo que aumentaron los deseos de organizar algún tipo de resistencia y red de espionaje para que surgiera la que se conoció como Quinta Columna, en la que sobresalieron personajes de muy diversa índole, pero todos coincidentes con su rechazo a las actuaciones y planteamientos ideológicos de los elementos revolucionarios de las milicias.

Pertenecían a esa ‘Quinta Columna’, organizaciones más o menos estructuradas que, durante la guerra, organizan alguna suerte de resistencia contra el poder establecido en el territorio en el que se encuentran. La conocida expresión se atribuye al general Emilio Mola,[1] al referirse en una locución radiofónica de 1936, al avance de las tropas sublevadas en la Guerra Civil Española hacia Madrid. El general mencionó que bajo su mando cuatro columnas se dirigían hacia la capital (una que avanzaba desde Toledo; otra, por la carretera de Extremadura; otra por la Sierra y la cuarta por Sigüenza), pero había una más, una quinta formada por los simpatizantes de la rebelión contra la infiltración del comunismo y la masonería en la II República, los cuales trabajaban clandestinamente en pro de que alcanzaran lo más rápidamente la victoria y así acabar con el terror rojo.

En general, sus labores fundamentales fueron el espionaje y no despreciaban la oportunidad de practicar el derrotismo. Además, tampoco olvidaron la labor de sabotaje, fundamentalmente en los canales de abastecimiento de Madrid o dificultando de cualquier forma la labor de las instituciones o autoridades. Se generaliza al considerar que todos los miembros lo eran de Falange Española, pero, a pesar de los peligros a que se exponían, los grupos que formaban las distintas agrupaciones estaban compuestos por todo el espectro de fuerzas políticas, (J.A.P[2]., R.E.[3], TYRE, C.E.D.A., etc) naturalmente de derechas, o más exactamente, contrarios a los anarquistas, comunistas y revolucionarios en general, como no podía ser de otro modo.

Mencionaremos dos de aquellas organizaciones: la conocida como “España Una” y la del grupo de “Rodríguez-Aguado”.

España Una, también conocida como de “Antonio del Rosal”, era una organización pequeña y de menor entidad que muchas otras de las que se organizaron, pero tiene el mérito de haberse puesto en marcha  primero, eso sí, después de la Sección Femenina que se lanzó a proteger a las familias que quedaban desamparadas facilitándoles comida, ropa y, a veces documentación falsa o les procuraban asilo en alguna embajada.

Esta agrupación comenzó por infiltrarse donde podían para obtener información y facilidad de movimientos: principalmente lo hicieron en la CNT hasta el punto de que el Delegado de Orden Público, José Cazorla Maure, con motivo de las detenciones de este caso, en marzo de 1937, mostró sus quejas a los anarquistas al ver que muchos tenían el carnet confederal. Para infiltrarse se eligió fundamentalmente la CNT porque Antonio del Rosal era hijo del jefe de columna confederal, Teniente Coronel Del Rosal lo que le facilitó que, aún siendo falangista, pudiera hacerse con un carnet falso de Oficial de complemento  con el que se movía, ayudado también por su apellido, en centros militares donde obtenía datos sobre situación y efectivos de las fuerzas, emplazamientos de cuarteles, de fábricas de armas y, en general, cualquier noticia relacionada con operaciones militares que pudiera ser útil a los Nacionales.

Los miembros de la organización se acreditaban con un trozo de cartulina en la que, colocada al trasluz, se veía el símbolo de FE y se encontraba estampada la huella dactilar de Antonio del Rosal. Para preservar el grupo, sólo conocerían a su jefe inmediato. Los jefes de la organización eran el mismo Antonio del Rosal y José Rodríguez García (quien, en principio, aunque sí fue detenido consiguió eludir la acción de la justicia y se salvó).  Después había dos grupos con sus respectivos jefes (Exuperio Muñoz González[4] y José Joaquín de Carlos Ortiz) que contaban con ocho enlaces con el resto de afiliados. Los enlaces se ponían en contacto con “Don Tomás”, que no era otro que Exuperio Muñoz, en una pensión de la calle de Prim, donde él residía. Entre estos los había que se dedicaban a las llamadas “actividades de conjunto” o los llamados “Servicios Secretos de comunicación con Salamanca”. Los miembros de esta organización eran policías, guardias de asalto, oficiales del Ejército, miembros de la Cruz Roja, etc. y, entre ellos, abundaban los afiliados a Falange.

