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Análisis

El gen de Dios

Francis Collins afirma que estudiando el código genético ha encontrado a Dios porque una complejidad semejante sólo puede ser obra de un Creador.

Esta impactante frase corresponde al título de un libro del prestigioso microbiólogo y genetista Dean Hamer; libro que plantea un problema de enorme interés, no sólo por lo que aborda, sino porque lo que se pregunta concierne a bastantes más cosas que El gen de Dios. Lo traemos a reflexión porque el interés suscitado por estos estudios ha motivado, como veremos, que un famoso grupo busque la manera de anularlo en el ser humano.

Durante siglos, se creyó que la idiosincrasia de los pueblos dependía principalmente del clima, en tanto que la personalidad individual debía obedecer a otros factores. Diversos investigadores dedicaron sus esfuerzos a este tema. Andrew Newberg, investigador de la Universidad de Pensilvania, tiene experiencia en la exploración de lo divino en lo humano. Ha tomado numerosas imágenes de los cerebros de monjes de distintas confesiones y de otros voluntarios en estado de meditación u oración profunda. De este modo, ha visto que en los momentos álgidos se producen varios fenómenos neuronales simultáneamente. Aumenta la actividad en las áreas frontales encargadas de focalizar la atención, lo cual corresponde con la concentración propia de los estados de recogimiento profundo; también se observa una sobre activación del sistema límbico, un grupo de estructuras asociadas a las emociones y a la memoria. Pero el hallazgo más sorprendente fue que al mismo tiempo se desactivan los lóbulos parietales, las regiones situadas aproximadamente debajo de la coronilla en los dos hemisferios. Se podría decir que esta área es la residencia del sentido del yo, es donde radica el concepto de individualidad. La reducción de la actividad durante la meditación o la oración tiene como consecuencia la disolución de las fronteras entre el yo y el entorno y conduce a la sensación de comunión con el universo, de pertenencia a la totalidad. Exactamente lo que describen los que alcanzan un estado profundo de trascendencia espiritual, de misticismo.

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Michael Persinger, neurocientífico de la Laurentian University (Canadá), que hace 20 años escribió un libro titulado La base neurofisiológica de la creencia en Dios, estaba interesado en descubrir por qué personas de distintas confesiones, culturas y estatus sociocultural podían experimentar estados de iluminación tan similares. Para este neurocientífico, la morada de Dios se encuentra en los lóbulos temporales, las regiones del cerebro situadas sobre las orejas.

Los más evolucionistas se preguntarán qué interés evolutivo puede tener para el ser humano la capacidad para tener experiencias místicas. “El cerebro nos da dos funciones básicas: auto mantenimiento y auto trascendencia. Nos ayuda a adaptarnos y cambiar a lo largo de la vida. La religión y la espiritualidad también nos proporcionan estas funciones básicas, así que ofrecen beneficios sustanciales al individuo”, dice Newberg. Dean Hammer comparte su opinión: “Sostengo que uno de los papeles más importantes de los genes de Dios en la selección natural es proporcionar a los humanos un innato sentido del optimismo”. Y el optimismo, opina, “mejora la salud humana y prolonga la vida”. De hecho, la mayoría de las personas que han vivido una experiencia mística dicen que su vida mejoró y su percepción del mundo cambió. Según Hammer, ese efecto se debe a que esas personas están obligadas a plantearse “la cuestión más importante de la vida: la consciencia. Sin ella no sabríamos quiénes somos ni adónde vamos. Sin embargo, nunca pensamos en ella”. Cabe añadir aquí los estudios que indican que la meditación y las creencias religiosas tienen un impacto positivo en la salud y en la longevidad.

Un científico del prestigio de Francis Collins, responsable del consorcio público que secuenció el genoma humano, afirma que estudiando el código genético ha encontrado a Dios porque una complejidad semejante sólo puede ser obra de un Creador. Eso sí, aclara que no cuestiona la evidencia de la evolución, pero en su opinión la teoría de Darwin no está reñida con la existencia de una inteligencia superior. Gregg Braden, un ingeniero que ha trabajado en el desarrollo aeroespacial e Internet, es otro buscador de lo divino que ha unido elegantemente ciencia y tradiciones espirituales y que también ha encontrado la huella del Creador. En El código de Dios expone sus investigaciones sobre la Cábala, la lengua hebrea y su paralelismo con los elementos químicos que componen el código genético. Braden propone que el nombre de Dios está escrito en el ADN de cada una de nuestras células, Dios está en nuestro interior.

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Y si Dios está en nuestro interior hay que buscarlo en los genes, por eso Hamer ha hecho las investigaciones necesarias para ver si la propensión a la religiosidad de cada persona depende de su constitución genética. Y lo ha abordado, claro, por la vía del ADN. Pues bien, no hay que hacer demasiados esfuerzos adivinatorios para concluir que, en efecto, ha establecido una relación entre ADN y lo que llama “espiritualidad”, concepto que distingue de la religión y que considera que es, más bien la propensión de una persona a lo que denomina “misticismo”, aclarando que Hamer en su libro se refiere a todo tipo de inclinación personal religiosa, no sólo a aquello que entendemos como fenómenos místicos.

