Opinion

Gibraltar

Foto: pixabay
La O.N.U. se ha pronunciado en varias ocasiones y ha considerado a Gibraltar "como un territorio no autónomo, que debe ser objeto de un proceso de descolonización".

Hoy quiero referirme brevemente al Tratado de Utrecht de 1713. Así es, durante la guerra de sucesión española (1701-1714), entre los intervinientes: Reino Unido, Países Bajos y España, a cambio de la paz, cedimos Menorca y “El Peñón” a Reino Unido. Menorca fue recuperada en 1782, en enfrentamiento bélico contra los británicos, durante la guerra de Independencia de EEUU, y aliados con los franceses, recuperamos la isla balear. Distinta suerte siguió el intento bélico de recuperación del Peñón.

Todo empezó, cuando en 1704, en plena Guerra de Sucesión, fuerzas británicas y neerlandesas ocuparon el Peñón en nombre del Archiduque Carlos. Pero si se analiza el tratado de cesión de Gibraltar, se verá que según el artículo X del Tratado, solo se cedió del “El Peñón” 8, la ciudadela y castillo de Gibraltar, junto con su puerto, defensas y fortalezas que le pertenecen… pero: “que dicha propiedad se cede a la Gran Bretaña sin jurisdicción alguna territorial y sin comunicación abierta con el país circunvecino por parte de tierra”.

NO se les cedió, ni las aguas jurisdiccionales, ni el espacio aéreo. Y tendremos, que señalar que en el análisis jurídico de este tipo de cesión, en Derecho Internacional, priva el criterio restrictivo, y no el extensivo, del que ha hecho uso el imperio británico.
Otra cuestión agrava injustamente el tema. No solo que en 1714 los británicos ocuparon la Torre del Diablo, y en 1723 el Molino, que no estaban incluidos en el tratado, ocupando en 1810 las construcciones nuestras para defendernos del francés, también fueron ocupadas por los británicos. Pero quizás, lo más fuerte y escandaloso ocurre en 1815 y 1845, donde a raíz de una epidemia de fiebre amarilla en el Peñón, tuvimos el comportamiento humanitario de dejar que establecieran campamentos en el istmo. Pues bien, tras la epidemia los británicos consolidaron la posesión de estos nuevos territorios españoles. Todo esto, más el terreno ganado al mar, sobre el que no habíamos cedido jurisdicción alguna y la construcción del aeropuerto, consolidan una situación claramente ilegal a la luz del Derecho Internacional.

La O.N.U. se ha pronunciado en varias ocasiones y ha considerado a Gibraltar «como un territorio no autónomo, que debe ser objeto de un proceso de descolonización».

La oposición británica ha sido constante y la de los habitantes del peñón también, que preconizan el derecho de autodeterminación. La posición española, después del régimen franquista, que fue más dura y consecuente, se ha relajado, buscando la imposible: la solución, que deje a todos satisfechos.

En el Peñón, además de las monas, que no vemos inconveniente alguno a que se las lleven los británicos cuando se vayan, existe un paraíso fiscal, donde por ejemplo los barcos se abanderan porque es más barato, donde las sociedades pagan impuestos simbólicos y donde tienen tintorerías especializadas en lavar el dinero, amén del contrabando de tabaco y tantas otras cosas. Se levanta la voz desde el socialismo complaciente, como defensores de los puestos de trabajo de nuestros compatriotas del campo de Gibraltar. Si se quisiera realmente solucionar el problema, se legislaría para que las empresas nacionales o internacionales que se asentaran el Campo de Gibraltar tuvieran beneficios atractivos, y después de lograr el pleno empleo… cerraríamos la verja y que vengan a nado.

Pues bien, cuando nuevamente se discutía esto, con ocasión de la salida del Reino Unido de la U.E., mientras la Presidenta Inglesa acampó en Bruselas, para reforzar sus argumentos, el estúpido Presidente español, el okupa de la Moncloa, estaba en Cuba reuniéndose con el dictador cubano (allí, por lo visto, no experimenta animadversión alguna hacia los dictadores) y dándole la espalda a los disidentes. Le importo un bledo lo que se cocía en Bruselas. Y de la comparecencia de hoy…. ni lo comento, porque ni él ha entendido lo que leía y le escribieron, lo dejo a su reflexión. Pero les guste o no, al mequetrefe Sánchez y a la Rubia Albión: GIBRALTAR ES ESPAÑOL!. Que descansen.

Carlos verdú sancho  | VALENCIA

 

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