Para la comunicación con Salamanca, además contaban con un receptor de radio (en aquella época y situación era cosa extraordinaria), a través del cual recibían instrucciones. Conocían que lo que se decía era para ellos simplemente porque se les llamaba por su nombre: España Una, cuando lo que se iba a decir era destinado a ellos.

El joven del Rosal que estaba destinado al arreglo de ametralladoras, consta que deliberadamente estropeó varias de estas armas al objeto de dificultar su funcionamiento y junto a Rodríguez García, valiéndose de sus contactos por vía paterna, consiguieron sacar de la cárcel, cosa harto difícil, a la joven Marieta Montero. Parece que se disponían a intentar una acción más osada cuando, según publicaba la prensa de Madrid (ABC 13-03-1937), se produjo la detención de los integrantes de esta organización clandestina en marzo de 1937, porque el gobierno republicano supo que preparaban un complot para secuestrar al General Miaja, acción cuya preparación estaba al cargo del afiliado José Luis Cervera Pérez Ulate. Es muy posible que fuera precisamente una indiscreción de éste, la que provocó el desmantelamiento de la organización. Su juventud le hizo “bajar la guardia” ante su novieta y, muy imprudentemente, hablar más de la cuenta.

Entre los detenidos se encontraban cinco agentes de policía complicados directamente; el apellidado Montoya facilitaba confidencias de la Dirección General de Seguridad. Los detenidos, según la misma página de dicho periódico, tenían como objetivo impedir la justicia popular conforme al método, arriesgadísimo en su simplicidad, de conocer cuando se iba a efectuar algún fusilamiento y atacar con fuerza, libertar a los presos y matar al piquete ejecutor. Estos eran los nombres de los afines y componentes del grupo detenidos: Antonio del Rosal y López de Vinuesa, Exuperio Muñoz González, Enrique Gil Moret, Valentín Román Tarodo, Eugenio García Rodríguez, Antonio Sánchez Muño, Fernando de Sada Martín, Francisco Morales Belda, Lázaro Nebreda Huertas, José Luis López Esteban, Darío Prado Rodrigo, José Joaquín de Carlos Ortíz,  Francisco Dolera Ruiz, Agustín Gascón Sagarzazu, Francisco Dolera Ruiz, José Luis Cervera y Pérez Ulate, Pedro Cussi Janer, José Gregorio González Guarino, Anastasio Sobrino Andrés, José Montoya Sastre, Gonzalo Sánchez-Riaño Zapata, Dámaso García Goyanes, Luis Alas Díaz, Antono Amaya Ruiz, Dolores López de Vinuesa, Manuel Cortés Latorre, Esperanza Roldán Mayor, Concepción del Rosal López de Vinuesa, Aquilino Martín Socano y otros de menor importancia dice el periódico. Su hermana Concepción que también fue detenida aunque terminó por ser exculpada hasta de simple desafección a la República, mientras Antonio, junto a doce más de la organización, acabaría fusilado el 29 de octubre de 1937 en Paterna junto a los condenados del Grupo “Militar-Triangular” de la organización “Las Hojas del Calendario”.

Grupo de “Rodríguez-Aguado”.

A mediados de marzo de 1937, Joaquín Jiménez de Anta, el quintacolumnista más famoso del Madrid republicano, se reunió con el comandante Antonio Rodríguez-Aguado en el Café Europeo, uno de los establecimientos más emblemáticos de la capital para hablar sobre la red de oficiales de intendencia que tenía ramificaciones por casi todos los puestos de mando de las distintas unidades del Centro, incluyendo su Estado Mayor y la Escuela de Oficiales de Barajas. La organización fue neutralizada por el SIM y acabó con la detención de los miembros de la organización.

Jiménez de Anta le sugirió  ampliar dicha red con dos objetivos primordiales: espionaje militar y ayuda económica a los presos derechistas y sus familiares. En menos de dos semanas, Jiménez de Anta reclutó a más de quince militares de su cuartel y a varios civiles del exterior dispuestos a colaborar con la nueva organización quintacolumnista. Los implicados empezaron a entregar a Joaquín la mitad de sus dietas para socorrer a los presos. Logró colocar en el taller de vestuario del cuartel a varios perseguidos por la policía republicana.

