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¡¡ España ha dejado de ser católica!! ( MANUEL AZAÑA en el Congreso 14-X-1931)

Holocausto de Paracuellos de Jarama

Valentina Orte

Este mes de noviembre era conocido, no hace tanto tiempo, como el mes de los muertos a los que se rezaba, o al menos se les respetaba. Habrá quien recuerde las representaciones de don Juan Tenorio en los teatros y cómo apreciábamos los valores cristianos que Zorrilla supo exponer en su obra, digo, cuando no había Halloween que emulara las bacanales romanas, entonces se respetaba a los muertos. Ahora no, ahora se practica en España el deporte de desenterrar a personajes que llevan inhumados de 70 a 80 años y en distintas basílicas. Antiguamente, el acogerse a sagrado por parte de personas vivas, era respetado por todos, hoy, nadie de la jerarquía eclesiástica ha abierto la boca para defender la casa de Dios. Por supuesto, no iban a defender el derecho de los muertos a descansar en paz, que dejaran en paz los huesos de estos dos últimos militares exhumados y ante eso hay que recordar lo que nunca cuentan: la situación que vivió Sevilla, (ciudad donde se han producido las últimas exhumaciones), en el período que va del 14 de julio de 1931 al 18 de julio de 1936.

La situación de España al advenimiento de la tan alabada (por los progres relativistas) II República. En general el país sufría una gran zozobra y temor ante las reiteradas bravatas de Largo Caballero quien el 23 de noviembre de 1931, entonces Ministro de Trabajo y Previsión Social, ante la posibilidad de que las Cortes se disolviesen por no tener mayoría, amenazó: 

Ese intento sólo sería la señal para que el PSOE y la UGT lo considerasen como una provocación y se lanzasen incluso a un nuevo movimiento revolucionario. No puedo aceptar la posibilidad, que sería un reto al partido, y que nos obligaría a ir a una guerra civil”. 

Idea que reiteró en varias ocasiones como en el mítin que dio en Alicante 19 de enero de 1936, en el que dijo: 

Quiero decirles a las derechas que si triunfamos colaboraremos con nuestros aliados, pero si triunfan las derechas nuestra labor habrá de ser doble, colaborar con nuestros aliados dentro de la legalidad pero tendremos que ir a la guerra civil declarada. Que no digan que nosotros decimos las cosas por decirlas, que nosotros lo realizamos.” 

Y un día después en Linares: “…la clase obrera debe adueñarse del poder político convencida de que la democracia es incompatible con el socialismo y, como el que tiene el poder no ha de entregarlo voluntariamente, por eso hay que ir a la Revolución”.

Las fuerzas revolucionarias tomaron nota y siguiendo el impulso de quien es conocido como “el Lenin español”, actuaron desde el primer momento de la instauración de la que los progres relativistas llaman Segunda República Española “en paz”, de modo que las medidas de Azaña (la de los militares, la ley de confesiones  y Congregaciones religiosas, la ley de divorcio, etc. y algunas medidas que afectaban a la agricultura), no evitaron sucesivas revueltas y huelgas.  El sindicato obrero más poderoso de España, la CNT, se enfrentó frontalmente con el nuevo régimen acusándolo de “república burguesa”. Los más de 750.000 cenetistas no veían en la nueva república el cambio social con el que los anarquistas soñaban. Se produjeron sucesivas revoluciones en distintos lugares, destacando las de Arnedo o los terribles sucesos de Casas Viejas donde fueron muertos por la fuerza del orden público (acuérdense, del gobierno republicano), dos docenas hombres, dos mujeres y un niño, más tres guardias. Azaña tuvo que dimitir como Presidente del Consejo de Ministros.

A la caída de Azaña siguió  el bienio radical-cedista presidido por Alejandro Lerroux y apoyado desde el parlamento por la derecha católica de la CEDA, que pretendió rectificar las reformas izquierdistas del primer bienio. Durante estos dos años se produjo el acontecimiento más importante del período: la insurrección anarquista y socialista conocida como Revolución de 1934, que en Asturias con la ayuda de los mineros se convirtió en una auténtica revolución social que, finalmente, fue sofocada por el Gobierno con la intervención del ejército republicano, claro. Una tercera y última etapa, viene marcada por el triunfo de la coalición de izquierdas conocida con el nombre de Frente Popular en las elecciones generales de 1936, (fraudulentas según la investigación de  Manuel Álvarez Tardío y Roberto Villa García: “1936. Fraude y violencia en las elecciones del Frente Popular”). 