La religión es para Hamer la forma práctica concreta por medio de la cual se encauza la espiritualidad. Esto es: el judaísmo, el catolicismo, el islam… Así, se puede ser judío, musulmán, budista, protestante o católico y eso no depende de los genes, sino de la cultura. Es la espiritualidad con que se vive la religión que uno profesa -sea cual fuere- lo que está condicionado por el ADN.

Mientras la espiritualidad parece transmitirse fundamentalmente por los genes, la religión tendría un componente genético mucho más débil; mientras la primera se transmite por genes, la segunda lo haría por memes. Los memes son, según Richard Dawkins, unidades teóricas de información cultural que se transmiten de un individuo a otro, o de una mente a otra.

Se podría decir que esta área es la residencia del sentido del yo, es donde radica el concepto de individualidad; no solo el problema de la religión, sino el de toda forma cultural y, por tanto, el del sentimiento colectivo (por ejemplo, el nacionalismo o el patriotismo). Está también el problema de la conversión o, si se prefiere, el problema de saber por qué hay tantas personas en quienes se modifican las convicciones o sea aquello que otros llamamos hábitos.

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Los trabajos de Hammer para buscar los genes de Dios parten de estudios con gemelos. Éstos indican que los gemelos coinciden en sus creencias espirituales más que los hermanos no gemelos. Tras rastrear fragmentos de ADN, el investigador identificó un gen conocido como VMAT2. Como todos, presenta unas cuantas variantes que se diferencian entre sí por algunas de las letras que lo componen. Hammer postula que las personas que tienen en su genoma una de ellas tienen mayor tendencia espiritual, más disposición a lo que describe como auto trascendencia.

Curiosamente, el supuesto gen de Dios nos remite de nuevo al cerebro porque el VMAT2 controla  el uso de un grupo de neurotransmisores muy interesantes. Entre ellos, la dopamina y la serotonina, dos moléculas asociadas con el placer y la felicidad y también con sus reversos: la adicción y la depresión.

El poder oscuro que trata de imponer un nuevo orden mundial parece encantado con estos descubrimientos para controlar y dominar al hombre. Esa demostración de poder ya no lo hacen provocando revoluciones como en los siglos XVIII y XIX. Bill Gates, Rockefeller y los gigantes de la biogenética –y de la masonería−, emplean métodos más sutiles, aunque no menos terroríficos. Utilizan una estrategia para conseguir el poder que consiste en apelar a prejuicios, emociones, miedos y esperanzas del público para ganar apoyo popular, frecuentemente mediante el uso de la retórica, la desinformación, la agnotología[1]  y la propaganda política.

Uno de esos medios es, por ejemplo, la “Cámara Semillera Global Svalbard” en la isla noruega de Spitsbergen, parte del grupo de islas Svalbard. Con eso que llaman “La Revolución Verde” pretenden solucionar considerablemente el problema del hambre en el mundo en México, India y en otros países seleccionados en los que trabajaba Rockefeller. Así de altruista y benéfico venden el proyecto que en realidad es un negocio agrícola; una grandiosa estrategia que incluye el financiamiento por la Fundación Rockefeller de la investigación para el desarrollo de la ingeniería genética de plantas y animales, pero que no es sino un brillante ardid de la familia Rockefeller para desarrollar un agronegocio globalizado que luego podría monopolizar igual como lo había hecho medio siglo antes con la industria petrolera mundial. Como declarara Henry Kissinger en los años setenta: “Si se controla el petróleo, se controla el país; si se controlan los alimentos, se controla a la población.”

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Instituciones, petróleo, capital, alimentos, medios de comunicación, redes sociales, lo controlan todo, solo les falta controlar al hombre, al ser individual y van a por él. En estos tiempos, la mayor parte de los habitantes del planeta vivimos en dos planos distintos, el físico y el virtual. Pero hay un punto de contacto que une a ambos: la mente. Por tanto, para dominar a las personas hay que influir en ella.

“Podríamos decir que las técnicas de control mental son «etéreas» o intangibles, al ir dirigidas contra algo que sigue siendo tan indefinido como nuestra psique. De lo que no hay duda es de que el verdadero dominio de la sociedad, el más eficaz, es el que se realiza a través de la mente, sin coerción ni represión física. Y va mucho más allá del uso del electroshock, el lavado de cerebro, las drogas y la tortura física o mental. Los métodos son cada vez más sofisticados, menos perceptibles por el que los padece. El objetivo final es claro: controlar emociones para controlar decisiones”.[2]

Parece que ya encontraron la manera de hacerlo, solo hay que seguir con atención la conferencia que Bill Gates pronunció en 2005 en el Pentágono[3] para entender las causas de lo que a nivel mundial está sufriendo la población. Según esa exposición, el señor Gates muestra en pantalla y con puntero dos escáneres estructurales del cerebro de dos personas con distinto nivel de VMAT2, uno por aparecer muy alto su gen VMAT2, puede ser de un fundamentalista religioso. Ante la exposición, un participante le pregunta si al esparcir el virus del que habla Gates se eliminarán individuos que vayan a inmolarse o a atacar un mercado. Bill Gates le tranquiliza al decirle que el cambio de comportamiento se hará  por medio de una vacuna.