Un teniente, Sebastián Moll Carbó, compañero y amigo del Teniente Rodríguez Aguado, desde su puesto de la Pagaduría de Haberes, distribuyó miles de pesetas mensualmente a aquellos militares dados de baja por desafectos. Junto a ello, su grupo llevó a cabo con éxito no pocas evacuaciones de la retaguardia republicana a la dominada por los alzados, es decir, el paso de zona roja a zona nacional, como ellos mismos denominaban. Pero sin lugar a dudas, una de las actividades más sobresalientes de este grupo clandestino fue la realización de lo que llamaron “medicina fraudulenta”: Bajo las órdenes de Antonio Rodríguez Aguado y los doctores Moll y García Yparraguirre,  provocaron toda clase de afecciones en muchos de sus pacientes sustrayendo así al Ejército republicano cientos de individuos adictos a la causa de los quintacolumnistas, quienes después colaborarían en infiltrar otros miembros de la organización en hospitales militares. Otro  grupo de médicos que actuaría de forma similar facilitando documentación falsa (certificados y recetas) para dificultar así la incorporación de muchos jóvenes movilizados al frente fue el “Grupo de la clínica CEIDE”.

Otros oficiales entregaban a Rodríguez Aguado y Jiménez de Anta víveres y autorizaciones para comprarlos a precio militar. A principios de abril, esta red clandestina ya estaba lo suficientemente bien organizada para dar un paso más: sacar al capitán Ernesto Ramajos de la cárcel. Aprovechando la venta de víveres en el mercado negro, Jiménez de Anta consiguió sobornar a casi todos los miembros del jurado popular que le iban a juzgar. Tras conseguir la libertad condicional, la organización consiguió esconderle en el piso de un conductor del cuartel a la espera de una misión mucho más arriesgada. 

En julio, Joaquín y Antonio decidieron contactar con Bonel Huici, responsable de los servicios secretos de Franco en el Frente de Madrid, y planearon enviar a Ramajos a zona franquista para llevar información de una ofensiva inminente de la República en Brunete. La evacuación, organizada por Jiménez de Anta, se llevó a cabo la noche del 4 de julio. Días antes, dos conductores de intendencia encontraron una vía de escape de la España republicana que consistía en atravesar el Tajo a la altura del pueblo de Totanes (Toledo), una zona no demasiado vigilada. Para la ocasión, la organización robó a punta de pistola un coche a un comisario político con el que trasladaron a Ramajos hasta el punto acordado. Allí les esperaba un guía apodado el ‘francés’, un vecino de Totanes que a cambio de 300 pesetas (importante cantidad para la época), acompañaría al fugado campo a través hasta el río, donde cogería una pequeña barca a remo con la que llegaría a la otra orilla. La operación fue un éxito. Al otro lado del río estaban las tropas nacionales, a las que Ramajos entregó la información. Tal y como habían acordado, el día después de pasar a la otra zona, Ramajos anunció su llegada por Radio Nacional con una contraseña convenida. La primera gran operación de la organización había sido un éxito, pero las cosas no serían tan fáciles después.

Varios miembros de otras organizaciones quintacolumnistas actuaron indistintamente en unas u otras, como por ejemplo José Jareño, Comandante de Carabineros, que se refugió en la Embajada turca en el verano de 1937 al desmantelar los republicanos la “Organización Golfín-Corujo” con la que tenía relación. Con él, la organización de Rodríguez Aguado agregó más contactos en el exterior, fundamentalmente carabineros, con los que intercambiaba paquetes de todo tipo. Mantenían relación también con otra Organización “Las Hojas del Calendario”, pero este amplio abanico de posibilidades que, en principio parecía tan positivo, fue la ruina del grupo “Rodríguez Aguado”, porque debido al descubrimiento de la parte militar de dicha Organización, la Brigada Especial de la República se puso tras la pista de la red quintacolumnista.

El comisario Fernando Valentí mandaba esa unidad de élite de la seguridad republicana, cuyo principal cometido era desarticular las principales organizaciones clandestinas de Madrid. Valentí y sus hombres habían sido muy eficaces: hasta octubre de 1937 cientos de emboscados habían sido detenidos y asesinados. El chivatazo de un carabinero que “supuestamente” colaboraba con la organización alertó a la Brigada. A partir de ese instante se puso en marcha un despliegue sin precedentes para poder dar con los máximos responsables del grupo. Para ello infiltraron a uno de sus agentes en el Café del Prado, uno de los lugares donde solían reunirse los miembros más jóvenes de la organización. Tras ganarse su confianza, el infiltrado empezó a recopilar datos y direcciones de los miembros de la Quinta Columna. A mediados de octubre comenzaron las detenciones. Los primeros en caer fueron aquellos que se reunían en el Café del Prado, posteriormente los derechistas que se habían introducido en el Sindicato de Enseñanza de la CNT, más adelante Tomás Arenal, el escucha radiofónico, y por último, los militares del Parque de Intendencia.

