Opinion

¡¡ HACEDLAS CALLAR !!

“Hay signos de que Alá garantizará la victoria islámica sin espadas, sin pistolas, sin conquista. No necesitamos terroristas, ni suicidas. Los más de 50 millones de musulmanes que hay en Europa lo convertirán en un continente musulmán en pocas décadas”.

LAS CAMPANAS SON EL INSTRUMENTO DE MÚSICA DEL DIABLO

(Mahoma, dixit)

Con vuestras leyes democráticas nosotros los colonizaremos; con nuestras leyes coránicas los someteremos

(Yousouf al-Quaradawi, dirigente de los Hermanos musulmanes)


¿Sonarán mañana las campanas? Se pregunta Philippe de Villiers[1] en un magnífico libro[2] sobre el proceso de islamización de Francia llevado a cabo por las élites mundialistas con cierto apoyo eclesiástico, en el que destaca el triste papel de la jerarquía que, en su mayoría, vencida de antemano, renuncia al apostolado temiendo caer en “proselitismo”.

Seguimos aquí, por su interés la profunda y reflexiva recensión que del libro ha hecho el P. Olivera Ravasi en su blog “Que no te la cuenten; sin embargo debemos señalar que otros eruditos también han trabajado este tema que, por su amplitud, afecta a toda Europa. Así los profesores Alsayyad y Castells han publicado ¿Europa musulmana o euro-islam?, un conjunto de nueve ensayos agrupados en dos partes: “Europa, el Islam y la identidad del estado nacional en transformación” y “El Islam en Europa y más allá: perspectivas comparadas”. En ellos analizan uno de los fenómenos sociales más significativos de nuestro tiempo como por ejemplo el problema de los guetos foráneos instalados en el seno de las escleróticas sociedades europeas de la Unión.

De Villiers confiesa que ha escrito el libro con los informes secretos que los Servicios de Inteligencia le suministraron… dado que el Estado no publicaba nada y todo quedaba en un agujero negro para ser clasificado in aeternum, hubo más de un valiente que le pasó datos de primera mano para que los diera a conocer y así poder tomar conciencia de la gravísima situación política que atraviesa su patria. Al pobre no le quedó mucha elección, a pesar de la oposición familiar y la del mismo editor que, luego de consultar a un abogado, le dijo que le harían: “un juicio por cada página”, se lanzó a la aventura y el libro salió a la luz. La tormenta de críticas y amenazas de muerte llovieron, no obstante, ni una demanda hasta el día de hoy, pues todo lo que dice está documentado seriamente y el autor conserva los informes.

No iban descaminados quienes así le aconsejaban. Con él no se han atrevido, pero es cierto el tema de la censura sobre comentarios que expresen rechazo a las nuevas leyes de homosexualización e islamización de nuestra tierra,  aunque sea la opinión respaldada por más de un millón de italianos y cientos de checos y eslovacos, censura que, al parecer viene impuesta por grandes empresas creadas por miembros del poderoso lobby judío cuyo propósito no es otro que contribuir al proceso de globalización, siguiendo el Plan Kalergi, y obtener toda la información posible de la población mundial sobre todo a través de las redes.

Del Plan Kalergi al nuevo orden mundial

Y lo que es peor como nos dice de Villiers, la imposición de los musulmanes ya es tal, que no solo amenaza con silenciar las campanas, sino que, no tardando mucho las veremos reemplazadas por la voz del muecín,[3] con lo que, alegando el dogma de la “laicidad”, algunos contribuyen a que se olvide que las campanas son signos de civilización y parte de la identidad cristiana. De este modo actúa el párroco de Sartrouville quien alega: “Queremos evitar provocar a la población de los barrios con mayoría musulmana” (p. 20) para justificar la decisión de construir una iglesia sin campanario.

En esta labor se ven ayudados con gran entusiasmo por las organizaciones laicistas dirigidas por Europa Laica, una de cuyas ramas, España laica, está subdividida a su vez. Una de sus ramitas es Granada Laica[4] que ha denunciado ante el Patronato de la Alhambra y la Consejería andaluza de Cultura el uso de las campanas de la Torre de la Vela para eventos religiosos, exigiendo que se evite cualquier uso confesional del monumento. El coordinador de Granada Laica, Manuel Navarro ha detallado que la Alhambra se sumó durante todo el día a una “celebración religiosa católica” organizada por el Arzobispado de la ciudad y las cofradías granadinas que reunió en procesión a 33 imágenes marianas de Granada y ha recalcado que la denuncia recoge las quejas de las personas afectadas, tanto por el incumplimiento de la normativa sobre ruidos como por la “vulneración de su libertad de conciencia y de la neutralidad del Estado”. Al tiempo que esto se produce, un miembro de la jerarquía eclesiástica revestido de ornamentos, se postra reverente a la manera musulmana, junto a un grupo de ellos. No es extraño que avancen en sus imposiciones con tan importantes ayudas.