Un escalofrío recorre el cuerpo al ver cómo se van cumpliendo las profecías de Bill Gates: “Si algo  ha de matar a más de 10 millones de personas en las próximas décadas, probablemente será un virus muy infeccioso más que una guerra. No misiles, sino microbios, alertó en 2015, cuando llegó a vaticinar que la siguiente catástrofe global sería una pandemia causada por un virus altamente infeccioso que se propagaría rápidamente por todo el mundo y contra el cual no estaríamos listos para luchar. Calculaban que la pandemia podría dejar hasta 30 millones de muertos en seis meses. Como no podía ser de otro modo, Gates sigue fielmente las directrices de los Rockefeller en relación a lo que establecieron en las conclusiones del control demográfico.

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Es decir, imponen el control demográfico para lo que utilizan el aborto, que, al parecer no es suficiente para reducir la población, por lo que imponen la eutanasia y tratan de introducir también la idea nazi de eugenesia (¡fuera ancianos y discapacitados!). A pesar de ello, no consiguen reducirla, es decir, matar al número necesario de seres para llegar a la cantidad que ELLOS han establecido, así que según algunos (no solo conspiranoicos, sino hasta jueces[4]) consideran que la pandemia y la consiguiente vacuna es un medio más para la reducción de la población y que fue una invención de las “élites criminales a nivel mundial” .

Dicho esto, al que sobreviva, quieren obligatoriamente inocularle la vacuna, dicen que para su bien, porque así quedará inmunizado, pero viendo todas las declaraciones y actuaciones que los más conspicuos miembros de la secta, en especial la conferencia de Gates en el Pentágono, será más bien para conseguir unos seres conformistas aceptando pacientemente todo lo que el poder establezca. Se acabarán las tensiones nacionalistas e independistas –siempre que a ellos les interese y allá donde les interese−, pero también la verdad y la libertad del yo individual al modificar el VMAT2, ese gen que Hamer llamó el gen de Dios porque es el gen que facilita, además de lo dicho, lo más sublime en el hombre, la espiritualidad, lo trascendente, el acercamiento a Dios.

En resumen. Según sus propios escritos los dirigentes del NOM estuvieron “impulsando” la creación del virus que transformaron ellos, tan globalistas, en pandemia mundial con el objetivo de reducir la población. El segundo paso, inocularles la vacuna a los que sobrevivan, modificándoles el gen con el que fueron creados por Dios,  y así convertirlos en dóciles y sumisas ovejitas que a su diktat, se alejen de El.

Naturalmente, uno no puede dejar de preguntarse ¿Cómo será el gen de estos individuos? Es de suponerles un VMAT2 muy desarrollado porque ellos, que dicen combatir el fanatismo religioso, se igualan a estos en su apasionamiento o actividad que se manifiesta con pasión exagerada, desmedida, irracional y tenaz de una idea, teoría, cultura, estilo de vida, persona, celebridad o sistema, entre más aspectos que podrían desencadenar el fanatismo que pretenden combatir en otros. Siguen con sus planes de obediencia ciega y fiel a su dios al que llaman Gran Arquitecto del Universo y que no solo no es el Dios de los cristianos, sino que es todo lo contrario. Aunque, pensándolo bien, quizá sus hechos se deban a que su super desarrollado gen les lleve a creer que ellos mismos son dioses.

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[1] La ciencia de sembrar el engaño para vender productos 

[2] Pedro Baños: “El dominio mental, la geopolítica de la mente”   

[3] Vacuna del Pentágono para modificar el comportamiento (2005)(Bill Gates) (superocho.org)

[4] Las ‘profecías’ de Gates se han ido cumpliendo: La advertencia de sucesivas oleadas y hasta la llegada de la vacuna y la farmacéutica que la desarrolle. Todo ello crea la natural desconfianza entre el público, hasta el punto, que un tribunal de Perú afirmó, en una resolución que la Covid 19 fue una invención de las “élites criminales a nivel mundial” conformadas, según los magistrados de esta corte, por multimillonarios como Georges Soros, la familia Rockefeller y el empresario y cofundador de Microsoft Bill Gates. En la sentencia se aseguró que la pandemia tuvo un carácter “imprevisible” salvo para sus creadores, “que lo manejaron y siguen direccionando con un secretismo a ultranza dentro de sus entornos y corporaciones mundiales”. Este grupo que controla el mundo, a través de la Oficina Desconcentrada de Control de la Magistratura (ODECMA) Ica mandó abrir inmediatamente una investigación preliminar a los magistrados que se atrevieron a dictar esa resolución con el fin de localizar presuntas irregularidades cometidas por los jueces y poder ir contra ellos. (El Comercio – Perú.- Redacción,11 enero 2021)

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