Imagen de la Embajada de Turquía donde se refugió Jiménez de Anta antes de ser detenido

A mediados de noviembre, casi todos los miembros de la organización habían sido detenidos y trasladados a la calle Serrano 108, la sede de la Brigada donde solían ser interrogados. Los interrogadores utilizaban la tortura y las amenazas para que los quintacolumnistas delataran a sus compañeros. El 18 del mismo mes, la Brigada Especial ya sabía con certeza que Jiménez de Anta y Rodríguez Aguado eran los dos máximos responsables de la organización. A media mañana, un grupo de agentes se personó en el domicilio de Joaquín ubicado en pleno Barrio de Salamanca. Minutos antes de llegar la policía, el jefe del grupo había recibido desde el Parque de Intendencia una llamada advirtiéndole de que la policía había ido allí preguntando por él.  

Abandonó su casa a toda prisa, ocultándose en una vivienda segura del grupo, en la calle Espartinas. Su madre también estaba en peligro, porque cuando iban a por uno, detenían a toda la familia, así que también tuvo que huir de su domicilio. Durante un mes tuvieron que cambiar, al menos cuatro veces de refugio; la Brigada Especial le pisaba los talones. El comisario Valentí puso precio a la cabeza de los dos máximos responsables del “espionaje enemigo” en Madrid. Por medio de un conocido constructor, muy vinculado a la diplomacia francesa, un coche de la embajada de este país consiguió auxiliar a Joaquín y  Antonio trasladándoles el 18 de diciembre hasta la embajada de Turquía donde se esconderían en calidad de refugiados políticos.

Desde allí intentaron organizar a los pocos elementos de la organización que quedaban en libertad, captaron a otros madrileños en el exterior, como Vicente Llovet Coquillat que organizaría pequeñas células y se encargaría de la instalación de una emisora. Recibían instrucciones a través de Radio Salamanca: después de que escuchaban la consigna iba el mensaje a ellos dirigido. Llegaron a enviar a zona franquista un informe detallado de su situación escrito con tinta invisible a través de una valija diplomática. En el interior de la embajada, Joaquín entró en contacto con José María Lezameta, un abogado vasco que aseguraba haber militado en la Falange antes de la guerra, pertenecería por tanto, al selecto grupo de los “camisa vieja”. Lezameta, que desde el principio se mostró dispuesto a colaborar, era  otro infiltrado de la Brigada Especial que había entrado en la legación turca para informar de los pasos de Jiménez de Anta y Rodríguez Aguado a cambio de 300.000 pesetas y un pasaporte para viajar a Francia.

Ante la sospecha de que los quintacolumnistas preparaban atentados: sabotear el polvorín del Coliseum o el del Teatro de la Ópera e incluso, quizás secuestrar a algún personaje importante, Ángel Pedrero comunicó todo lo referente a la existencia del complot de una organización quintacolumnista en la Embajada de Turquía a la Jefatura Central del SIM en Barcelona que fue donde se decidió el asalto a la Embajada por una orden de su responsable, Uribarri, y, así, terminar con la “Organización Rodríguez-Aguado “.

El 28 de enero de 1938, agentes del SIM (Servicio de Información Militar) irrumpieron de madrugada en la embajada y detuvieron a más de cien personas entre las que estaban los dos jefes de la Quinta Columna. La entrada de las fuerzas del orden en una embajada suponía una clara violación de asilo político, hecho que conmocionó a la opinión pública internacional. La excusa que puso Indalecio Prieto, Ministro de Defensa, fue que desde el interior de la embajada alguien había disparado a un grupo de milicianos. No era cierto. El SIM nunca encontró armas dentro de las instalaciones. El único hecho que motivó el asalto fue la presencia de los dos quintacolumnistas más importantes de Madrid.