Dice el P. Oliver Ravasi que estamos en vísperas de un shock de identidad entre dos pueblos, de un proceso que viene desde hace más de 40 años, en el que uno de ellos se instala con orgullo y el otro desaparece sin capacidad de reacción, pues como denuncia de Villers: “nuestras élites están bajo hipnosis, encandiladas, asistiendo a una invasión, sin resistencia”, peor aún, cultivando suicidamente el exotismo de la propia desaparición”.

Y señala algunos ejemplos escalofriantes que se han producido en Francia:

Por un lado tenemos al teólogo islámico Tariq Ramadan quien el 7 de febrero del 2016 en el Gran Palacio de Lille, rodeado de banderas francesas y delante de un público de mujeres con velo y de hombres barbudos llevando el qamis[5], pregonó sentirse como en casa: “Ahora Francia es una cultura musulmana. El islam es una religión francesa. La lengua de Francia es la lengua del islam. Ustedes tienen la capacidad cultural para hacer que la cultura francesa sea considerada como una cultura musulmana entre las culturas musulmanas” (p. 24).

El rector de la Gran Mezquita de París, Boubakeur, tildado de islamista moderado, proclamó el 5 de abril del 2015 frente a un público de 50.000 creyentes: “Tenemos 2200 mezquitas, es necesario duplicarlas de aquí a dos años” (p. 13) y lo logró.

Es triste que para alcanzar el ambicioso objetivo tengan aliados de lujo en una parte del clero francés, quienes llevados del aggiornamiento[6] que estableció el Concilio Vaticano II, declaran, como Mons. Michel Dubost, estar a favor de que “las iglesias se vuelvan mezquitas antes que restaurantes” (p. 13). A lo que Boubakeur asintió sin quedarse atrás, proponiendo abiertamente “transformar las iglesias vacías en mezquitas”, ya que es una regla matemática: menos iglesias = más mezquitas, dos bienes sustituibles, pues por una parte faltan mezquitas y por otra, las iglesias vacías piden ser llenadas… es simple” ¡Sic! (p. 14).

Continuando en la línea de este “diálogo interreligioso”, el presidente de la Unión de Organizaciones Islámicas de Francia (UOIF), franqueó otra etapa reclamando directamente “la construcción de mezquitas-catedrales” (p. 14). Y su aspiración no parece una utopía. El obispo de Auch, Mons. Maurice Gardès, reservó una parte del diezmo de los católicos franceses para destinarlo a la reconstrucción de la gran mezquita de la ciudad, sin previo aviso de sus feligreses, claro está.

Muchos obispos franceses –advierte de Villiers- colaboran en esta causa, como por ejemplo, el Cardenal Barbarin, quien hizo saber, por un comunicado del 10 de julio del 2016, su apoyo entusiasta a la construcción de un ‘Instituto de civilización musulmana’ en Lyon ‘para -agrega el primado- permitir descubrir los aportes de la cultura musulmana’” (p. 140), dicho proyecto ya es un hecho y fue financiado por Arabia Saudita. El instituto está justo al lado de la gran mezquita de Lyon, donde predica el conocido salafista Abdelkader Bouziane.

Frente a ellos está la nada misma. Los franceses no saben ni dónde están parados: han renunciado a sus raíces cristianas haciendo un verdadero “memoricidio” de su historia y reescribiéndola de una manera políticamente correcta: no más victoria de Carlos Martel frente a los sarracenos, ni cruzada de san Luis a Jerusalén, ni voces de Juana de Arco, ni héroes vendeanos, ni colonización de Argelia, etc. Al punto que en el 2007 Nicolás Sarkozy debió crear un ministerio de “Identidad Nacional” nombrando a Éric Besson para un rol del cual ni siquiera estaba convencido pues cuando le preguntaron qué era para él su país, el nuevo ministro contestó impunemente: “Francia no es un pueblo, ni una lengua, ni un territorio, es una aglomeración de pueblos que quieren vivir juntos. No hay francés de origen, solo hay una Francia de mestizaje” (p. 28). Y esto es general en toda Europa.

