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¿Qué hay del Rey?

Echamos de menos al Jefe del Estado español, antes de que se tuerzan las cosas de mala índole y haya otros muertos, y no precisamente del virus, que luego es peor.

El artículo expresa la opinión del autor, recordando a nuestros lectores que Tradicion Viva es defensor del legitimismo monárquico

Yo no tengo ni idea, desde luego. Pregunto y nadie me da razón. Le disculpan con una vehemencia digna de mejor causa. Hace ni se sabe que salió el Jefe del Estado del reino de España y capitán general (cuatro estrellas de cuatro puntas) de sus fuerzas armadas por la tele, vestido de ciudadano –no sé si con traje cruzado, que resulta muy serio- dijo unas cosas como era debido- sin excederse en demasía, bien es cierto, que animaba a pensar que estaba en su sitio, que se plantaba a recibir a puerta gayola y que su requerimiento iba a ser seguido por una actitud firme y buena para España, la propia de acometer las  cuestas arriba.

Es la piedra clave del arco constitucional, la que los maestros de obra socialistas y comunistas quieren rechazar y quebrar para derribar la cúpula. Como amago no estuvo mal. La gente –ay, pobriña- salió a la calle en su apoyo, sacó banderas españolas y las puso en los balcones y terrazas y ahí siguen muchas desde entonces, tal que cuando entraron los nacionales en Barcelona tras Solchaga y Yagüe, aquel 26 de enero de 1939. Se ven ajaditas ya, con ciertos girones que no son de Velasco. Al fin, el pueblo soberano cogido a la brocha. Eso ha sido todo.

Era como para entusiasmarse, y parecía una respuesta firme sin dilación, que ya íbamos con retraso. Seguimos esperando, porque creemos que el ungido está sujeto a la ley, como los demás, y en público y motu proprio parece ser, juró CUMPLIR Y HACER CUMPLIR la Constitución, lo que no es mi caso que tan solo juré bandera y alcancé los galones de sargento, eso sí, de caballería -de los de Monasterio- que es mucho, y es el tiempo llegado –creemos algunos y algunas– de que se calce el traje de faena, el mono de campaña de Capitán General, el de las cuatro estrellas de cuatro puntas y al menos obligue a cumplir, haga cumplir a los que no cumplen o burlan lo que no deben, digo. Echamos de menos al Jefe del Estado español, antes de que se tuerzan las cosas de mala índole y haya otros muertos, y no precisamente del virus, que luego es peor. Lo que mal empieza… mal acaba. Y los muertos de hambre, sí que puntuarán también.

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Pareció en cierto momento del vodevil que “requería la espada, con el chambergo calado en su sitio”, al parecer ser, “que miró al soslayo” incluso…y al cabo, ”fuese y no hubo nada” de nada. Hizo mutis. ¿Todo por España?Fin de la obra. Algo parecido nos ocurrió con el Marchena de las notables puñetas. Amagar y no dar.

Han pasado demasiados días desde entonces… y ahí sigue el engendro o esperpento con lacitos amarillos, y se suman los miles de muertos culposos del Covid19, para vergüenza de España y de la blandenguería, sin que nadie comente nada al respective. ¿Barra libre? Lo parece. ¿Ese es el mensaje al pueblo soberano, el que paga las fiestas? ¿Es todo lo que podemos esperar por millones, que no sea cotizar a Hacienda, hasta que san Juan baje el dedo?

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Y después…. La impunidad. ¿Les suena?

El orden constitucional, sin cuya reposición nada es posible, es el que sigue roto e inoperante tanto en aquella tierra de misión como ahora asoma en el resto del país, del que parece que se han largado el Estado, el gobierno, y miles de empresas forzadas a parar en todo nuestro territorio, arruinando a España entera, a la que nadie asiste en estos últimos años de gracia, y a la que se acosa por los malos y los medios, que se crecen en la impunidad e intentan hacernos la vida imposible sin que papá Estado, y su jefe arrobado de bondad infinita y blandura al gobernalle haga nada ante los ojos del mundo, que nos mira. Déjese ver, majestad, por el bien de todos. Solo ven al Simancas translúcido y a la Lastra muslar, por más que se pongan la palma de visera ante los ojos.

¿Se arreglan las cosas con gestos inocuos? No. Europa se siente mejor con un orden riguroso y serio a la hora de poner dineros en el platillo y todo va e irá a peor con este esperpento de gobierno sobrero, fallido, improvisado y dependiente, personificado en el cuerpecillo del Echenique. La ley, esa que hemos visto jurar y prometer de mala manera por los políticos ante el laso consentimiento de quienes deberían velar por la puridad de las formas –que lo son todo, a la postre- ¡y ahí comienza Cristo a padecer! No eran formas, ni se les puede reprochar, porque no les hemos oído ni registrado debidamente, ni el malhadado Constitucional que lo consintió burdamente. ¡Haga algo al respecto!

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De uno en uno y con voz templada y clara. ¡Vergüenza debiera darles! como lo del recurso irresoluto del aborto que cuesta la vida cada año a cien mil españoles, van ya más de un millón y nadie chista. Son a los que se les escapa el conejo principal de la cazuela –o de la chistera, que para el caso es lo mismo- el de las ciencias de la información, el héroe mítico, que se larga a Bruselas, a Copenhague y a Alemania de gira con una troupe circense y ridícula de enanos y payasos, sin que la CIA española, -anda que no trae y lleva y que cuesta un ojo de la cara y la yema del otro- ni la judicatura siquiera, hayan sido capaces de sentarle en una silla de ruedas o en un banquillo, devolverle al talego o echarle a la cajuela con los otros a cebar con alfalfa.

Nos orinarán encima y dirán que llueve. Son así.

Las eminencias merecen el respeto cuando cumplen debidamente, y también –y quizás de ahí venga la indecisión- tienen el deber de reconocer la Historia tal cual fue, asumirla y contársela a los españoles –niños y mayores, sin reparos, sin maquillajes piadosos, tal cual fue- debidamente, sin aditamentos gratuitos ni falsas interpretaciones del ABC. Permitir las profanaciones revanchistas mirando al tendido y sin romper una lanza, no es lo mejor. Hay que tenerlos en su sitio y hacerlos valer en el tiempo de juego.


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