Rodríguez Aguado y Jiménez de Anta fueron trasladados a la sede del SIM ubicado en el Ministerio de la Marina, donde fueron interrogados y maltratados. El jefe  del espionaje republicano en Madrid, el socialista Ángel Pedrero, llegó a ordenar un simulacro de fusilamiento para que delataran al resto de componentes del grupo. Todos los miembros de la organización fueron juzgados por el Tribunal de Espionaje y Alta traición de Madrid salvo Jiménez de Anta y Rodríguez Aguado que fueron trasladados a Barcelona por ser extremadamente peligrosos. Allí fueron encerrados en diferentes cárceles como los Buques Prisión Uruguay y Villa de Madrid, el castillo de Montuic, la checa de La Tamarita y la cárcel Seminario. En verano de 1938, las autoridades franquistas intentaron canjearles por dos presos republicanos en poder de los nacionales. Con la intermediación de la Cruz Roja, el canje no se pudo llevar a cabo. Rodríguez Aguado murió el 28 de octubre víctima de tuberculosis acrecentada por los malos tratos recibidos durante su cautiverio.

El 24 de enero de 1939, dos días antes de que Barcelona cayera en poder del ejército de Franco, Jiménez de Anta y otros presos importantes como Rafael Sánchez Mazas fueron evacuados hacia la frontera con Francia como rehenes del SIM. Muchos de los evacuados fueron fusilados en el Santuario del Collel salvo Joaquín y otros dos militares que consiguieron huir aprovechando un descuido de sus captores tras saltar del camión que les transportaba a la altura de Sils (Girona). Durante seis días los tres fugitivos permanecieron escondidos en pleno bosque soportando temperaturas bajísimas. El 2 de febrero, un año después de su detención, Joaquín recobró la libertad al presentarse como quintacolumnista a una avanzadilla franquista en Massanet de la Selva.

A pocos metros de aquellos recuerdos mencionados al principio del artículo, existe una tumba con dos lápidas presididas por una cruz que amparan los restos y el recuerdo de miembros de ambas organizaciones.

En la actualidad, parece que el Ayuntamiento de Madrid está dispuesto a erigir un monumento a los represaliados de la postguerra, sin distinción y sin mencionar los méritos que les adornaron. Nosotros destacamos a algunos de los participantes en la detención y muerte de los miembros de ambas organizaciones, relacionando brevemente los hechos en que participaron:

*Gregorio Aladro Calabozo, natural de Arévalo (Ávila), de profesión pastelero, casado, socialista. Perteneció a las Milicias de Vigilancia de Retaguardia (MVR), destinado en la Brigada Especial. Fue juez de hecho nombrado por la UGT en el tribunal especial popular, jurado de guardia número 3.

*Daniel Azabal Molina, natural de Cañizares (Cuenca), vecino de Madrid, conductor. Policía de escoltas políticas. Ingresó en el SIM en el Negociado de Retaguardia. Detuvo al doctor Gómez Ulla al que engañó haciéndole creer que lo llevaba a la zona nacional. Intervino en el asalto a la embajada de Turquia.

*Alberto Castilla Olavarría.natural de Bilbao, vecino de Madrid, ayudante de ingeniero, Se sindicó en la UGT (Espectáculos). Actuó como espía y estuvo implicado en todos los procesos contra la quinta columna (Hojas del Calendario, asunto de los 195, Golfín-Corujo, Rodríguez-Aguado…Descubierto su trabajo como agente doble fue detenido varias veces porque era un experto en fugas. La última por las alcantarillas. Fue ejecutado a garrote vil.

*José Cazorla Maure. Miembro del Comité Central del PCE y de la comisión ejecutiva de la JSU. Segundo de Carrillo sucedió a éste como consejero de orden público de la Junta de Defensa de Madrid. Gobernador civil de Albacete y Guadalajara. Fue el creador del batallón de castigo “Auxiliar de Fortificaciones”. Escapó a Alicante tratando de huir de España. Internado en Albatera, consiguió escaparse y fue detenido de nuevo en Fuencarral.

*Luis Colinas Quirós:natural y vecino de Madrid. Perteneció al PCE.Radio este y a las MVR. Acusado de ser uno de los policías que organizaron las sacas de presos. Jefe de la checa de Españoleto y Fernández de la Hoz. Intervino en la detención de los miembros de la organización “España Una”, 13 de los cuales fueron fusilados. Al final de la guerra estaba destinado en Albacete de donde, tratando de huir marchó a Alicante. Sus hermanos Ceferino y Manuel, agentes del SIM actuaron en la Junta Delegada de Salvamento Artístico y lograron embarcar hacia México en el Stanbrook.

*Antonio López del Pozo, alias “Gordo” natural y vecino de Madrid, camarero. voluntario en el “Batallón “las Águilas” durante la guerra. Secretario de organización del Comité Provincial de la JSU madrileña. Era el encargado de los servicios especiales, como el contacto con las demás organizaciones antifascistas y la búsqueda de personas que pudieran introducirse en Falange. Participó, junto a otros miembros de la JSU, en el atraco frustrado a una tienda de comestibles de la calle Dulcinea.