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Solo pudo gobernar con dicha coalición durante cinco meses asesinando a los no adictos a su ideología, políticos y, en general, hombres de Iglesia, monjas o civiles por ir a misa (los llamados despectivamente  misaires por el gobierno de Companys). No es extraño que una parte del ejército reaccionara ante el sufrimiento de la sociedad agobiada por tantas huelgas, atropellos y falta de seguridad, y decidiera poner fin a esa situación. Estos son los llamados “golpistas”, a los cuales se les arrebatan sus derechos mientras que al individuo que iba por los mítines soliviantando a las masas se le dedican calles y plazas y una estatua en plena Castellana.

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Sevilla correrá al compás de los acontecimientos tanto nacionales, −las elecciones−, como locales, −la tremenda riada que sufrió, los sucesos de las fiestas de primavera, la suspensión de las celebraciones de Semana Santa, crisis económica y social, violencia….− Hubo lugares en los que el triunfo de las candidaturas del Frente Popular, por las difíciles situaciones de paro, económicas, enfrentamientos entre propietarios y trabajadores que no tenían otros ingresos que los jornales ganados los días que se trabajaba, van a dar lugar a choques violentos que en algunos casos terminan en tragedia para todos los grupos contendientes: jornaleros, propietarios, guardias civiles. Son los hechos que se conocen como Semana Sangrienta en 1931, que se  saldó  con más de 20 muertos y 200 heridos en una huelga de solidaridad con la de los campesinos. Y especialmente grave fue lo que ocurrió en El Coronil, Sevilla, al  final del Carnaval de 1936 celebrado con el entierro de la sardina que escenificaron  al montar en un féretro un muñeco de trapo que representaba a Gil Robles, jefe de la CEDA, ampliamente denostado por el Frente Popular. Tanto en la capital como en la provincia sevillana, había causado un profundo enfrentamiento por su política ultraconservadora. Un grupo de guardias civiles pretende acabar con el festejo y en el enfrentamiento resultó muerto Antonio Carmona y detenidos 12 revoltosos. Después, 18, fueron fusilados por el Gobierno republicano. Se asesina también al presidente de la patronal, Pedro Caravaca, en mayo de 1933 por la huelga general de inquilinos. 

Añadamos, para comprender la situación, la frase de Azaña,: “España ha dejado de ser católica”. La soltó en el Congreso con mayoría de diputados masones y en un momento en el que sucumbió a los cantos de sirena masónicos. Según algunos historiadores, le desagradó tanto la ceremonia de iniciación que no siguió adelante, pero su frase hizo mella entre masones conspicuos como Diego Martínez Barrio, Gabriel González Taltabull, Hermenegildo Casas Jiménez y Manuel Sánchez Suárez. Todos ellos desempeñarían en años venideros un papel de cierta relevancia en la vida política nacional o local. Los tres primeros estaban afiliados al Partido Radical y a los cuatro les unía su pertenencia a la Orden del Gran Arquitecto del Universo en su Logia Isis y Osiris nº 377. Y, por supuesto, hizo que UGT y, sobre todo, la CNT, partidaria de la acción directa, radicalizaran su postura contra la Iglesia. El trabajo de los 41 talleres masónicos, de los que 28 estuvieron radicados en la propia capital, aunque la logia Isis y Osiris fue la que contó con mayor número de miembros, entre ellos Martínez Barrio, Gabriel González Taltabull, Hermenegildo Casas Jiménez y Manuel Sánchez Suárez.

