Los pro vida, Alfie Evans y los Iglesias

Los pro vida, Alfie Evans y los Iglesias

 

Ahora que se acerca la manifestación convocada por más de 500 asociaciones con motivo del Día Internacional de la Vida, es necesario volver a exponer lo que sucede con el niño Alfie Evans.

¿Quién es Alfie Evans?

Alfie, es un bebé inglés que nació el 9 de mayo de 2016, está en un “estado semi-vegetativo” y tiene una condición neurológica degenerativa que los médicos no han diagnosticado definitivamente. Sus padres llevaron al niño al hospital con siete meses porque padecía espasmos y desde entonces lleva viviendo en coma.

La familia de Alfie ha publicado un video, que  muestra cierta recuperación del bebé, mastica el dedo de su madre, sonríe, chupa un muñeco, bosteza y se despereza. Su tía, Sarah Evans, afirma que esto significa que la condición de Alfie ha mejorado y demuestra que el niño enfermo es “muy consciente” de su entorno.

Pero el hospital dice que el bebé padece síndrome de depleción de ADN mitocondrial (SMD) lo que, al parecer, se refiere a un grupo de trastornos que hacen que los tejidos afectados sufran una caída significativa en el ADN mitocondrial, por lo que quienes lo  sufren no obtienen energía para sus músculos, riñones y cerebro.

Los padres han conseguido reunir una importante cantidad de dinero para que el niño sea trasladado en un avión medicalizado hasta el hospital Bambino Jesú en Roma para recibir tratamiento especial. Dicen que allí le practicarían una traqueotomía y una gastrostomía endoscópica percutánea (PEG) para permitirle alimentarse a través del estómago con lo que esperan que el niño pueda salir adelante.

También ha sido rechazado. Como un diosecillo menor, el señor juez Hayden de la Corte Suprema británica, dictaminó en el Tribunal Superior que el tratamiento de ventilación debería retirarse de Alfie. Tras lo cual, su padre considera que su hijo ha sido condenado a “la pena de muerte”. ”El sistema ha funcionado en contra de nosotros.”No permiten que sea trasladado ni en Alemania ni en Roma.

Un caso similar al del pobre Charlie Gard, curiosamente en el mismo hospital, supongo que tratado por el mismo cuadro médico que se negó, como ahora, a que el niño fuera examinado por otros doctores, expertos superespecialistas de reconocidos centros médicos. Llevados por un ego elevado a la enésima potencia, se niegan a que su diagnóstico sea revisado por otros colegas y se acogen a la ley del Reino Unido;  ley sobre el final de la vida que da al hospital mucho poder sobre el enfermo inconsciente. De hecho, afirma que si hay un desacuerdo entre los familiares y el hospital, éste puede acudir al tribunal para pedir que se retire la custodia a los padres y se conceda el poder de decisión a un tutor que decida en nombre “del interés del menor” que viene a ser el del hospital.

Es decir, un señor sin vinculación afectiva ni emocional con el niño, pero quizá sí con los intereses del centro médico, en función de los informes que dicho centro presenta, sin, como en el caso de Charlie, intentar otras posibilidades que puedan aportar reconocidos científicos, decide si el niño vive o muere. Este señor que toma esta terrible decisión, tiene opinión más preeminente que la de los padres del bebé quienes, ante la terrible maquinaria de un Estado se ven impotentes para defender hasta el último momento, la vida de su pequeño.

Esto es lo que le está pasando a Alfie, que, como a Charlie,  el hospital se ha dirigido a la Corte diciendo que “se le debe retirar la ventilación” y que “hay que dejar morir al niño de manera pacífica y digna”. Es decir, eufemismos aparte,  quiere decir matarlo, porque según ellos un niño así, aunque mejorase, sería un minusválido para el cual el hospital ha decidido que esta vida no tiene sentido, según el concepto que usan para definir lo que es “calidad de vida”. En pocas palabras, si no alcanza un nivel establecido subjetivamente, la vida debe ser eliminada.

Si reflexionamos sobre la cuestión, vemos cómo nos venden que no vale la pena luchar por salvar una vida enferma y es mejor asesinarla, porque es bueno para la víctima al evitarle dolor, sufrimiento y merma de lo que se dice “calidad de vida”. Es decir, en un estado democrático, no lo olviden, nos proponen como bueno y para nuestro bien, un asesinato bajo el eufemismo de la eutanasia. Y si esto, a esta sociedad cegata y absurda le parece bien, es decir, “quitar de en medio a seres enfermos e improductivos, (incluidos ancianos, claro), quiere decir que ¿están a favor de las barbaridades que los médicos hitlerianos hicieron so capa de experimentos científicos para mejorar la humanidad, o al menos, la raza? Otras veces, mucho más drásticos, simplemente los eliminaban como ocurrió con tantos niños síndrome de Down u otras anomalías.

