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CUBA: Los plantados

Los “Plantados” con valentía y dignidad se yerguen ante los comunistas y al abandono del mundo, y no ceden aún desnudos o en calzoncillos mugrientos

“Los Plantados”. Solos, desafiando al tirano con los brazos abiertos cual cruz clavada en un desierto.” (Nerín Sánchez, uno de los plantados)

Cuando escuchamos o leemos la palabra “Plantado”, todos los que hablamos español, pensamos de inmediato que se refiere a un árbol que se ha sembrado. Realmente ése es el significado; pero los prisioneros políticos cubanos, al tomar una posición estoica, y hasta heroica por su firmeza sin claudicación frente a los maltratos físicos, mentales y humillantes que le infligían los esbirros de la dictadura de Fidel Castro, agregaron otro significado a la palabra. 

Cuba, nación hermana con la que tantos lazos nos unen, leyendo el libro Vivencias cubanas” de Miguel Sánchez, comprendemos que existe alguno más, quizá no valorado en España, como:

  • la analogía del sufrimiento bajo un régimen comunista con aquel que muchos españoles ya padecieron con el Frente Popular en 1936;
  • la ocultación de los hechos en Cuba y el intento de hacer lo mismo en España con la ley de desmemoria y
  • la cada vez más indudable semejanza de ambos gobiernos.

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Un día Fidel Castro dijo que en Cuba no había presos políticos, (lo mismo que el gobierno español dijo respecto de quienes se rebelaron contra la nación. La diferencia está en la cárcel y en el exquisito trato que estos recibieron), pero lo cierto es que durante los últimos 40 años, el Gobierno de Cuba ha desarrollado una maquinaria represiva muy eficaz. La negación de derechos civiles y políticos básicos está contemplada en la legislación cubana. En nombre de esa legalidad, las fuerzas de seguridad, con ayuda de las organizaciones de masas controladas por el Estado, silencian la disidencia con duras penas de prisión, amenazas de enjuiciamiento, hostigamiento o exilio. El Gobierno cubano emplea estos instrumentos para limitar gravemente el ejercicio de los derechos humanos fundamentales a la libertad de expresión, asociación y reunión. Considera delitos contra la seguridad del Estado tales como propaganda enemiga, rebelión, sabotaje y revelación de secretos concernientes a la seguridad del Estado. Las personas condenadas por delitos que el gobierno pueda plicar dicha ley, frecuentemente están cumpliendo largas condenas de diez a 20 años. Además, el Gobierno cubano sigue encarcelando por estado peligroso a gran número de ciudadanos a pesar de que nunca han cometido un acto delictivo y también recluye por salida ilegal a personas detenidas por intentar ejercer su derecho a salir de Cuba. Por todo ello, el número de los “políticamente no correctos” o disidentes, aumenta notablemente. Solo los afines están libres de ser encarcelados.

Ante este considerable aumento de presos en las cárceles, el dictador cubano ordenó que todos deberían utilizar por igual el uniforme azul de los presos comunes, así creía disimular la cantidad de presos por su no afinidad. Muchos de ellos se plantaron y se negaron, reivindicando que no estaban allí por maltratadores, asesinos o ladrones. El Gobierno se niega a darles otro uniforme. Los “Plantados” con valentía y dignidad se yerguen ante los comunistas y al abandono del mundo, y no ceden aún desnudos o en calzoncillos mugrientos, sufriendo durante décadas pinchazos con bayonetas o con machetes, golpes con cadenas, incomunicación con los familiares, torturas físicas y mentales, celdas de castigo totalmente tapiadas sin luz ni ventilación, las condenas de años injustificados y las humillaciones personales y a sus familiares. Ninguna de estas torturas facilitaron que estos hombres se doblegaran. 

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Esta decisión de los plantados, tomada por más de 15.000 presos políticos frente al régimen de Fidel Castro negándose a convertirse en presos comunes para denunciar con su plante que eran presos políticos, implicó asumir que, al renunciar al traje de presidiarios, vivirían desnudos entre torturas y vejaciones durante décadas. Muchos fueron directamente asesinados. Las cifras varían entre cientos y miles de personas que fueron fusiladas, pero ni los defensores de la Revolución Cubana ni sus detractores pueden dar datos con precisión..

Cuando el régimen advirtió que no conseguía domarlos y debía matar a todos los presos políticos –lo que no podía hacer, no por falta de ganas, sino por temor a dañar su imagen−, buscó alguna forma de liberarlos y encontró la solución de su dilema en los planes de rehabilitación y en el hecho posterior de que James Carter los aceptaba de buena gana en territorio norteamericano. 