41 talleres masónicos en la provincia de Sevilla; de ellos, 28 estuvieron radicados en la capital[1], siendo la logia Isis y Osiris la que contó con mayor número de miembros. Uno de ellos, de nombre simbólico, “Platón” informa del éxito de su labor de proselitismo republicano a favor de sus hermanos de fraternidad candidatos en las elecciones municipales próximas. Lo mismo Antonio Fajardo Sánchez. Más explícita resulta la propuesta que la Logia Fe y Democracia nº 384 remitió a las autoridades del G.O.E. en la que, al igual que en el resto de la correspondencia entre ambas, es frecuente encontrar alusiones del tipo de: “pues como todos estamos significados en las luchas políticas o sociales….” De modo que aunque Demófilo de Buen intentaba diferenciar entre Masonería y actuación política personal de los masones, lo cierto es que en determinadas ocasiones resulta extremadamente difícil establecer una nítida distinción entre una y otra, más aún, cuando la inmensa mayoría de dichos individuos pertenecieron al Partido Radical-Unión Republicana, liderado por Martínez Barrio y participaron en el Gobierno en cargos de distinto nivel.

República y Masonería eran términos sinónimos, lo que fue corroborado por el diario La Unión y también por La Avalancha, órgano de la Biblioteca Católico-Propagandista de Pamplona, que en julio de 1931 afirmaba que la Masonería es la mismísima “Bestia del Infierno” cuya total aniquilación resultaba indispensable para la anhelada salvación de España. La II República Española, llamada por algunos, “de la paz”, se caracterizó por su signo antirreligioso, consecuencia lógica de las consignas anticlericales de los masones, que no perdieron tiempo en sus ataques. Nada más proclamarse la II República, en la noche del 14 de abril de 1931, el monumento a la Inmaculada Concepción de la plaza del Triunfo (en la tierra de María Santísima) fue objeto de ataques por la muchedumbre: apedrearon el monumento causando varios desperfectos, como la decapitación de la figura del jesuita Pineda. Meses después, en diciembre, los concejales de izquierda propusieron que se derribara el monumento, aunque no lograron su objetivo. Si lo piensan, los españoles con estos gobiernos sufridos durante el período democrático con los relativistas que se dicen partidarios del progreso, hemos retrocedido casi cien años en muchos aspectos; entre ellos, España ha vuelto de momento, a un indiferentismo, previo al laicismo que se va manifestando de nuevo como suelen hacer: destruyendo símbolos cristianos.

Recién proclamada la República, en la madrugada del 12 de mayo de 1931, tuvieron lugar los más graves sucesos. Esa noche, el

*Colegio de los Padres Jesuitas de la plaza de Villasís: Fue asaltado e incendiado. Se perdió la mayor parte del mobiliario.

*Convento de Carmelitas del Buen Suceso: También en mayo de 1931, fue asaltada la iglesia del convento, destrozando y quemando en plena calle varias esculturas, pinturas, ornamentos y mobiliario. Entre las imágenes desaparecidas estaba la de la Virgen Niña del grupo de Santa Ana, atribuida a Martínez Montañés y un Crucificado de Ruiz Gijón, además del archivo parroquial y multitud de enseres. 

*Convento del Espíritu Santo. Los atacantes rociaron la puerta con gasolina pero no lograron sus propósitos de destrozar el convento.

*Capillita de San José: destruyeron por completo la techumbre y los frescos y diversas imágenes devocionales quedaron reducidas a cenizas

La escultura en madera del Beato Diego José de Cádiz, a la que habían quemado, fue paseada triunfalmente por un grupo de jóvenes en el Puente de Triana.

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En su camino hacia la siguiente iglesia a arrasar, los revolucionarios atacaron cuantas casas de la alta burguesía encontraban. Como consecuencia de estos graves sucesos, la autoridad militar de la República decretó el estado de guerra en Sevilla y toda su provincia. La ciudad fue dividida en seis zonas militares, cada una de ellas al mando de un coronel. Un escuadrón de caballería al mando de un capitán patrullaba a lo largo de la ronda histórica mientras fuerzas del ejército circulaban de manera continuada por las principales calles de la ciudad. Además, numerosos conventos e iglesias fueron puestos bajo custodia. Las monjas abandonaron sus conventos y se refugiaron en casas articulares. Los monjes se exclaustraron. El bando fue firmado por el capitán general Cabanellas.

Tranquilizada un poco la cuestión social, el 8 de abril de 1932, las turbas decidieron celebrar el primer aniversario de la República dejando el *templo de San Julián y de San Marcos, reducido prácticamente a cenizas. Desaparecieron las dos imágenes existentes de Nuestra Señora de la Hiniesta, una en versión de Gloria (la más antigua, del siglo XIV) y otra del tipo Dolorosa atribuida a Martínez Montañés, y un Cristo obra de Felipe de Ribas. El amor y veneración que algunas mujeres sentían por sus imágenes, las llevó a depositar ramos de flores en las ruinas del templo hasta que una de ellas fue salvajemente atacada por un grupo de vecinas del barrio.