Este largo proceso de “auto-demolición” de las naciones europeas se aceleró el 9 de noviembre de 1989, con la caída del muro de Berlín y la puesta en marcha del plan Monet-Schumann[7] para lograr una Europa sin fronteras ni naciones, controlada por USA. Así, las elites nos hicieron creer que a partir de ese momento, llegaría la “felicidad de la mundialización”, con el fin de la guerra, el fin de la historia, el fin de las ideas y el fin de la religión; y el consiguiente “multiculturalismo” de los estados para un nuevo tipo de hombre cosmopolita, completamente desarraigado, un individuo nómada sin patria ni sexo.

Sin embargo el paraíso prometido se transformó pronto en un infierno terrenal. “La clase política hizo la elección de la ‘apertura’. A sabiendas, expuso nuestro país a una invasión progresiva y continua. Y el precio a pagar hoy día es insoportable” (p. 59). Gracias a la entrada indiscriminada de refugiados por doquier que gozan de la “libre circulación”, se infiltran muchísimos terroristas que en el mercado negro pueden comprarse un “pasaporte sirio” por 750 € y gozar de todos los beneficios sociales.

Así, una mezcolanza incompatible va creciendo cual bola de nieve… El presidente Sarkozy confesaba en el 2004: “Francia se ha vuelto multicultural, multiétnica, multireligiosa… pero no se le ha dicho. El componente musulmán de Francia es una realidad. Es necesario integrarlo. La integración no es una asimilación, pues en este último caso se impone al recién llegado que renuncie a su identidad para ser aceptado” (p. 104). Esto será el paraíso de la diversidad o el infierno multiconflictual, y de Villiers se inclina por la segunda opción.

Ya que los dirigentes franceses no están convencidos de ponerle condiciones al recién llegado, se ha vuelto “colaboracionista” con el invasor, haciéndolo sentirse como en casa… musulmana. De hecho, Francia fue una de las primeras en aceptar el plan mágico de “La Gran Sustitución” propuesto por las Naciones Unidas en el Plan Kalergi y financiado por George Soros que prevé directamente reemplazar la moribunda población europea -envejecida por su esterilidad demográfica con el aborto, la eutanasia, la homosexualidad, etc.- por la pujante islámica.

Por eso la inmigración no solamente es tolerada, sino que está programada por las élites con el fin de lograr una “migración de reemplazo” completo. Para Francia en particular, la ONU ya ha dispuesto la entrada de “16 millones de inmigrantes entre el 2020 y 2040, es decir, 800.000 personas por año” (p. 77).

Un día, millones de hombres dejarán el hemisferio sur para ir al hemisferio norte. Y no irán como amigos. Irán para conquistarlos. Y los conquistarán poblándolos con sus hijos. Es el vientre de las mujeres que nos dará la victoria” (p. 74). Así se los profetizó en 1974 el presidente de Argelia de ese entonces, Houari Boumediene. Y también lo advirtió en su momento Gadafi: “Hay signos de que Alá garantizará la victoria islámica sin espadas, sin pistolas, sin conquista. No necesitamos terroristas, ni suicidas. Los más de 50 millones de musulmanes que hay en Europa lo convertirán en un continente musulmán en pocas décadas”.

El Pacto Global sobre Migración o el infame Plan Kalergi

Al mismo tiempo, los jerarcas de la desaparición de la civilización cristiana, han propuesto a la Unión Europa el plan Eurislam para encontrarles a los musulmanes su lugar en el mundo… occidental, bajo el subtítulo de “acomodo mutuo” (p. 83). Aunque en realidad es lisa y llanamente la imposición de una cultura religiosa importada, una asimilación al revés, pues el manual de adaptación es sólo para los europeos. Al punto que Martin Hirsch, alto funcionario del gobierno, llegó a decir en televisión: “la verdadera integración, será cuando los católicos pongan el nombre de Mohamed a sus hijos” (p. 123). Claro está que él pertenece a ese género de políticos que hipócritamente predican lo que no cumplen pues sus tres hijas se llaman Raphaëlle, Mathilde y Juliette. La integración es más bien de la casa para afuera.

La portada del informe habla por sí sola… las 12 estrellas marianas con un minarete en el medio y la medialuna islámica. Frente a naciones que han perdido toda transcendencia, el islam aparece como el único proyecto político para Europa, preparando el cambio de civilización.

