Opinion

Un posado glorioso

Los murmuradores insisten en que se está preparando un álbum de auténtico tronío, ya saben ustedes lo importantes que son los recuerdos. Eso sí, el acopio de estas bellas y conmovedoras imágenes está siendo trabajoso.

Muchas veces, cuando unos y otros insisten en su vocación republicana -un vano y pernicioso impulso para corregir y cambiar las fórmulas institucionales que mejor nos han servido a los españoles-, irrumpe la imagen de José Luis Rodríguez Zapatero de presidente de esa imaginada república. A muchos dubitativos soñadores ahí se les pasa todo.

En democracia es muy importante comunicar, dar explicaciones y contar lo debido y es de interés de la mejor manera, Pedro Sánchez y su gabinete lo saben, el asunto les pone, casi les obsesiona. Como atravesamos una auténtica metamorfosis de la comunicación, los esfuerzos y las iniciativas de autor se multiplican. Primero fueron las gafas de sol en el avión, a lo John Kennedy. Era una foto algo forzada, más que nada porque con esos oscuros anteojos de piloto estadounidense, fingía leer unos documentos en postura muy aplicada. Lo uno -cristales protectores de los rayos de sol- y lo otro, lectura de importantes legajos, no cuadra. Más adelante, el matrimonio presidencial amagó con recibir junto a los Reyes en un saludo institucional en el Palacio Real a modo de coanfitriones. Afortunadamente, todo quedó en un susto, pues un responsable de Casa Real avisó a la pareja gubernamental -lo más discreto que pudo- de que no era adecuado recibir a los invitados en domicilio ajeno. Vamos, que mejor hacían la recepción protocolaria los titulares -los Reyes-, como toda la vida de Dios. Ha habido muchas más fotos, más posados nada casuales, de hecho los murmuradores insisten en que se está preparando un álbum de auténtico tronío, debe ser algo sentimental, ya saben ustedes lo importantes que son los recuerdos.

Eso sí, el acopio de estas bellas y conmovedoras imágenes está siendo trabajoso. Las fotos de familia de la Unión Europea, los encuentros con Macron, alguna instantánea no demasiado «redonda» con Trump, los paseos con Ángela Dorothea Merkel por Doñana, posados con perrito en Moncloa, en ropa deportiva, en un concierto de rock con vaqueros, con el president Torra, revistando tropas algo titubeante en alguna visita internacional y muchas, muchas más.

Pero una de las mejores de toda esta serie es sin duda la recientemente lograda en Gran Canaria (costó algo más de treinta minutos prepararla). Se trata de una imagen sin precedentes, en ella el presidente Sánchez posa con la habitual soltura -poca-, ocupando el vértice principal avanzado de una disposición triangular. Nuestro protagonista, a modo de comandante de ajenas estéticas, aparece flanqueado por autoridades civiles y militares, cuatro a cada lado y, tras ellos, a buena distancia, unos 20 o 25 metros, en formación de izquierda a derecha, una fuerza de la UME en número de 60 aproximadamente junto a unos 15 soldados de tareas auxiliares, a su lado 12 de Aviación y al extremo 14 pilotos. También, y tras las tropas, convenientemente dispuestos en exhibición dos aviones apagafuegos CL-125 con los colores nacionales, un camión-cuba del equipo de combustibles, otro de bomberos militares de color rojo y un helicóptero SuperPuma del 802 Escuadrón. Nunca se vio nada parecido, ni el Rey se hizo nunca una foto similar. Cosas veredes.

Pero como no hay dos sin tres ni pareja descompuesta, apenas hace dos días se han distribuido, a través del canal ordinario, las escenas de la visita del presidente en funciones al Rey emérito, que se encuentra convaleciente de su operación quirúrgica de corazón. Pedro Sánchez acudió a la clínica acompañado de su esposa, quien ni siquiera ha tenido relación institucional alguna con el Rey Juan Carlos, puede que allí incluso se la presentara. Algo forzada la cosa, pero ya se sabe que todo cuesta y el álbum, el dichoso álbum, bien que debe merecer la pena. Las fuentes de inspiración para esta inmensa profusión de gráficas sugerencias hay quien las busca en el mismísimo Obama. Pero claro, Sánchez no es el Jefe del Estado, a diferencia de los modelos elegidos para emularlos y alguien debería decírselo. Las técnicas de comunicación e imagen han avanzado mucho pero, a la postre, las mejores instantáneas resultan ser las que parecen espontáneas, ya sean fruto de lo casualmente sucedido o del concienzudo trabajo creativo para hacerlo parecer. Dicen que Joan Miró pasó toda su vida recreando su prestigiada obra pictórica a la búsqueda de la conjunción de pinceladas y colores que sólo los niños son capaces de plasmar. Pues eso, Sánchez y sus asesores no cejarán hasta encontrar esa foto genial de hombre de estado verdaderamente grande, carismático e inspirador de autoridad y valía, que tenga todas las trazas de ser natural. Chica tarea la suya.

Artículo de Joaquín Ramírez

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