Los soviéticos, que eran grandes expertos en la materia, explicaron a los comunistas cubanos que ofrecer alguna recompensa a quienes se prestaran a participar en el plan, como la libertad anticipada, sólo podía traer ventajas para los que la otorgaban. En primer término, dividía a la población carcelaria entre un grupo de irreductibles decididos a medir la calidad de los seres humanos por la capacidad de aceptar el sufrimiento, y otro, mucho mayor, de razonables, dispuestos a admitir que habían perdido la “guerra” y aceptaban la oferta del poder, porque aunque manipulados por los rehabilitadores,  alcanzaban la libertad (parcial de la cárcel o total de Cuba). Pero con ello el gobierno triunfaba porque todos saldrían temerosos de volver a defender su postura.  TODOS SALVO LOS PLANTADOS.

Los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) eran los encargados de facilitar candidatos a ser internados y podía serlo cualquiera que fuese considerado «antisocial » o «contrarrevolucionario», que, como en el 36 en la España republicana, eran todos aquellos que no compartieran sus ideas, Aunque los líderes castristas no ocultaron del todo la existencia de aquellos campos rehabilitadores, sí lo fue su  verdadera naturaleza. Casi todos fueron ubicados en la provincia de Camagüey. Algunos llevan el nombre de «Viet Nam Heroico», «Mártires de Girón», «Héroes del Granma», “Ciego de Ávila” y alguno más con los que pretendían encubrirlos como campos de instrucción militar, cuando en realidad  eran Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), campos de concentración donde fue impuesto un régimen de trabajo forzado (como en el archipiélago Gulag, aunque, a falta de hielo y nieve tenían un calor asfixiante) y un régimen de reeducación política, a la manera china bajo Mao Tse Tung. No podría decirse que fueran campos de concentración al estilo nazi porque no buscaban con cámaras de gas el exterminio de los reclusos, pero sí, aunque por breve tiempo, practicaron la experimentación médica en busca de «rehabilitación» para los homosexuales. Allí, en el campo de Maniantabo, estaba el infierno.

Durante décadas, la homofobia en Cuba fue una política de Estado que legitimó las purgas de homosexuales. Su lema – a semejanza del que exhibían los campos nazis−, decía “El trabajo os hará hombres” que reflejaba con claridad el empeño por lograr una masculinización nacional. En aquellos campos, el idealizado por la ignorante juventud de todo el mundo, el famoso Che Guevara, envió a jóvenes y no tan jóvenes que, por una u otra razón, no se avenían con el “Hombre Nuevo” que el régimen se proponía “construir”. Todo aquel que lo impidiera, lo eliminaba sin reparos. A los que llevaban cadenas con cruces y collares de santería, se los arrancaron literalmente del cuello y a los que llevaban biblias se las pisoteaban: “éramos piezas sin nombres ni derechos, de una maquinaria donde lo colectivo borraba toda humanidad”. «A veces te dejaban sin agua y sin comida durante tres días mientras te mostraban fotos de hombres desnudos, y luego te daban comida y te mostraban fotos de mujeres. Si no eras diabético y te inyectaban insulina, entrabas en shock, te orinabas, te defecabas, vomitabas… Descargas eléctricas… Perdías la memoria, y dos o tres días después no sabías quién eras, estabas catatónico y no conseguías hablar». ( Entrevista al escritor cubano Héctor Santiago en Cubaencuentro)

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En los campos, los reclusos trabajaban largas jornadas en la agricultura de lunes a sábado (desde el amanecer hasta el anochecer durante la zafra azucarera) y se les negaba la comida en el caso de que no cumplieran las cuotas de producción. “Hicimos nuestra la frase «prefiero morir de pie que vivir de rodillas». A algunos compañeros míos se les ofreció ver la televisión, que era puro adoctrinamiento, a cambio de mantenerlos vivos: dijeron que no y los fusilaron. A otros los llevaban al paredón y los guardias disparaban sobre ellos balas de fogueo. Después de haber rezado por sus almas, era terrible verlos volver desquiciados” , enterrados hasta el cuello, atados desnudos con alambre de púas sin comida ni agua, hundidos en los excrementos de las letrinas, colgados por los brazos del asta de la bandera… No les permitían recibir visitas o correspondencia y cuando recibían permiso de visita, los obligaban a vestir de uniforme, seguramente con el fin de hacer creíble la versión de que aquello era una suerte de servicio militar obligatorio. Los domingos se empleaba el político a cargo del campo, a reeducar de forma intensiva a los presos y a las labores de maquillaje que los guardias realizaban en las instalaciones de la unidad en la que se encontraba, una verdadera “performance”, cuando esperaban visitas de la prensa. ( Luis Bernal Lumpuy en Tras cautiverio, libertad. Un relato de la vida real en la Cuba de Castro)  