Los pocos objetos de arte religioso que se salvaron fueron guardados en la iglesia filial de San Marcos, mudéjar del siglo XIV. Allí fue también llevada la nueva imagen de la Hiniesta Dolorosa que la Hermandad encargó a Antonio Castillo Lastrucci. En el incendio provocado el 18 de julio de 1936 destruyen esta nueva imagen y los pocos restos que de la primitiva Virgen de la Hiniesta Dolorosa se custodiaban en la sacristía del templo. También resultó quemado un Crucificado del siglo XVI, la imagen de San Marcos, tallada por Juan de Herralde en el XVII y varias pinturas del maestro Matías Arteaga, patrimonio de la propia iglesia titular.

Esta gravísima agitación social provocó que en las primeras horas de la mañana del 12 de mayo de 1932 la autoridad militar de la República decretara el estado de guerra en Sevilla y toda su provincial. Fuerzas del ejército y de la Guardia Civil fueron movilizadas y numerosos conventos y templos fueron puestos bajo su custodia, en prevención de más incidentes y para calmar a una población cuyo ánimo oscilaba entre el escándalo y la preocupación: monjas evacuadas, monjes exclaustrados… Sólamente las Hermanitas de la Cruz, con Sor Ángela  aún en vida, -en Sevilla Santa Ángela siempre será Sor Ángela- no cesaron en su actividad cotidiana, sin que ninguna de ellas ni su convento de la calle Alcázares fueran víctimas de ningún tipo de ataque. Tres meses después, el 10 de agosto de 1932, tuvo lugar la conocida como “ la Sanjurjada”, el fallido golpe de Estado que se produjo en la madrugada de dicho día contra la Segunda República, liderado desde Sevilla por el general José Sanjurjo, al que se habían unido monárquicos alfonsinos, carlistas, falangistas, terratenientes, etc., entre ellos, el carlista Manuel Fal Conde, uno de los líderes del Tradicionalismo nacional y organizador de sus milicias, o el torero falangista Joaquín Miranda González, gente que, hartos de tantas barbaridades, querían que España viviera en paz y orden. Sin embargo, fracasó estrepitosamente al tomar parte en el mismo una reducida parte del Ejército español, lo que provocó quedar condenado desde su mismísimo comienzo.

Puede leer:  Bielsa: “La censura prevenía contra el error doctrinal y preservaba la salud social de mercancías tóxicas”

Con este ambiente se llega a 1936, con la misma orgía de atropellos y asesinatos, destrucciones y quemas de iglesias:

*Iglesia parroquial de San Gil Abad: Sede de la Hermandad de Nuestra Señora de la Esperanza Macarena, de estilo mudéjar, iniciada en el siglo XIII. Todo su interior se perdió en el incendio,de 1936 primero de la zona del Moscú sevillano. Ardieron varios retablos de los siglos XVII y XVIII, bellísimas esculturas de la misma época y numerosos objetos de arte religioso. El camerino de la Macarena quedó totalmente reducido a cenizas, pero la venerada imagen se salvó por el amor de varios de sus feligreses quienes, arriesgando sus vidas, la fueron ocultando en diversos sitios para protegerla de la vesania.

*Iglesia de San Román: Mudéjar del siglo XIV. Además de las obras de arte del templo, se perdieron las imágenes y el tesoro de la Hermandad de los Gitanos.  Quedó destruida a consecuencia de dichos disturbios de 1936.

*Iglesia de San Roque: Destruyeron obras de arte como el Crucifijo de San Agustín del siglo XIV, la Virgen de las Madejas y la de la Granada, así como otra del Carmen del siglo XVIII. Centenares de personas lo festejaron en la misma plaza cantando y bailando pasodobles mientras el edificio ardía. Se perdieron piezas de importante valor patrimonial como el Santo Crucifijo de san Agustín, del siglo XV; la Virgen de las Granadas, obra de Roque Balduque (siglo XVI); la Virgen de las Madejas (siglo XVIII); el retablo mayor procedente del convento de san Agustín, obra de Gabriel de Astorga (1.850) y las imágenes de los hasta entonces titulares únicos de la hermandad de San Roque, Nuestro Padre Jesús de las Penas y Nuestra Señora de Gracia y Esperanza.