Uno se plantea si, aunque quizá menos espectacular, esto no viene a ser el mismo sistema que utilizaba Hitler, Mengele y sus adláteres cuando negaban el derecho a la vida de todos aquellos seres con malformaciones y problemas. Todo aquel que sufría retrasos mentales, discapacidades físicas o enfermedades mentales fueron perseguidos para asesinarles en el marco de lo que los nazis llamaban programa “T-4” o de “eutanasia”. Los bebés y los niños pequeños que tenían discapacidades también eran asesinados mediante una dosis letal de drogas o por inanición. Adolf Hitler autorizó en 1939 el comienzo del programa de “eutanasia”: el exterminio sistemático de aquellos alemanes a quienes los nazis consideraban “no merecedores de la vida”. Igual que ahora con Alfie y antes con Charlie y, seguramente habrá habido muchos más.

En aquella época, el obispo de Münster, Clemens August Graf von Galen denunció los asesinatos en un sermón público el 3 de agosto de 1941. Se enfrentó a Hitler en este y otros aspectos y fue conocido por ello como “el león de Münster”. En la actualidad, cada vez más príncipes de la Iglesia en España se manifiestan abiertamente a favor de la vida. Así, el obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, ha afirmado que el llamado derecho a decidir, en relación al aborto, pero que bien puede aplicarse al caso de Alfie, “no puede ejercerse cuando está en juego la vida de un sujeto humano, porque la decisión presionada por intereses egoístas, no respeta la vida y elimina al que estorba“.[1]

¡Y que nadie proteste! Ya, ni manifestarse a favor de la vida permiten. En el distrito londinense de Ealing se prohíbe definitivamente las vigilias de oración cerca de clínicas abortivas. Se trata de impedir la labor humanitaria de los grupos provida que han salvado a un gran número de niños y de evitar a gran número de mujeres que asesinen a sus hijos.

En este contexto, los padres de Alfie, en un desesperado esfuerzo por encontrar soluciones, mantuvieron reuniones con el hospital pidiendo prorrogar un poco la situación. En el hospital, aunque les dieron buenas palabras han anunciado para esta semana la desconexión. Es decir, quizás este próximo domingo mientras en Madrid se celebra el día pro vida y se clama (bien que en el desierto) en contra del asesinato de tantos niños por sus propias madres, unos kilómetros más al norte, unos padres estén llorando por la muerte de su querido bebé.

Y como en el caso de Charlie Gard volvemos a protestar contra esta sociedad que nos quieren vender como democrática, pacífica y generosa. Nos gustaría que se plantearan las siguientes cuestiones:

1.-El bebé está muy malito, de acuerdo, pero el Estado Inglés:

  1. a) No tiene obligación de velar por la vida de sus ciudadanos y no propiciar o adelantar su muerte?
  2. b) No debería dicho estado, mostrarse ecuánime y exigir un nuevo informe médico de un solvente centro pediátrico?
  3. c) La libre circulación de personas y capitales en la Unión Europea, a la que todavía está vinculado el Reino Unido, se le prohíbe a Alfie, sin tener en cuenta razones de humanidad.
  4. c) Estos doctores no tienen obligación de cumplir el juramento hipocrático?[2]

Parece que al hospital, amparado por la Ley estatal, lo único que le importa es evitar gastos que consideran inútiles puesto que ya han dictaminado contra la vida del niño. Y yo vuelvo a preguntarme, como en el caso de Charlie, quién es el Estado para matar al bebé con total impunidad, porque si en ese hospital han llegado al culmen del principio de Peter, al menos, deberían permitir a esos padres darle una oportunidad de vida a su hijo.

Por segunda vez el público se ha movilizado llevado no sé si por la emoción o por la indignación y ha creado un grupo en defensa de Alfie, pero parece que solo ha servido para que el Papa Francisco tuitee: “Espero sinceramente que se haga todo lo necesario para continuar acompañando compasivamente al pequeño Alfie Evans, y que se escuche el profundo sufrimiento de sus padres. “Estoy rezando por Alfie, por su familia y por todos los que están involucrados”. Francamente, dado el orgullo demostrado por los poderes en este proceso, no creo que respeten su opinión.