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De los 35.000 reclusos, 500 terminaron bajo cuidados psiquiátricos, 180 eligieron el suicidio y 70 murieron por torturas. La mayoría, religiosos y homosexuales. Religiosos de diversos credos: Testigos de Jehová, abakuás, adventistas del Séptimo Día, católicos, bautistas, metodistas, pentecostales, episcopalianos, santeros y gedeonistas.

En 1998 el Papa Juan Pablo II visitó Cuba. Muchos se hicieron ilusiones. Prácticamente todo el mundo civilizado y demócrata y muy especialmente la oposición cubana, esperaba que quien tanto había hecho por la libertad de Polonia  y su clara posición contra el totalitarismo en sus viajes a los países del Este europeo, se empeñara en salvar a la mayor de las Antillas. Se esperaba y había razones para creerlo, porque el Sumo Pontífice, incluso se había mostrado contrario a la expansión del marxismo en América Latina a través de la conocida Teología de la Liberación. ¿Cómo se explica entonces que, pese a su estancia de cinco días en Cuba, su gestión humanitaria no haya tenido un buen resultado? ¿Qué poder oculto puso su mano negra para que en cinco días de estancia solo mencionara algunas veces la palabra libertad, pero de forma velada, sin referirse a la tragedia cubana?

Ni siquiera mencionó a varios opositores pacíficos que, meses antes habían sido acusados de “sedición” por escribir uno de los documentos más valiosos del Movimiento de Derechos Humanos de Cuba: “La Patria es de todos” (últimamente, muchos en España reivindicamos lo mismo). Los firmantes de aquél documento: Marta B. Roque, Vladimiro Roca, René Gómez Manzano y Félix Bonne, fueron condenados a largos años de prisión.

Todos sin excepción se sintieron frustrados con Juan Pablo II: el pueblo cubano, sus exiliados, y cientos de países amantes de la libertad. Ni siquiera el sector católico cubano fue beneficiado para la divulgación que había perdido en la radio, la televisión y prensa independiente. Vargas Llosa resumió su decepción al afirmar que el Papa puso su granito de arena para alargar la dictadura castrista por unos años más. Y así fue. 

Sin embargo, a pesar de las seguras interferencias, mandó al cardenal O’Connor a negociar la liberación de presos políticos, consiguiendo la de tres, entre ellos, Luis Zúñiga, quien junto a Ángel de Fana, Ernesto Díaz Rodríguez y Maritza Lugo Fernández con sus testimonios dan fe de que todo cuanto se narra en la película “Plantados” dirigida por Lilo Vilaplana sucedió realmente y que, aún en la actualidad, sigue habiendo presos en cárceles tapiadas. Aquellos «plantados» fueron víctimas de represión, torturas y fusilamientos que se prolongaron décadas y todo ello ha sido plasmado en dicha película de reciente exposición en salas de cine. 

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En relación con este problema de los presos políticos cubanos, los disidentes cubanos en Europa quisieron hacer visible la situación que se vive en la isla y uno de los manifestantes exhibió la bandera, arrodillado y en silencio, mientras el Papa oficiaba la misa, el domingo 23 de octubre pasado, pero  policías de El Vaticano le arrebataron la enseña inmediatamente. Este cubano, que vive desde hace dieciséis años en Dresde (Alemania), es Felipe Fundora, quien comenta: que llegó con su pareja sobre las 10:30 de la mañana: «Cuando llegamos, antes de entrar a la plaza, mi pareja y yo llevábamos ropa blanca y los que estaban de seguridad nos preguntaron de dónde veníamos, a nadie más se lo preguntaron. Les dijimos que éramos alemanes y nos dejaron pasar. Dentro me sorprendo de que no haya ningún cubano y llamé a una amiga quien me dijo que a los cubanos no nos dejaban entrar». La disidencia cubana había programado una convocatoria «en la plaza, no fuera de la plaza» por lo que pensó que el resto de cubanos estaban haciendo la cola de acceso a la plaza. No más de quince logramos entrar», añade.