*Iglesia de San Bernardo: Neoclásica del siglo XVIII. Se malograron la mayoría de las obras de arte, algunas firmadas por Francisco Herrera el Viejo y Juan Martínez Montañés. De este último estaban documentadas una Santísima Trinidad y una Coronación de la Santísima Virgen. Destruyeron también un Crucificado de la Salud del siglo XVII, titular de la Cofradía del barrio, y con furia salvaje, imágenes de la Inmaculada Concepción y de Nuestra Señora del Refugio. El origen de esta iglesia data del 20 de agosto de 1247, fiesta de San Bernardo, cuando Fernando III el Santo mandó instalar en los jardines árabes de la Buhaira los primeros campamentos para la toma de la ciudad. Está vinculada al Arma de Artillería, por estar situado próximo a las antiguas fábricas de armas en el Parque de Artillería 

*Iglesia de Omnium Sanctorum: Se arruinó todo su extraordinario tesoro religioso y artístico, como el Cristo gótico del siglo XIV, a quien la leyenda atribuía la conversión del venerable Miguel de Mañara. Se salvaron, por haber sido ocultados por la Hermandad, la imagen titular: Nuestra Señora Reina de Todos los Santos, el paso de palio y otros enseres cofradieros.

*Capilla aneja a la iglesia de Monte-Sión: Saqueada y destruidas todas las pertenencias de la Hermandad, incluidos los “pasos” de la Virgen del Rosario y de la Oración en el Huerto, que fueron sacados a la plaza de los Carros, destrozados a hachazos y quemados.

*Iglesia de San Juan de la Palma: Afortunadamente las imágenes titulares de la Hermandad de la Amargura se salvaron por haberlas escondido algunos cofrades en lugares seguros; pero se perdieron el santo titular, Santa Mónica, una Virgen de escuela flamenca, un San Antonio, la Virgen de las Maravillas, de Hita del Castillo; y el grupo escultórico de la Piedad, atribuido a Pedro Roldán.

En el barrio de Nervión fue atacada la *Iglesia parroquial de la Inmaculada Concepción: Saqueada y destrozado su interior, se arruinaron los retablos, una imagen tallada en el siglo XVIII por Felipe de Rivas y un magnífico sagrario de plata firmado por Cayetano González.

En el muy republicano barrio de Triana fueron asaltados dos templos:

*Iglesia de Santa Ana: Del siglo XIII, mandada construir por Alfonso X el Sabio, fue incendiada por las turbas, pero las llamas pudieron ser sofocadas por parte del vecindario. Entre los daños causados se produjo la destrucción total de un magnífico altar portátil de plata repujada. Hasta el año 2010 no se terminó la restauración del retablo de la iglesia; y la

*Iglesia de Nuestra Señora de la O: No fue incendiada por temor a que el fuego se propagara a sus propias casas, al estar rodeada de viviendas, pero fueron despedazadas con cruel saña por las masas, obras de arte de gran valor, como la imagen de Jesús Nazareno tallada por Pedro Roldán en 1685, que fue decapitada a golpes de hacha; otras dos imágenes de Nuestra Señora de la O, de los siglos XVII y XVIII y varias pinturas del siglo XVIII. La imagen mariana titular de la Cofradía fue mutilada a machetazos.

Y dos conventos en los que fueron incendiados la iglesia y parte del edificio conventual, quedando destruidos el interior y los tesoros en ellos custodiados. Así en el de San José de las Mercedarias, del que solo quedaron las cuatro paredes, se perdieron una Virgen de la Merced, el Cristo de la Misericordia y dos altares barrocos dorados por Valdés Leal; y en el Monasterio de la Visitación de Santa María (Salesas) varias pinturas de Virgilio Mattoni.