*Aurelio Lozano García: Natural de Mayalde (Zamora), secretario del Ayuntamiento. Agente de investigación y vigilancia. Ingresó en el SIM, fue destinado al 2º cuerpo del ejército y después al Negociado de Retaguardia. Participó en el asalto a la embajada de Turquía y según Pedrero perteneció a la terrible brigada de García Atadell.

*Jesús Enrique López: Natural y vecino de Madrid. Tipógrafo y policía. Miembro de la brigada de García Atadell y en Servicios Especiales del Ministerio de la Guerra, jefe del Negociado de Retaguardia del SIM. Intervino en las detenciones de la organización “Antonio” y “los 195”. Participó en el asalto a la embajada de Turquia.

*Ángel Pedrero García: Natural de Zamora y vecino de Madrid. Maestro Perteneció a la terrible brigada de García Atadell; nombrado por Indalecio Prieto jefe del SIM de la demarcación del centro, fue detenido en Alicante cuando trataba de huir.

* Bonifacio Reinoso López: (alias “Boni”) Vecino de Madrid, albañil. Confidente de la policía a la que delató la existencia de la organización Rodríguez-Aguado. Agente de la Brigada Especial del SIM contra la quinta columna. Participó en requisa de alhajas.

*Fernando Valentí Fernández: Natural y vecino de Madrid. Agente comercial. Estuvo en la brigada de García Atadell y en Fomento. Fue Jefe de la Brigada Especial.Participó en el asalto a varias embajadas y consulados. Organizó la trama junto con Alberto Castilla Olavarría para detener a varias organizaciones quintacolumnistas como la Delfín-Corujo y la Rodríguez-Aguado.


[1] Según algunos autores, como Mijail Koltsov, corresponsal del diario moscovita Pravda y enviado personal de Stalin a España, quien pronunció la frase fue el general José Enrique Varela

[2] J.A.P.: Juventudes de Acción Popular. Sus miembros eran conocidos popularmente como los «Camisas verdes» En su manifiesto fundacional las JAP declararon la guerra al comunismo y a la masonería, «que al negar las tradiciones de España, niegan a España misma».6 El fundador de las JAP y primer líder fue José María Valiente Soriano.

[3] Se definía como un partido monárquico, defensor del legado de Alfonso XIII. Tuvo una representación en las Cortes no muy importante pero constante a lo largo de las legislaturas que configuran la II República. Su importancia se debía a que representaba los intereses de las clases altas, entre ellas la todavía pujante Aristocracia de la época. Además recogía parte de la herencia del maurismo. . Dentro de las huestes alfonsinas convivieron dos tendencias internas que terminarían desgajándose y formando otros dos grupos: el T.Y.R. E. (Tradicionalistas y Renovación Española) :que,  nacido en 1932, seguía siendo un partido monárquico y otro más autoritario encabezado por Antonio Goicoechea hasta que en 1934 José Calvo Sotelo regresa del exilio e ingresa en Renovación Española. Calvo Sotelo había conseguido acta de diputado en las elecciones de noviembre de 1933 y su verbo fácil y sus incisivas invectivas contra el gobierno republicano en las Cortes le convirtieron en el líder natural de la derecha española destacándose en los encendidos debates de la primavera de 1936 –entre los que destaca su famoso enfrentamiento con La Pasionaria en la que ésta le amenaza de muerte, hecho fatalmente cumplido pocos días después.–

Propuso la creación de un “Bloque Nacional” en la intención de unir a las derechas tras su ideario, pero sólo consiguió la adhesión de los albiñanistas, (los Legionarios de Albiñana, (del doctor don José María Albiñana Sanz) y ciertos sectores del carlismo con los que había ya había constituido en marzo de 19337​ una cierta alianza con el TYRE.

[4] Este hombre habla sido Jefe Provincial de FE de Ciudad Real y. en los primeros años de la República, fue alcalde de Villarta de San Juan (Ciudad Real). Al estallar la Guerra tuvo que huir, con nombre falso. Se hospedó en una pensión de Madrid en la calle de Prim y se integró en este grupo de la Quinta Columna. En el proceso afirmó que había llegado a Madrid pero que aquí no conocía a nadie, pero debió establecer comunicación a través de FE, no en balde él era jefe provincial de FE en Ciudad Real.

 

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