Las Asociaciones Pro Vida  fueron creadas como su nombre expresa, en defensa de la vida y en contra del aborto. Dos declaraciones al respecto: “La crisis que vivimos arrancó el día en que el aborto se hizo derecho: a partir de ahí, se abren las puertas a la imposición de la ideología de género, los vientres de alquiler y todas aquellas tendencias que atacan la persona y los valores del verdadero humanismo. Aquí hemos estado los que no nos resignamos, venimos a mirar las raíces de la crisis y a hacerles frente”. (Jaime Mayor Oreja, Presidente de la Federación One of Us) y las de María San Gil: “Hoy defendemos que la vida no es patrimonio de ninguna ideología y en su defensa tenemos que ser absolutamente radicales. Hay valores, hay principios que se merecen que seamos radicales en su defensa, que no utilicemos dobles sentidos, dobles argumentos, que no tengamos complejos de ningún tipo y los defendamos de frente, con verdad y con contundencia”.

Bien, pues estas asociaciones saldrán a la calle el domingo 15 de abril para manifestarse por la defensa de la vida desde su concepción hasta la muerte natural, y con un aspecto reivindicativo, con el fin de “dar un toque” a los políticos para que cambien las leyes “que no son en favor de la vida” y pedir el apoyo a la sociedad médica. Siete años, 10 meses y 9 días, lleva el Tribunal Constitucional sin emitir fallo sobre la vigente Ley de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo, la llamada ley del aborto aprobada en 2010 por el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Desde que se presentó el recurso han sido abortados 700.000 seres humanos en España, de ellos, 93.131 solo en el año 2016.

De modo que se continua asesinando niños al tiempo que los poderes públicos dicen que la pirámide poblacional está invertida, lo que ocasiona los consabidos problemas, el más claro, las pensiones. (Miedo da suponer cómo piensan nivelar la dichosa pirámide). Rezaremos porque los dos angelitos Alfie y Charlie jueguen felices en el cielo y porque intercedan para que nadie pueda arrogarse de nuevo el poder de acabar con aquellos que sean “imperfectos o improductivos”.

De modo que dado los objetivos de dicha manifestación provida consideramos que sería un momento idóneo para que Irene Montero y Pablo Iglesias, futuros felices padres por partida doble, encabecen orgullosamente la mencionada manifestación ¿Qué mejor momento?

Por cierto, hemos visto al feliz y orgulloso padre cantando a sus futuros hijos, y lo encontramos muy natural, pero nos llama la atención esa actuación tan dentro de los parámetros de una actitud de padre tan tradicional que hasta podría ser definida como propia de “una familia de toda la vida”, lo que no encajan en unas personas tan progres. De nuevo nos dejan asombrados. Ahora que están creando su propia familia, ¿ya no consideran a la institución familiar un heteropatriarcado? Los educarán ellos, o siguiendo las pautas de sus ideólogos los harán “pioneros” en cuanto nazcan y los entregarán a algún Estado de su cuerda? Entiéndase, Venezuela, Cuba, Corea del Norte, etc. Rusia no, porque Putin les parece muy lejano de sus ídolos Lenin y Stalin.

Pablo Iglesias ha declarado que han sorteado el apellido y ha dicho que se llamarán Iglesias. No perdón, Iglesias Montero; no sea machista. En definitiva, dentro de un orden, primero el apellido del padre y luego el de la madre; otra vez tradicionales. Es pronto, pero nos gustaría saber el sexo de los niños, porque aquí sí que puede haber dilema. Si los bebés son varones, uno seguro que siguiendo la saga le llamarán Pablo, con el otro es más difícil: Lenin, Stalin, Hugo (por Chávez), Nicolás (por Maduro), etc. Si llega alguna niña, está claro que no puede llamarse como la madre, porque sería un contrasentido que los líderes de un partido que ensalza a Robespierre[3] y la pena de muerte mediante la decapitación como “la madre de la democracia”, pongan a su hija el nombre de Irene, “la que tiene paz”.

Claro que ellos, tan partidarios de los LGTBI, si no se adecuan los nacidos a sus preferencias pueden pasarlos por un proceso de “reasignación sexual”. Estoy deseando ver cómo actúan con sus propios hijos porque es sabido que los comunistas tanto en su versión más descafeinada o en la más radical como es la podemita, actúan de distinta forma a la que propugnan, porque una cosa es “predicar y otra dar trigo”, según el clásico refrán. Su fanática y extremada oratoria solo va encaminada a inducir comportamientos en los demás.