Queda por mencionar el templo que con más reiteración ha sufrido las iras de los iconoclastas: La *Iglesia de Santa Marina, de arquitectura gótico-mudéjar, uno de los templos más antiguos de la ciudad, posiblemente de 1265. Situado en la zona conocida como el Moscú sevillano, un incendio provocado en 1936 arrasa el templo, que quedará en estado de ruina durante casi treinta años y por tanto, fuera de uso durante mucho tiempo. Un crucifijo de marfil del siglo XVIII fue destruido a martillazos; el Sagrario y su retablo, una magnífica Inmaculada de Duque Cornejo y varios retablos de traza montañesina se perdieron para siempre. Se salvó la “Sagrada Mortaja”, gracias a los miembros de la Hermandad que la guardó, de la que es titular, la Hermandad de la Santa Cruz y Sagrada Resurrección. Se puso bajo la advocación de Santa Marina de Orense, santa martirizada en Hispania en el siglo II. El templo había sido declarado Monumento Nacional en 1931 pero eso no causó el mínimo respeto a los grupos anticlericales que la incendiaron  En este incendio se perdieron los retablos, las cubiertas de las naves y la tribuna. 

Efectivamente, la persecución religiosa en toda España durante este período (1931-1936), alcanzó una crueldad que asombró al mundo. El martirologio y el patrimonio destruido son páginas inolvidables de nuestra historia. Las Hermandades y Cofradías dieron ejemplares testimonios de comunión con la Iglesia perseguida. Sólo en Sevilla se produjeron 614 incendios y saqueos de iglesias y conventos, con 1.840 obras de arte religioso destruidas (retablos, esculturas, pinturas, objetos de orfebrería, ornamentos, archivos parroquiales….), sin contar los más de 476 asesinatos de civiles inocentes. Quizás por ello, con orgullo, algunos la llamaron Sevilla la Roja y otros, con dolor, Sevilla la Mártir. 

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Recordado lo anterior, volvamos al principio. La pasión de este gobierno por reescribir la historia, no se para en barras. Ha cogido gustillo a su macabro afán de exhumar a gente que participó en la guerra civil, naturalmente en el lado contrario a ellos Y ahora le ha tocado a un general republicano, enfrentado con Franco, pero mucho más con la situación que atravesaba España, así que se puso a disposición de los que defendían la unidad y la defensa de los valores tradicionales de la nación. Se achaca a Queipo de Llano todas las barbaridades que se les puede ocurrir, pero no explican el clima de terror que se vivía en Sevilla, ya antes de que él tomara posesión. Llegó a la ciudad el día 17 de julio y, como un civil más se hospedó en el Hotel Simon. Al día siguiente, vestido de uniforme, se presentó en Capitanía y tomó posesión. En sólo unas horas, a las ocho de la tarde, había desmantelado el pronunciamiento que a favor de la República habían hecho aquellos que algunos llaman “fuerzas vivas”. El Gobernador Civil  José María Varela Rendueles se rindió a las fuerzas militares y el último alcalde republicano, Horacio Hermoso, no opuso resistencia en el Consistorio ante las tropas del comandante Francisco Núñez. Otro punto neurálgico fue la emisora Radio Sevilla. Fue tomada en las primeras horas del golpe de estado por la importancia propagandística que tenía esta mítica emisora. Mientras, los revolucionarios siguieron haciendo de las suyas, por lo que se produjeron enfrentamientos callejeros especialmente en la parte de la ciudad conocida como el ‘Moscú sevillano’: el barrio de la Macarena, desde la Resolana hasta San Julián cerrándose el perímetro hasta San Román, sufriendo, como hemos visto,  las iglesias y conventos el anticlericalismo de manera intensa.

No es responsable de la anarquía que se vivía en la ciudad (sin mencionar la provincia, ni el resto de Andalucía, que se omite por no hacer el relato demasiado extenso), ni que cumpliera con sus obligaciones militares, al sofocar las hordas cenetistas y ugetistas y utilizar todos los medios para ayudar a sus compañeros militares a restablecer la paz en España. Algunos de esos medios fueron geniales, como por ejemplo, hacer desfilar a sus tropas por las calles de la ciudad y al volver al acuartelamiento, hacerles cambiar de uniforme antes de volver a desfilar, de manera que el pueblo veía pasar soldados y más soldados, sin advertir que en realidad eran los mismos siempre. Queipo pensó que “el hábito sí hace al monje” se fijaban en los uniformes y en el estilo de marcha, pero eran los pocos militares con los que pudo contar hasta que consiguieron pasar el estrecho las tropas de África. Los sevillanos y hasta el gobierno republicano se lo creyeron.