La Corte Europea está trabajando seriamente en esta línea al otorgar una extraña prioridad a favor del islam en su jurisprudencia: libertad de instalar mezquitas, días feriados islámicos, comercios halal,[8] pausas breves en el trabajo para la oración, derecho a asistir los viernes al oficio religioso, etc. Y en esta carrera por el favoritismo islámico, los expertos de la comisión de cultura del parlamento europeo no se quedaron atrás opinando que: “el matrimonio cristiano tradicional no es más la única institución sobre la cual una familia puede reposar jurídicamente. La poligamia puede aparecer como otra manifestación posible de este tipo de unión y estar tan ligada al derecho europeo de la familia tradicional como el matrimonio homosexual” (p. 89). Como son ideólogos no pueden ver la perfecta incompatibilidad de cualquier proyecto que trate de conformar el Islam con el homosexualismo, como mezclar agua y aceite, está destinado al fracaso absoluto. ¿Y qué dirán las femen? ¿Admitirán la poligamia?

De Villiers termina el capítulo, recordándonos que durante el viaje a la isla de Lesbos, el papa Francisco prefirió acoger en Roma a familias musulmanas antes que a las cristianas…: “él también hizo su elección: el Eurislam” (p. 86). Después de esto, cómo nos vamos a extrañar que algunos miembros de la jerarquía eclesiástica, olvidando su obligación de defender lo que Cristo nos enseñó adopten una actitud de priorizar la religión de Mahoma?

El periodista Ignacio Camacho López de Sagredo escribía no hace mucho en ABC sobre este tema incidiendo en la necesidad de que la sociedad reaccione: “Lo importante es saber, o aprender, lo que significa no encogerse, no amilanarse, no apocarse: significa luchar. Significa combatir como combaten las sociedades libres, con la determinación democrática de defender la libertad. Significa estar orgullosos de nuestra civilización y resueltos a protegerla; significa ser conscientes de que la bondad, el humanitarismo y la comprensión no erradican por sí solas el mal. Significa coraje para pelear, empeño en resistir, voluntad de ganar”. AMEN


[1] Philippe Marie Jean Joseph Le Jolis de Villiers de Saintignon, nacido el 25 de marzo de 1949 en Boulogne (Vendée)  de familia de altos mandos militares. Lleva el título de vizconde. Es un alto funcionario, ensayista y político francés que algunos encasillan en la derecha euroescéptica. A lo largo de su carrera política y de sus obras defiende las raíces cristianas de Francia y critica el proceso de islamización  que, según él, afecta al país.

[2] Philippe de Villiers Les cloches sonneront-elles encore demain? Ed. Albin Michel, 2016 Traducido por la Hna. Marie de la Sagesse Sequeiros, S.J.M.

[3] El almuédano, almuecín o muecín es, en el Islam, el miembro de la mezquita responsable de convocar de viva voz a la oración o adhan,1​ con una frecuencia de cinco veces al día, desde el minarete o el alminar.

[4]Suelen tener representación en cada provincia y aún en ciudades grandes no capitales y cada una tiene su encargo todas con el mismo propósito, conseguir el alejamiento de los ciudadanos de la religión católica.

[5] Vestido del profeta Mahoma

[6] Aggiornamento es un término italiano utilizado durante el Concilio Vaticano II (1962-1965) y que los papas Juan XXIII y Pablo VI  “popularizaron como expresión del deseo de que la Iglesia católica saliese actualizada de dicho Concilio”. Define pues un movimiento renovación y modernización de algunas de las posturas de la iglesia católica.

[7]Plan Monet-Schumann allanó el camino hacia la Comunidad Económica Europea y, posteriormente, la Unión Europea, que todavía funciona con las innovadoras instituciones europeas concebidas en 1950.

[8] Comercios cuyos productos respetan las disposiciones islámicas en los que los clientes los compran por convicción religiosa y confianza en su calidad.

Reciba gratuitamente nuestras noticias en su correo electrónico

RecibA en Su e-mail todas las novedades
Ha podido leer este artículo gracias al esfuerzo de quiénes hacen posible TradicionViva, un espacio de análisis y debate lejos de los dogmas de la corrección política, que se sostiene gracias a la generosidad de sus lectores. Si quiere ayudarnos puede hacer un donativo en la Cuenta 0073/0100/52/0498126649 – IBAN ES5100730100520498126649 o realizando una donación pulsando aquí. También puede colaborar remitiéndonos sus colaboraciones, reportajes, artículos de opinión, ilustraciones, reseñas de libros, noticias de tu asociación … a nuestra dirección redaccion@tradicionviva.es.

 

Valentina Orte

Licenciada en Geografía e Historia, fue profesora hasta su jubilación.

Añadir comentarios

Pulse aquí para comentar

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Síguenos

¡SÍGUENOS EN NUESTRAS REDES SOCIALES Y ENTÉRATE DE TODO LO QUE SUCEDE EN LA HISPANIDAD TRADICIONALISTA!

Facebook

Publicidad