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Reconoce que lo que querían era llamar la atención sobre la situación que se vive en Cuba, con un aumento de la represión, y en solidaridad con las protestas convocadas para el próximo 15 de noviembre, pero que no les fue fácil: «Desde el primer momento en que la seguridad se da cuenta de que somos cubanos, se pusieron detrás de nosotros. Si sacábamos el teléfono estaban detrás y si sacaba alguien la bandera nos pedían que la guardáramos». Me sentí como si estuviéramos en Cuba. 

El opositor cubano ha recordado que las leyes vaticanas permiten que haya banderas en la plaza, «las había de España o de Perú», asegura. Y ha aprovechado para denunciar que «fue un acto violento viniendo de la Iglesia Católica; es obvio la complicidad del Papa. Había una orden dada, a los cubanos no dejarlos entrar, no dejarlos enseñar la bandera y que no emitieran ningún mensaje político sobre Cuba». Sin comentarios. San Francisco de Asís desde el cielo, estará pensando que su hermosa y sentida frase, Fratelli Tutti  (Hermanos todos), siglos después tan utilizada, está siendo prostituida. 

Hoy, día 15 de noviembre, los cubanos, a pesar de todos los controles policíacos intentan manifestarse en contra de un régimen dictatorial y tiránico que, en la actualidad, según Europa Press (13/01/2020), la Dirección General de Prisiones de Cuba reconoce más de 90.000 presos, a los que hay que sumar las 37.458 personas en «otras situaciones de control judicial y policial», lo que arroja un total de 127.458 «entre convictos y condenados» y convierten a Cuba en el país con más presos del mundo, después de China, según ONG. Y eso que en ese total no figuran los encarcelados por las protestas del  11 de julio que según algunos analistas políticos  calculan entre 600/700; protestas que llamaron la atención del mundo por inusuales en una isla poco acostumbrada a las manifestaciones contra el poder. Quizá sorprendieron al gobierno cubano. 

Para la de hoy ya estaban prevenidos y han declarado el estado de sitio para impedir las marchas contra el régimen. Las medidas que han adoptado, según el OCDH, se han traducido en frenar 200 actos represivos documentados desde el día 13. Entre tales acciones, la organización citó 49 retenciones domiciliarias, 25 amenazas, innumerables cortes de internet y 8 actos de repudio frente a las casas de activistas. Llegaron a amenazar con su detención a los sacerdotes católicos Alberto Reyes, Rolando Montes de Oca y Castor Álvarez Devesa si insistían en apoyar la movilización. «Somos sacerdotes para predicar el Evangelio, y el Evangelio de Jesucristo habla de libertad, de justicia, de verdad, esto es lo que nuestro pueblo está pidiendo. Si ser detenidos es el precio por ser coherentes con la predicación del Evangelio, sea. Estaremos acompañando a nuestro pueblo, caminando por nuestras calles que todavía están presas», dijo Alberto Reyes.

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La ONU y los representantes de la UE en Cuba seguirán de cerca la marcha del 15-N. Los organizadores han pedido «el acompañamiento internacional» para evitar la violencia del régimen contra los manifestantes. No han servido de mucho. El despliegue policial masivo ha impedido las protestas en Cuba con detenciones,  represiones masivas y domicilios sitiados. La oposición ha tenido que limitarse a caceroladas y sábanas blancas en ventanas y balcones para exteriorizar su protesta.

Una delegación encabezada por el eurodiputado del partido, VOX,  Hermann Tertsch, el vicepresidente económico, Víctor González, el director de la Fundación Disenso, Jorge Martín Frías, y la opositora cubana, Rosa María Payá, han intentado viajar hasta la isla desde Miami, donde previamente habían participado en las manifestaciones convocadas por opositores cubanos en defensa de la libertad del país, pero les han impedido la entrada en la capital cubana. A pesar de tantos años demostrándolo con tanta evidencia, el gobierno de Sánchez se niega a decir que Cuba es una dictadura.

Nada nuevo. Vemos además cómo, especialmente en los países hispanoamericanos, el comunismo avanza aceleradamente. Por ello es muy acertada la reflexión del vicepresidente político del partido de VOX, Jorge Buxadé, quien en rueda de prensa desde Madrid decía que «esperaba que la delegación de VOX puedan entrar y, sobre todo,  que puedan salir».

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Escrito por

Licenciada en Geografía e Historia, fue profesora hasta su jubilación.

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