Otro momento genial fue la profusa utilización de la radio. Él supo valorar en seguida la importancia estratégica que tenía su utilización. De modo que comenzaba la jornada anunciando ante toda Sevilla expectante, medidas, denunciaba fracasos enemigos y hundía su moral mientras levantaba la de las fuerzas a sus órdenes y enardecía a sus seguidores en las dos zonas de España:

“¡Soldados rojos! ¡Dejad las armas! ¡El caudillo perdona y redime! ¡Seguid el ejemplo de vuestros camaradas pasados a nuestras líneas! ¡Sólo así lograréis la victoria, alegría en el hogar y paz en el alma!”

Estas charlas se oían por todo el país, y durante esos quince a veinte minutos diarios, Unión Radio Sevilla acaparaba toda la audiencia española. Su discurso no era nada retórico. Sus armas de guerra psicológica, que tanta fama le dieron, eran el placer de la represalia, la publicidad en el terror, la desproporción entre los supuestos delitos y el castigo que llegaría y el desprecio al enemigo, con abundantes dosis de humor negro y un lenguaje adaptado a la gente del común. Explotaba el temor que despertaban los legionarios regulares marroquíes, en especial entre las mujeres. Más de una vez habló de manera abierta o velada de las  violaciones perpetradas por el ejército de África:

“Nuestros valientes legionarios y regulares han demostrado a los rojos cobardes lo que significa ser hombres de verdad. Y de paso también a sus mujeres.  Esto está totalmente justificado porque estas comunistas y anarquistas practican el amor libre. Ahora por lo menos sabrán lo que son hombres y no milicianos maricones. No se van a librar, por mucho que berreen y pataleen”.

Ante estas amenazas, la población huía despavorida cuando escuchaba que el ejército de África avanzaba hacia sus pueblos ante el terror que inspiraban estos “liberadores”. Varias veces fueron las ocasiones en las que el “general de la radio” se jactó de haber ganado batallas desde el micrófono gracias a su particular estilo. Fue muy criticado por ello, en aquel momento y después por militares y civiles. Sin embargo, quisiera terminar  con un paralelismo que demuestra, como tantas otras veces la doble vara de medir que utiliza la izquierda. Por la misma referencia a violaciones, pero a monjas, publicó un tweet Almudena Grandes (qepd), y toda la progresía, política y del común, estuvo durante días riendo y alabando la gracia, que fue esta:

«Un tribunal ha constatado la muerte de Franco. Qué risa, dicen algunos. Yo prefiero reírme de otras cosas. «Déjate mandar. Déjate sujetar y despreciar. Y serás perfecta». Parece un contrato sadomasoquista, pero es un consejo de la madre Maravillas. ¿Imaginan el goce que sentiría al caer en manos de una patrulla de milicianos jóvenes, armados y -¡mmm!- sudorosos?»

Como violada se refería a las monjas de la Madre Maravillas y el violador un aguerrido -y sudoroso- republicano Almudena Grandes lo escribió la víspera del Día Internacional contra la Violencia de Género. Sin comentarios

En cuanto a la Hermandad de la Macarena, depositaria de los restos de estos dos miliares exhumados, su Eminencia el Sr Cardenal de Sevilla, los obispos y la Conferencia Episcopal en pleno, no han tenido a bien manifestarse. Los católicos que miramos hacia ellos en busca de aliento y apoyo, nos sentimos huérfanos y desamparados. Esto de exhumar muertos porque no son de los suyos se está convirtiendo para el poder en algo así como un deporte nacional: éste fuera que no es de los míos….¿Se dan cuenta que lo mismo actúan con las cruces? Como a mi, yo, el ego mayúsculo, no me gusta, fuera, así actuan. Esta falta de respeto a vivos y muertos que practica quien dice dirigir una democracia pero que solo valora, atiende y escucha a los de su ideología, Orden o hermanamiento, desembocará en una situación ya vivida, de modo, que volverán a imponer el lema de Azaña: “España ha dejado de ser católica!! Recuerden la persecución posterior…o quizá su pasividad es debida a que si la recuerdan?.

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Licenciada en Geografía e Historia, fue profesora hasta su jubilación.

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