 En sus declaraciones sobre el futuro nacimiento habla de sus sentimientos como padre y es necesario aclararle que por su amigo Zapatero no puede utilizar esa palabra tan entrañable: padre. Él, desde la “ORDEN JUS/568/2006, de 8 de febrero, no es padre, solo es Progenitor A y doña Irene, por mucho que le cueste traer a sus hijos a este mundo, no es madre, sólo Progenitor B. Por cierto, que siendo tan feminista esta señora no sé cómo le parece bien ir de “segunda” porque a no ser que también cambien el orden del abecedario, la B va detrás de la A, como ocurre en su admirado mundo árabe en el que  la mujer camina dos pasos detrás del hombre. Esto no habría pasado en la situación anterior a dicha ley ya que padre y madre se movían en un mismo nivel. ¿Se darán cuenta ahora de la estupidez de su admirado Zapatero?

Yo creo que al final dejarán sus teorías para que les sean aplicadas a otros y ellos serán padres como la mayoría de los españoles y puede que hasta busquen un lugar entre los “tradis”[4]. En fin, como somos una pro vida más, nos alegramos de que no lleven a la práctica su teoría en defensa del aborto y no puedo menos que desearles que el nacimiento de los dos niños, se produzca con toda felicidad. ¿Transformarán estos bebés a sus padres de modo que pasen de inclementes abortistas a ser fervientes defensores provida?


[1] https://www.20minutos.es/noticia/2992770/0/obispo-cordoba-rechaza-derecho-decidir-sobre-aborto-cuando-esta-juego-vida-humana/#xtor=AD-15&xts=467263

[2] “No llevar otro propósito que el bien y la salud de los enfermos”, fue la base del juramento que Hipócrates les hizo hacer a sus discípulos, que llevarían a lo largo del mundo la medicina. A más de dos milenios, la concepción del griego continúa siendo la base de la ética médica a nivel global.

[3] El Reinado del Terror (1793-1794), sin duda el primer régimen totalitario de la historia, en el cual los jacobinos no sólo asesinaron a Luis XVI y a otros nobles del Antiguo Régimen, como erróneamente piensan algunos. En los 11 meses que duró esa dictadura jacobina fueron asesinadas mediante la guillotina ya sólo en París 2.639 personas, según un estudio de la Doctora Marisa Linton, de la Kingston University. Las víctimas incluían a enemigos políticos de los jacobinos, a los propios jacobinos moderados, a los críticos con Robespierre y a sacerdotes y fieles católicos. Durante ese corto periodo fueron dictadas en toda Francia 16.594 condenas a muerte, una cifra que excede con mucho al total de personas ejecutadas por la Inquisición española a lo largo de tres siglos. Esa cifra se eleva a más de 41.000 asesinados si contamos a las personas ejecutadas sin juicio alguno. Bastaba cualquier acusación sin pruebas o siquiera una sospecha para que en nombre de la libertad, te diesen muerte los verdugos a los que ensalza Pablo Iglesias, que en el vídeo no disimula su admiración por el dictador Robespierre, al que califica de “gran revolucionario”.

A esa masiva ola de asesinatos hay que añadir la más brutal persecución anticristiana después del Imperio Romano, persecución que incluyó la prohibición del culto católico, la ilegalización de todas las congregaciones religiosas -que socorrían a tantos pobres, enfermos y hambrientos-, la usurpación de los templos a manos del Estado y la instauración de un culto obligatorio a la Diosa Razón. En materia de derechos humanos, los atropellos de la Revolución Francesa y en especial del Terror jacobino sólo son equiparables con los crímenes cometidos por el comunismo,  el nazismo y la II República Española a lo largo del siglo XX. El dictador Robespierre mandó arrestar a toda la oposición girondina, suprimió las libertades de prensa, de reunión, de expresión y de religión y suspendió toda las garantías procesales. Esto es lo que sin duda le ha granjeado las simpatías de los marxistas ya desde los tiempos de Lenin, dictador comunista al que su secuaz León Trotsky calificó de “Robespierre moscovita”, con la diferencia, claro, de que Lenin no murió como Robespierre, cuya cabeza acabó probando la guillotina que tanto defendió.

[4] En jerga juvenil, así llaman a los que conservan usos y costumbres tradicionales.

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